por Alícia Bea | May 9, 2012 | Jaén
Si lo que buscas es perderte unos días en medio de la naturaleza y alejado del bullicio, no lo dudes: Sierra Mágina es tu destino. Aquí, en plena campiña jienense, encontrarás una comarca todavía desconocida por el turismo de masas que se articula alrededor de su Parque Natural. Un territorio de infinitas posibilidades, marcado por el ritmo de vida que demanda el olivar, que aúna con sabiduría preciosos paisajes, las huellas de su pasado fronterizo y un patrimonio cultural y etnológico digno de ser descubierto.

La comarca de Sierra Mágina está situada en el sureste de la provincia de Jaén, a unos 30 km. de la capital, y se extiende en forma circular alrededor del Parque Natural que lleva su nombre. Por su situación geográfica -en el límite que marcan la cordillera Bética y el valle del Guadalquivir-, su orografía y la gran cantidad de aguas subterráneas que manan al exterior en numerosos parajes, Mágina ofrece una impresionante diversidad paisajística. Así, a lo largo de sus casi 20.000 hectáreas, se suceden paisajes de alta montaña en su macizo central, zonas húmedas de rica vegetación, y terrenos de campiña repletos de olivos que contrastan con el paisaje subdesértico del este de la comarca. Un espacio excepcional para perderse paseando, respirar aire puro o practicar deportes de bajo impacto (alpinismo, senderismo, bicicleta de montaña, etc.), al tiempo que se descubre la grandeza del medio natural en el que nos movemos.
Qué ver en Sierra Mágina
Sierra Mágina conserva un considerable patrimonio cultural heredado de la mucha historia que tiene a sus espaldas. Frontera natural entre los territorios musulmanes y cristianos durante los siglos XIII y XV, la mayoría de sus pueblos tienen su origen en antiguos castillos alrededor de los cuales se fueron desarrollando los núcleos urbanos que, a día de hoy, siguen conservando una marcada tipología árabe. Finalizada la reconquista, la victoria del reino de Castilla y las repoblaciones cristianas dejaron numerosas muestras de arte renacentista, presentes tanto en la arquitectura religiosa como en la civil. ¿Vale la pena conocerlos uno a uno? Sí. Aunque la idea de subir empinadas cuestas y, en algunas ocasiones, pendientes de órdago, no parezca muy apetecible a priori y se pueda pensar que visto uno, vistos todos, la realidad es mucho más generosa y recorrer cada uno de ellos es toda una aventura.
La razón es obvia: toda Mágina es un atractivo turístico. Empezando por la hospitalidad de sus gentes que, conscientes de que el turismo rural es un fenómeno que va a más en la zona, se deshacen en atenciones al viajero haciéndolo sentir como en casa.


Iniciamos nuestra ruta serrana en la villa de Torres cuyo seductor casco urbano discurre en la falda del Cerro de la Vieja, entre casas encaladas y balcones repletos de flores. En su término, que se extiende por el valle del río Torres que delimitan las cumbres del Almandén, Cárceles, Morrón y Aznaitín, se encuentra uno de los testimonios más antiguos de la presencia del hombre en la provincia: las pinturas rupestres de la Cueva del Morrón, de época Paleolítica.
Desde Torres nos dirigimos a Albánchez de Mágina, cuyo perfil desde la carretera es un regalo para la vista. Un mar de olivares, almendros y cerezos rodean a esta localidad que ha adquirido fama por su tradición repostera en la que destacan almendrados, bizcochos, roscos y otros dulces, muchos de ellos elaborados con recetas de época medieval.

Muy cerca de aquí y separados por apenas cinco kilómetros, nos esperan los núcleos de Bedmar y Garcíez. Dos poblaciones abiertas y acogedoras que reflejan el carácter de sus gentes en las que merece la pena visitar la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, el Castillo de Bedmar -declarado Monumento Histórico- y el Palacio de los Marqueses de Viana de Garcíez. Además, en Bedmar tiene su sede el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Sierra Mágina, que ampara el aceite de oliva virgen extra de la comarca.
Avanzando por la senda que marca el olivar, nuestro siguiente destino es Jódar, el municipio de mayor población de la comarca de Sierra Mágina. Jódar vivió su mayor esplendor durante la época musulmana en la que se convirtió en la capital política, cultural y administrativa de la comarca. De su rico pasado destaca su iglesia renacentista de la Asunción y su castillo en el que está ubicado el Centro de Interpretación del Parque Natural de Sierra Mágina, de visita ineludible para revestir de historia y conocimiento nuestra ruta. Tras este baño cultural, nada mejor que dejarse caer en alguno de los restaurantes de la ciudad para probar la sabrosa gastronomía local. El sabor del aceite, de la sierra y de la huerta toma forma en toda la comarca en gazpachos, potajes y pipirranas y en especialidades locales como la sobrehúsa, los andrajos con liebre y los borullos.

El singular catálogo de pueblos blancos y arrugados valles que componen Mágina nos acerca ahora al pequeño municipio de Bélmez de la Moraleda para conocer su castillo -declarado Monumento Histórico- y el arroyo del Gargantón, desde donde se divisan las zonas más elevadas de Mágina.
Nos dirigimos ahora a la zona sur de Mágina, a Huelma, para recorrer su casco urbano, declarado conjunto histórico artístico en 1971, y conocer la iglesia de la Inmaculada, una joya no muy conocida del Renacimiento andaluz, obra de Andrés de Vandelvira. Más hacia el oeste nos encontramos con Cambil, antaño baluarte defensivo del reino nazarí de Granada convertido hoy en una encantadora localidad que se apiña en el fondo de un valle, regada por los ríos Villanueva, Oviedo y Arbuniel. Entre el patrimonio arquitectónico de Cambil destaca la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, de finales del siglo XVI y construida al estilo manierista, y el Antiguo Hospital, ejemplo del barroco jienense.

Tras conocer los restos del castillo de Mata Bejid, que controlaba la vía de comunicación con Torres a través del puerto del Almadén, enfilamos nuestros pasos hacia Pegalajar, un pequeño pueblo de sabor medieval que discurre entre olivares y huertas escalonadas, rodeado de un cordón de altas montañas. Cerramos el círculo que venimos trazando alrededor del Parque Natural en Jimena, cuyas calles buscan refugio a los pies del Aznatín y resumen la arquitectura popular de la comarca con calles empinadas y casas encaladas.
Y hasta aquí llega nuestra ruta por este rincón jienense que no puede compararse en tamaño con la vecina cadena montañosa de Cazorla, Segura y Las Villas, pero que encierra una magia y un encanto que no deberías perderte.
por Alícia Bea | Abr 24, 2012 | Toma nota

Si tienes pensado viajar a Oriente Medio, te interesará saber que Emirates Airline empezará a operar a partir del próximo 3 de julio un vuelo diario de 360 plazas entre Barcelona y su sede en Dubái, desde donde esta compañía ofrece excelentes conexiones a muchos de los destinos de su red de rutas (10 destinos en Asia, Australia, el Océano Índico y África).
Ejemplos de precios con salida desde Barcelona, i/v, excl. tasas:
Sídney: desde 1.100€
Bangkok: desde 600€
Maldivas: desde 850€
Shanghái: desde 550€
Tokio: desde 600€
Johannesburgo: desde 600€
Un aliciente adicional para volar con Emirates es que, además contar con mostradores exclusivos, esta aerolínea permite facturar más equipaje por persona y sin recargo que otras compañías aéreas (30kg en Clase Economy, 40kg en Clase Business, 50kg en First Class).
A esta nueva ruta Barcelona-Dubái, Emirates suma además una segunda frecuencia diaria entre Madrid y Dubái que empezará a operar el 1 de julio. Con la introducción de estos nuevos vuelos, la aerolínea ofrecerá un total de 21 vuelos directos y 7.560 plazas semanales entre España y Dubái.
Dubái se presenta como uno de los destinos más cotizados del momento. ¿Volamos?
por Alícia Bea | Mar 29, 2012 | América, Isla Saona, República Dominicana
Una excursión a la Isla Saona que empezó así… Son las 7 de la mañana, estamos en la recepción del hotel y a duras penas podemos mantener los ojos abiertos. La fiesta en la playa de la noche anterior se alargó más de la cuenta porque nadie pudo resistirse al último tragto de Vitamina R, que es como los dominicanos llaman al ron. Pero ahora toca madrugar. Hemos contratado la que nos aseguran es la excursión más vendida en la República Dominicana: la visita a la Isla Saona. 160 € por persona. ¿Valdrá la pena?

Dos horas de recorrido en autobús entre plantaciones de caña de azúcar y café, salpicadas por humildes poblaciones, nos llevan hasta la provincia de La Romana, mundialmente conocida como la Casa de Campo, un complejo de ocio y recreo para millonarios al que acuden fielmente ‘celebrities’ como Julio Iglesias, Oscar de La Renta, Bill Clinton, Shakira o Sharon Stone. Allí nos espera nuestro catamarán, “el encargado de llevarnos hasta el paraíso”, comenta nuestro guía.

Tras una relajante travesía por un Caribe manso y cálido, y abrazados por el ritmo de una bachata (género musical que va ganando terreno al clásico merengue), nuestra embarcación se detiene a 400 metros de la costa. Estamos en el banco de arena más grande de la zona, una piscina natural de poco más de un metro de profundidad, en la que habitan muchas especies marinas como las estrellas de mar.
Regresamos al barco y Manuel nos recibe con una bandeja de canapés y unos chupitos. Este domicano, de tez mulata y barriguita de bon vivant, es, sin duda, el alma de la tripulación. Una de sus frases favoritas: “Venga, señorita, que siempre es buen momento para tomar un roncito”. El turismo es su vida y disfruta como un enano entreteniendo a los turistas. Y aunque su día a día es una rutina sin apenas sorpresas (agasajar a los visitantes, entretenerles enseñándoles a mover los pies al son del merengue, servir el marisco a la hora de la comida, etc.), no lo cambiaría por nada. De hecho, un amigo de Higüey le ha ofrecido el triple de su sueldo actual por estar al frente de su tienda de souvenirs. Pero “de eso nada, aquí vivo como un rey, me río mucho con los turistas y no soportaría estar encerrado en una tienda todo el día. Esto es el Caribe y hay que disfrutarlo mientras el cuerpo aguante”.
Mientras charlamos con él, notamos que el barco se para de nuevo. En un abrir y cerrar de ojos, la cubierta del catamarán se ha llenado de gafas de buceo, aletas y snorkels. Por fin vamos a descubrir la riqueza de los fondos marinos de la zona, una fauna y una flora marina que discurre entre magníficos arrecifes de coral.
La primera en volver al barco es Maite, una guapísima valenciana de 21 años que conocimos en el avión. Su cara tiene la misma expresión que la del resto del grupo. Radiante. Feliz. Como para la mayoría, esta es la primera vez que practica el buceo de superficie y sencillamente está alucinada. “Aunque me ha dicho que hay enclaves mejores que éste para ver peces tropicales y corales, para mí ha sido increíble. Al principio me daba mucho miedo por si rozaba algún coral pero luego me he relajado y ha sido fantástico».
Isla Saona
De repente, la música ambiental cesa y todo el grupo vuelve su mirada al horizonte para atisbar los primeros trazos de Isla Saona. La estampa es soberbia y nos deja sin habla: un entramado de palmeras que se retuercen formando un tupido bosque de cocoteros a los pies de kilométricas playas solitarias de finísima arena blanca. El color del agua recorre todas las posibilidades del azul, aquí más claro, allá más turquesa…




Aprovechando el silencio reinante, el capitán del catamarán da un golpe de efecto y nos empieza a relatar la llegada de Cristóbal Colón a esta tierra. Fue el 14 de septiembre del 1494, durante su segundo viaje, y la nombró Bella Savonesa en honor al savonés Michele da Cuneo, el primero en darse cuenta que se trataba de una isla independiente de la entonces ya nombrada La Española. Para los indígenas taínos, acostumbrados a llamarla Adamanay, el nuevo nombre resultaba muy difícil de pronunciar por lo que con el tiempo pasó a denominarse definitivamente Isla Saona.
También nos cuenta cómo el famoso cacique Cotubanamá, orgulloso jefe indígena de esta región, se refugió sin éxito en una de las numerosas cuevas de esta isla huyendo del las matanzas protagonizadas por los conquistadores españoles.
Así, entre pinceladas históricas que no hacen sino aumentar la emoción del momento, arribamos a la isla de mayor extensión del país. Estamos dentro del Parque Nacional del Este dispuestos a descubrir por qué ha sido elegida una de las Ocho Islas de Ensueño del Caribe por la prestigiosa revista Caribbean Travel & Life Magazine.
Gracias a un guiño del azar, la inmensa playa que discurre bajo nuestros pies está vacía, a excepción de un par de lugareños que nos ofrecen agua de coco. Instintivamente, el grupo se disuelve para colonizar un pedazo de arena blanca como el azúcar y disfrutar en solitario del espectacular entorno que nos rodea.
Más tarde, tras degustar una buena comida y sintiéndonos ya parte del paisaje, recorremos el poblado de Mano Juan, una pintoresca localidad de pescadores acostumbrados a ver interrumpida su tranquila vida con la llegada de los turistas.
Con la puesta de sol, llega el momento de regresar a nuestra embarcación. Atrás queda una larga jornada llena de experiencias inolvidables, de imágenes paradisíacas que conservaremos en nuestras retinas porque hemos comprobado que el paraíso en la tierra existe y se llama Isla Saona. ¿Valió la pena? Definitivamente, sí.
por Alícia Bea | Feb 20, 2012 | República Dominicana

Quedarse en los complejos turísticos al abrigo del todo incluído, entre baños de sol, partidas de golf y actividades náuticas, es lo más fácil. El camino directo a unos días de relax sin preocupaciones ni estrés en los que disfrutar de la cara más amable y convencional de la República Dominicana. Pero es sólo tierra adentro, más allá de las playas y los magníficos resorts, donde el viajero puede compartir el día a día dominicano y conocer, realmente, la tierra que pisa.
Tratando de captar esta imagen, partimos hacia el interior de la provincia de La Altagracia, una tierra habitada originariamente por los indios taínos, que nos permite acercarnos al mundo del tabaco dominicano, de la caña de azúcar y de las plantaciones de café.

En una de las haciendas que se cruzan a nuestro paso, conocemos a Nicolás. A sus 71 años, está al frente de una pequeña finca que mantiene gracias a las visitas de los que no se quedan dormitando en la playa. «Los que se acercan al interior vuelven encantados. Aquí les explicamos cómo nos ganamos la vida, nuestras costumbres, el origen del cacao, el cultivo de la caña de azúcar y del tabaco, y cómo se prepara una auténtica mamajuana”, sentencia Nicolás sin perder la sonrisa ni por un instante. “Lo de la mamajuana les resulta muy curioso y aunque muchos dudan de la eficacia de la viagra dominicana siempre apuntan la receta. El secreto es hacerse con unos buenos palos (raíces) de canela, marabeli, maguei, guayacán, clavo dulce y anís, y dejarla curar con cariño».



Tras saborear una típica comida criolla con nuestro anfitrión (habichuelas rojas, arroz, sancocho, mangú y dulce de coco), seguimos ruta. En el camino encontramos grupos de colegialas uniformadas que regresan a casa, pequeñas tiendas de artesanía, niños que nos saludan desde cualquier rincón y pueblos prefabricados en los que la pobreza no se esconde. Son los bateyes, poblaciones de trabajadores agrícolas que se sitúan alrededor de las plantaciones de caña de azúcar. Barracones y casuchas de madera en los que malviven las comunidades más pobres del país y los llegados de la vecina Haití en busca de una vida mejor. Y es que son miles los haitianos que entran cada año en la República Dominicana huyendo de la pobreza absoluta de su país. Para la mayoría, el gran sueño de una vida mejor queda reducido a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar o en la construcción. Al atardecer, esta mano de obra temporera, barata, y en la mayoría de los casos explotada, regresa exhausta tras una dura jornada de trabajo. Su única esperanza: no ser expulsados del país antes de cobrar la paga.


Así, mecidos por un baile incesante de sensaciones enfrentadas, aromas y colores, llegamos a Higüey, capital de la provincia de La Altagracia. Sus más de 160.000 habitantes la convierten en la ciudad más grande de la zona, en un hervidero humano que trabaja en su mayoría en los cercanos complejos hoteleros de Punta Cana o en el comercio de productos turísticos. El día a día en Higüey no tiene nada que ver con la tranquilidad que se respira en las pequeñas poblaciones que hemos dejado atrás. Para comprobarlo, solo hay que armarse de un poco de valor -el tráfico es bastante caótico-y contratar los servicios de un motoconcho. Estas motocicletas que funcionan como un taxi son el modo más rápido y económico para desplazarse por las calles de la bulliciosa Higüey.




Para los creyentes Higüey tiene un significado muy especial ya que aquí se alza el Santuario de la Milagrosa Virgen de la Altagracia, patrona del pueblo dominicano. La romería del que se conoce como el primer santuario de América tiene lugar el 21 de enero y congrega a millares de devotos que si es necesario recorren toda la isla para rendirle culto a su virgen, representada en una pintura al óleo del siglo XVI. El impresionante edificio, construido sobre un antiguo santuario, es obra de los franceses Dunover de Segonazc y Pierre Dupré y fue inaugurado en 1971.
Cae la noche y tras comprobar que el país tiene más páginas que leer de las que salen en los folletos, es hora de regresar al hotel, al mundo de lujo y confort que hemos comprado a golpe de tarjeta de crédito. Allí nos espera de nuevo un traguito de vitamina R, unos pasos de merengue y esa sensación agridulce de que volvemos a ser turistas, no viajeros.