2020, el año en el que cambió el mundo, mi mundo

2020, el año en el que cambió el mundo, mi mundo

Nos las prometíamos muy felices aquella nochevieja de 2019. Arrancaba un nuevo año, el 2020, con la mochila llena de buenos propósitos. Teníamos por delante doce meses por estrenar que, en mi caso, llegarían cargados de nuevos viajes y retos profesionales. ¿Por qué no iba a ser así? Porque apareció un brote mortal llamado COVID-19.

Sin saber muy bien cómo, parpadeamos, y el mundo ya no era el mismo. Fue como si algo o alguien hubiera decidido confinarnos en una película apocalíptica de serie B, de esas que se programan para acompañar la siesta de los domingos.

Coronavirus

De repente, las fronteras pasaron de inabarcables a finitas, tanto como las cuatro paredes de casa. Se borraron las sonrisas tras las mascarillas, desaparecieron los abrazos, y nos vimos obligados a querernos de lejos.

Tras el shock inicial de sabernos en pandemia, llegó la gran bofetada, un puñetazo en el estómago provocado por los muertos y los contagios. Ucis colapsadas, sanitarios extenuados, cribados que decidían quién tendría una oportunidad, residencias desamparadas, falta de recursos y personal, políticos enrocados en el enfrentamiento, egos desmesurados incapaces de sumar, agradecimiento y crispación en los balcones…

A nivel individual, la mayoría hicimos lo posible por doblegar la maldita curva acatando las directrices que imponía la distópica situación: aislamiento, lavado de manos, uso de gel hidroalcohólico, distancia social, etc. Pero, ¿y la curva emocional? Para mantenerla a raya no había un manual de instrucciones, y cada uno tuvo que cruzar su particular desierto como buenamente pudo capeando entre olas que nos impedían ver el mar.

Las redes sociales se llenaron de cocinillas que dejaron los supermercados sin harina, de tiktokers eufóricos, de yoguis y de ingeniosos memes. Y, también, aunque mucho menos virales, de las voces de los que luchaban en primera línea. Gritos de auxilio que arañaban el corazón con el relato de la cruda realidad que vivían a diario: falta de equipos, agotamiento físico y mental, muertes en soledad y sin despedida…

En mi caso, este destierro de la vida que conocía y que tanto disfrutaba, me embarcó en una montaña rusa llena de loopings, caídas en picado, remontes y fuerzas g. La incredulidad y el desconcierto inicial dio paso a la rabia, a la frustración, y a otro tipo dolor -más cercano, pero igual de hiriente-, cuando las víctimas empezaron a tener nombre y apellidos.

Durante el confinamiento, el sentimiento de pérdida fue creciendo cada día a la par que aumentaba mi cansancio, mis miedos y mi desgana. Escribir sobre mis viajes dejó de tener sentido, como quitarme el pijama o encontrar razones para sonreír.

Vuelo cancelado

Mi agenda empezó a llenarse de tachones que derivaron a páginas en blanco. Muchas, demasiadas. Como los días, que se deslizaban por el calendario como un encefalograma plano en una vuelta a los orígenes más primitivos en lo que lo único importante era tener algo en la nevera.

No hice masa madre ni ganchillo. No abrí una cuenta en TikTok. Tampoco leí más de lo habitual. ¿Mi válvula de escape? Algo de yoga, el sofá y Netflix. En modo avestruz y a la espera de que pasase la tormenta.

Cada despertar era una tómbola. Una mañana me tocaba el boleto de la positividad, abría el ordenador y empezaba a teclear. Otra, el de la desidia. Y así sucesivamente. Baja, sube y baja más abajo. En cuestión de horas y saltando de preguntas locales a interrogantes universales, disertando sobre lo relativo y lo importante, sobre lejanía y proximidad, sobre silencios que no necesariamente significaban olvidos, y coleccionando horizontes en el cajón del mañana.

El porqué de esta pandemia

Yo tengo mi propia teoría. Tras infinidad de señales de alerta -cambio climático, deforestación, especies amenazas, deshielos, océanos convertidos en vertederos y suma y sigue-, la tierra nos ha lanzado un órdago: «si no me cuidas, desaparece«. Tan sencillo y complejo como suena.

Porque nosotros somos el mayor y más letal virus que campa sobre la Tierra. Y el coronavirus no es más que la crónica de una pandemia anunciada que este mundo hiperglobalizado no quiso ver, a pesar de que un gran número de las enfermedades infecciosas tienen origen zoonótico. O lo que es lo mismo, son enfermedades que se transmiten de los animales vertebrados a los humanos.

Confinamiento en el 2020

Y la situación actual, esta nueva normalidad que de normal no tiene nada, no es más que el resultado del impacto que hemos causado en la naturaleza, rompiendo el equilibrio ecológico del planeta en beneficio propio. Consumiendo sin mesura, generando plásticos y sin mirar más allá de nuestro ombligo. Porque homos seguimos siendo, ¿pero sapiens?

El futuro…

¿Servirá de algo este súbito toque de alarma? La esperanza está ahí, pero solo eso. Yo no confío demasiado en nosotros. Cómo hacerlo cuando las selvas de la Amazonía, vitales para regular el sistema climático global, están desapareciendo.

Cuando la migración no obtiene respuesta -hemos visto el puerto de Arguineguín lleno de vidas en situación precaria mientras el debate nacional se centraba en cuántos nos podíamos sentar en la misma mesa en Navidad. Cuando aumenta la xenofobia y el sálvese quien pueda. Cuando un barco lleno de hombres, mujeres y niños que escapan del hambre o de la guerra no encuentra un puerto donde desembarcar, cuando sigue habiendo personas estigmatizadas por su condición sexual y otras que no pueden tener una muerte digna. O cuando la investigación sigue siendo el mendigo de los presupuestos.

La pérdida -afectiva, laboral o de rumbo- ha sido el castigo, la mascarilla, el sambenito que nos difumina el rostro universalizando el delito cometido, y el cómo acabará esto, la incertidumbre que nos hemos ganado a pulso al no hacer nada o no lo suficiente para merecernos perdurar. Porque, en mi humilde opinión, el planeta, hastiado por tanto ataque y consciente de la injusticia social, ha hablado en forma de virus.

Covid19

Y el futuro… Poco o nada sabemos sobre cómo discurrirá el 2021. Algunos se aferran a la llegada de la esperada vacuna para augurar una renovada primavera o un verano menos atípico. Quién sabe. Lo único cierto es que no podemos dar nada por hecho, que estamos de paso y que la certeza de hoy puede ser la incertidumbre de mañana. Porque la vacuna salvará nuestro cuerpo, sí, pero ¿y nuestra forma de ser y actuar? ¿Seremos capaces de reconducir esta deriva o esperaremos impasibles la llegada de otro cataclismo?

Si has aguantado esta perorata, tal vez te preguntes qué me ha impulsado a pergeñarla. La respuesta: evitar el olvido y recordar como viví y sufrí el año en que cambió el mundo. El mío y el de todos.

Y, si te preguntas qué le pido al 2021, la respuesta es poder volver a abrazar a mis padres. Ese es el único gran viaje que realmente necesito que empiece. El resto ya vendrá, ¿no?

Comer en León: gastronomía típica y tapas, una deliciosa combinación

Comer en León: gastronomía típica y tapas, una deliciosa combinación

Si estás pensando en viajar a la capital leonesa y te preguntas qué comer en León y dónde, este tour gastronómico es para ti. Un delicioso viaje sensorial que recala en los platos más típicos de su apreciada gastronomía y que te descubre una de sus tradiciones más arraigadas: ir de tapas por el casco antiguo como mandan los cánones. ¿Listo para hincarle el diente a esta ciudad a través del paladar?

Cocido maragato
El famoso cocido maragato del restaurante Castrillo

León, territorio «foodie»

Patrimonio, cultura, interesantes propuestas de ocio y una gastronomía de raíces capaz de satisfacer al más gourmet de los viajeros. Ésta bien podría ser la carta de presentación de León, una capital que ya lleva tiempo situada en el pódium de las ciudades españolas en las que mejor se come gracias al legado de su recetario tradicional y al soplo de aire fresco que aporta la nueva cocina de autor. Y es que recorrerla en clave gastronómica, combinando turismo y fogones, es el tándem perfecto para una escapada definitivamente deliciosa.

Casa Botines, Leon
Gaudí sentado frente a la imponente Casa Botines © Museo Casa Botines Gaudí

La recompensa no puede ser más gratificante ya que podrás deleitarte con especialidades típicas como el cocido maragato que se toma en tres vuelcos (carnes, garbanzos y sopa de fideos), sus famosos embutidos -entre los que destaca la omnipresente cecina, la morcilla y el chorizo-, la sopa de truchas o el bacalao al ajoarriero.

De tapas por Leon capital

Pero León no solo se nutre de elaboraciones tradicionales. Su universo gastronómico también engloba innovadoras propuestas de la mano de restaurantes como el LAV, Cocinandos o el restaurante Pablo -estos dos últimos con 1 estrella Michelin- y, cómo no, un vasto abanico de bares en los degustar sus famosas tapas.

Un apunte más de obligado cumplimiento: para maridar estas viandas se impone acompañarlas con los excelentes vinos de la Denominación de Origen León y Bierzo.

Dónde comer en León: ¿restaurantes o una ruta de tapas?

Tras una larga jornada visitando los principales puntos de interés de la capital leonesa, habrá quien prefiera sentarse a la mesa en alguno de los restaurantes mejor valorados y más populares de la ciudad.

Otros, en cambio, preferirán comer o cenar saltando de bar en bar. Y, por último, los amigos del buen yantar combinarán ambas experiencias para llevarse un magnífico recuerdo gastronómico de su visita: las tapas de aperitivo y los contundentes manjares locales sobre el mantel. Porque, que nadie se engañe, a León se viene a comer mucho y bien.

Tapa de morcilla. Cafe Bar Rua 11
Tosta de morcilla con piñones tostados y compota de manzana. Café Bar Rúa 11

Ir de tapas en León: una experiencia tan imprescindible como apetitosa

Si decides ir de tapas, debes saber que en León es toda una tradición. Una indiscutible seña de identidad de esta ciudad que disfrutan los oriundos en cualquier ocasión, y que aplauden los viajeros que recalan en ella al comprobar la calidad de las mismas y que, además, los hosteleros las ofrecen de forma gratuita con cada consumición.   

Tapeando en Leon

Como suele ser habitual, las zonas de tapeo más frecuentadas de León están ubicadas en las calles de los barrios históricos, dentro de la muralla y a la sombra de más de 2.000 años de arte y cultura.

Es aquí donde encontrarás las clásicas tascas de toda la vida y los bares que han hecho del tapeo toda una experiencia gourmet. Y es que en León no solo podrás probar las típicas tapas de morcilla, de cecina, de chorizo, de patatas o de picadillo. También vanguardistas y cuidadas elaboraciones que a modo obras de arte en miniatura derrochan sabor y originalidad a partes iguales. Tapeo de calidad que combina recetas tradicionales e innovadores propuestas. ¿Se puede pedir más? Imposible. Ya lo dijo el mismísimo Ferran Adrià en su día: “la tapa es una manera de entender la vida, de vivir y compartir».

De tapas por el barrio Húmedo

A los pies de la imponente catedral de Santa María despliega sus alas el emblemático barrio Húmedo. Su historia, forjada por las distintas culturas que recalaron aquí -romanos, cristianos, judíos y musulmanes-, se hace patente en cada rincón de este sorprendente enjambre de callejuelas por el que desfila el Camino de Santiago, y destacadas muestras de su patrimonio como la Plaza Mayor, que conserva el único mercado medieval de la ciudad, el palacio de los Condes de Luna, la preciosa plaza del Grano, la Casa de las Carnicerías o la plaza de San Martín.

Catedral de Leon
La Catedral de León, icono del arte gótico europeo

Pero este popular barrio no solo conserva el sabor del antiguo León, también del presente ya que es una de las zonas de tapeo más buscadas de la capital. Prueba de ello es la multitud de tabernas que te tentarán a cada paso con su variada oferta de tapas.

Tapear en Leon

De tapas por el barrio Romántico

Muy cerca de aquí, al otro lado de la peatonal calle Ancha, discurre el barrio Romántico que nos propone otra seductora combinación de arte y tapeo. Para abrir el apetito, nada mejor que acercarse al conjunto monumental que componen la Casa Botines -uno de los tres únicos ejemplos de la arquitectura de Gaudí fuera de Cataluña-, el Palacio de los Guzmanes, y la cercana Colegiata de San Isidoro que custodia piezas únicas como el Cáliz de Doña Urraca y extraordinarias pinturas románicas.

Real Colegiata de San Isidoro de Leon
Real Colegiata de San Isidoro

Ahora sí, una vez alimentado el espíritu, toca complacer al paladar concatenando barras y tapas. Pronto comprobarás que en este barrio, como en el Húmedo, los locales tradicionales comparten espacio con modernos bares que ofertan tapas más elaboradas.

Dónde probar las mejores tapas de León

Como hace tiempo -demasiado para mi gusto- que no voy de tapas por León, he consultado a mis amigos leoneses para sugerirte estos establecimientos que hacen del tapeo un arte. Una tarea harto complicada teniendo en cuenta que León es la ciudad que tiene más bares por habitante de toda España. En cualquier caso, aunque obviamente no están todos los que son, sí son todos los que están, así que toma nota de los locales en los que ir de tapas siempre es un acierto.

Café Bar Rúa 11: este acogedor bar, que también funciona como vermutería y vinoteca, destaca por sus tapas de autor que combinan materias primas de calidad y una esmerada elaboración, y por sus tostas. Cecina de vaca, boletus con foie, croquetas de morcilla con piñones… Todo ello en un ambiente tranquilo y con un trato excelente (La Rúa, 11).

Comer en Leon
Cecina con manzana y almendras

El Rebote: si te gustan las croquetas, deberías dejarte caer por esta taberna del barrio Húmedo porque, además de generosas, las elaboran con rellenos tan originales como pizza, beicon con queso cheddar o jalapeños, sin olvidar sabores tradicionales como las croquetas de cecina o de morcilla (Plaza San Martín, 9).

La trastienda del 13: una grata sorpresa en pleno centro. Así es este restaurante de cocina de mercado que también elabora sofisticadas tapas. Un plus: comer en León con las privilegiadas vistas de la catedral que se contemplan desde su terraza (Calle Ancha, 1).

La trastienda del 13
La trastienda del 13

La Trébede: en el corazón del barrio Húmedo te espera una de las tapas más demandadas de la capital: el picadillo con patatas que sirven en esta tasca que demuestra que la experiencia siempre es un grado (Plaza Torres de Omaña).

Ezequiel: una generosa tapa de embutido artesano, garbanzos con callos o patatas guisadas con pulpo con cada consumición. ¿Necesitas más motivos para acercarte a uno de los restaurantes más apreciados por los leoneses? (Calle Ancha, 20).

Como habrás comprobado, comer en León es una experiencia para los sentidos y un motivo más para lanzarte a descubrir esta seductora ciudad que navega entre su ilustre pasado y su atractivo presente.

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Código ético: Aunque este artículo está escrito en colaboración con Turismo de Leóntodo el contenido ha sido creado de forma independiente y bajo mi propio criterio.

¡Ponme un León! Descubre los magníficos vinos de la Denominación de Origen León y cómo disfrutarlos

¡Ponme un León! Descubre los magníficos vinos de la Denominación de Origen León y cómo disfrutarlos

Gracias al buen hacer de los viticultores y a los reconocimientos que premian su calidad, los vinos de la Denominación de Origen León están cada vez más presentes en las barras y mesas de nuestra geografía, donde ya es habitual escuchar «ponme un León». Descubre por qué, sus variedades, cuándo consumirlos y cómo maridarlos para crear experiencias gastronómicas que dejan muy buen sabor de boca.

Denominación de Origen León: un universo de vinos con mucha personalidad

Tradición e innovación, una tierra generosa para el cultivo de la vid, una media de 2.700 horas de sol al año y una decidida apuesta por el enoturismo. Estas son algunas de las claves por las que los vinos amparados por la Denominación de Origen León son cada vez más apreciados por los consumidores y por los viajeros del vino. Y es que cada vez son más los enoturistas que se acercan a conocer los atractivos de su zona de producción que engloba el sur de la provincia de León y que integra también una parte de la provincia de Valladolid.

Vinos de la Denominacion de Origen Leon
Vinos de la Denominación de Origen León

Variedades de uva y tipos de vinos de la D.O. León

La principal particularidad de los vinos de la Denominación de Origen León es la variedad autóctona Prieto Picudo. La producción de esta uva tinta abarca el 70% de los viñedos y es la base con la que se elaboran excelentes vinos tintos y rosados, junto a otras variedades como Mencía o las complementarias Tempranillo y Garnacha Tinta.

Prieto Picudo
Prieto Picudo, la variedad tinta por excelencia de la D.O. León

Respecto a las uvas blancas, el 3% de la superficie cultivada corresponde a la variedad Albarín Blanco que se complementa con las también autorizadas Verdejo, Godello, Malvasía y Palomino. ¿El resultado? Vinos blancos con un gran potencial aromático -afrutados y florales, principalmente-, buena graduación alcohólica y acertada acidez.

¿Un vino? Ponme un León

No hace falta que seas un experto para disfrutar de la calidad y el sabor de los vinos de la Denominación de Origen León. Simplemente debes tener en cuenta estos consejos a la hora de consumirlos, en función de si se trata de un blanco, un rosado o un tinto.

En el caso de los blancos y rosados, el secreto es que te los sirvan fríos para disfrutar de todos sus matices aromáticos. Si los vas a tomar en casa, mételos dos horas antes en la nevera o media hora en el congelador. En cambio, si tu elección es un tinto, se debe tomar entre 14 y 18 grados. O, dicho de otro modo, a temperatura ambiente a no ser que haga mucho calor.

Respecto al dilema vaso o copa, ni lo dudes, la copa siempre es la mejor opción. Eso sí, no vale cualquier tipo de copa. Debe ser de cristal -liso, transparente e incoloro-, de cuerpo o cáliz ancho y de cuello estrecho. Así, todos los aromas se concentrarán en la boca de la copa y podrás apreciarlos mejor.

Vinos de Leon

También debes saber que el vino tiene un ciclo de vida y que llega un momento en el que se estropea incluso dentro de la botella. Toma nota de cuándo disfrutar los vinos de León:

  • Blancos y rosados: en el año o año y medio tras su elaboración.
  • Tintos jóvenes: durante los 2 años siguientes a su añada.
  • Tintos con estancia en barricas, crianzas, reservas y gran reservas: hasta cinco años después de su elaboración.

Ahora sí, con estas pautas en mente, ya puedes acercarte a la barra y pedir un León o disfrutarlo cómodamente en casa.

Cómo maridar los vinos de la Denominación de Origen León

El término maridaje -que deriva del francés marriage (matrimonio)- es el arte de combinar un determinado plato con el vino adecuado para que juntos creen una armonía gustativa que resulte agradable al paladar. El objetivo, por tanto, es que ni el vino ni la comida pierdan protagonismo, y que podamos apreciar las características de ambos.

Para conseguir un buen maridaje, antes de hacer tu elección deberías valorar la unión de los aromas (notas cítricas, frutales, flores…), sabores (dulce, salado, amargo, ácido y umami), y la estructura de la comida y el vino (cuerpo liviano, mediano o firme).

Maridaje con vinos de la Denominacion de Origen Leon
Vinos de la Denominación de Origen León y gastronomía: el maridaje perfecto

Expresado así, puede parecer que conseguir esta sinergia entre sabores solo está en manos de un experto sumiller. Nada más lejos de la realidad. Siguiendo unas reglas básicas, podrás combinar los vinos de la Denominación de Origen León con tus platos favoritos sin temor a equivocarte.

¿Qué platos combinan mejor con los vinos leoneses?

Aquí tienes unos ejemplos para conseguir un buen maridaje tomando como base algunos de los manjares más típicos de la gastronomía leonesa:

  • Carnes rojas, embutidos y guisos: un solomillo de vacuno, un plato de cecina o el clásico cocido maragato deben acompañarse con un vino tinto de cuerpo firme.
  • Carnes blancas: la mejor opción para acompañar el delicioso pollo a la leonesa es un vino de cuerpo mediano como un rosado.
  • Platos salados: trata de elegir un vino con una acidez muy rica y pronunciada.
  • Comida picante: escoge un vino tinto que sea potente y que tenga una rica acidez. Por ejemplo, un prieto picudo marida a la perfección con algo tan típico de la gastronomía leonesa como son las sopas de ajo o los quesos del páramo leonés.
  • Balance de acidez: la acidez de los vinos rebaja la sensación grasa o aceitosa de algunos alimentos. ¿Un ejemplo? Un vino espumoso combina muy bien con una sopa de trucha.
  • Postres: elige un vino que sea más dulce que el propio postre para que no pierda sus características.

En cualquier caso, recuerda que cada paladar es un mundo así que confía en tu experiencia y no olvides que lo que realmente importa es que los disfrutes y que recuerdes con una sonrisa los momentos en los que los compartiste.

Enoturismo en la D.O. León: de la vid a la copa

El enoturismo es un plan perfecto para descubrir los encantos del sur de la provincia de León. Su rico patrimonio, la diversidad de sus paisajes, su contundente gastronomía y, cómo no, la arraigada tradición vitivinícola de estos pagos que se traduce en interesantes experiencias centradas en la cultura del vino. Todo tipo de planes con el fruto de la vid como protagonista que algunas bodegas de la D.O. León nos ofrecen en forma de paquetes enoturísticos.

Enoturismo en la Denominacion de Origen Leon
Enoturismo en la Denominación de Origen León

Es el caso de las bodegas Belote, Gordonzello, Casis, Fuentes del Silencio, Julio Crespo, Leyenda del Páramo, Meóriga, Pardevalles, Solotero, VILE La Finca y Vitalis que abren sus puertas para dar a conocer sus viñedos, su historia y sus instalaciones, a través de recorridos que suelen empezar a pie de viña para conocer las características de las variedades autóctonas, continuar en la bodega y concluir con una cata.

Brindando en el viñedo
Brindando en el viñedo

Hablando de catas, si quieres profundizar en el universo del binomio vino-comida, lo mejor es que te apuntes a una cata maridada. Te aseguro que es una gran experiencia para los sentidos.

Como también lo es acercarse hasta Valdevimbre para comer en alguna de sus bodegas subterráneas y visitar el Centro de Interpretación del Vino, seguir disfrutando de la belleza de estas tierras en Gordoncillo que, por cierto, también cuenta con un Centro de Interpretación de la Viña y el Vino, o recalar en Valencia de Don Juan, sede del Consejo Regulador, para conocer su imponente castillo.

Centro de Interpretacion de la Viña y el Vino de Gordoncillo
Centro de Interpretación de la Viña y el Vino de Gordoncillo

Todo ello en una tierra que sigue los dictados de la vid, que se saborea en los vinos de la Denominación de Origen León, y que tiene en la difusión de su cultura el mejor aliado para combatir la despoblación generando empleo y turismo sostenible y de calidad.

¿Necesitas más motivos para viajar al sur de esta sorprendente provincia de Castilla y León? Yo te espero tomándome un León.

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Código ético: Aunque este artículo está patrocinado por Turismo de León, todo el contenido ha sido creado de forma independiente y bajo mi propio criterio.

Senda del Cervigón de Gijón:  una ruta de naturaleza y arte junto al mar

Senda del Cervigón de Gijón: una ruta de naturaleza y arte junto al mar

Una ruta costera para desconectar del asfalto y abrazar la siempre seductora naturaleza asturiana. Así es la Senda del Cervigón que recorre el litoral oriental de Gijón entre acantilados, playas y esculturas que nos obligan a detener el paso. Ponte calzado cómodo y no olvides la cámara porque este atractivo plan lo requiere.

Senda del Cervigon desde el mirador de la Providencia
Senda del Cervigón desde el mirador de la Providencia

La Senda del Cervigón: Gijón en verde y azul

La primera vez que visité Gijón, hace ya más de una década, la definí como una ciudad teñida de azul y verde. Bañada por ese Cantábrico que ha marcado su historia a lo largo de más de 5000 años y cubierta de praderías, pumaradas y carbayeras.

Senda del Cervigon. Gijon
Un alto en el camino en la Senda del Cervigón

Tras el flechazo inicial, siguieron muchos más reencuentros. Más citas con su escena cultural, su gastronomía y sus noches. Más motivos para enamorarme de la que hoy considero mi casa del norte.

Plaza Mayor de Gijon
Plaza Mayor de Gijón

En esta ocasión, ese Gijón urbano que tanto me presta es el punto de partida para mostraros la belleza de su entorno rural: un paisaje cien por cien por asturiano compuesto por casi 40 km de sendas. Peñafrancia, la Senda Fluvial del Piles, la Vía Verde de la Camocha, el Camino de Santiago en su etapa Gijón/Xixón-Avilés… Y la que hoy nos ocupa: la Senda del Cervigón. O lo que es lo mismo, cómo disfrutar de la naturaleza que dibuja la costa oriental de este concejo comprometido con el medioambiente y la sostenibilidad.

Ruta del Cervigon
Un tramo de la senda costera del Cervigón

Calentando motores: Cimavilla y el paseo del Muro

Aunque oficialmente la Senda del Cervigón parte de la rotonda del río Piles, yo te aconsejo que la inicies en el Cerro de Santa Catalina. Desde este punto, en lo alto de Cimavilla, si vuelves tu mirada hacia la derecha, contemplarás una vasta panorámica que te indica el camino a seguir. Además, el Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida te servirá de referencia a la hora de emprender el camino de vuelta.

Gijon desde el Cerro de Santa Catalina
La bahía de Gijón desde el Cerro de Santa Catalina

Una vez dejes atrás la Iglesia de San Pedro y las Termas Romanas de Campo Valdés, empieza a caminar a la vera del mar recorriendo los casi tres kilómetros del paseo del Muro que flanquea la preciosa playa de San Lorenzo hasta alcanzar su extremo oriental.

Ahora sí, salva el puente del Piles, y prepárate para descubrir un abrupto paisaje poblado de acantilados, playas y miradores, apenas alterado por la mano del hombre.

El Parque de El Rinconín en clave artística

La subida al Parque de El Rinconín, primera parada destacada de esta ruta, nos muestra buena parte del patrimonio escultórico que alberga la Senda del Cervigón. 

La primera obra de arte la encontrarás un poco antes de llegar a la escalera 19 del paseo. Se trata de Sombras de Luz, una composición del escultor asturiano Fernando Alba, formada por cuatro planchas de acero que los gijoneses adoptaron en su día como Las Chaponas. Prueba a jugar con los círculos que las perforan y podrás obtener unos originales encuadres con Gijón de fondo.

Escultura Sombras de Luz en la Senda del Cervigon
La preciosa bahía de Gijón a través de la escultura ‘Sombras de Luz’

Una vez rebasada la playa de Los Mayanes, otra escultura pone de manifiesto que la cultura asturiana no está presente solo en los museos: La Madre del Emigrante de Ramón Muriedas. Esta obra, al igual que el Elogio del Horizonte, pasó del rechazo inicial a formar parte del imaginario colectivo de los gijoneses. Y no es de extrañar: su altura empodera a la madre de todos los que tuvieron que partir, y la expresión de su rostro de bronce sigue expresando ese sentimiento de pérdida medio siglo después de ser cincelada. Como su mano tendida, que ya extraña el tacto de la piel del que se marcha. ¿Mi escultura favorita? Sin duda.

Madre del Emigrante. Senda del Cervigon
La Madre del Emigrante’ mira al mar desde el Rinconín

La playa del Cervigón, un arenal petfriendly

A los pies de la también conocida como La Lloca´l Rinconín, se encuentra la playa del Cervigón que da nombre a esta senda. Este bonito arenal, que crece o mengua en función de la marea, es perfecto para practicar deportes como el surf, el bodyboard o el stand up paddle board. Además, es la única playa de Gijón que permite el acceso con perros todo el año.

Playa del Cervigon
Playa del Cervigón, más conocida como playa de El Rinconín

Por cierto, si tienes pensado conocer la ciudad con tu mascota, en la web oficial de Gijón tienes toda la información que necesitas: alojamientos dogfriendly, bares y restaurantes, espacios y zonas verdes…

Muy cerca de aquí, otra enorme escultura recorta el horizonte desde 1999, el año en que se inauguró la Senda del Cervigón. Su nombre, Solidaridad. Su estampa, una estructura de acero que simula una cadena con eslabones que no llegan a cerrarse.

Escultura Soledad. Senda del Cervigon
Eslabones de la ‘Soledad’ de Pepe Noja

Tras esta oda a la empatía y la libertad, la ruta continúa hasta llegar al Cantu los díes fuxios, un conjunto escultórico que los gijoneses disfrutan como lo que es, un apreciado balcón natural donde el estrés no tiene cabida. Siéntate en alguno de los cubos de mármol que lo componen y deja que tu mente sobrevuele el Cantábrico. Sin prisa, que por algo has decidido viajar a Gijón.

Cantu los díes fuxíos (Canto de los días huidos) de Adolfo Manzano

Casa de Rosario Acuña y playa de Peñarrubia

A partir de este momento, el paseo se torna camino enlosado y la subida se acentúa como premonición de lo que está por llegar: los acantilados más abruptos del concejo. En uno de ellos se alza la casa de Rosario Acuña, escritora, librepensadora y defensora de los derechos de la mujer. Nadie mejor que ella para plasmar la esencia de este lugar:

El cielo estaba azul, límpido; el mar enviaba a la tierra una brisa perfumada por albas frescas; algunas espumas leves contorneaban la punta del cabo de San Lorenzo, y grandes gaviotas blancas, y grandes y negros cuervos, matizaban el horizonte con rasgos de luz y de sombra. Todo era paz alrededor.»

Rosario Acuña
Casa de Rosario Acuña
Paseantes en la senda. Al fondo, la casa de Rosario Acuña

Paso a paso, llegarás a la playa de Peñarrubia, un pequeño arenal rodeado de altos acantilados y frecuentado por nudistas, y a la escultura Nunca Más, un espacio para la memoria que rinde homenaje a las víctimas asturianas del Holocausto.

Playa de Peñarrubia. Senda del Cervigon
Playa de Peñarrubia
Nunca mas
Nunca más, monumento a las víctimas del Holocausto

Un poco más adelante, con la vista apuntando ya al Cabo San Lorenzo, encontrarás un área recreativa que resulta perfecta para hacer una pausa a la sombra de la escultura Castillo de Salas de Joaquín Rubio Camín.

Area recreativa Joaquin Rubio Camin
Área recreativa Joaquin Rubio Camín

Parque del Cabo San Lorenzo y mirador de la Providencia

Llegados a este punto, toca emprender la subida al parque del Cabo San Lorenzo. Tanto si decides ascender por las escaleras o por una zigzagueante senda, la mejor recompensa te espera en el mirador de la Providencia. Y es que, desde esta atalaya que recrea la proa de un barco, las vistas son espectaculares. El camino recorrido hasta el momento, más esculturas como el Homenaje a Galileo Galilei XV o el Paisaje Germinador, que se asientan en estos antiguos terrenos militares hoy recuperados para el ocio, y más Cantábrico fundiéndose con el cielo.

Panoramica de Gijon desde el mirador de la Providencia
Panorámica de Gijón desde el mirador de la Providencia

Aunque la senda continúa bordeando el parque junto a los acantilados, te aconsejo que te desvíes tierra adentro -unos 10 minutos caminando- para visitar la pequeña capilla de la Providencia y ver, como reza la tonada, «qué morena y guapa yes» la virgen que aquí se venera.

Capilla de la Providencia. Senda del Cervigon de Gijon
Capilla de la Providencia, lugar de peregrinación y oración para muchos gijoneses

Serín, La Cagonera y Estaño: las playas más orientales de la Senda del Cervigón

De vuelta a la senda, la ruta prosigue en dirección a la Colina del Cuervo concatenando infinitas vistas de este litoral que juega con los acantilados. Como las que obtendrás si bajas hasta las playas de Serín y La Cagonera, dos pequeñas ensenadas que compensan su escaso arenal con una buena dosis de naturaleza. Ambas, además, son dos escenarios muy apreciados por los aficionados al parapente.

Bajada a la playa de Serin
¿Irlanda? No, la bajada a la playa de Serín

Y si lo que prefieres es una preciosa cala con parking, duchas y chiringuito, un poco más adelante encontrarás la playa de Estaño que, por sus dimensiones, resulta perfecta si viajas con niños.

Playa de Estaño. Senda del Cervigon
Playa de Estaño

La Ñora: el broche de arena de la Senda del Cervigón

El último tramo de la Senda del Cervigón requiere un poco de esfuerzo ya que conlleva salvar una fuerte pendiente que desemboca en un espectacular mirador desde el que se divisa la playa de la Ñora.

Escaleras de acceso a la playa de La Ñora

Este arenal dorado, que se abre al Cantábrico entre montañas y que marca el límite entre los concejos de Gijón y Villaviciosa, es el punto final de esta ruta costera que no te defraudará. Menos aún si, como yo, vives lejos del mar.

Playa de la Ñora. Senda del Cervigon
Playa de la Ñora

Para volver, puedes desandar el camino y seguir coleccionando rincones de postal, o bien enlazar con la Senda del Río Ñora que parte de la misma playa, y que discurre a través de un paisaje fluvial salpicado de saltos de aguas y pasarelas naturales.

Y hasta aquí este paseo por la hermosa Senda del Cervigón que bordea la costa este de Gijón. Un lujo para los sentidos que revela otra imagen de la villa de Jovellanos y una gran experiencia de senderismo en Asturias.

Información de la Senda del Cervigón y datos técnicos de la ruta

  • Distancia: 9,8 km.
  • Duración aproximada: 3 horas caminando y unos 74 minutos en bici.
  • Desnivel: 99 metros. Desnivel acumulado: 292 metros.
  • Tipo de firme: baldosas, enlosados de piedra y asfalto.
  • Dificultad: Baja.
  • Accesibilidad: Ruta accesible excepto el tramo de escaleras que discurre entre el mirador y la playa de La Ñora.

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Visitar Salobreña, el corazón de la Costa Tropical de Granada

Visitar Salobreña, el corazón de la Costa Tropical de Granada

Un microclima extraordinario fruto de su privilegiada ubicación, un casco antiguo que enamora, un litoral salpicado de playas y recónditas calas, y una gastronomía que tiene en la tierra y el mar la mejor de las despensas. ¿Necesitas más motivos para visitar Salobreña?  

Visitar Salobreña
La preciosa estampa de Salobreña invita a recorrerla con paso tranquilo

Viajar a Salobreña, un estupendo plan en cualquier época del año

Mar y montaña, un rico pasado que se resiste a caer en el olvido y toda la magia que uno espera de un pueblo andaluz. Así es Salobreña, santo y seña de la Costa Tropical y uno de los pueblos más bonitos de la costa granadina.

Casco antiguo de Salobreña
Casco antiguo de Salobreña

Y es que aquí la expresión «el entorno lo es todo» es más acertada que nunca. Para comprobarlo solo hay que fijarse en su magnífica estampa. La de un caserío blanco situado en lo alto de un impresionante peñasco coronado por el castillo, que contrasta con el verdor de los cultivos y con el azul del Mediterráneo que acaricia su litoral. Y, como telón de fondo, las altas cumbres de Sierra Nevada.

La Caleta, Salobreña
Pescador en La Caleta

¿La guinda del pastel? Un microclima subtropical que se traduce en 320 días de sol al año y una temperatura media de 20 °C gracias a su cercanía con el norte de África y al macizo montañoso que frena los vientos del norte. Esta es la receta que avala lo evidente: viajar a Salobreña es un estupendo plan en cualquier época del año. Así lo confirman los lugareños que ven cómo en pleno invierno los viajeros pueden esquiar y tomar el sol en la playa en un mismo día.

Vegas de Salobreña
Las exuberantes vegas de Salobreña

Qué visitar en Salobreña

El casco antiguo, un bálsamo para los sentidos

Angostas callejuelas, casas blancas engalanadas con flores, pasadizos, bóvedas, patios, portones, azulejos que recitan poesías… Este es el perfil del casco medieval de Salobreña, una delicia nazarí que huele a jazmín y azahar.

Calle de Salobreña
Salobreña y sus preciosas buganvillas

Que no te frenen las empinadas cuestas y escaleras que conducen al castillo. Es tal la fotogenia de sus rincones que te detendrás una y mil veces para tratar de capturar su belleza. Una esencia forjada a lo largo de los siglos por las diferentes culturas que la escogieron para establecerse como fenicios, griegos, romanos y árabes.

Casco antiguo. Salobreña
Salobreña, la blanca

Mi recomendación es que recorras este encantador laberinto sin rumbo fijo para dejar espacio a la sorpresa, a esa exclamación de asombro que aparece sin buscarla al girar una esquina. Así, sin pretenderlo, irán desfilando ante tus ojos sus principales atractivos en barrios como La Villa, el Brocal y el Albaycín que dejan clara su factura medieval.

Casco antiguo de Salobreña
Tras cruzar La Bóveda

Te hablo de coquetas plazas como la del antiguo Ayuntamiento, y de La Bóveda, un hermoso pasaje que se apoya en la antigua muralla y que conectaba el Albaycín con la antigua medina. Y, cómo no, de la iglesia mudéjar de Nuestra Señora del Rosario que se alzó sobre una mezquita musulmana y cuya puerta, decorada con azulejos árabes, es una de las imágenes más reconocibles de Salobreña.

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

Otro cautivador escenario es el Paseo de Las Flores que discurre entre zonas ajardinadas y vistas de escándalo. Precisamente aquí, en esta ladera situada bajo el castillo, una placa nos recuerda la leyenda de las tres princesas que Washington Irving inmortalizó en sus Cuentos de la Alhambra.

Paseo de Las Flores. Salobreña
Paseo de Las Flores y castillo de Salobreña

El castillo árabe, Salobreña a vista de pájaro

Tras una lenta subida entre casas encaladas que parecen emerger de la roca, llegamos al castillo. Aunque sus orígenes hay que buscarlos en el siglo X como fortaleza defensiva, alcanzó su mayor esplendor en la época nazarí, cuando los monarcas del Reino de Granada lo utilizaban como palacio de invierno. De hecho, sus baños son muy similares a los de la Alcazaba de La Alhambra.

Castillo de Salobreña
Castillo de Salobreña

Datos históricos al margen, el castillo es uno de los imprescindibles que sí o sí debes visitar en Salobreña. Y no solo para conocer cómo su apariencia ha ido mudando en el pasado. También es una increíble atalaya para contemplar el presente de la villa. Ese que se divisa desde sus torres y muros, de Sierra Nevada al mar, y que se vuelve mágico cuando el sol se esconde. ¿El mejor atardecer de Salobreña? Seguramente.

Atardecer desde el castillo de Salobreña
Atardecer -sin filtros- desde el castillo de Salobreña

La Caleta, sabor a azúcar y sal

Buena parte del encanto de Salobreña reside en La Caleta, un barrio de pescadores y trabajadores de la antigua fábrica de azúcar, hoy catalogada como Bien de Interés Cultural de Andalucía. La cercanía del mar, la blancura de las casas encajadas en la ladera, el silencio… Sería imperdonable visitar Salobreña sin callejear por esta tranquila barriada que mira al Mediterráneo.

La Caleta. Que ver en Salobreña
La Caleta
La Caleta.  Visitar Salobreña
Barcas de pesca en La Caleta

Consejos viajeros → Si quieres probar los dulces típicos de Salobreña, acude a la panadería artesanal Los Tolinos y pide una tarta de piononos (Ramblilla de La Caleta). Y si te gusta la cerámica artística, puedes visitar el taller de Emilio Alaminos (Casa de la Cultura de La Caleta). Recuerda que apoyar al comercio local es la mejor aportación que puedes hacer siempre que viajes.

Sus playas, un ‘must’ de Salobreña

Son muchos los que deciden visitar Salobreña por sus playas. No es de extrañar teniendo en cuenta que no suelen estar muy masificadas y que el clima en la Costa Tropical siempre juega a favor del viajero.

Descansar en una tumbona, comer junto al mar, pasear por entornos casi virginales, practicar deportes náuticos… Sea cual sea tu elección, en Salobreña encontrarás tu particular paraíso costero. ¿Mis favoritas?

Playa Punta del Rio. Visitar Salobreña
Playa Punta del Río

Punta del Río → Situada en la desembocadura del río Guadalfeo, esta playa es perfecta para iniciarte en el mundo del surf de la mano del centro de actividades náuticas 18 Nudos Surf Club, tomarte algo en su zona chill out y avistar aves. Dependiendo de la época del año, podrás ver especies como garzas reales, alcatraces, cormoranes y ruiseñores comunes.

La Guardia → Aguas tranquilas y arena oscura en un entorno único flanqueado por cañaverales que discurre entre el Peñón y la antigua azucarera. Si tienes oportunidad, da un paseo en paddle surf o en kayak por los acantilados de La Caleta con The Guardian Sea Club.

Playa de la Guardia. Salobreña
Paddle surf en la playa de La Guardia

El Caletón → Lo mío con esta cala de aguas cristalinas fue amor a primera vista. Pequeña, aislada, solitaria y rodeada de acantilados. ¿Se pude pedir más?

El Caleton. Salobreña
El Caletón, mi flechazo costero

De Salobreña al cielo: la ruta de los miradores

Si la fisonomía de Salobreña es una delicia visual con los pies en la arena, imagina cómo es verla desde las alturas. Podrás comprobarlo si te lanzas a recorrer los Miradores del Cielo, una ruta que se detiene en 9 miradores a cuál más hermoso. El más famoso, sin duda, es el dedicado a Enrique Morente, uno de los grandes renovadores del flamenco cuyo legado sigue vivo en este balcón que se alza sobre el tajo.

Mirador de Enrique Morente. Que visitar en Salobreña
«La libertad es el arte de vivir». Mirador de Enrique Morente

Pero esta no es la única atalaya del Albaycín, también está el Hoyo de la Frascunda y el mirador del Postigo. Este último antaño comunicaba la playa y el puerto con la villa, y nos ofrece una vasta panorámica que alcanza Sierra Nevada y el Pico Veleta, la cuarta cumbre más alta de España. El mirador del Paseo de la Iglesia, el del Gato y el del Paseo de las Flores, con sus zonas ajardinadas, son otras terrazas de esta ruta señalizada con códigos QR que también está disponible en la app cordobesa OK Located.

Consejo viajero → ¿Dónde dormir en Salobreña? Una buena opción es el Hotel Salobreña Suites. Está a 3 km del pueblo, pero esa distancia se compensa con creces con las fantásticas vistas que se divisan desde las habitaciones que dan al mar.

Senderismo en Salobreña

¿Más motivos para viajar a Salobreña? Disfrutar de su rico patrimonio natural que puedes descubrir a través de su red de senderos. Toma nota de alguno de ellos y lánzate a caminar en busca de los paisajes que la rodean:

Ruta de la Vega Baja de Salobreña y Motril → Prácticamente llana, esta ruta de 19 km discurre por caminos agrícolas y por el litoral que une la desembocadura del río Guadalfeo y el barrio de El Varadero de Motril.

Ruta de la Chirimoya → Adéntrate en la vega de Salobreña para ver de cerca las fincas en las que se cultivan sus apreciadas frutas tropicales.

Senda Mediterranea de Salobreña
Senda Mediterránea

Senda Mediterránea → Esta agradable ruta une el casco antiguo de Salobreña con el de Almuñécar sin apenas perder de vista el Mediterráneo. Si sus 14 km te parecen demasiada distancia a cubrir, puedes disfrutar de su paisaje de acantilados y especies endémicas recorriendo el tramo que va desde el hotel Salobreña Suites a La Caleta.

La gastronomía de Salobreña

Otra de las razones por las que vale la pena visitar Salobreña es por su gastronomía que se nutre de la huerta y el mar para complacer al más exquisito de los paladares. Y es que este rincón de Andalucía no solo destaca por deliciosas recetas del mar, como el pulpo seco, los espetos de sardinas o la zarzuela de marisco. También podrás probar excelentes frutas tropicales como mangos, papayas o aguacates que, gracias al mino de los agricultores de la zona, te trasladarán a paraísos como México, Cuba o Venezuela. Mención aparte merecen las chirimoyas que en su día llegaron de Ecuador y Perú, y que han dado lugar a una variedad autóctona de increíble sabor: Fino de Jete.

Frutas tropicales de Salobreña
Frutas tropicales de Salobreña

Finca ecológica Matagallares

Si quieres conocer sobre el terreno el origen y la forma de cultivo de estas frutas tropicales, te recomiendo visitar la Finca Ecológica Matagallares. Allí te espera su propietario, Juan Carlos Vinuesa, que desde el 2001 lleva a cabo una producción ecológica certificada. Consciente de que progreso y sostenibilidad han de ir de la mano, riega su hectárea con un sistema de goteo programado y localizado para que no se pierda ni una gota de agua, utiliza máquinas de biomasa y deja que la naturaleza y las gallinas que corren por su plantación hagan el resto.

Finca ecologica Matagallares. Que visitar en Salobreña
Finca ecológica Matagallares
Frutas tropicales de Salobreña

Un consejo más: concluye esta interesante visita agroturística con una degustación de sus productos porque esos sabores difícilmente los encontrarás fuera de la Costa Tropical de Granada.

Dónde comer cuando viajes a Salobreña: chiringuitos y restaurantes recomendados

A pesar de su pequeño tamaño, Salobreña cuenta con una variada oferta gastronómica basada en alimentos de temporada y de proximidad con tintes de las diversas civilizaciones que han pasado por ella a lo largo de los siglos.

Si te apetece comer a la vera del mar, tu destino es Casa Emilio, un chiringuito de toda la vida por donde desfilan contundentes zarzuelas, frituras de pescado, mariscos, pulpo a la Salobreña, paellas costeñas y, cómo no, la omnipresente ensalada tropical (Paseo Marítimo, 5. Abierto todo el año).

Casa Emilio. Salobreña
Casa Emilio, un clásico del Paseo Marítimo de Salobreña

Otra apuesta segura la encontrarás en el restaurante La Bahía que llena de sabor la playa del Peñón. Buen servicio, ingredientes locales y opciones vegetarianas, veganas y sin gluten. ¿Un bocado imprescindible? La ensalada Bahía: mango, queso de cabra, mezclum de lechugas, fresas, aguacate y helado de mango.

Restaurante La Bahia. Salobreña
La Bahía, el placer de comer o cenar junto al mar

Ya en el casco antiguo, se impone hacer un alto en el camino en la plaza del antiguo Ayuntamiento. En el número 10 está La Botica, un restaurante de cocina mediterránea en cuya carta no faltan recetas tradicionales como el atún rojo, el arroz caldoso o las almejas a la marinera. Si puedes, reserva mesa en su coqueto Sky Bar. Sus vistas serán el mejor condimento para una velada fantástica.

Y si buscas una cocina que fusione raíces y toques de vanguardia, acércate a conocer el proyecto gastronómico que el chef Francisco Izquierdo desarrolla en el restaurante Aráis. Sabores del mar que llegan de la cercana lonja de Motril, verduras y frutas de temporada, carnes de la sierra… Todo ello regado con una de las bodegas más completas de la Costa Tropical en la que destaca su propio ron: El Mondero.

Restaurante Arais. Salobreña
Restaurante Aráis, un auténtico paraíso foodie

Ir tapeo, un imprescindible de Salobreña

Otra de las cosas que sí os sí debes hacer cuando viajes a Salobreña es algo tan granadino como ir de tapas por el casco antiguo, La Caleta o la zona baja. El imprescindible El Cuesta, un bar de toda la vida donde probé el estupendo mosto Castillo de Salobreña- (Fuente C, 4), la fritura del Pesetas (Bóveda, 11), las elaboradas tapas del Antaño (Díaz del Moral), la fusión del Restobar Lolitalola (Guadalfeo, 3)… Y suma y sigue porque, como ya habrás imaginado, a Salobreña se viene a comer mucho y bien.

Tapear en Salobreña
El Cuesta y el Antaño, dos imprescindibles del tapeo salobreñero

Y hasta aquí este atractivo y variado listado de razones por las que deberías visitar Salobreña, un destino andaluz como mucho que ofrecer estación tras estación. ¿Ponemos rumbo al sur?

*Nota: Este artículo forma parte del blogtrip #ViveSalobreña organizado por la Oficina de Turismo de Salobreña. Como siempre que realizo este tipo de viajes, todas las opiniones vertidas son fruto de mi experiencia.