Miércoles, 15 de marzo de 2017. Seis de la mañana. No puedo dormir y frente a mí tengo un folio en blanco. Tras él, la oscura imagen de un Madrid que despierta poco a poco, como si se resistiera a plantarle cara a un nuevo día porque sabe el guión que le espera. Para mí es distinto. No es un miércoles más. Es la víspera de un gran viaje y me tiemblan las manos al teclear el destino: Zambia y Zanzíbar, en África subsahariana.
Tomo aire para relajar un corazón que palpita con fuerza. Ya está escrito. Dicho en alto. Ya parece más verdad. Más verdad que la molestia de una vacuna, que la confirmación de unos billetes, que la ropa amontonada junto a la maleta. África… a la vuelta de la esquina.
Y es que yo, como Kuki Gallman, Siempre soñé con África. Con ese continente que Ryszard Kapuscinski desgranó en Ébano hasta elaborar un documento imprescindible para comprender la compleja realidad africana.
La he imaginado letra a letra en cuantos libros y reportajes he leído, plano a plano en los documentales de La2 y fotograma a fotograma en cada película. Efraín, Mogambo, El cielo protector, Grita libertad, Una mujer en África, Hatari, Desgracia, Lágrimas del sol, La reina de África, Moolaadé, Gorilas en la niebla… Evocadores títulos que en clave de drama, retrato social o bajo el amparo de una gran historia de amor me acercaron a diferentes etnias, voces y culturas. Y, cómo no, Memorias de África, una de mis películas de cabecera. Imposible saber las veces que la he visto y me he emocionado viendo ese increíble vuelo en avioneta o cómo Robert Redford le lava el pelo a Meryl Streep junto al río. Piel de gallina propia de una cinéfila, soñadora y, para más inri, romántica. Servidora.
La luz del amanecer se cuela por la ventana y me devuelve a la realidad. Ahí está, como cada día, la maraña de tejados y antenas que perfila mi horizonte. El ruido del tráfico, persianas que se levantan, tacones que vuelan sobre la acera rumbo al metro… Un día más para muchos pero no para mí. ¿Cómo serán los amaneceres y atardeceres en Zambia y Zanzíbar? En un buen puñado de horas lo sabré. Aunque siga sin creérmelo.
Lo que si sé es que me sentiré brutalmente viva. Algo que de verdad necesito.
Los que padecemos el síndrome del eterno viajero conocemos bien esa cíclica sensación que aparece cuando llevamos, o creemos llevar, demasiado tiempo varados. En este caso en Madrid, un gran lugar para vivir, sí. Hasta que te quema el asfalto y la novedad se vuelve rutina por mucho que trates de levantarle la falda en busca de los secretos que encierra. Cuando eso ocurre, como ahora, me siento presa, enjaulada como una fiera en un zoo. Necesito volar, templar mi espíritu en otras latitudes, volver a conjugar el verbo viajary escribir un nuevo capítulo que se sume a la viajera que he sido, la que soy y la que quiero ser.
También sé que, como siempre, el único temor que albergo es que en mi ausencia mi mundo cambie, que en mi desconexión haga falta mi presencia, no estar si me necesitan. No hay más miedos en mi equipaje. El resto, kilos de materia intangible. Típicos y tópicos que hablan de sueños cumplidos, de expectativas, de arcoíris sobre el humo que truena. Ver esa primera puesta de sol en tierra africana, un elefante en libertad, escuchar un idioma desconocido, hundir mis pies en el Índico, buscar una gesto amable en el rostro de un desconocido, tratar de provocarlo… ¿Divago? Sin duda. Estas horas indecentes y el aviso de “de cerca” me excusan.
Zambia y Zanzíbar, tres semanas en África
A groso modo -a la vuelta ya habrá tiempo para contártelo con todo lujo de detalles- este es el itinerario de nuestro viaje. Digo nuestro porque una vez más me acompaña Sara Rodríguez que a fuerza de ser como es se ha convertido en una apuesta segura a la hora de viajar. Conexión, inquietudes mutuas y una sonrisa por bandera. Una combinación que nunca falla.
Zambia:
– Cinco días de safari en el South Luangwa National Park de Zambia, una de las reservas más importantes del continente africano en la que habitan 60 especies de mamíferos y 400 especies de aves diferentes. El reino del leopardo y de especies endémicas como la jirafa de Thornicroft o la zebra de Crawshay. Allí donde el río Luangwa va en busca del Zambeze surcando sabanas y bosques que se inundan en la estación de lluvias. Dos campamentos y más de una jornada sin wifi bajo el sugerente epígrafe “Rivers and Rainbows”.
– Visita a las Cataratas Victoria: Desde Zambia y Zimbawe, a pie, navegando por el río Zambeze y sobrevolando en helicóptero esta enorme grieta que hace de frontera natural entre ambos países.
Zanzíbar:
Unos días en el norte (Nungwi) y otros en el sur (Kizimkazi) para explorar esta isla situada a 36 kilómetros de las costas de Tanzania. Playas de arena blanca y aguas turquesas, manglares, acantilados de coral, callejear por Stone Town, un crucero en dhow por la bahía de Menai, el bosque de Jozani con sus monos colobos, una visita a una plantación de especias…
Dicho queda. Mañana salgo de viaje. Impaciencia, mariposas en el estómago y el deseo de encontrar historias que merezcan ser contadas. Próximo destino: Zambia y Zanzíbar.
Los minaretes perfilan su silueta, sus cúpulas retan a la gravedad y con la llamada a la oración del muecín la que fue capital de tres imperios despierta al alba cada día. Un canto que llega desde lo alto y cuya cadencia, a modo de coro, replican las más de 3.000 mezquitas de Estambul. Como verlas todas resulta imposible, te muestro a continuación aquellas que visité. Están las más importantes, sí, pero también aquellas que no suelen encabezar la lista de imprescindibles pero que por un motivo u otro contribuyeron a la fascinación que siento por esta ciudad tan genuina como irrepetible.
Todo ello en una ciudad acostumbrada a cambiar el curso de la historia, en una metrópolis en la que todo aquel que la conquistó quiso mostrar su grandeza, en una urbe abierta al mar cuya caprichosa fisonomía no hace sino embellecerla y que siempre será eterna por mucho que muden los aires políticos y se imponga la dictadura del ladrillo.
Principales mezquitas de Estambul
A continuación voy a mostrarte las principales mezquitas de Estambul. Y si como yo, en algún momento te sientes abrumado por su patrimonio, haz una pausa entre mezquita y mezquita para tomar un té o probar sus deliciosos dulces. No temas al calendario porque, por breve que sea tu estancia, el hechizo de Estambul, como un beso de miel en los labios, conseguirá que te vayas con ganas de volver. Las ciudades únicas causan ese efecto y Estambul es una de ellas.
Eso sí, fíjate en cada haram -la sala de oración en la que los fieles varones rezan en paralelo y hombro con hombro simbolizando así la igualdad de todos los creyentes-, en cada mihrab, el nicho en la pared que indica la dirección hacia La Meca, en cada minbar desde el que un erudito islámico dirige la oración… Cada uno es distinto y como cada mezquita todos merecen una atenta mirada.
Y es que, si vas un paso más allá de la esfera meramente arquitectónica, leyendo un simple folleto descubrirás que en el Islam cada ser humano nace libre de pecado y que cada persona es responsable de sus propios actos, que los tiempos de las oraciones se calculan según el movimiento del sol de manera que cambian en función de las estaciones, el porqué de las fuentes de las abluciones, el papel de la mujer y muchos otros aspectos que te permitirán contextualizar y conocer la naturaleza de las mezquitas que visitas y la religión que las respalda. En definitiva, podrás aproximarte de un forma libre y sin prejuicios al mundo que gira a tu alrededor.
Santa Sofía
El sueño de Justiniano ha mudado tantas veces de piel como la propia ciudad. En su día fue la mayor iglesia del mundo cristiano y la principal mezquita de Estambul durante 400 años. Luego fue un museo y desde al año 2020 ha regresado de nuevo a su papel de mezquita.
Sancta Sophia, Haghia Sofia, Ayasofya… Da igual el nombre que reciba y los siglos que pasen, su magia no caduca. Porque conmueve incluso desde la distancia, con su austero semblante de tintes rosados, sus minaretes y su titánica cúpula. Una conmoción que se torna seducción en su interior, al descubrir qué encierra esta joya arquitectónica que escogió Estambul para maravillar al mundo.
Imagen actual de la mezquita de Santa Sofía
Y lo hace luciendo un majestuoso espacio a dos alturas que se hilvana con agujas de diferentes culturas y credos. Mosaicos bizantinos, columnas, medallones que nos hablan de Alá, Mahoma y los primeros califas, ventanas, vidrieras, cientos de lámparas de bronce que alumbran su colosal fisonomía generando un ensoñador juego de luces y sombras… Sobrecogedora. Ese es el adjetivo que le hace más justicia. El más apropiado para definir en puñado de vocales y consonantes este delirio visual que tras la fase de asombro inicial logra estremecer a todo aquel que cruza su puerta. * Entrada gratuita
Mezquita Azul
En el otro extremo de la plaza de de Sultanahmet, justo enfrente de Santa Sofía, se encuentra la Mezquita Azul, construida por orden del sultán otomano Ahmet I a principios del siglo XVII para competir en grandiosidad con su famosa vecina e incluso con la propia Meca. Para hacerla única la dotaron con seis minaretes igualando el número de torres de la mezquita de Arabia Saudí, una ofensa religiosa que se saldó con la construcción de un séptimo minarete en la Meca.
Además de ser la más visitada es la más imponente de cuantas se dan cita en esta ciudad que navega entre dos continentes. El gran patio central, sus 20.000 azulejos de Iznik que aportan la tonalidad azul por la que es conocida, sus vidrieras llegadas de Venecia, la cúpula principal a 43 metros de altura, las preciosas alfombras tejidas en los telares imperiales… Esta obra maestra del arquitecto Mehmet Aga es el reflejo de la perfección, de la simetría absoluta. Motivos más que suficientes para que le dediques una pausada visita.
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Pequeña Santa Sofía (Küçük Ayasofya)
Muy cerca de aquí, a apenas ocho minutos caminando en dirección al mar de Mármara, se alza Küçük Ayasofya, conocida como la Pequeña Santa Sofía. Mucho obvian su visita sin saber que esta discreta mezquita, ajena a las masas, es la única de Estambul que permite el acceso a la galería superior. Todo un lujo para poder apreciar la delicada armonía de su conjunto.
Ya no conserva sus mosaicos de oro pero curiosamente sí una inscripción en griego dedicada a San Sergio que nos recuerda que nació como iglesia en el siglo VI por orden del emperador Justiniano y de ahí la semejanza de su exterior con Santa Sofía. En sus inmediaciones encontrarás talleres de artesanos, vendedores de libros de segunda mano y encuadernadores.
Mezquita de Solimán el Magnífico (Mezquita de Süleymaniye)
El más rico y poderoso de los sultanes otomanos debía tener una mezquita a su imagen y semejanza, que destacara en el perfil de Estambul, que fuera magnífica como él. Lo consiguió emplazándola en una de las siete colinas que dominan el Cuerno de Oro y dejando que fuera Mimar Sinan, el mejor arquitecto del imperio, quien la construyese.
Desde aquel lejano siglo XVI, Solimán el Magnífico sigue haciendo honor a su nombre y muchos la consideran la más bella de las mezquitas imperiales de Estambul. Incluso el propio Sinan que la escogió entre todas sus obras para ser enterrado en sus jardines. ¿Un consejo? Tras visitarla, sal por la puerta que da al Cuerno de Oro para disfrutar de una vista inolvidable de una ciudad por la que siento un amor incondicional.
Mezquita Nueva
Emplazada en el barrio de Eminönu, a medio camino entre el Puente de Gálata y el Bazar de las Especias, hallarás otra mezquita que debes visitar: la Mezquita Nueva. Un monumental templo cuya construcción se prolongó durante casi setenta años por los problemas que suponía alzarla junto al mar y por falta de financiación. Finalmente se concluyó en 1663 y desde entonces su silueta es una de las más fotografiadas de Estambul gracias a sus 66 bóvedas que de forma piramidal se elevan al cielo. Su interior, tan colosal como corresponde a una mezquita imperial.
Actualmente (octubre de 2021) está en proceso de restauración y solo se puede visitar una pequeña parte.
Mezquita de Rüstem Paşa
Si te acercas al bullicioso mercado Tahtakale, ubicado también en el barrio de Eminönü, descubrirás otra tesoro que la mayoría de los turistas pasa por alto: la mezquita de Rüstem Paşa. Aunque tal vez te cueste un poco localizarla porque está situada encima de las tiendas del antiguo bazar, no desistas hasta dar con su discreta entrada porque el tiempo que inviertas no será en vano.
Y es que al final de unas oscuras escaleras, el gran Mimar Sinan desplegó toda su maestría para complacer a uno de los hombres más adinerados del Imperio otomano: el primer visir Rüstem Paşa, yerno del sultán Solimán. Para ello alzó una gran cúpula, inspirada en la de Küçük Ayasofya, que anunciara su presencia desde la lejanía, y decoró su interior con soberbios azulejos de Iznik de diseños florales y geométricos. Sencillamente, imprescindible.
Mezquitas de Estambul: la fascinante Eyüp
El barrio de Eyüp, situado fuera de las murallas de la antigua Constantinopla, es el más conservador y fiel a las tradiciones de Estambul, un territorio sagrado para el islam cuyo epicentro es la mezquita que le da nombre. Nada más cruzar el umbral de la entrada el fervor religioso que la envuelve te hace sentir que no estás visitando un templo más. Estás entrando en el lugar donde las crónicas cuentan que murió y fue enterrado Ayyub Al-Ansari, el portaestandarte del profeta Mahoma. Su tumba permaneció perdida durante siglos hasta que el sultán Mehmet II logró localizarla y construyó en torno al sepulcro este complejo religioso.
El constante trasiego de peregrinos, decenas de mujeres orando en el gran patio central, devotos apostados frente a la tumba, niños vestidos de blanco que acuden con sus familias para celebrar el día de su circuncisión… La mezquita de Eyüp no es de las más grandes ni deslumbrantes de Estambul pero puedo asegurarte que su visita no te dejará indiferente si estás interesado en profundizar en la cultura islámica.
Mezquita de Fatih: imprescindible entre las mezquitas de Estambul
En este listado de mezquitas de Estambul no podía faltar la que fue la primera mezquita imperial de la ciudad. Al igual que Eyüp, Fatih es un templo muy venerado por los fieles musulmanes que además alberga la tumba del sultán que la mandó construir, Mehmet II Fatih, artífice de la conquista de Constantinopla.
Lo más destacable es su exquisita decoración interior, inspirada, una vez más, en la obra de Minar Sinan, y los elementos barrocos que el arquitecto Mehmet Tahir introdujo al acometer su reforma ya que el terremoto de 1766 destruyó prácticamente todo el complejo original.
Mezquita de Mihrimah Sultán
Aunque probablemente llegues a Üsküdar en busca del que para mí es el mejor atardecer de Estambul, reserva un hueco en tu agenda para visitar la mezquita de Mihrimah Sultán. Como nos recuerda la placa que hay a la entrada, su artífice también fue Mimar Sinan, el indiscutible maestro de la arquitectura otomana.
Esta bella mezquita, junto con la cercana Yeni Valide, es uno de los ejemplos de külliyes -complejos religiosos y culturales construidos para las hijas de los sultanes- que podemos encontrar en la zona asiática de la ciudad.
Excursiones y actividades en y desde Estambul
Para facilitarte al máximo tu viaje a Estambul, permíteme sugerirte algunas excursiones y experiencias inolvidables:
Traslados a/desde los aeropuertos → Si no quieres complicarte con los traslados, aquí puedes reservar un transfer privado, puerta a puerta y al mejor precio. Un chófer te esperará en el aeropuerto, en el hotel o dónde estés para llevarte a tu destino de forma rápida y segura.
Baño turco Aga Hamami→ Experimenta el placer de un baño turco en el hammam Aga Hamami, uno de los más populares de la ciudad. ¡Ni lo dudes!
Autobús turístico de Estambul → La mejor forma para descubrir a tu aire esta increíble ciudad que no te dejará indiferente. Dos rutas con 19 paradas y comentarios grabados en español.
Capadocia express → Tour de 1 día en avión visitando el paisaje lunar del Valle de Derbent, el Valle del Goreme, el pueblo troglodita de Uçhisaral y el famoso Valle de Pasabagi donde se encuentran las chimeneas de hadas.
Excursión a las islas Príncipe → Siéntete parte de la realeza otomana con un recorrido en barco por tres de las islas Príncipe: Kinaliada, Heybeliada y Buyukada.
Espectáculo de los Derviches → Descubre la magia y el misticismo de la danza sufí y vive una experiencia espiritual de la mano de los Derviches Giróvagos. Reserva cuanto antes porque las mejores localidades vuelan.
Excursión a Éfeso en avión → Vuela a la ciudad que en la Antigüedad se convirtió en un auténtico centro religioso, cultural y comercial del Imperio Romano. Incluye guía de habla española/inglesa y la recogida en el hotel y traslado de regreso.
Irlanda está de moda. Prueba de ello es que el año pasado 395.500 turistas españoles viajaron hasta allí atraídos por su descarada belleza natural, sus potentes ciudades, su acertado cóctel de tradición y vanguardia, su música, su gastronomía y por el irresistible encanto de pasar una tarde en un pub cerveza en mano. Si tú también te estás planteando una escapada a la Isla Esmeralda, ve tomando nota porque voy a tentarte con seis visitas imprescindibles para que sepas qué ver en Irlanda.
Qué ver en Irlanda:
Dublín
Empezamos con un plato fuerte, Dublín, la capital de la República de Irlanda. Te lo diré en gaélico: «Beidh ceol, caint agus craic againn». Tengamos música, charlemos y a pasarlo bien porque la manejable y cosmopolita ciudad del Liffey ya se encarga de poner el resto. Prestigiosas instituciones culturales como el Trinity College o la Chester Beatty Library, el Temple Bar- feudo de la cerveza y la música tradicional-, la Guinness Storehouse y su siempre concurrido Gravity Bar, casas georgianas, parques en los que escapar del trepidante ritmo dublinés, arterias comerciales como Grafton Street y O’Connell Street, la renovada y revitalizada zona de los Docklands, un relajado paseo a la orilla del río… No lo dudes, Dublín, es una ciudad que engancha. Si sedujo a Joyce, Becket, Phil Lynnot, U2 o a la mismísima Molly Malone, tú no vas a ser menos.
CONSEJO VIAJERO → Si quieres ahorrar dinero y tiempo, plantéate adquirir la tarjeta turística Dublin Pass. Con ella podrás visitar las principales atracciones de la ciudad evitando las colas que suelen formarse en lugares como la Guinness Storehouse, la cárcel Kilmainham o Dublinia.
No hay lista de visitas imprescindibles en Irlanda que no incluya los acantilados de Moher, una de las joyas de la ruta costera del Atlántico. Sé que los habrás visto mil veces en el cine enmarcando inolvidables escenas de películas como La princesa prometida, Los cañones de Navarone, La hija de Ryan o Harry Potter y el Misterio del Príncipe, pero ninguna pantalla es capaz de captar lo que se siente cuando te plantas cara a cara frente a estas colosales paredes verticales que a lo largo de ocho kilómetros se enfrentan al Atlántico.
Camina por sus senderos, infórmate en el centro de visitantes, trata de localizar la colonia de frailecillos –puffins- que anidan en Goat Island y sube al mirador de la torre de O’Brien. Si el día está despejado, podrás ver las islas Aran, la bahía de Galway, las montañas de los Twelve Bens en Connemara y la península de Dingle. A mí me faltó verlos al atardecer, motivo más que suficiente para que desee volver a este rincón del condado de Clare esculpido por la naturaleza hace millones de años.
CONSEJOS VIAJEROS → Si te gusta la música tradicional y el marisco, acércate a Doolin. Está a menos de 10 km y su buen ambiente te encantará; por algo dicen que es uno de los pueblos más animados de la isla. Otra magnífica opción: descubre el entorno calizo de El Burren, un paisaje más propio de la luna en el que las orquídeas florecen junto a tumbas megalíticas. Tal es su magia que Tolkien se inspiró en él para escribir El Señor de los Anillos.
Y si no quieres preocuparte por nada, reserva esta excursión a los Acantilados de Moher, uno de los paisajes más impresionantes del país y a Galway, una de mis ciudades favoritas.
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Galway: un imprescindible en tu agenda de qué ver en Irlanda
La ciudad más importante del oeste irlandés es también una de las más bohemias, auténticas y divertidas. Festivales de arte, teatro, conciertos, carreras de caballos en verano y una animada vida nocturna se dan cita en el que fue un pequeño pueblo de pescadores que llegó a estar gobernado por 14 familias tribales. Déjate caer por la Catedral -el último templo construido en piedra en Irlanda-, salva el río Corrib por alguno de sus puentes, callejea por el Barrio Latino, recorre las salas del Galway City Museum para conocer la herencia arqueológica, histórica y patrimonial de la ciudad, y desciende hacia la bahía rumbo al Spanish Arch. Como bien saben los universitarios -un tercio de la población de Galway-, ver la puesta de sol al abrigo de la antigua muralla vale mucho la pena y se cuela en esta ruta de qué visitar en Irlanda por méritos propios.
CONSEJOS VIAJEROS → En la joyería Thomas Dillon’s encontrarás las mejores reproducciones de los anillos de Claddagh, uno de los símbolos más famosos de Irlanda. A la hora de comer, acude a Mc Donagh’s y prueba el salmón, los mejillones y sus premiados fish and chips. ¿Un pub? Séhán Ua Neáchtain, el lugar en el que entre pinta y pinta me dejaron claro que en Galway es imposible aburrirse.
Tomarle el pulso a la ciudad en el siempre animado St. George’s Market, visitar el Ayuntamiento, descubrir el atractivo barrio de la Catedral cuajado de galerías de arte y locales de moda, recorrer los murales políticos en un black cab -taxi negro-, subir al Castillo de Belfast para disfrutar de sus bonitas vistas, pasear a la orilla del Lagan, exprimir la noche de pub en pub y revivir la historia del trasatlántico más famoso del mundo en el Titanic Quarter. Estos son solo algunos de los planes que te esperan en la capital norirlandesa, una pequeña ciudad con mucha historia a sus espaldas que ha sabido reinventarse a través de la cultura y el arte sin perder un ápice de su personalidad. Por cierto, a partir de esta primavera, el puerto de Belfast cuenta con una nueva atracción, el HMS Caroline, un antiguo buque de guerra reformado como museo naval.
CONSEJO VIAJERO → Aunque en cualquier pub de Belfast podrás pasar una fantástica velada, reserva un hueco en tu agenda para The Crown Liquor Saloon, su estilo victoriano y su cuidada decoración te trasladarán a 1826. Otro lugar muy especial es la Linen Hall Library. Fundada en 1788, es la más antigua de la ciudad y ofrece un variado programa de eventos que incluye exposiciones, lecturas y conferencias.
Una pasarela a 30 metros de altura, listones de madera que crujen con el viento, el océano bajo tus pies y un trayecto de 20 metros por delante. Este es el reto que nos plantea el puente colgante de Carrick-a-Rede, una experiencia con mayúsculas que podrás vivir en el Condado de Antrim. ¿La recompensa? Alcanzar la isla de Carrick y disfrutar de unas vistas impresionantes de la isla de Rathlin e incluso de la vecina Escocia. Olvida el miedo, esquiva el vértigo y confía en las palabras que me dijo el vigilante de acceso al ver mi cara de preocupación: «Come on. It’s easy».
CONSEJOS VIAJEROS → Lleva algo de abrigo y un impermeable para protegerte del fuerte viento y la posible lluvia, y calzado adecuado para caminar por los senderos. Si quieres inmortalizar tu hazaña, hazte con el certificado que emite National Trust, una organización benéfica que se encarga de conservar parajes especiales como éste gracias a las aportaciones de sus miembros y de aquellos que los visitan.
El gran hito de la ruta costera de la Calzada, considerada una de las cinco mejores excursiones en coche del mundo, es la Calzada del Gigante. Si el escaso kilómetro que la separa del centro de visitantes ya es de por sí un paisaje espectacular que discurre entre acantilados, cuando llegas al que para mí es uno de los rincones más sobrecogedores de Irlanda, sencillamente, enmudeces. 40.000 columnas de basalto, surgidas hace casi 60 millones de años tras una intensa actividad volcánica, que se deslizan hacia el océano. Puedes dejarte envolver por la leyenda y buscar la presencia del gigante Finn McCool a cada paso o pensar que al único titán que hay que temer es al Atlántico. El resultado es el mismo, te quitarás el sombrero ante este prodigio de la naturaleza que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad.
CONSEJO VIAJERO → Si quieres conocer la espectacular Calzada del Gigante, contrata esta excursión y que no te lo cuenten. Además, viajarás a Belfast -la capital de Irlanda del Norte- donde descubrirás los astilleros, el Titanic Belfast -un museo que repasa la historia del transatlántico más famoso del mundo- y los imprescindibles murales políticos.
Recorre los escenarios de Juego de Tronos en Irlanda del Norte
Impresionantes acantilados, castillos, abadías, bosques encantados, bahías, cuevas, verdes valles, pequeños pueblos costeros, playas kilométricas… Tras el paso de la exitosa serie de Juego de Tronos, Irlanda del Norte para muchos ya siempre será Poniente. Y es que la más ambiciosa producción audiovisual de todos los tiempos necesitaba los mejores escenarios para arrasar, paisajes que sólo se pueden encontrar en la Isla Esmeralda.
Si estás interesado en visitar las localizaciones donde se grabaron algunas de las escenas más impactantes de esta superproducción, te recomiendo este tour desde Dublín en españolal corazón de los Siete Reinos. El Bosque Encantado, Invernalia y la morada de los Stark, la abadía de Inch…
Si tras completar esta ruta enfocada en qué ver en Irlanda sientes mariposas en el estómago, no te sorprendas. No podía ser de otro modo. Simplemente, como yo, te habrás enamorado de Irlanda.
Si te gusta el arte urbano, la sugerencia que ahora te lanzo creo que como mínimo despertará tu curiosidad. Te propongo que me acompañes a recorrer la ruta de los murales de Vitoria-Gasteiz, un atractivo paseo cuajado de fachadas que ejercen de lienzos, de historias contadas con brochas y de paredes que además de aportar calor y color mueven conciencias.
Esta galería al aire libre, conocida como itinerario muralístico de Vitoria-Gasteiz (IMVG), discurre por las calles del casco histórico, rodeada de iglesias, palacios y restos de las antiguas murallas, y por el barrio obrero de Zaramaga, mostrándonos el rostro más actual y participativo de la capital de Álava.
Y es que detrás del despertar de estos edificios está un proyecto de muralismo colectivo que además de recuperar estéticamente zonas degradadas, busca la cohesión ciudadana a través del arte con un fin social y cultural. Para ello, este movimiento fundado en 2007 por Christina Werckmeister, Verónica Werckmeister y Brenan Duarte, abre sus puertas a todo aquel que quiera participar. Artistas consagrados, voluntarios de distintas edades, profesiones y procedencias tengan o no experiencia en creaciones a gran escala, estudiantes de arte en prácticas y jóvenes de entre 16 y 20 años -las brigadas de la ‘brotxa’- que acceden a un puesto de trabajo remunerado.
Este espacio de participación y creación que llena de color las envejecidas fachadas de la ciudad se gestiona a través de talleres que duran aproximadamente seis semanas. En la fase de diseño se reúnen todos los participantes para decidir la temática del mural y crear el boceto que luego trasladarán a la pared. Una vez finalizado, toca celebrar el trabajo bien hecho con una gran fiesta de inauguración.
Así es la trastienda de la ruta de los murales de Vitoria-Gasteiz, una muestra física y palpable del interés de una comunidad por mejorar su entorno y, sobre todo, por hacer de su ciudad un lugar aún mejor en el que vivir.
Itinerario muralistico de Vitoria-Gasteiz
Cada uno de los murales que componen esta ruta tiene su propia historia, sus singularidades, su porqué y su cómo vio la luz. Una información básica para entender el valor de esta brillante iniciativa de expresión pública y comunitaria. Comenzamos.
Al hilo del tiempo
Junto a la Catedral de Santa María, donde se asentó la primitiva ciudad, y a un paso de un pensativo Ken Follet -homenajeado en bronce por haberse inspirado en las obras de restauración de este tempo en su libro Un mundo sin fin-, encontramos el primer mural del IMVG. Su título, Al hilo del tiempo. Su temática, telas y paños que se descuelgan por la pared en recuerdo de los mercados medievales que tenían lugar en la Plaza de las Burullerías. Ubicación: Calle Chiquita nº 9.
Continentes
En 2008, tras seis semanas de intenso trabajo, las anodinas y frías fachadas de una escuela infantil y un centro de acogida se convirtieron con Continentes en una oda a la diversidad de culturas y credos que conviven en esta zona del casco medieval. Tras la habitual tormenta de ideas, los participantes, entre ellos profesores y padres y madres de los niños, decidieron poner en valor el carácter diferencial de este barrio con una muestra de animales de todo el mundo. El resultado, un colorido lienzo que nos invita a viajar por todo el planeta acorde con la realidad que impera dentro y fuera de este edificio municipal. Ubicación: Cantón de Santa María, s/n.
El triunfo de Vitoria
Debo reconocer que, por un instante, cuando llegué al Jardin de Etxanobe en busca del El triunfo de Vitoria, pensé que me había trasladado a las calles de Belfast. Sí, con un millón de comillas y salvando la gran brecha temporal e ideológica que los separa, por supuesto. Pero ver este mural ubicado en un lateral de un parque recuperado para el uso público, en solitario y con el frío de la mañana como único acompañante, me hizo revivir las largas caminatas por Falls Road y Shankill Road en busca de sus murales. Impresiones viajeras al margen, esta manifestación de arte urbano, situada en la parte alta de El Campillo, está inspirada en el cuadro de Georges de la Tour El tramposo y nos muestra cómo una fiel sirvienta que simboliza el pueblo advierte a la gran Dama Vitoria que el hombre poderoso con el que juega a las cartas pretende engañarla. Como curiosidad, este fue el primer mural en el que participaron las brigadas de la ‘brotxa’. Ubicación: Santa María, 9.
Cubiertos de cielo y estrellas
Como podemos ver en Cubiertos de cielo y estrellas, el amor también esta presente en este recorrido pictórico por los murales de la Almendra Medieval de Vitoria-Gasteiz. En esta ocasión, una pareja se abraza y se besa bajo el firmamento en una colorida y actual reinterpretación de un cuadro de Giotto di Bondone. Los Santa Ana y San Joaquín del siglo XXI. Ubicación: Pintorería, 76.
La noche más corta
Música, hogueras, bailes y desenfreno para enmarcar la magia de la noche de San Juan. Una fiesta pagana que a modo de fantasía nocturna toma forma en La noche más corta al abrigo de la muralla medieval. Su mejor vista la encontrarás en el Jardín de la Muralla al que deberás acceder por el Cantón de la Carnicerías. Ubicación: Correría, 96.
Conjunto muralístico Eskuz Esku
El conjunto Eskuz Esku (en euskera, mano a mano) es uno de los grandes hitos del itinerario muralistico de Vitoria-Gasteiz. Está formado por dos grandes fachadas, unidas por un mosaico en su base, en las que destaca la figura de unas manos que simbolizan el trabajo de la tierra en una y la cultura en la otra. Todo ello envuelto en una estética que nos recuerda el mundo del cómic con la torre de Doña Ochanda como telón de fondo. Cada detalle es carne de Instagram: una vieja cinta de casete, una lata de comida al más puro estilo Andy Warhol, bocadillos, onomatopeyas… Ubicación: Herrería, 86 y Zapatería, 79.
¿Qué haremos con lo que sabemos?
En 2011, el IMVG se extiende hasta la calle Francia, una de las más transitadas del centro, para preguntarnos ¿Qué haremos con lo que sabemos?. Una reflexión sobre el medioambiente imprescindible en una ciudad galardonada con el premio «Green Capital». Como nos muestran las cuatro secciones de este mural, tenemos el conocimiento, especies autóctonas, espacios naturales recuperados como los humedales de Salburua e incluso ahora podemos ver la tierra desde el espacio. ¿Seremos capaces de conservar y proteger todo este legado natural? Ubicación: Colegio de San Prudencio, s/n.
Una recomendación, ya que has llegado hasta aquí reserva un hueco en tu agenda para visitar el Museo de Arte Contemporáneo Artium. Lo tienes justo enfrente.
La luz de la esperanza
En La luz de la esperanza un ecléctico equipo de ciudadanos decidió subirse al andamio para plasmar su rechazo ante la desigualdad de género y los estereotipos en pro de una sociedad más justa. Una balanza perfectamente equilibrada, el rostro sereno de una mujer madura, carteles contra la violencia, la maternidad, el trabajo… Tonos fríos para los problemas y cálidos para las soluciones que llegan de la mano de la comprensión, la educación y la tolerancia. Ubicación: Zapatería, 76
Somos agua / Somos arte
Por falta de tiempo, este es el último mural que visité. Un canto a la vida protagonizado por nuestro bien más preciado, el agua, que fluye a modo de collage entre una sirena, animales en peligro de extinción y el vuelo de la falda de una joven bailarina que, sin duda, te recordará a las de Dègas. Ubicación: Centro Cívico Aldabe.
Visitas guiadas por los murales de Vitoria-Gasteiz
Si quieres conocer el resto de murales que se han llevado a cabo hasta el momento y saber qué secretos esconden, te recomiendo que realices una visita guiada por el itinerario muralístico de Vitoria-Gasteiz. Yo simplemente he aportado unas pinceladas para despertar tu interés pero este atractiva ruta merece ser recorrida con la gente que le dio forma y la hace posible. Encontrarás toda la información que necesitas en la web Muralismo público.
En mi último viaje a Navarra pude conocer el gran potencial de Tierra Estella, una merindad situada a medio camino entre el Pirineo y la Ribera que resume la esencia de esta comunidad del norte de España. Te hablo de encantadores pueblos para una escapada slow, del legado del Camino de Santiago, de gente auténtica, una despensa excelente y de un conjunto de espacios naturales que vale la pena descubrir como el que ahora te presento: el Nacedero del Urederra.
Este paraje, actualmente integrado en el Parque Natural de Urbasa-Andía, está situado en el valle de Améscoa, a menos de una hora de Pamplona. Un territorio flanqueado por el altiplano de Urbasa y la escarpada sierra de Loquiz, salpicado de pequeñas poblaciones rurales que aún conservan los usos y costumbres de antaño, y que en boca sabe a pochas, cordero, Idiazabal y pacharán. Un buen ejemplo es Baquedano, el bonito caserío desde donde parte el sendero que conduce a esta maravilla natural de Navarra.
Tras dejar el coche en aparcamiento, deberás atravesar el pueblo hasta al final donde encontrarás un panel informativo del nacedero. En este punto el camino se bifurca en dos. Toma la senda de la izquierda ya que es la que discurre más cerca del río y regresa por el camino del este. El sendero, de escasa dificultad, está bien señalizado y tiene una longitud total de 5,3 km.
Calcula unas tres horas para recorrerlo aunque todo dependerá del tiempo que quieras pasar en esta reserva natural. Si te gusta la fotografía, te aseguro que olvidarás el reloj porque hay mucha belleza que inmortalizar. Por algo dicen que es uno de los enclaves más espectaculares de Navarra.
El término Urederra significa “agua hermosa” y es exactamente lo que verás en esta ruta. Un cauce de agua de un sorprendente color turquesa que juega con el paisaje precipitándose en forma de cascadas o ralentizando su curso en numerosas pozas. Detente a escuchar su murmullo rodeado de paredes abruptas, fíjate en la luz que se filtra entre las hojas de los árboles, llena tus pulmones con los olores de la naturaleza y disfruta de los miradores que hallarás a tu paso. Esta es la recompensa que recibirás por ir en busca de la salida natural del acuífero que encierra el macizo kárstico de Urbasa.
Verás una caída de más de 100 metros que tras millones de años ha modelado un anfiteatro rocoso y cómo el agua se filtra a través de las grietas de las rocas, caminarás entre un bosque de hayas, olmos, fresnos y tilos, podrás seguir con la mirada el vuelo de los buitres, alimoches y milanos reales que surcan el cielo… Y, sí, seguramente pensarás que solo por conocer este paraíso ya vale la pena acercarse a este rincón navarro donde la naturaleza da el do de pecho.
El Nacedero del Urederra es uno de los 35 recursos que componen la Ruta de los Paisajes de Navarra. Agua y Miradores. El mirador del Baztan, el cerro de Santa Bárbara con sus preciosas vistas de Tudela, o el de la Sierra del Perdón -paso obligado de los peregrinos que realizan el Camino de Santiago- son solo algunos ejemplos de este catálogo de parajes que pone de manifiesto la variedad paisajística de esta región.
¿Más planes para completar un fin de semana en Tierra Estella? Visita el resto de poblaciones que componen el valle de Améscoa y ríndete a la gastronomía local, acércate a Estella-Lizarra, cabecera de esta merindad y una de las etapas más importantes del Camino Francés, para comprobar por qué la llaman «la Toledo del norte», anímate a practicar espeleología en la Cueva de Los Cristinos y descubre el diamante negro de la cocina en el Museo de la Trufa de Metauten.
Reserva de entradas para visitar el Nacedero del Urederra
Con el fin de preservar este paraje se ha limitado el aforo a 450 personas. Puedes reservar tu plaza online o bien adquirirla el mismo día de tu visita en el aparcamiento de Baquedano de 9:30 a 17:30h. Una vez completado el cupo, y conforme vayan saliendo los visitantes, se distribuyen nuevos permisos de acceso. La entrada al nacedero es gratuita. El precio del parking es de 3€ por vehículo.
Cómo llegar al Parque Natural de Urbasa-Andía
Para llegar al Parque Natural de Urbasa-Andía hay dos opciones: entrar por la cara norte a través del valle de la Sakana o por la cara sur desde Estella-Lizarra siguiendo la NA718.
Es responsabilidad de todos cuidar y respetar la riqueza paisajística de este entorno, así que recuerda que está prohibido hacer fuego, acampar, bañarse, practicar deportes como la escalada, el barranquismo o la pesca y, por supuesto, dejar residuos.
Aunque la dificultad del sendero es baja-media, no está adaptado para sillas de ruedas ni carros de bebé.
Nota: Este artículo forma parte del blogtrip #Estellaruraltrip organizado por el portal Escapada Rural en colaboración con el Consorcio de Tierra Estella y Turismo de Navarra.
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