«Ciertos secretos se murmuran». No puedo estar más de acuerdo con la tarjeta de presentación del Royal Mansour, un maravilloso hotel que descubrí durante mi estancia en Marrakech. Oficialmente cinco estrellas acompañan su nombre. Pocas son para la experiencia que espera a los huéspedes en este lujoso y tranquilo enclave situado dentro de la medina, sí, pero alejado de la frenética y ruidosa vida que discurre más allá de sus muros. Si sumas el exquisito trato recibido, la privacidad, el gusto por el detalle, su gastronomía y la delicada decoración que te rodea, el resultado es una estancia repleta de emociones y momentos únicos que desearías no tuviera fin.
¿Exagerado? En absoluto. Gracias a mi carrera como periodista de viajes me he alojado en muchos hoteles de alto standing pero pocos se acercan a este extraordinario oasis emplazado en suelo marroquí que eleva la expresión de sensación de bienestar a la máxima potencia. Recréate en las imágenes que acompañan estas líneas y comprenderás de qué hablo.
Entrada del hotel Royal Mansour
Desmontando el Royal Mansour
A medida que te acercas a la entrada del hotel Royal Mansour, empiezas a intuir la belleza que te aguarda en su interior y que se desarrolla en torno a un gran patio central a cielo abierto. El personal de recepción te insta amablemente a que les acompañes pero ni les oyes ni mucho menos les escuchas. Es imposible apartar tu mirada de la fuente central, de los grandes cortinajes, de las columnas vestidas con mosaicos, del exquisito mobiliario… La simetría es perfecta y la armonía sublime en este espacio que inevitablemente recuerda a nuestra Alhambra.
Patio central del hotel
Obras de arte en cualquier rincón
Pura belleza
Todo el hotel es una monumental obra de arte creada para dejar testimonio del esplendor de la arquitectura marroquí. El resultado lo ves allá donde mires. La delicada labor de los mejores artesanos del país, más de 1.500, que se encargaron de crear cada pieza que lo conforma: azulejos zelij, paneles de celosías de cedro, estucos, vidrieras e increíbles lámparas que decoran estancias como Le Bar à Cigare, que ofrece una amplia selección cigarros y licores, la biblioteca, el salón de la chimenea, donde unas notas de jazz salen de un piano, o la galería de arte. Nada es baladí. Todo está pensado para que encaje en un escenario donde reina la elegancia y el refinamiento.
Todo el hotel es una auténtica obra de arte
La exquisita joyería del hotel
Terraza exterior con vistas a la Kutubia
Techos pintados a mano y lámparas de ensueño
El deseo de emular el estilo de vida local es evidente en toda la propiedad. Más de 3 hectáreas en las que se intercalan, recreando una medina tradicional, recogidas plazas, jardines y sinuosos senderos que llevan a los 53 riads independientes que conforman su oferta hotelera.
El hotel Royal Mansour de Marrakech recrea una medina tradicional
Mientras caminaba hacia el nuestro, una sensación de paz me acompañaba. El silencio inundaba cada metro recorrido con una tenue banda sonora de fondo formada por el murmullo del agua, el canto de los pájaros y el casi imperceptible eco de las escobas de los jardineros que se afanaban para que todo estuviese perfecto.
Detalles de arquitectura marroquí
Y es que, solitaria y discreta, el interior de la medina es una zona exclusiva para los huéspedes. El personal que da servicio a los riads accede a ellos como se hacía en los antiguos palacios, por un sistema de túneles subterráneos que asegura la máxima privacidad y tranquilidad.
Premier One Riad
Allí estaba. El número 11. Un espectacular premier one riad de tres plantas a nuestra disposición. Ni en mis mejores sueños hubiera podido imaginar qué se escondía tras la puerta. Tras realizar el chek-in, tomando un delicioso smoothie como detalle de bienvenida, empecé a explorarlo como una niña con zapatos nuevos.
Una puerta al paraíso
Un precioso patio al aire libre daba acceso a una acogedora sala de estar con la chimenea encendida y con una botella de Moët & Chandon esperando ser descorchada. Papel de carta con nuestros nombres, fruta fresca y frutos secos. Una pequeña cocina separada. Hasta en tres ocasiones sonó el teléfono para preguntar si todo estaba a nuestro gusto. La quintaesencia del lujo. El mimo al cliente más absoluto en el hotel Royal Mansour.
Sala de estar del riad. ¿No te parece una maravilla?
En la planta superior me esperaba una nueva y grata sorpresa: una de las alcobas más bonitas que he visto en mi vida. Me enamoré de la lámpara que preside la estancia, del suave tacto de la ropa de cama, de las trabajadas ventanas por las que se colaba la luz del exterior entre las hojas de las palmeras y del escritorio que acogería mi ordenador.
Dormitorio del riad
Lámparas que enamoran
Detalle del dormitorio
Y del baño. Un baño de ensueño con exclusivas amenities y juegos de luces que puedes ir cambiando a tu antojo, como los diferentes tipos de ducha, si es que no optas por meterte en la bañera y dejar que el mundo siga girando. Una perfecta fusión de buen gusto y tecnología punta.
Baño del premier one bedroom riad
El colofón: la terraza privada con piscina para el verano y chimenea para tiempos fríos. El amanecer que contemplé recostada en una de sus tumbonas, escuchando la llamada a la oración desde el cercano minarete de la Kutubia, ya ha entrado a formar parte de mis mejores recuerdos. En ese momento, deseé convertirme en Scheherezade para que mi estancia en el Royal Mansour se prolongará más allá de mil y una noches.
Terraza del riad
Imposible no relajarse en un entorno así
Vistas del hotel desde la terraza
Los sabores del Royal Mansour
Bajo la supervisión del chef francés Yannick Alléno, galardonado con tres estrellas Michelin, la oferta culinaria de este hotel engloba tres propuestas concebidas para satisfacer los paladares más exigentes. El restaurante La Grande Table Française -alta cocina francesa-, La Grande Table Marocaine, con su innovadora visión de la gastronomía tradicional marroquí, y La Table un precioso espacio con galería al aire libre que sirve comida mediterránea durante todo el día a la sombra de olivos centenarios y donde los huéspedes pueden disfrutar del servicio de desayunos.
La Table
Los desayunos de este fantástico hotel
Desayunos cinco estrellas
Además de rendirme cada mañana a su espectacular desayuno a la carta (zumos, chocolate, salmón, mermeladas, quesos, panes, dulces…), tuve la oportunidad de probar los sabores de La Grande Table Marocaine. Fue una cena impecable en un escenario de auténtico lujo. Iluminación tenue, ambiente cálido, camareros vestidos de gala que más que servir se diría que realizaban una meticulosa y estudiada coreografía… Y encima de la mesa, una interminable selección de aperitivos locales que dio paso a un excelente tajín de cordero, cuscús de pollo y tantos dulces como puedas imaginar. Todo ello regado, cómo no, con excelentes caldos locales e internacionales, y rematado, como no podría ser de otra manera, con un delicioso té a la menta.
¿Me dejé alguna experiencia por vivir en el Royal Mansour? Sí. Por motivos de agenda no pude disfrutar de su hermoso spa que se articula alrededor de un impresionante atrio de hierro forjado teñido de blanco. Baños turcos, masajes, tratamientos faciales, envolturas, piscina cubierta, salón de belleza con productos exclusivos de marcas como Maroc Maroc, Dr Hauschka o Chanel… Un verdadero paraíso que promete estimular los sentidos y fomentar la relajación.
El spa, puro lujo y armonía
¿Un baño en esta espectacular piscina?
Ficha del Hotel Royal Mansour
Dirección: Rue Abou Abbas El Sebti. 40 000 Marrakech (Marruecos). A 5 minutos a pie de la famosa plaza Yamaa el-Fna
Número de riads: El hotel Royal Mansour cuenta con 53 residencias privadas de tres plantas que acogen de una a cuatro habitaciones, equipadas con todos los servicios que se espera en un hotel de estas características.
Excursiones y actividades en y desde Marrakech
Si no quieres complicarte, aquí tienes las mejores excursiones y actividades que puedes hacer acompañado de un guía que habla español. Toma nota:
Paseo en globo por el norte de Marrakech: Olvida el ajetreo de sus calles y sobrevuela una de las ciudades más importantes de Marruecos en globo aerostático. Es impresionante.
Circuito de 5 días desde Marrakech a Fez: las montañas del Atlas, el Valle del Dades, las dunas de Merzouga… Descubre los tesoros del interior de Marruecos con este circuito que finaliza en la preciosa ciudad de Fez.
Excursión de 2 días al desierto de Zagora: dormir en una haima, ver el atardecer en el desierto y visitar antiguas kasbahs son algunos de los atractivos de esta escapada al desierto de Zagora.
Cascadas de Ouzoud: una jornada inolvidable en la que podrás conocer las cataratas más altas del norte de África.
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Más información para preparar tu viaje a Marruecos
¿Cómo ir del aeropuerto de Dublín al centro? Aquí tienes todas las posibilidades para salvar los 10 kilómetros que separan las pistas de aterrizaje de la ciudad de James Joyce, U2 la Guinness Storehouse, el Liffey y los pubs. Bienvenido a Dublín, la siempre fascinante capital de la República de Irlanda. Let’s go!
Cómo ir del aeropuerto de Dublín al centro de la ciudad
Lo primero que tienes que saber es que el aeropuerto de Dublín (DUB), a pesar de ser uno de los más transitados de Europa -recibe más de 30 millones de pasajeros al año- es bastante pequeño por lo que no perderás mucho tiempo recorriendo interminables pasillos hasta llegar a tu puerta de embarque.
Si vuelas con Ryanair, aterrizarás en el Terminal 1. Igual que si has escogido otras aerolíneas como Lufthansa, SAS, British Airways, Iberia, Vueling, Norwegian, Turkish Airlines o Germanwings. Desde finales de 2010, el aeropuerto cuenta con una nueva terminal, la T2, que opera los vuelos de Aer Lingus, Emirates, Etihad Airways, Delta, United, US Airways y American Airlines.
Para trasladarte al centro tienes varias opciones. De la más económica a la más cara: subirte en un autobús público, usar los autobuses lanzadera o tirar de taxi.
Dublin Bus
Si quieres ahorrarte unos euros y viajar como los locales, no lo dudes, usa el Dublin Bus. Llegar a la zona de autobuses es muy sencillo, solo tienes que seguir las indicaciones de Car Parks y una vez allí localizar la parada del número 16 o del 41. Más paradas, más lentos pero la forma más barata de llegar a tu primera Guinness.
Si el tráfico no juega en contra, el trayecto hasta el centro -O’Connell St. o Lower Abbey St.- es de unos 45 minutos. El precio del billete en octubre de 2014 era de 3.05€. Es importante que lleves el importe exacto porque en los autobuses no dan cambio. ¿Un consejo? Aprovecha el servicio de WiFi gratuito del aeropuerto y descárgate la aplicación oficial Dublin Bus para controlar rutas y horarios.
Airlink 747
Este autobús lanzadera de color verde que pertenece a la red municipal de transportes circula de lunes a sábado desde las 5 a las 23:30h y los domingos desde las 7 de la mañana hasta las 23:20h con una frecuencia aproximada de 15 minutos. El precio del billete sencillo es de 6€ y la ida y vuelta sale por 10€.
Aunque el trayecto estimado es de 25 minutos desde la parada de O’Connell St, si vas a utilizarlo entre las 15 y las 19h. puedes tardar hasta unos 55 minutos en llegar al aeropuerto. Tenlo en cuenta para coger tu vuelo a tiempo. Puedes comprar los billetes en el mostrador de información de autobuses y trenes (hall de llegadas), en las máquinas expendedoras que hay en la misma parada de autobuses o directamente al conductor.
Cómo ir del aeropuerto de Dublín al centro Air Coach
Cómodos y con WiFi a bordo, los autobuses azules de la compañía Aircoach realizan solo tres paradas: Drumcondra (estación de tren), O’Connell Street, y Trinity College/Grafton St. El billete sencillo cuesta 7€ (ida y vuelta, 12€). Si lo compras online, te ahorrarás 1 euro por trayecto. ¿Lo mejor? Funciona las 24 horas del día con intervalos de 15 o 30 minutos.
Las paradas de estos dos autobuses se encuentran justo a la salida del edificio de la Terminal 1. Si llegas por la T2, solo tienes que seguir las indicaciones.
Taxi
Una carrera al aeropuerto puede costar entre 25 y 35€, dependiendo de la hora y del tráfico. Si es hora punta o está lloviendo, mejor plantéate otro tipo de transporte si no quieres desesperarte viendo como corre el taxímetro. Las paradas de taxi están muy bien señalizadas en ambas terminales. Como es habitual el tráfico y la meteorología pueden afectar al tiempo del trayecto, que debería ser de media hora a una hora en el peor de los casos. Si está lloviendo y es hora punta, plantéate otro tipo de transporte, el taxímetro es imparable.
Transfer privado
Si no quieres complicarte con los traslados, aquí puedes reservar un transfer privado, puerta a puerta y al mejor precio. Un chófer te esperará en el aeropuerto, en el hotel o dónde estés para llevarte a tu destino de forma rápida y segura. Si viajas acompañado, lo más probable es que resulte la opción más cómoda y barata
NO VIAJES A DUBLÍN SIN SEGURO DE VIAJE
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Tarjeta turística Dublin Pass
Si no quieres perderte lo mejor de Dublín, tal vez te interese adquirir el Dublin Pass, una tarjeta turística con la que podrás entrar en sus 33 principales puntos de interés. Con ella no solo ahorrarás dinero, también tiempo ya que evitarás las colas en lugares como la Guinness Storehouse, la cárcel Kilmainham o Dublinia entre otros.
Yo la he utilizado y la verdad es que vale la pena. ¿Un ejemplo? Si quieres visitar la Guinness Storehouse, la Old Jameson Distillery y la St Patrick’s Cathedral, con el pase de un día lo tendrías cubierto pudiendo acceder además a otras atracciones como el Zoo de Dublín, el James Joyce Centre, The Little Museum of Dublin o el Ayuntamiento.
Las mejores excursiones en Dublín y alrededores en español
Durante tu escapada a Irlanda, aprovecha para realizar alguna de estas actividades en Dublín y alrededores con guías que hablan español y que están muy bien valoradas por los usuarios que las han contratado.
Tour por los escenarios de Juego de Tronos → Con esta excursión desde Dublín descubrirás los escenarios reales de Irlanda del Norte donde se rodó la serie Juego de Tronos: el Bosque Encantado, Invernalia y la morada de los Stark, la abadía de Inch… Excursión a los impresionantes Acantilados de Moher y Galway → No podrás decir que has estado en Irlanda si no visitas uno de los paisajes más impresionantes del país. Si solo tienes tiempo de hacer una excursión, te aconsejo que optes por esta que además incluye la visita a Galway, una de mis ciudades favoritas. Belfast y Museo del Titanic + Calzada del Gigante → Viaja a la capital de Irlanda del Norte para conocer los astilleros, el Titanic Belfast -un museo que repasa la historia del transatlántico más famoso del mundo-, los imprescindibles murales políticos y la espectacular Calzada del Gigante. Reserva esta excursión imprescindible y que no te lo cuenten.
Más allá de los zocos, de los palacios y de ese excesivo y atractivo imán que es la plaza de Yamaa el-Fna, hay un Marrakech teñido de verde. El de sus jardines, conquistados con esfuerzo a una naturaleza implacable y hostil, que sirven de válvula de escape a los locales y de refugio a los turistas que buscan un instante de tranquilidad en esta caótica y siempre sorprendente ciudad. Mi mirada se centra en dos de ellos: el Jardín Majorelle y los jardines de la Menara. Nada tienen que ver el uno con el otro pero ambos contribuyen a perfilar la imagen de esta urbe que antes de partir ya reclama tu regreso. Todos los detalles para visitar el Jardín Majorelle y la Menara, a continuación.
Jardín Majorelle
Visitar el Jardín Majorelle fue uno de mis momentos estrella en suelo marroquí. Tenía muchas ganas de ver el lugar que eligió Yves Saint Laurent para que reposaran sus cenizas. Intuía que debía ser un rincón mágico, sugerente y elegante. Como los diseños del genio que revolucionó el mundo de la moda en unos años marcados por la liberación sexual, los Beatles y Warhol. Y así es: alta costura en forma de jardín botánico. No se me ocurre mejor comparación.
Paseando por el Jardín Majorelle
Mi historia con Yves Saint Laurent se pierde en los días de mi infancia. Imagina a una niña con gafas imposibles y pelo rizado colándose en la habitación de sus padres. Soy yo. Apenas levanto un metro del suelo y me las ingenio como puedo para llegar al estante donde mi madre atesora con celo sus perfumes. Solo me llama la atención un frasco bañado de azul y negro cuyo nombre soy incapaz de pronunciar: Rive Gauche. Sucumbo a usarlo y salgo de puntillas. Bendita inocencia. De poco sirve mi sigilo. Las notas de magnolia, jazmín, madreselva y sándalo me delatan, y otra vez me gano el «Ali, eso no se toca». Años más tarde empecé a interesarme por la figura que se escondía tras Y&L, aquel que tantas reprimendas me costó en su día, y así descubrí al que ha sido y sigue siendo mi modisto favorito.
Agua y naturaleza se dan cita en el jardín Majorelle de Marrakech
Si hoy podemos disfrutar de este encantador edén es porque Yves Saint Laurent y su compañero, Pierre Bergé, le salvaron la vida cambiando su destino. Afortunadamente, el proyecto de construir un complejo hotelero nunca vio la luz y la pareja pudo continuar el extraordinario trabajo iniciado por su creador, el artista francés Jacques Majorelle, en 1924. Él le dio su nombre forjando entre cactus, bambús y nenúfares su obra más bella, un cuadro hecho naturaleza. Incluso le regaló su propio color, el azul Majorelle. Un azul profundo, intenso, del que cuesta apartar la mirada cuando contemplas las paredes del que fue su taller, la Villa Bou Saf Saf.
Cactus y más cactus ensalzan su belleza
El icónico azul Majorelle
Tras su muerte, su jardín cayó en el abandono hasta que el tándem Saint Laurent-Bergé lo adquirió permitiendo que rebrotase, mejorándolo y mimando. Los nuevos propietarios renombraron su estudio de pintura como Villa Oasis, una encantadora casa inspirada en art déco que actualmente alberga un museo dedicado a la cultura bereber con trajes y joyas llegados de las montañas del Rif y del desierto del Sáhara que ellos mismos fueron coleccionando a lo largo de los años.
Museo bereber
Rincones que enamoran
También aumentaron la variedad de plantas que podemos ver hoy en día. 300 especies que nos permiten recorrer los cinco continentes en un puñado de hectáreas y en los acentos que se cruzan a nuestro paso. Alemanes, japoneses, británicos, españoles… Todos los que recalan en Marrakech quieren contemplar el sueño de estos tres hombres hecho realidad. Todos hacen cola, con un respeto inusitado, frente al memorial de Saint Laurent, y comparten sin pudor sus caras de admiración recorriendo las veredas de este inspirador espacio alzado extramuros, en la Ville Nouvelle de la ciudad.
Luces y sombras en el Jardín Majorelle
Mi momento junto a Yves Saint Laurent en su memorial
Turistas en el Jardín Majorelle
Lo dijo el propio modisto: «un oasis donde los colores utilizados por Matisse se mezclan con los de la naturaleza». Los rayos de sol colándose entre los cocoteros y proyectando sombras que evocan exóticos destinos, el canto de los pájaros y el agua hacen el resto.
El pintor apasionado por la botánica falleció en París en 1962. El modisto que halló en este jardín su mejor fuente de inspiración, en 2008. No se fueron para siempre. Si abres bien los ojos, levantas la mirada al cielo y dejas que el entorno te abrace, comprobarás que sus almas siguen vivas en Majorelle.
Y ahora que ya sabes cómo visitar el Jardín Majorelle, nos vamos a otro pulmón verde de Marrakech.
Los colores del Jardín Majorelle
Jardines de la Menara
Cambio de tercio y de escenario. Los Jardines de la Menara nos esperan en el extremo sur de la ciudad. Hay quien opina que no vale la pena desplazarse hasta allí para ver un mar de olivos reconvertido en un parque urbano. Discrepo. Es cierto que podrían estar mejor cuidados pero eso no resta interés a su visita.
La Menara con el minarete de la Kutubia al fondo
Vista de los Jardines de la Menara
Este lugar, al que acuden en masa las familias marrakechíes para disfrutar de unas horas de asueto, sobre todo los fines de semana, se levantó durante el siglo XII por los almohades. Su nombre responde a la inconfundible cubierta de tejas verdes (menzeh) de su estampa más famosa: un pequeño pabellón a cuyos pies discurre un estanque artificial. El telón de fondo ya lo ves, las cimas nevadas del Alto Atlas que desde aquí parece que puedes llegar a tocar con los dedos. ¿Acaso esta vista no merece coger un taxi?
Pabellón de la Menara
Estanque de los jardines de la Menara
Dicen que su mejor momento llega al atardecer. Yo no tuve ocasión de comprobarlo pero sí pude imaginármelo. El frescor de las últimas horas del sol, la silueta del pabellón reflejada en las aguas procedentes del deshielo del Atlas, un cucurucho de patatas fritas y todo el tiempo del mundo por delante para contemplar la puesta de sol.
¿Un tentempié en la Menara? Patatas fritas
Información y sugerencias para visitar el Jardín Majorelle y la Menara
El Jardín Majorelle está abierto todo el año. El precio de la entrada combinada (jardín + museo) es de 75 MAD (7€ aprox.). Si tienes tiempo y te apetece, déjate caer por el Café Bousafsaf. Su ubicación se paga, pero merece la pena. Tampoco olvides entrar en la Galerie Love donde encontrarás los carteles que cada año Yves Saint Laurent diseñaba y enviaba a los amigos y clientes de su firma.
Galería Love de Yves Saint Laurent
Mi año por Yves Saint Laurent
Para llegar a ambos jardines lo más rápido y cómodo es coger un ‘petit taxi’. Son de color beige y llevan taxímetro aunque a veces los conductores «olvidan» ponerlo en marcha. Otra opción es desplazarte en calesa desde la Place Foucald, al lado de Yamaa el-Fna. Te marearán hasta decir basta y tendrás que regatear lo indecible pero… ¿qué esperas? Estás en Marrakech.
Excursiones y actividades en y desde Marrakech
Si no quieres complicarte, aquí tienes las mejores excursiones y actividades que puedes hacer acompañado de un guía que habla español. Toma nota:
Paseo en globo por el norte de Marrakech: Olvida el ajetreo de sus calles y sobrevuela una de las ciudades más importantes de Marruecos en globo aerostático. Es impresionante.
Circuito de 5 días desde Marrakech a Fez: las montañas del Atlas, el Valle del Dades, las dunas de Merzouga… Descubre los tesoros del interior de Marruecos con este circuito que finaliza en la preciosa ciudad de Fez.
Excursión de 2 días al desierto de Zagora: dormir en una haima, ver el atardecer en el desierto y visitar antiguas kasbahs son algunos de los atractivos de esta escapada al desierto de Zagora.
Cascadas de Ouzoud: una jornada inolvidable en la que podrás conocer las cataratas más altas del norte de África.
Tu seguridad es lo primero, así que, si vas a viajar a Marruecos o a cualquier otro destino extranjero, haz como yo y contrata un seguro de viajes con Chapka. Para estancias inferiores a 90 días, te recomiendo el Cap Trip Plus por su amplias coberturas. ¿Más ventajas? Si lo contratas a través de mi web, obtendrás un 7% de descuento usando el código OBJETIVOVIAJAR. No lo dudes, contrata aquí tu seguro de viajes y disfruta de una aventura asegurada.
Hace poco oí en boca del cineasta Juan Antonio Bayona una frase que, con su permiso, hago mía: «En España podría rodarse perfectamente La vuelta al mundo en 80 días«. No puedo estar más de acuerdo. Cada vez que visito un destino de nuestro país se confirma; tenemos el mejor plató para enmarcar cualquier tipo de escena.
¿A qué viene esta introducción tan cinematográfica? Sencillo. Hoy me pongo en el papel de una guionista para aceptar la propuesta de Visit La Palma: diseñar mi ruta palmera soñada a través de los sonidos que emergen de esta isla. Un original mapa sonoro creado para despertar sensaciones, para invitaros a subir a un avión y lanzarnos a descubrir por qué esta tierra rodeada de mar recibe el sobrenombre de la Isla Bonita. Para esbozarla debo transformar sus piezas de audio en verbo y, como buena amante del séptimo arte, escribir el argumento de la película que desearía protagonizar en La Palma. Todo un reto, lo sé, pero al fin y al cabo… ¿qué es el cine sino viajar? Descubrir nuevos horizontes, nuevos paisajes y paisanajes, pequeñas y grandes historias que suman y no restan, que derriban fronteras y nos hacen más humanos.
Escena 1. En busca del mar
Como buena barcelonesa varada en Madrid desde ya hace unos años, mi primer impulso es ir en busca del mar y las playas. Conecta el audio, cierra los ojos e imagina este plano secuencia. ¿Me ves? Estoy en una playa prácticamente desierta, virgen y rodeada de impresionantes acantilados. Es abril y me acerco a la orilla para ver cómo el Atlántico besa con fuerza la costa, doy un paseo descalza jugando con las olas y las cálidas temperaturas me invitan a darme un chapuzón en sus aguas.
Escena 2. Verde que te quiero verde
¿Escuchas mis pasos? Recorro el sendero que me conduce hasta el corazón del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Su dificultad media-alta es asumible y el esfuerzo para llegar al Barranco de las Angustias tiene su recompensa: flora y fauna exclusivas de la isla, roques, miradores y el agua, su bien más preciado, que se cruza a mi paso en forma de riachuelos y cascadas de colores. Me siento abrumada entre tanta biodiversidad. Lleno mis pulmones de aire puro, lo necesitaré cuando regrese al frío, gris y contaminado asfalto madrileño.
Escena 3. Tomándole el pulso a la capital
Tras rodar algunos de los paisajes más reconocibles de la isla, pongo rumbo a Santa Cruz de la Palma. Me cuelo por sus rendijas en uno de sus mercados. Frutas de temporada, mojos, quesos y vinos con denominación de origen son deliciosos planos recurso que despiertan mi apetito, así que acabo charlando con un grupo de palmeros en el bar de la esquina. Debería seguir mi ruta por la capital y perderme por su casco histórico pero lo dejaré para más tarde. Adoro el slow travel y mis papas arrugadas siguen muy calientes.
Escena 4. El sur también existe
Antes de que anochezca me voy al sur en busca de un atardecer junto al mar. Dicen que la Punta de Fuencaliente es una preciosidad y suelo fiarme de las gentes del lugar. Me han hablado de dos faros, de unas salinas, de arena negra y rocas de origen volcánico. De un paisaje que difícilmente se olvida y que mi cámara ansía captar.
Escena 5. El cielo palmero, ¿tan espectacular como dicen?
No he hallado o no he sabido encontrar un paisaje sonoro que haga referencia al cielo de La Palma, uno de los mejores del planeta para ver las estrellas. Estoy acostumbrada a casi tocarlas con las manos en mi pequeño refugio turolense de la comarca Gúdar-Javalambre y me gustaría, y mucho, contemplar el increíble tapiz de cuerpos celestes que intuyo allí me espera. En sus miradores astronómicos naturales, desde una casa rural o, puestos a soñar, en el mismísimo Observatorio del Roque de Los Muchachos.
Tras estas cinco escenas, apago los focos, desconecto la cámara y guardo la claqueta. Llega el fin de mi Palma en 35 mm. y, tal vez, el inicio de una nueva aventura. Me encantaría que mi ensoñación se tornara realidad en breve para llenar estos huecos con experiencias, momentos y fotografías que me permitan, como siempre, mostrarte el mundo a través de esta ventana. Si no es así, no importa. Es un reto que acepté y el hecho de haberlo cumplido me llena. Y sí, consiguió su objetivo: despertar mi interés por descubrir La Palma más allá de sus paisajes sonoros.
«Yo he estado once veces». «Yo nueve». «Yo cinco». Ahora lo entiendo. Antes de emprender viaje me sorprendía que tanta gente repitiera un mismo destino siendo nuestro mundo tan inabarcable como es. Tras siete días recorriendo Marruecos, tomándole el pulso a esta franja norteafricana, hallé la respuesta: este país engancha y mucho. El Alto Altas, las dunas del Sáhara, los pueblos bereberes, sus impresionantes gargantas, la enérgica, y por qué no decirlo, apabullante Marrakech… Marruecos. Tan vecino en el espacio como alejado de nuestra cultura occidental. Tan sorprendente, tan fascinante y a la vez tan cercano.
Resumir en un puñado de líneas todos las experiencias y sensaciones vividas en suelo marroquí con Sara se me antoja una cumbre difícil de coronar, una carrera de fondo con mil paradas a cual más interesante. Aún así, tiro de tamiz, enciendo una lámpara, y dejo que sus destellos me ayuden a filtrar lo más esencial, aquello que realmente me dejó huella. Marruecos en siete instantes.
Marruecos: dormir en el desierto
Llegar a nuestro campamento de jaimas, ubicado en medio de la nada a lomos de un dromedario, mientras el sol se iba despidiendo tiñendo las dunas de la más increíble paleta de amarillos, ocres y rosas que puedas imaginar, fue algo inenarrable.
Literalmente teníamos el desierto para nosotras solas sin que nada, salvo las inevitables fotos, rompieran la magia. Adoro ser periodista/blogger de viajes pero te aseguro que en ese breve pero intenso trayecto hubiera dado lo que no tengo por olvidar mi profesión y que mi mente y mis manos no se apartasen ni un momento del asidero de mi montura.
Luego llegó la cena, los cantos bereberes alrededor de una fogata, las risas con Anna -una catalana que se convirtió en hermana del desierto-, el confort de los edredones que cubrían nuestra cama y el amanecer. Esta vez sí hice lo correcto. Como nos despertamos tarde, salí corriendo. En pijama y sin cámara. Hacía mucho frío pero la sangre al galope por mis venas me permitió entrar en calor y disfrutar como una niña pequeña del apabullante espectáculo de ver nacer un nuevo día con los pies enterrados en la arena.
Marruecos: las espectaculares gargantas del Todra
El todopoderoso Atlas, Ouarzazate, la hermosa kasbah de Ait Ben Haddou, Skoura, el Valle de las Rosas, el Dades… Cada uno de los rincones del sur que conocí durante los tres días de ruta me pareció más potente que el anterior pero, puestos a escoger uno, mi alma viajera se queda con las gargantas del Todra. Una falla de 300 metros de profundidad, situada a 15 km. de Tineghir, que se abre para formar un desfiladero de apenas 10 metros de ancho. Sentirte aprisionada entre las rocas y elevar la mirada para ver cómo este capricho de la naturaleza recorta el cielo a la vera de las aguas del río es una experiencia fascinante que te hace sentir más pequeña que un grano de arena. Puedes tratar de buscar mil enfoques pero ninguna imagen hará honor a su grandeza, a su salvaje presencia.
No viajes a Marruecos sin seguro de viajes
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Marruecos: de Merzouga a Marrakech
El último día de nuestro itinerario deshicimos los 580 km. que separan Merzouga de Marrakech. Durante esas largas horas en 4×4, aproveché mi posición de copiloto para ponerme en la piel de una discreta espectadora. Me encanta relacionarme con la gente de los lugares que visito sí pero, a veces, me gusta tomar cierta distancia para observar la realidad tal como es. Auténtica, sin artificios, sin que la presencia de una cámara cercana viole su esencia.
Volar en globo en Marrakech
Madrugar tiene sus ventajas y una de ellas es que te permite subir en globo para contemplar las zonas rurales que rodean Marrakech a vista de pájaro. Lo cierto es que las vistas no son tan espectaculares como las que se pueden divisar en otros escenarios pero sólo por ver los primeros rayos de sol incidir sobre las cumbres nevadas del Atlas mereció la pena.
El papel de la mujer en Marruecos
Eso sí fue un auténtico lujo. Durante unas horas recorrimos los imprescindibles de Marrakech en compañía de Fátima, una experta guía local que sufrió estoicamente la batería de preguntas que le lanzamos a casa paso. Por supuesto que nos interesaba visitar el palacio de la Bahia y escuchar sus narraciones sobre favoritas y concubinas, admirar la arquitectura arabigoandaluza de la madraza Ali Ben Youssef, recorrer el mellah o descubrir curiosidades como que la bola más pequeña que corona el minarete de la mezquita de la Koutoubia fue forjada en oro con las joyas de la mujer del rey Yaqub Al-Mansur, como penitencia por haber roto el ayuno del Ramadán por un antojo. Cosas del embarazo…
Pero lo que más nos atraía era saber cómo era el día a día de los marrakechíes, en especial, el papel de la mujer. Su ejemplo no pudo ser más revelador. Fátima tiene cinco hermanas y cada una expresa su respeto por el Islam a su manera. Una viste a la moda occidental, otras ocultan su cuerpo a medias o por completo, y ella confiesa que sólo cubre su cabeza con el hiyab (velo) cuando llueve para que no se le alborote la melena. A la hora de comer se reúnen en torno a la mesa familiar y todas son tratadas por igual a pesar de que sus convicciones no comulguen al cien por cien. También insiste en que la práctica de culto está garantizada por la Constitución, que las mujeres pueden ejercer la custodia de sus hijos y que la lucha contra la discriminación laboral continúa su curso.
La medina de Marrakech
Tras conocer a Javier Bardem, al pequeño Nicolás y que me guiñaran un ojo acompañado de un «vuerve luego mi arma» en la plaza Yamaa el-Fna, callejeamos sin rumbo por la laberíntica medina. A medida que nos alejábamos de los zocos más cercanos, cesaron las insistentes llamadas de atención de los vendedores y nos volvimos invisibles a los ojos de aquellos que se cruzaban en nuestro camino. Las tiendas iban echando el cierre, el incesante ir y venir de carros y motos se mitigaba por momentos -al final decidí que fueran ellos los que me esquivaran-, ni un solo turista y una tenue lluvia mojando las calles… Y allí estábamos este par de dos, disfrutando de una ciudad que se nos antojaba solo para nosotras.
Rematamos el día en la terraza del Café Glacier que, junto al puente de Gálata de Estambul, ya se ha convertido en uno de mis rincones favoritos del planeta. Acudimos en busca de refugio en una noche cerrada marcada por la mezcolanza de sonidos que emanaban de El-Fna, el vibrante corazón de Marrakech. Y sí, nos tuvieron que echar aunque yo me hubiera quedado allí plantada hasta el amanecer.
La gastronomía de Marruecos
Marruecos sabe a tajines, cuscuses, brochetas y keftas, a zumo de naranja y a té de menta. Huele a cardamomo, a ras el hanout, a cilantro, canela, curry, cúrcuma y nuez moscada, y su tacto engloba la delicadeza del aceite puro de Argán, la fortaleza del adobe de sus mil hasbahs, la rugosidad de sus originales formaciones geológicas y la suavidad de la arena del desierto. Imagino que también olerá a mar en Essaouira y en resto de la costa atlántica y mediterránea pero eso tendré que descubrirlo en un próximo viaje.
CONSEJO VIAJERO → Experimenta Marruecos a través de sus exóticos sabores con este tour gastronómico en español por Marrakech. Los platos incluidos en el tour se pueden cambiar por opciones vegetarianas.
Y hasta aquí este viaje por Marruecos que espero cumpla su objetivo: animarte a descubrir este fascinante país.
Las mejores excursiones y actividades que puedes hacer en Marrakech
Si no quieres complicarte, aquí tienes las mejores excursiones y actividades que puedes hacer acompañado de un guía que habla español. Toma nota:
Paseo en globo por el norte de Marrakech: Olvida el ajetreo de sus calles y sobrevuela una de las ciudades más importantes de Marruecos en globo aerostático. Es impresionante. Circuito de 5 días desde Marrakech a Fez: las montañas del Atlas, el Valle del Dades, las dunas de Merzouga… Descubre los tesoros del interior de Marruecos con este circuito que finaliza en la preciosa ciudad de Fez.
Excursión de 2 días al desierto de Zagora: dormir en una haima, ver el atardecer en el desierto y visitar antiguas kasbahs son algunos de los atractivos de esta escapada al desierto de Zagora.
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