Bienvenido a Vigo. A una ciudad que nace del mar rodeada de montes. A un lugar donde todas las miradas se dirigen a las Islas Cíes, la joya de su ría. Historias de corsarios y tesoros, un casco viejo empedrado de pasado y presente, cultura marinera, ocio nocturno y playas en las que la naturaleza juega con la arena. Si te preguntas qué ver y qué hacer en Vigo, aquí tienes la respuesta. Voy a mostrarte los secretos de la mayor urbe de Galicia.
Se chove, que chova!
Eso sí, deja atrás cuantos estereotipos conozcas. No te quedes solo con su perfil industrial, marcado por la altura de las grúas de los astilleros, ni con la idea de que siempre hace mal tiempo. Tanto uno como otro son claves para entender su idiosincrasia.
Acuérdate de los grandes poetas gallegos como Rosalía de Castro o Valle-Inclán. En sus versos llueve y sopla el viento, cierto, pero los vigueses también disfrutan de días soleados y cielos despejados gracias a un microclima que la diferencia de otras ciudades del norte de Galicia.
Tal vez te ocurra como a mí y no sea un amor a primera vista. Quizás necesites patearla a conciencia, contemplarla desde las alturas, mezclarte con su gente al calor de una buena mesa y leer lo que cuentan sus muros.
Si lo haces, es probable que se ancle en tu memoria asociada al término morriña. Yo ahora la siento al pensar en Vigo. Quizá porque el mar me pierde, porque me gustan las ciudades en las que aún quedan cosas por hacer y mucho que conservar. O porque le presté el tiempo necesario para conocerla.
Qué ver en Vigo: sus preciosos miradores
Para descubrir la fisonomía de esta urbe que vive de cara al Atlántico, reserva un hueco en tu agenda para recorrer sus miradores. Opciones no te van a faltar.
Como O Castro, un monte situado en el corazón de Vigo, a 150 metros sobre el nivel del mar. El ascenso es pronunciado pero se compensa con creces. Restos arqueológicos que evidencian que la ría ya estuvo poblada por numerosos castros en la Edad del Hierro, los jardines y el espectacular mirador de su fortaleza y, cómo no, leyendas de cargamentos de oro y plata. La más importante es la que envuelve la batalla de Rande, en plena Guerra de Sucesión, cuando decenas de galeones españoles acabaron hundidos en el mar. Hasta Julio Verne encargó al Capitán Nemo en 1870 la búsqueda de los tesoros que portaban.
Literatura al margen, en 2011 se localizaron seis nuevos navíos relacionados con esta batalla. Las enormes anclas de otros tres pecios componen el monumento a los Galeones de Rande emplazado en este pulmón verde que atesora las mejores vistas de Vigo.
Las Cíes, la ría y la ciudad a vista de pájaro. Es el horizonte que hallarás si te acercas al monte de A Guía, otro ventanal panorámico dominado esta vez por la Ermita de A Nosa Señora das Neves. Un precioso espacio natural, alejado del tráfico, en el que antaño las esposas encendían hogueras a modo de faro para orientar a sus hombres del mar.
Otra magnífica atalaya es el mirador del Paseo de Alfonso XII, presidido por el símbolo de Vigo que dio pie a su sobrenombre: la ciudad olívica. Un olivo que crece custodiado por el monumento a los cantores, poetas y trovadores de la ría. Está ubicado en pleno centro y frente a A Fonte, una de las plazas más queridas por los vigueses.
Los restos de la fortaleza de San Sebastián, que vigilan los tejados del casco viejo, el mirador del monte de O Cepudo en Valadares o los montes de A Madroa y O Vixiador en Candeán son otros rincones de Vigo que llenarán tu cámara de eternas vistas que se funden en el mar.
Un paseo por el litoral de Vigo
Tras las alturas, toca volver a a nivel del mar, en busca de las joyas naturales que jalonan la franja costera de Vigo, de ancestrales costumbres y de historias que nos transportan al pasado.
Las playas de Vigo
En cualquier listado centrado en qué ver en Vigo no pueden faltar los bellos arenales que se suceden a cada paso. Y es que, en un radio relativamente pequeño, puedes ir saltando de playa en playa recorriendo la línea de la costa. O Adro en el marinero barrio de Bouzas, la familiar Samil, O Cocho y Mourisca, O Vao, La Sirenita o A Punta son algunas que sí o sí debes conocer.
Sin olvidar la playa de Rodas, considerada una de las mejores del mundo y situada en ese tesoro natural llamado Cíes -mi asignatura pendiente y una razón de peso para volver a Vigo.
La isla de San Simón: una visita imprescindible
Esta isla fue el destino final de una travesía en barco en la que sentí la fuerza de la ría. La grandeza del puente de Rande, el Capitán Nemo emergiendo de las aguas, las tradicionales bateas en las que se crían mejillones y ostras, los imponentes bateeiros… Lugares comunes a los ojos de los vigueses que se tornan únicos para los que vivimos tierra adentro.
Debido a su estratégica situación, en el extremo más oriental de la ría, San Simón fue testigo de la historia de Galicia. Un pasado marcado por los ataques de vikingos y corsarios como Francis Drake, y por sede de la Orden del Temple. Esta isla también fue el escenario de la ya mencionada Batalla de Rande, leprosería, y el más temido penal franquista durante la Guerra Civil.
Su presente es bien distinto ya que este bucólico edén de jardines, esculturas y piedra es hoy “la isla del pensamiento“, un espacio para la memoria histórica y la creación cultural.
El puerto
Dado que la industria naval es una de sus señas de identidad, todo recorrido por el litoral de Vigo debe pasar por el puerto, el que más pescado fresco descarga de toda Europa. Los astilleros, la subasta en la lonja, la terminal de contenedores… Desde Teis a Beiramar, un paisaje forjado en metal que la Autoridad Portuaria te ofrece la posibilidad de visitar.
Qué ver en Vigo: el Casco Vello
Vigo creció desde el puerto y lo hizo cuesta arriba dando forma al centro histórico que aquí llaman Casco Vello, un laberinto de piedra que acoge espacios como la Praza da Constitución, que en su día albergó el ayuntamiento, la Praza da Igrexa donde se alza la Colegiata de Santa María, o la Praza da Pedra.
Aquí, en este pequeño pueblo inmenso en la gran urbe, late el alma de Vigo. Una ciudad que impone subir y bajar cuantas callejuelas y escaleras se cruzan al paso. Solo así tropezarás con la magia de calles como la Rúa dos Cesteiros donde hoy, como antaño, se siguen vendiendo cestos de mimbre.
Un Vigo que renace día a día recuperando el lustre de sus fachadas y que se rinde al noble arte del terraceo a la menor ocasión brincando entre clásicas tascas y nuevos fichajes gastronómicos.
Y, cómo no, un Vigo por el que discurre el Camino de Santiago en su ruta portuguesa, que sorprende con su propia Porta do Sol que no tiene reloj pero sí un Sireno, se cita en la farola de Urzáiz, se hace un selfie en el Dinoseto de la Praza da Princesa, y se lanza a comprar en la calle del Príncipe antes o después de ver una exposición en el MARCO (Museo de Arte Contemporáneo).
Dónde comer en Vigo
Gracias a su localización, entre valles que acarician la ría, la cocina de Vigo es una de las grandes embajadoras de la gastronomía gallega. Pescados y mariscos, productos de la huerta y excelentes carnes son los reyes de una cocina que conquista el paladar en asadores, taperías y restaurantes de vanguardia. Sublimes mariscadas, peixiños fritos, pulpo á feira, un buen churrasco a la brasa, empanadas de zamburiñas, sus famosas ostras, queso de Tetilla, pimientos de Padrón, grelos…
Todo regado con los premiados albariños de la D. O. Rías Baixas que puedes combinar con los caldos de las otras cuatro denominaciones de origen gallegas: Ribeiro, Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrei.
Para guiarte entre tanta y variada oferta, aquí te dejo algunas recomendaciones:
Restaurante A Chabola: Tomás Lorenzo es el gerente de esta emblemática casa de comidas, especializada en arroces, pescados y mariscos, que abrió sus puertas como taberna en 1965. A la calidad de sus platos y al impecable servicio se suma su encantadora ubicación a orillas del mar. Dos imprescindibles: tómate un Porto tonic disfrutando de la preciosa estampa de la playa de Arealonga, y no olvides pedir sus deliciosas navajas de buzo a la plancha (Camino Cacharela, 38).
Acércate a la calle Pescadería, esa que los vigueses llaman la calle de las Ostras, para probar las perlas de la ría de Vigo. Se cultivan en Arcade y cada mañana llegan aquí directas de las bateas.
Progreso 41: Experiencias gastronómicas y ocio confluyen en este urban market que combina comercios tradicionales, espacios para artistas, ludoteca y puestos de comida de lo más diversa. Probar cocina de autor, internacional o gourmet, cortarte el pelo, conocer a los emprendedores locales, comprar fruta, pescado o carne.. Un nuevo concepto de gastromercado y punto de encuentro perfecto para desconectar de la rutina en cualquier momento del día (Ronda de Don Bosco, 41).
Enoteca Buqué: En locales como este, ubicado en el casco viejo, los vigueses demuestran que para ellos el momento aperitivo es una cita gastronómica imprescindible. Tostas, tapas, tablas de embutidos y una gran selección de vinos en una enoteca con mucho encanto (Palma, 9).
Quesum: Si eres un cheese lover, te encantará esta tienda-quesería gourmet. De cabra, de oveja, de vaca, nacionales e internacionales… Aprende a distinguirlos y a valorar su calidad apuntándote a alguna de las catas que realizan con regularidad en este templo de los quesos (Av. das Camelias, 121)
Restaurante Marina Davila: Cocina gallega de mercado basada en productos de km 0 e innovadoras técnicas culinarias al servicio de ingredientes de toda la vida. A destacar: los pescados y mariscos del día traídos desde la lonja, y sus dos terrazas con unas espectaculares vistas de la ría y las islas Cíes (Muelle Comercial de Bouza, s/n).
Escojas la opción que escojas, te aseguro que acertarás y recordarás los placeres de la cocina de Vigo. Ya lo dijo el Che Guevara: “La nostalgia empieza por la comida».
Dónde dormir en Vigo
Hoteles, hostales, campings, albergues… En Vigo no tendrás problema para encontrar un alojamiento a la medida de tu bolsillo. Tres recomendaciones:
Tryp Los Galeones: Haciendo gala del estándar de esta cadena, Los Galeones es un cuatro estrellas acogedor y actual, con confortables y espaciosas habitaciones. Personal muy amable y a poca distancia de los principales puntos turísticos de la ciudad. (Avenida de Madrid, 21).
Hotel Axis: Moderno hotel de cuatro estrellas con guiños decorativos a los años 70 situado en el centro. Lo mejor, su azotea, una coqueta terraza con piscina y vistas de escándalo (María Berdiales, 22).
Vigo Plaza: Hotel urbano de dos estrellas con habitaciones funcionales y cafetería 24 horas. Estupenda relación calidad-precio y próximo al Casco Vello (Progreso, 13).
Y cuando cae la noche: salir de copas en Vigo
Luces de neón, música, copas… El mejor termómetro para saber si una ciudad está realmente viva o se apaga al caer el sol es exprimir sus madrugadas. ¿Es como dicen la capital del ocio nocturno de Galicia? A tanto no arriesgo pero en Vigo, créeme, el mercurio se dispara. Si en los 80 su movida la puso en el mapa con Siniestro Total, Os Resentidos y Golpes Bajos capitaneando la contracultura, hoy demuestra con orgullo canalla que la que tuvo, retuvo.
La noche empieza a calentar motores de vinos por la zona vieja, entre tascas cargadas de años y garitos de nueva factura. A partir de aquí, cada peregrino busca su templo. Los devotos del indie y el rock enfilan sus ganas de música en directo o sesiones Dj´s hacia la zona de Churruca (calles Cervantes, Martín Códax o Rogelio Abalde). Los que prefieren éxitos de radiofórmulas, rodearse de gente guapa y locales hasta la bandera, Areal y su entorno, con clásicos como el Ferré, El Atlanta o el 20th Century Rock, un museo del cine y la música en toda regla.
Aquellos que buscan ver y dejarse ver no dudan en acudir a la zona del Ensanche de Vigo en busca de pubs de moda, vistas al puerto y skylines de lujo. Para rematar la noche, nada mejor que Samil y Beiramar al abrigo de las discotecas que más trasnochan o antes despiertan. Lo dicho, las noches en Vigo son el antídoto perfecto contra el aburrimiento.
Y hasta aquí esta pequeña guía sobre qué ver y qué hace en Vigo, un destino del sur de Galicia, enclavado en plenas Rías Baixas, que bien merece una escapada.
Nota: Este artículo forma parte del blogtrip #YsinosvamosaVigo organizado por la Asociación de Hostelería de Vigo (Ahosvi), Maruxa Eventos y N8 Comunicación con la colaboración de Alberto Ribas.
Leonardo da Vinci, Roger Bacon, los hermanos Montgolfier, Clément Ader, Orville y Wilbur Wright… Como refleja la historia, el hombre siempre ha deseado poder volar como un pájaro. Desplazarse por el cielo, jugar con el viento, flotar en el aire… Un sueño milenario que ahora ya es una realidad y que podemos experimentar en Windobona Indoor SkydivingMadrid, el primer túnel de viento de la capital. De forma segura, sin experiencia previa y para todos los públicos; desde niños de 4 años hasta personas de la tercera edad con espíritu aventurero.
Mi experiencia volando en el túnel de viento de Windobona
A pesar de tener vértigo, un defectillo de fábrica famoso entre quienes me conocen, cuando Windobona me propuso volar en su túnel de viento vertical no lo pensé dos veces. Llevo años queriendo practicar paracaidismo así que ¿por qué no experimentar qué se siente cuando saltas en caída libre desde un avión a 4.000 metros de altura?
Como debutante, me propusieron probar el paquete Alas para uno, una experiencia sorprendente, divertida y muy adictiva de dos vuelos de un minuto de duración.
Para que el disfrute sea total y templar los inevitables nervios iniciales, nuestro instructor personal nos dio un pequeño curso en el que nos enseñó la posición que teníamos que adoptar durante el vuelo y cuatro señales básicas para comunicarnos con él en el interior de la cámara: levanta la cabeza, estira las piernas, encoge las piernas y relájate. Mono de vuelo, casco, tapones para los oídos y gafas de protección. Ya estábamos listos para volar.
La cámara de vuelo tiene 4,3 metros de diámetro y 15 metros de alto por lo que te recomiendo que, si te inquietan las alturas, no seas tan curioso como yo y no mires el final del túnel. De todos modos, estoy convencida de que te olvidarás de todo cuando atravieses la puerta y te lances al vacío. Mi cara lo dice todo, ¿no crees?
Tal vez un minuto te parezca escaso pero la emoción y la descarga de adrenalina es increíble cuando notas por primera vez que tu cuerpo flota en un colchón de aire. Súmale que estás acompañado en todo momento por un instructor que te transmite confianza y seguridad, y solo desearás volver a entrar para disfrutar del segundo vuelo. Este ya es pura magia. Estás mucho más relajado porque ya conoces el medio en el que te vas a mover, la sensación de libertad aumenta y simplemente tienes que concentrarte para aprovechar al máximo esos 60 segundos que difícilmente olvidarás.
Solo, en pareja, con amigos… Consulta en su weblas diferentes experiencias que nos proponen y cumple tu sueño de volar.
Windobona Indoor Skydiving Madrid
El edificio de Windobona Indoor Skydiving Madrid cuenta con tres plantas. Un total de más de 2.000 m² de instalaciones que incluyen espacios de descanso, bar-cafetería con vistas al túnel y salas de uso exclusivo para voladores expertos (sportflyers). Además, está completamente adaptado para personas con movilidad reducida. Al frente de su equipo de profesionales está Paloma Granero, la primera mujer instructora española especializada en el paracaidismo de interior. Toda una experta en la materia que ha realizado más de 800 saltos y más de 500 horas de vuelo.
Respecto a la tecnología, su innovador túnel de viento vertical, completamente presurizado y vigilado desde una sala de control, utiliza el sistema ISG que proporciona un gran aislamiento acústico, la más alta eficiencia energética y una mejor calidad del aire sin turbulencias. Todo ello para garantizar una experiencia cien por cien segura.
Un apunte más: el paracaidismo de interior es muy beneficioso para ejercitar el cuerpo y la mente ya que, además de trabajar todos los músculos, la descarga de adrenalina produce una agradable sensación de bienestar y energía positiva tras volar.
¿Qué necesitas saber para volar en el túnel de viento de Windobona Indoor Skydiving Madrid?
¿Puedo comer antes de volar?
Sí, pero que sea algo ligero.
¿Es necesario un equipo especial para practicar el paracaidismo de interior?
Sí. Windobona Indoor Skydiving Madrid te proporciona el equipamiento necesario para practicar esta actividad: mono de vuelo, casco, tapones para los oídos y gafas de protección. Lo único que debes llevar es ropa cómoda y unas zapatillas de deporte que te sujeten bien los pies.
Llevo gafas. ¿Puedo usarlas en el túnel de viento?
Sí. Te darán unas gafas de protección especial que te permiten usar las tuyas.
¿Hay alguna limitación de peso?
Puede volar todo el mundo hasta un máximo de 120 kilos.
Restricciones de uso:
Mujeres embarazadas y personas con problemas de corazón. Si tienes alguna lesión o problemas de espalda, díselo a tu instructor para adaptar el vuelo a tus necesidades.
¿Cuál es la velocidad máxima del aire en el túnel?
Experimentarás una velocidad de caída libre de 50 metros por segundo. Los ventiladores integrados en el túnel de viento de Windobona son capaces de mover 1,5 toneladas de aire por segundo.
¿Cómo llegar a Windobona Indoor Skydiving Madrid?
En coche: Salidas 27 y 28 de la M-40. En transporte público: Autobús (líneas 35, 108, 118 y 155 e interurbanas 480, 484 y 485). Metro: San Francisco o La Peseta (línea 11).
Dirección: C/ Calderilla, 16. Madrid (frente al Centro Comercial Islazul).
* Debes llegar a las instalaciones de Windobona Indoor Skydiving Madrid una hora antes de tu vuelo para registrarte, equiparte y recibir un pequeño curso de formación. El precio de la experiencia ‘Alas para uno’ es de 49€.
Entre la sierra y la costa, en el corazón de las Rías Baixas, Terras de Pontevedra espera paciente tu visita para ofrecerte todo aquello que la hace tan especial. Arte rupestre, hórreos que miran al mar, playas de arena fina, espacios protegidos, y pueblos marineros y de interior que se articulan alrededor de la ciudad del Lérez.
Pontevedra, Poio, Marín, Ponte Caldelas, Cotobade, Campo Lameiro y Vilaboa. Estos son los ayuntamientos que conforman este diverso geodestino gallego por el que discurre el Camino Portugués a Santiago. Una atractiva mancomunidad turística que te presento a través de seis propuestas que aúnan cultura, sorprendentes paisajes y un patrimonio gastronómico que apenas necesita presentación. Comenzamos.
Ruta de los petroglifos: arte rupestre en Terras de Pontevedra
¿Sabías que en esta región se encuentra una de las mayores concentraciones de arte rupestre de Europa? Así es y por ello te recomiendo reservar un hueco en tu agenda para realizar un viaje al pasado que te permitirá conocer el legado de sus antiguos pobladores: la ruta de los petroglifos.
El mejor punto de partida para adentrarte en el fascinante mundo de estos grabados en piedra, característicos de la Edad de Bronce, es el Parque Arqueológico de Arte Rupestre Campo Lameiro. Tras aprender a identificarlos y ahondar en los misterios que encierran en su centro de interpretación, podrás recorrer un itinerario de más de 3 kilómetros al aire libre en el que destacan multitud de grabados figurativos como la Piedra de los Caballos, considerado el mejor petroglifo de Galicia. Conocer cómo era un poblado prehistórico, aprender a hacer fuego o adentrarte en un laberinto tridimensional que recrea uno de los símbolos más característicos de los petroglifos de Mogor son algunas de las experiencias que te esperan en Campo Lameiro, la «capital gallega del arte rupestre”.
Si quieres ver estos motivos circulares a tamaño real, solo tienes que acercarte hasta Marín y visitar los Laberintos de Mogor, parada imprescindible en esta ruta por sus representaciones en piedra y por las bonitas vistas de la ría de Pontevedra que desde aquí se divisan.
La historia que guardan estos valles también se hace presente en el Área Arqueológica de Tourón, con destacadas estaciones rupestres de finales del Neolítico, y en el Centro Arqueológico de A Caeira cuyos grabados zoomorfos y geométricos coinciden en tiempo con los de Campo Lameiro.
Si tienes previsto realizar esta ruta en familia, puedes descargar esta guía infantil en la que Petra, una niña de la Edad del Bronce, recorre los lugares más significativos del patrimonio rupestre de Terras de Pontevedra. Los ya mencionados y otros no menos interesantes como los petroglifos de Viascón, Fentáns, Chan dos Areeiros y Salcedo. Escenas de caza, ciervos, caballos, espirales, laberintos e ídolos ocultos diseminados en plena naturaleza. ¿Quién se resiste a pasear por los mismos caminos que pisaron nuestros antepasados hace más de 4.000 años?
Combarro y sus hórreos que miran al mar
Hórreos que se asoman a la ría jugando con la marea, piedra, teja, madera, cruceiros, casas marineras y viejas historias de meigas. Así es el escenario que envuelve Combarro, un pequeño pueblo costero, declarado Conjunto de Interés Artístico y Pintoresco en 1972, que enamora nada más pisarlo.
La imagen que buscas está en la playa de Pinela, con su encantador desfile de hórreos y sus vistas a la costa de Poio y Marín. Fotografíalos cuanto quieras pero deja que tus pasos te lleven también al centro histórico de esta perla de las Rías Baixas. Callejea por la Rúa de San Roque, detente en rincones como la Praza da Fonte o A Rúa Cega, admira la arquitectura de sus antiguas viviendas… Sin prisa, sin mirar el reloj. No olvides que estás en una de las villas pesqueras más hermosas de Galicia. ¿Una buena opción para comer? El restaurante Leucoiña, variada carta, buen servicio y con la ría de Pontevedra y el perfil de la isla de Tambo como un comensal más (Rúa do Mar, 33).
Salinas de Ulló, la gran sorpresa de Terras de Pontevedra
Muy cerca de Combarro, en Vilaboa, donde montaña y litoral se dan la mano, se encuentra uno de los enclaves más sorprendentes de Terras de Pontevedra. Te hablo de las Salinas de Ulló. Ha llovido mucho desde que el Colegio de los Jesuitas de Pontevedra comenzara a explotarlas en 1694. Es más, de su antiguo molino de mareas, uno de los pocos que había en Galicia, solo quedan los restos de sus compuertas. Vestigios de otro tiempo que se perdieron pero que no merman su belleza paisajística.
Recorrer su perímetro, saltando entre diferentes ecosistemas como el bosque de ribera, las marismas de aguas salobres o la ensenada de San Simón, y pasear por sus muros de piedra, mientras tratas de avistar su rica fauna avícola, supone ganarle a la vida unas horas de paz en un entono protegido que ha sabido preserva su biodiversidad.
Aprovechando tu paso por Vilaboa, sube hasta el Mirador de Cotorredondo. La recompensa, unas magníficas vistas que abarcan las rías de Arousa, Pontevedra, Vigo y la isla de San Simón.
Las playas de Terras de Pontevedra
Sea cual sea tu tipo ideal de playa, en Terras de Pontevedra te esperan algunos de los mejores arenales de las Rías Baixas. En la costa sur, por ejemplo, el litoral de Marín discurre entre playas recogidas y semi urbanas entre las que destacan Santo del Mar, Portocelo, perfecta para personas con movilidad reducida, Mogor, frecuentada por los amantes de los deportes náuticos, y la escondida Lapamán que comparte sus tranquilas y cristalinas aguas con Bueu.
Por su parte, en los 20 kilómetros de la costa de Poio, encontrarás playas rurales como Laño o ubicadas en entornos forestales como Cabeceira o Lourido. ¿Una recomendación? Acércate a esta última, también conocida como playa da Polvoreira. En este pequeño arenal, resguardado del viento y rodeado de vegetación, contemplé uno de los atardeceres más bonitos que me regaló Terras de Pontevedra. Tampoco pases por alto las playas de Pousada y de Deilán, dos extensos arenales situados en el municipio de Vilaboa.
Hablando de playas, déjame presentarte una muy especial, A Calzada, la primera playa fluvial con bandera azul de Galicia. Una zona de baño en la que el río Verdugo, tras adornar con sus riberas la villa de Ponte Caldelas, se remansa rodeado de robles, castaños y abedules y que, una vez más, pone de manifiesto la diversidad de paisajes de esta mancomunidad.
Pontevedra, boa vila
Pontevedra, con su serena belleza, es mucho más que una pequeña capital de provincia. Es una ciudad viva, en la que todo queda a mano, que sucumbe al terraceo cuando el tiempo y el orballo lo permite en plazas como la de la Verdura, la de la Leña, Teucro, Ferrería o en Méndez Núñez, en la que Valle-Inclán vigila el paso de peregrinos, turistas y lugareños. Una ciudad que nos invita a dar un paseo a la vera del río Lérez, a recorrer los puestos del siempre animado mercado de Abastos y, sobre todo, a perdernos por las calles de su casco histórico en busca de un pasado medieval, muy bien conservado, que aparece en cada esquina. En sus casas populares y en las de rancio abolengo coronadas por blasones, en sus pazos, en sus museos y en hitos religiosos de este Conjunto Histórico-Artístico como la Basílica de Santa María la Mayor, el Convento de San Francisco o la iglesia de la Virgen Peregrina, emblema del Camino Portugués. Ya lo dice el dicho popular: «Pontevedra é boa vila. Ninquén a ve que n’o diga.”
¿Cuatro propuestas para hacerla un poco tuya?
Desayunar entre pinturas, espejos y pilares de hierro en el entrañable Café Moderno, orgullo de los pontevedreses donde solía citarse la flor y nata de la intelectualidad gallega (Plaza San José, 3).
Comprar un souvenir gastronómico, léase quesos, mermeladas, embutidos y demás productos de kilómetro 0, en A tenda da Gata, una tienda que aboga por el consumo responsable y la materia prima local (Peregrina, 22).
Probar el delicioso pulpo á feira y las carnes a la parrilla de la Pulpería y Churrasquería Peregrinus (Profesor Filgueira Valverde, 10).
Tomar un vino en la popular taberna La Navarra, testigo fiel de la historia de Pontevedra desde 1925 (Princesa, 13)
El puerto de San Adrián de Cobres
El protagonista de mi última recomendación es el pequeño y tranquilo puerto de San Adrián de Cobres, situado a tan solo 15 minutos de Pontevedra, en un pintoresco paraje de la ensenada de San Simón. Si, como yo, no tienes la suerte de tener el mar cerca, disfrutarás siguiendo con tu mirada el vaivén de las olas, viendo el trajín de barcos que salen cada mañana hacia las bateas donde cultivan mejillones, dejando que el olor de la ría inunde tus pulmones. En esta preciosa postal marinera, pintada de verde y azul, que encuentra en el murmullo de la brisa y en el tintineo de las embarcaciones atracadas en su marina su mejor banda sonora.
Para tratar de alcanzar mi objetivo, que no es otro que animarte a descubrir esta sorprendente región, te dejo con un vídeo que resume mejor que yo lo narrado: nuestro paso por #TerrasdePontevedra.
Cómo llegar y dónde dormir en Terras de Pontevedra
Por carretera: El acceso a Pontevedra se puede realizar por la AP9 que vertebra la Galicia costera de norte a sur. Otra opción es la autovía de las Rías Baixas (A-52) que comunica Pontevedra con la meseta central y Madrid. La estación de autobuses, que conecta con las principales ciudades españolas, está situada en el centro de la ciudad (Rúa da Estación, s/n).
En tren: Hay diferentes conexiones entre Pontevedra y Vigo, Santiago de Compostela, A Coruña y Ourense, así como líneas que enlazan con Madrid, Barcelona, León, Irún, Ponferrada y Portugal.
En avión: Pontevedra no tiene aeropuerto. Los más cercanos son el de Vigo (Peinador) situado a 30 km. de la capital, Santiago de Compostela (Lavacolla) a 59 y A Coruña (Alvedro) a 110 km.
¿Dos opciones de alojamiento en Pontevedra?Hotel Rúas, situado en plena zona monumental. Sencillo, funcional y con un servicio de desayunos muy completo (Sarmiento, 20). Slow City Hostel, también en el casco histórico. Acogedor, con zonas comunes muy cuidadas y enfocado al intercambio social y cultural entre sus huéspedes, muchos de ellos peregrinos (Amargura, 5).
Recorrer infinitos paisajes nevados en un trineo de perros. Sentir que la naturaleza te tiende la mano, el calor de un cachorro entre tus brazos, el frío en la cara. Suena bien, ¿verdad? Suena a una experiencia única que puedes vivir en la Laponia noruega, rodeado de la salvaje y sobrecogedora fisonomía de los inviernos del norte.
Trineo de perros, la mañana en la que empecé a enamorarme de la Laponia noruega
A las seis de la mañana ya estaba mirando por la ventana. El culpable, ese fiel trío que me acompaña en cada viaje. Doña curiosidad, la señorita emoción y don nervios. Cuatro en una, en pijama, empañando con mi respiración el cristal helado. En Tromsø, buscando en el amanecer el horizonte que la noche me negó. La silueta de las montañas nevadas, las gélidas aguas del mar, el puerto… Por fin, veía cómo era el lugar donde iba a empezar mi periplo por esta región del norte de la vieja Europa, a 350 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. La puerta de entrada a un confín del mundo que se reveló fascinante.
Volví a repasar el programa. 08.45: Salida para realizar una de las actividades más atractivas de la Laponia noruega, el trineo de perros. Divertida, espectacular, imprescindible y muy recomendable, añadían en TripAdvisor. Un desayuno rápido y al autocar rumbo a la isla de Kvaløya, una de las más grandes de Noruega. Imposible olvidar aquellos escasos 25 minutos de trayecto que me mostraban, a golpe de mar, páramos y cumbres, el rostro una tierra apenas poblada gobernada por las leyes de la naturaleza.
Mi destino, el centro Tromsø Villmarksenter, una de las mayores empresas de aventura de Noruega. Una cálida bienvenida, el paso por los vestuarios para equiparnos y esquivar las bajas temperaturas y otra imagen que nunca olvidaré. Un manto blanco cuajado de casetas donde esperan tranquilos los auténticos protagonistas de esta experiencia: los perros nórdicos.
A pesar del fiero aspecto que puede presentar una raza como la Alaskan husky, todo es fachada. Son canes acostumbrados a la presencia del hombre, que se dejan acariciar mientras se desperezan, que se alegran al ver aparecer a sus cuidadores. Hermosas bestias que te cautivan con su mirada a las que nunca dejarías de fotografiar.
Un miembro de la empresa reclama mi atención. ¿Prefiero ponerme en la piel de un mushery conducir o ir sentada? Opto por lo segundo aunque permanezco atenta a las instrucciones de manejo del trineo. Cómo frenar, cómo tomar las curvas, la posición del cuerpo para mantener el equilibrio…
Con los equipos ya formados me dirijo hacia la hilera de trineos y me sorprendo al ver cómo la calma anterior se torna excitación. Los atronadores ladridos de los perros retumban en el gran vacío blanco. Ya llevan los arneses y ocupan el lugar que les corresponde en la fila. Están listos para cumplir su misión y ansiosos por oír la orden que les permita hacer lo que más desean: correr. Al grito de ‘Let’s start my friends!’ se inicia la travesía y se obra la magia. La jauría ya no aúlla. Se hace el silencio. Un silencio estremecedor que solo rompe el roce de las cuchillas con la tierra nevada.
Y allí estoy yo, en mi trono lapón, bajo un virginal cielo azul en una soleada mañana de marzo. Deslizándome por un inhóspito paisaje en el que la desolada nada blanca da paso a un tímido bosque en su rumbo hacia el mar. Viendo como tiran de mí una decena de musculosos y atléticos huskies. Rememorando el origen de esta práctica, crucial para las civilizaciones árticas desde hace más de 4.000 años, y afirmándome en la idea de que estos perros fueron los auténticos héroes de las grandes epopeyas de los exploradores polares.
Lo que ven mis ojos es pura belleza. Dejo que el frío inunde mis pulmones y acaricie mi cara, busco diferentes encuadres, hago mil fotos. Hasta que decido dejar la cámara y el móvil y simplemente sentir. Los baches del camino, el viento del norte, el jadeo de los perros, la nieve que levantan con sus patas… Y sí, deseo poner el mundo en pausa, congelarlo. Quiero detener el tiempo para alargar la sensación de paz que me invade. En menos de una hora, a mis siempre deseados desiertos les ha salido un duro competidor: la magia de los paisajes de la Laponia noruega.
Llega el fin de la travesía y con él otra experiencia que deja huella: sentir en el pecho el calor de un cachorro que juega a mordisquearte mientras lo abrazas. Poco tiempo porque no conviene separarlos de sus madres. Una muestra más del trato que reciben estos animales por parte del equipo de expertos que los cuida, alimenta y mima con auténtica devoción. No hace falta añadir nada más, la sonrisa de los allí presentes lo dice todo.
Un momento de soledad buscando el calor del fuego, un par de fotos a la nueva caravana que se acerca, un último vistazo a los perros que descansan tras el paseo, y de vuelta a los vestuarios.
Al contrario de lo que pueda parecer a simple vista, salgo más protegida de lo que entré. Me abrigan un puñado de imágenes de postal que enmarcan placenteros sentimientos. Me abriga el latir de un corazón que recién empieza a enamorarse de la tierra que pisa. Antes incluso de emocionarse frente a una aurora boreal, de pescar un cangrejo real, subir en moto de nieve, hacer un trekking con raquetas o pasar la noche en un hotel de hielo. Antes de conocer a los samis, guardianes de la cultura de los nativos del norte. Y es que experimentar el encanto de una ruta en trineo de perros es solo una de las muchas razones que harán que desees conocer la Laponia noruega, Créeme, tienes que vivirlo.
Información práctica sobre la travesía en trineo de perros
¿Cuánto dura esta experiencia? Cuatro horas contando el trasporte desde el Radisson Bu Hotel de Tromsø, el recorrido en trineo y la posterior comida en la que probarás un reconfortante bidos, el tradicional guiso de reno del pueblo sami. La travesía en sí, unos 50 minutos.
¿Cuánto cuesta? Con esta empresa, a partir de 1590 NOK por persona (unos 170€ aproximadamente). Los niños de entre 4 y 12 años pagan la mitad. El precio por montar o conducir es el mismo y no hay que pagar ningún tipo de suplemento por la equipación (mono térmico, guantes y botas de nieve). No olvides llevar unos calcetines gruesos, un gorro y gafas de sol.
¿Necesito tener experiencia previa? No. Sigue las indicaciones de los guías y preocúpate solo de disfrutar.
La temporada para realizar dog sledding empieza con la llegada de la nieve que se produce normalmente a primeros de noviembre y concluye a finales de abril.
Tromsø Villmarksenter también realiza safaris para ver auroras boreales, travesías nocturnas y expediciones de dos o cinco días en trineo de perros.
Dirección: Straumsvegen 601. 9105 Kvaløysletta.
Nota: Este experiencia ha sido posible gracias a la Oficina de Turismo de Noruega en colaboración con Northern Norwayy Norwegian.
Tu seguridad es lo primero, así que, si vas a viajar a Noruega o a cualquier otro destino extranjero, haz como yo y contrata un seguro de viajes con Chapka. Para estancias inferiores a 90 días, te recomiendo el Cap Trip Plus por su amplias coberturas. Además, si lo contratas a través de mi web, obtendrás un 7% de descuento usando el código OBJETIVOVIAJAR. No lo dudes, contrata aquí tu seguro de viajes y disfruta de una aventura asegurada.
A medio camino entre las cumbres del Pirineo y la combinación de huertos y horizontes agrestes de la Ribera, encontramos Tierra Estella, una merindad de la llamada Zona Media que resume lo mejor de Navarra. La biodiversidad y riqueza de sus espacios naturales, encantadores pueblos que demandan una escapada rural, peregrinos que se dirigen a Santiago, potente gastronomía… Motivos más que suficientes para emprender un viaje a esta comarca a los que se suma la hospitalidad de su paisanaje. Gente amable y orgullosa que conoce bien lo que tiene y no vacila al alabar su territorio y sus recursos.
Un rincón navarro, no tan conocido como se merece, en el que podrás sentir el valor de lo auténtico y que te muestro para que le reserves un hueco en tu agenda viajera. Tierra Estella lo merece.
El Camino de Santiago a su paso por Tierra Estrella
Cuesta creer que los peregrinos, llegados de cualquier punto del planeta, conozcan casi mejor que nosotros el gran potencial de Tierra Estella. Los encuentras en todas partes, en solitario o en un grupo, mapa en mano y preguntándose si una iglesia es visitable. Se han informado bien y saben que recorrer la ruta jacobea es una de las mejores propuestas para descubrir Lizarraldea.
Por eso no dudan en detenerse en hitos del tramo estellés como el Monasterio Cisterciense de Santa María de Irantzu en Abárzuza, o en el de Iratxe, la joya de Ayegui, población también conocida por Montejurra, una montaña que nos regala unas magníficas vistas de esta comarca. Tampoco pasan por alto la monumental Viana, la iglesia del Santo Sepulcro de Torres del Río o Los Arcos, villa señorial que destaca por los retablos e imaginería de su iglesia de Santa María. Todo ello reservando al menos un par de días para descubrir Estella-Lizarra, cabecera de esta merindad y una de las paradas más importantes del Camino de Santiago por su dilatada historia y su patrimonio.
Estella-Lizarra, la ciudad nacida al calor de la ruta jacobea
En el siglo XV se la conocía como «Estella la bella». Ahora, como «la Toledo del norte». Acertado sobrenombre para una ciudad de aire medieval nacida por y para el Camino que se asienta en un gran meandro del río Ega. Basta con perderse por las empedradas calles de su casco histórico para comprender a qué responden tantos halagos. Iglesias, palacios, conventos, casas señoriales, puentes y una destacada judería se dan cita aquí, en el final de la quinta etapa del Camino Francés.
El románico civil del palacio de los Reyes de Navarra, el puente del Azucarero o el de la Cárcel, el antiguo ayuntamiento, los viejos arcos góticos que antaño flanqueaban tiendas y hospederías, el arte jacobeo que envuelve la Iglesia de San Pedro de la Rúa cuya importa también se refleja en la iglesia de San Miguel y en el Santo Sepulcro, la basílica de Nuestra Señora del Puy… Estella-Lizarra es pasado, sí, pero también presente. Un presente que se vive en la calle Mayor, en la plaza de los Fueros -lugar de encuentro de los estelleses-, en sus bares y restaurantes, y en comercios de toda la vida que hacen de este importante jalón del Camino de Santiago un destino estrella.
El Nacedero del Urederra, la joya natural de la Sierra de Urbasa
Los roquedos de la Sierra de Lóquiz, las fértiles tierras de la Ribera nacidas al amparo del Ebro, los valles de Yerri y Guesálaz o playas fluviales como la de Artavia son solo algunos ejemplos de la variedad paisajística de Tierra Estella. Una explosión de la naturaleza que se hace aún más patente en la Sierra de Urbasa donde, tras recorrer un sendero de escasa dificultad, encontraremos uno de los parajes más espectaculares de Navarra: el Nacedero del Urederra.
Los que ya conocen esta reserva natural destacan el color turquesa de sus aguas, un caudal que se precipita en impresionantes cascadas y pozas rodeado de un fondo rocoso de paredes abruptas. En este sorprendente escenario, que por si solo justifica desplazarse hasta esta comarca, las horas pasan como minutos. Escuchando el murmullo del agua, viendo cómo la luz se filtra entre las hojas de los árboles, deteniendo el paso en sus miradores, tratando de avistar un buitre o un milano real…
Con el fin de preservar esta joya natural, integrada en el Parque Natural de Urbasa-Andía, se ha limitado el aforo diario por lo que te aconsejo que reserves tu entrada online.
Este sendero es solo uno de los 35 itinerarios que discurren por Tierra Estella. Otras opciones son la Vía Verde del Ferrocarril Vasco-Navarro, el embalse de Sota, el hayedo de Lezáun o la Sierra de Cábrega.
Además de senderismo, en Urbasa podrás realizar otras actividades como escalada, bicicleta de montaña, paseos a caballo, esquí de fondo, piragüismo, parapente o espeleología ya que el fenómeno kárstico se muestra con especial rotundidad en esta zona.
Los Cristinos, una de las cuevas más hermosas de Tierra Estella
Como en todo el territorio navarro, Tierra Estalla también cuenta con un buen número de simas y cuevas, como Basaura, Tximua, Akuandi, Laminatitur o Noriturri, que se adentran en las entrañas de Urbasa. Si nunca has practicado espeleología y quieres iniciarte en este mundo tan apasionante, te recomiendo escoger la Cueva de Los Cristinos ya que además de ser un descenso sencillo está considerada unas de las cuevas más bonitas de Tierra Estella.
No es para menos. Estalactitas, estalagmitas, coladas, columnas, caprichosas formas tejidas por el agua, un espectacular lago que revela su belleza a la luz de las linternas… Es lo que hallarás en esta maravilla subterránea cuyo nombre se remonta a la guerras carlistas puesto que aquí parece ser que los soldados carlistas arrojaron a los monárquicos cristinos tras fusilarlos.
Para admirar los secretos que esconde no es necesario ser un experto ni tener una gran preparación física. Tan solo ponte, como hice yo, en manos de los guías de Urbasa Abentura, una empresa de turismo activo ubicada en Larraona, y vive una experiencia que difícilmente olvidarás en el Valle de Améscoa.
Sal y miel: ecoturismo en Tierras de Iranzu
Otra buena opción para conocer a fondo esta comarca la encontramos en Tierras de Iranzu, una marca turística que engloba los municipios de Abárzuza, Lezáun, Salinas de Oro y los valles de Yerri y Guesálaz. Con el objetivo de implantar un turismo rural sostenible que resalte la cultura y tradiciones que perviven en sus pequeños pueblos, este destino nos propone una serie de actividades de ecoturismo que muestran el acervo artístico, gastronómico y paisajístico de sus valles. Visitas guiadas a bodegas, queserías o ganaderías, windsurf, piragüismo, rutas verdes…
En Salinas de Oro, por ejemplo, podemos visitar la Salinera Gironés, una de las escasas producciones artesanales de sal con agua de manantial que permanecen en activo. Sus productos estrella son la sal-oro, la flor de sal y las escamas. Sales únicas que contienen más yodo y magnesio a las que no se añaden antiapelmazantes. Datos técnicos al margen, realizar una visita guiada es una experiencia muy recomendable para conocer su proceso de elaboración, la pasión de esta empresa familiar que lleva tres generaciones explotando las salinas, y el encanto de la villa navarra en la que su ubica.
Sin abandonar Salinas de Oro, otra original propuesta: ponerte en la piel de un apicultor. Podrás hacerlo en la mielería Azkorena donde hallarás respuesta a cuantas preguntas tengas sobre el complejo universo de las abejas. Acabarás la visita de la mejor forma posible, con una cata de mieles y bizcochos.
Descubre el diamante negro de la cocina en el Museo de la Trufa
En Tierra Estella, paisaje, geología y clima se combinan para gestar un apreciado manjar: la trufa negra. Si quieres aprender a valorar este singular hongo, conocido como el diamante negro de la cocina, tienes una cita en el Museo de la Trufa-Centro de Interpretación de Metauten. Un proyecto pionero que nos muestra el proceso que sigue la trufa desde su recolección hasta su degustación a través de audiovisuales, paneles informativos y dispositivos interactivos.
Además, puedes enriquecer tu visita apuntándote a alguna de sus TrufaExperiencias que aglutinan propuestas como su recogida en el entorno de la Sierra de Lóquiz, exhibición de adiestramiento de perros truferos y cata de productos (Carretera de Ganuza 1. Metauten).
Tierra Estella, tierra de buen comer
Lo primero que debes saber es que en Tierra Estella se come bien y mucho. No te hablo solo de espárragos, pimientos del piquillo y de sus famosos vinos con Denominación de Origen Navarra y Rioja. También de panes artesanales, menestras, de exquisitos quesos elaborados con leche de ovejas lachas (Idiazabal y Urbasa), de potentes pochas con almejas, del bacalao al ajoarriero, y de carnes y embutidos de gran calidad entre los que destacan los chuletones, el gorrín al horno de leña y la chistorra.
Una gastronomía de primer orden a la que se rinde homenaje en ferias como la de Mendavia, el Día del Espárrago en Dicastillo, la Feria de la Trufa en Metauten o el Día de la Tostada de Arróniz. Festivas jornadas cuyos protagonistas son los productos de la zona en las que no falta el pacharán. Por cierto, si quieres conocer cómo se elabora este licor de endrinas tan característico de Navarra, puedes visitar las Bodegas Palacio de la Vega de Dicastillo -cuna del pacharán Zoco-, o la Bodega Pacharán Azanza situada en Abárzuza. Nota: Este artículo forma parte del blogtrip #Estellaruraltrip organizado por el portal Escapada Rural en colaboración con el Consorcio de Tierra Estellay Turismo de Navarra.
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