por Alícia Bea | Ago 4, 2016 | DE CERCA
Justo ahora, hace un año, me encontraba en una de las ciudades más seductoras que se han cruzado en mi camino hasta la fecha: la dulce y serena Kioto, la antigua capital imperial, aquella que custodia el alma del país del sol naciente. La cálida resaca emocional que dejó en mí aún sigue viva y recordar los días que pasé descubriendo la quintaesencia de la belleza nipona aún me roba una sonrisa.
Y lo hace a miles de kilómetros, en un pequeño pueblo de Teruel ubicado en la Comarca de Gúdar-Javalambre, la más meridional de Aragón. Tierra de apreciadas trufas negras, de jamón con Denominación de Origen que no necesita mayor presentación, de cielos libres de contaminación lumínica en los que casi es posible tocar las estrellas con las manos, de gentes nobles que saben apreciar y conservar la belleza natural de sus sierras.

Lo hace en La Puebla de Valverde, un municipio que no llega a los 600 habitantes y que durante el verano duplica su población con la llegada de los veraneantes. Gentes que como yo no conciben un lugar mejor para perderse y encontrarse, descansar, y dibujar, día a día, uno de los viajes más especiales que puede hacer cualquier persona: el regreso a los orígenes. Gentes que, como yo, saben valorar lo que significa tener pueblo.

Aquí, en estas calles de aires serranos que me vieron crecer verano tras verano, que enmarcaron primeros amores y vivencias que me acompañarán hasta la vejez, es donde germinó la persona que soy hoy en día. Donde encuentro mi refugio y me reencuentro con mis raíces, donde disfruto del presente junto a los míos. Mayores que aún recuerdan los estragos de la Guerra Civil y en cuyos rostros la historia cobra vida; amigos de siempre, de verdad, de los que te preguntan ¿cómo estás? y se paran a escuchar con interés tu respuesta; sus hijos, que me permiten ejercer de tía postiza y malcriarlos cuanto puedo, y mis padres, a los que no veo tanto como quisiera aunque trato de salvar la distancia Madrid-Barcelona a la menor ocasión.
Un viaje deliciosamente slow, sin despertador, sin prisas ni calendario. Donde las tranquilas mañanas dan paso a tardes cuajadas de conversaciones eternas y risas bañadas con cervezas. Un viaje que anhelo revivir y recrear cada agosto porque me da todo lo que necesito, acercándome bastante a aquello que llamamos felicidad.

Un viaje, pintado de lugares comunes, que se transforma en la más placentera de las escalas. Un merecido stopover que necesito tanto como respirar. Para cargar las baterías más importantes, aquellas que no necesitan enchufes, para pararme y desear volver a arrancar, para paladear los grandes momentos que me han regalado el invierno y la primavera. Ver una aurora boreal en la Laponia Noruega, regresar a Finlandia, descubrir el Territorio de la Sidra y la gran fiesta del txotx en Guipúzcoa, recorrer la provincia de Sevilla y la de Cuenca, regresar a casa para volver a enamorarme de mi añorada Costa Brava…
Para volver a sentir el tacto de un libro en mis manos, para tropezar con nuevos destinos y tentaciones a través de mis blogs de cabecera, para seguir trasteando con mi Nikon, para volver a visionar mis joyas del cine en silencio, con la única banda sonora del tañido de las campanas. Para olvidarme de las analíticas y sus compinches, para desconectar lo que me permita mi profesión, para saborear el valor de esas pequeñas cosas que a la postre son las más grandes.
De aquí estas líneas que no tienen nada de despedida. Solo es un hasta pronto, un punto y seguido que seguirá hilvanando historias viajeras muy pronto. Porque, como bien sabes, no sé hacer otra cosa que viajar y contarlo. Seguirás aquí a mi vuelta, ¿verdad?
¡Feliz verano!
por Alícia Bea | Jul 21, 2016 | DE CERCA
Hoy vuelvo al cole. Recupero mi bata de cuadros azules con un Alícia bordado a la altura del pecho, me siento en mi pupitre y espero que llegue mi turno. Ayer la profesora de lengua nos encargó escoger nuestro verbo favorito para enunciarlo delante de toda la clase, o lo que es lo mismo, frente de ti que ahora me lees. Escogí viajar, para mí, el más generoso y adictivo de todos. Un verbo que todos deberíamos tener derecho a conjugar y no dejar como asignatura pendiente. Porque esperar a septiembre no vale. Porque ayer ya pasó y mañana está por ver. Porque el momento, tal vez, sea ahora.
Viajar, el más generoso de los verbos, aquel que te da absolutamente todo a cambio de algo tan básico y preciado como el respeto. Por las gentes, culturas y credos que halles a tu paso, por la naturaleza que te rodee, por este mundo en el que nos ha tocado vivir, tan cuajado de defectos como henchido de virtudes. Respeto, una sustantivo que no debería tener ni un ápice de abstracto y sí un universo de realidad por más que hoy cotice a la baja en la bolsa de muchos.

Viajar, el más adictivo de los verbos. Porque una vez que empiezas a sentir su presencia en las venas, como parte de tu ADN, crea una necesidad irrefrenable, poderosa y vital de seguir conjugándolo. Un sí o sí que da paso al más excitante de los hábitos. A no poder ni querer estar varado mucho tiempo, a soñar con nuevos horizontes, con lenguas desconocidas, con pueblos por conocer. Una bendita costumbre que se enfrenta como un titán a la rutina. La del día a día, la del dictado del despertador, el trabajo y las facturas. A esas semanas que parecen una mala fotocopia de la anterior, que pasan sin pena ni gloria, que nos convierten en autómatas del asfalto.
Igual que dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, no hay peor enfermo que aquel que no quiere sanar. Así que si tu mal es el virus viajero, ríndete, asúmelo, ve a por todas y cómete el mundo. No te resistas. No hay cura para esta enfermedad. No hay vacuna. Solo un antídoto que te permitirá seguir sintiéndote vivo, un remedio en forma de verbo: viajar.
Yo viajo, tú viajas, él viaja…
Tú decides el cuándo, el cómo y el dónde; en indicativo, en subjuntivo, en condicional o en imperativo. ¿Mi consejo? Salta del sofá y aparca tu zona de confort con el presente, destierra el pretérito imperfecto de tu vocabulario, recuerda maravillosos momentos con el indefinido, y haz que el condicional se transforme en un inexplorado futuro. Tienes el mundo en tus manos. Experimenta, siente, disfruta cada uno de sus regalos y ofrécele tú, en justo agradecimiento, la mejor versión de ti mismo.

Yo viajo
Si estás leyendo estás líneas, bien lo sabes. Soy una yonki de los aeropuertos, una enamorada del tren, una coleccionista de kilómetros. Viajar es mi pan y mi sal. El trapecio que me impulsa a saltar entre fronteras, el que me templa y evita que me aburra de mi nombre puesto que en cada viaje descubro alguno nuevo, un cariz de mí misma que antes no conocía. Es cierto, todo viaje es un descubrimiento, una exploración. En continente y en contenido.
Viajar es la cálida red que me abraza para crecer como persona, para pasar del no soy capaz al sí, puedo. El trampolín que me permite tomar distancia y llegar a mi particular nirvana. Ese momento en el que te olvidas de todo, con el vello erizado e incluso tal vez con una lágrima bajando por la mejilla. Ese instante en el que te sientes la persona más feliz del planeta porque estás donde querías estar, viendo lo que deseabas ver, viviendo lo que anhelabas vivir.
Yo viajo porque pretendo, cuando ya no pueda hacerlo, mirarme al espejo y hallar el más especial de los mapas. Ni en papel ni en pdf. En mi rostro. Lleno de pliegues, de grietas que al nacer no estaban. No las llames arrugas, no lo son. Son surcos de lejanas vías, las huellas de sendas que un día pisé. Son el cauce de los ríos, mares y océanos que surqué. Cada uno un amanecer, una carcajada, una conversación reconstruida mil veces en mi mente, una puesta de sol, un escalofrío, una experiencia, una vida.
Tú viajas
Porque te hace sentir libre, revitalizado, porque te pone romper cadenas. Porque primero conoces y luego juzgas. Porque te encantan los caminos, trillados o no, y ponerte en la piel del otro, calzarte sus zapatos y comprender la realidad que discurre a tu alrededor. Porque sabes que incluso a nivel neuronal es beneficioso para ti ya que el cerebro se vuelve más permeable y creativo en ruta. Y porque el único miedo real que sientes, el único que te paraliza, es pensar que pueda suceder algo en tu ausencia. Porque no eres un inconsciente ni un loco despreocupado y actúas con cautela, sí, pero también sabes que si admites otros miedos por decreto, ellos ganan y el mundo no debería tener dueños.

Viajas, porque no tienes nada que perder y mucho que obtener. Porque a la vuelta compruebas satisfecho que un tu mano siempre llevabas una escalera de color al as. Contra lo imprevisto, plan b. Contra el error, una nueva enseñanza. La banca, tu alma, tu yo, siempre gana.
Él viaja
Gracias a la influencia de sus padres, porque llegó tarde al reparto del inmovilismo al nacer o por ciencia infusa. Da igual. Él viaja y seguirá haciéndolo porque en sus ojos aún luce el destello del niño que fue. El inquieto, el preguntón, el curioso… Viaja porque es capaz de hallar los matices que hacen único dos paisajes aparentemente iguales, porque necesita ser el patrón de su existencia aunque solo sea unos días al año. Porque aunque lo haya visto en foto, online o en esos documentales de La2 que todo viajero que se precie asegura ver, es capaz de emocionarse ante el efecto de la luz colándose en un templo, ante un glaciar, una aurora boreal, un sabor nuevo, o frente a un maestro alfarero que trabaja el barro. Porque sabe trazar un lenguaje propio, un diálogo personal a dos bandas con cada tierra que pisa, con cada mano que estrecha.
Ellos (deberían) viajar
Los estrechos de mente. Los reyes de los prejuicios. Los que no conciben más moral que la suya. Los cuadriculados que tienen el ombligo desdibujado a fuerza de tanto mirárselo. Los fieles a la máxima del sota, caballo y rey. Los que se quedan en los titulares de los informativos y nunca se preguntan ni porqué ni que hay detrás. Los que temen el color de las banderas, un tono de piel diferente, la mirada de un extraño que, casi siempre, solo necesita un gesto amable para salvar la barrera que supuestamente tanto nos diferencia.
…………………………………..
Concluyó mi tiempo de exposición. Acabó la clase y con un aprobado raspado me doy por satisfecha. O lo que es lo mismo, si te ha gustado lo relatado, róbame una sonrisa repitiendo conmigo: “Yo viajo, tú viajas, él viaja...”
#viajaydejaviajar
por Alícia Bea | Jul 14, 2016 | Cuenca
¿Todavía no sabes por qué visitar la provincia de Cuenca? Déjame tentarte con estas ocho experiencias que aúnan patrimonio, naturaleza, deportes de aventura, tradiciones artesanales, hoteles con encanto y sabores de toda la vida. Ocho experiencias que harán que desees conocer este atractivo, diverso e injustamente desconocido rincón de Castilla-La Mancha.
Descubre las mil caras de Cuenca
Su título de Patrimonio de la Humanidad, sus Casas Colgadas, la hoz del Húecar, el puente de San Pablo o la Catedral son algunas de las principales señas de identidad de Cuenca, sí, pero no te quedes en la típica postal que todo el mundo recoge en su tarjeta de memoria. Hay mucho más por descubrir en esta capital encaramada sobre la roca que conserva la tranquilidad de un pueblo y que representa la fusión perfecta entre la obra del hombre y el paisaje natural.



Te hablo de los rascacielos de San Martín, de su oferta de arte contemporáneo patente en el Museo de Arte Abstracto o en la Fundación Antonio Pérez, de los pasadizos de la calle Julián Romero, del mirador de la plaza de Mangana, de los balcones del Júcar, de la antigua judería, de sus iglesias, conventos y ermitas que nos retrotraen a otros tiempos. Te hablo de una ciudad que cuenta con siete rutas que desentrañan todos sus secretos. Secretos que te esperan para ser desvelados y más si contratas una visita con los estupendos guías de Cuenca Viajes.
Conecta con tus sentidos en el Complejo Enoturístico Finca La Estacada
Como ya comenté en su día, el Complejo Enoturístico Finca La Estacada, situado en Tarancón, es el lugar ideal para desconectar entre viñedos y dejarte mimar en cuerpo y alma. Más aún si durante tu estancia combinas los tratamientos de vinoterapia que realizan en su spa y su cuidada oferta gastronómica, regada con los caldos de su bodega, con una de las experiencia sensoriales que organiza Ecoexperience.


La que yo realicé me llevó hasta los propios viñedos donde dejé de lado la vista y el oído para centrarme en el tacto y el olfato. El roce de mis pies desnudos deslizándose por una tierra arcillosa y áspera, mis manos recorriendo cada una de las partes de la vid para constatar sus diferentes texturas, tratar de descifrar los olores y matices que imperan en la viña… Sin duda, una experiencia absolutamente recomendable.
Practica kayak y rafting en el río Guadiela
Enfúndate el traje de neopreno, cálzate los escarpines, ponte el chaleco salvavidas y siente una desconexión total practicando kayak y rafting en el cauce del Guadiela, un río de aguas cristalinas que nace en la Serranía de Cuenca y discurre por parajes en los que la naturaleza da el do de pecho. El recorrido, unos cinco kilómetros aguas abajo hasta llegar al área recreativa de Los Llanos, es bastante tranquilo aunque no faltan saltos de agua y rápidos que aportan un toque de emoción al descenso.


Las imágenes hablan por sí solas. Los árboles delimitando el curso del río, la frondosa vegetación de sus riberas, el sol colándose por cualquier rendija verde, los reflejos en el agua y el silencio. Un silencio que solo se se vuelve sonoro con las salpicaduras de los remos, el canto de algún ave o por la suave brisa que bambolea los juncos. ¿Comulgar con la naturaleza al tiempo que haces ejercicio, despejas tu mente y te diviertes? Exacto. Esa es la idea.
Conviértete en alfarero durante unas horas en la provincia de Cuenca
Hablar de artesanía en Cuenca es ahondar en las raíces culturales de esta tierra, de modos de vida que han sobrevivido al paso de los años, de expresiones artísticas transmitidas de generación en generación. Un buen ejemplo de ello es Priego, un bonito pueblo conocido por su alfarería tradicional cuyo paisaje, entre las comarcas de la Serranía y la Alcarria, aparece vertebrado por el agua de sus ríos. Allí tiene su taller Jesús Parra, un maestro alfarero que sigue fiel los dictados de un oficio que se remonta al siglo XVII mostrando su labor con orgullo a todo aquel que cruza su puerta.


Verle trabajar, con su sonrisa perenne y su discurso educativo, es conectar con un tiempo en el que el factor humano prevalecía sobre las máquinas. Sus manos, un material tal humilde como el barro, su torno a pie y su talento. Es todo lo que necesita para crear piezas únicas. ¿Te has manchado alguna vez las manos trabajando el barro? ¿No? Deberías. Participar en la creación de algo tan sencillo a primera vista como es un botijo es un momento mágico que templa el espíritu, es ver cómo de la nada surge un todo, es sentirte alfarero por unas horas.
Ponte a prueba en la vía ferrata de Priego
¿Vas a resistirte a saber qué se siente practicando una de la actividades de multiaventura más de moda? No lo hagas. Acércate a la profunda y angosta hoz que ha moldeado el río Escabas entre Priego y Cañamares, y comprueba de qué estás hecho salvando las pasarelas, escalones y puentes colgantes que conforman la vía ferrata de Priego, la más espectacular del centro de España. No pongas excusas, está diseñada para todo tipo de públicos y no hace falta que tengas experiencia previa.


Aunque el acceso es libre y puedes abordar sus dos itinerarios por tu cuenta -Las Buitreras y Estrecho de Priego-, mi consejo es que te pongas en manos de los profesionales de Multiaventura Buendía, expertos en este tipo actividades. Ellos te enseñarán las técnicas de progresión, las normas de seguridad que debes acatar y a familiarizarte con el equipo. A partir de aquí, el reto es tuyo. Liberarás adrenalina, podrás ver cómo los buitres sobrevuelan tu cabeza y, sobre todo, observar desde el más privilegiado de los miradores el paisaje que discurre a tus pies.
Disfruta de los sabores de la cocina tradicional conquense
Tras mi paso por la provincia de Cuenca puedo afirmar que su gastronomía es tan rica y variada como su propia geografía. Y es que en este rincón castellano-manchego no faltan pescados como las truchas, recios guisos y platos de carnes de cerdo, liebre, conejo o perdiz. Por no hablar de su exquisito cordero, ya sea asado, en caldereta o en forma de zarajos, y de la calidad de sus quesos. Sabores de toda la vida que deben acompañarse con los vinos de las Denominaciones de Origen que acoge esta provincia: La Mancha, Manchuela, Ribera del Júcar y Uclés. ¿El licor por excelencia de Cuenca? El resolí, dulzón y fuerte, sí, pero muy digestivo tras una copiosa comida rematada con alajú, mantecados o suspiros de monja.


¿Mis dos debilidades? El morteruelo y el ajoarriero. El primero, un paté grueso de origen pastoril a base de hígado de cerdo combinado con carnes de caza menor y aves que no se unta sino que se come con tenedor. Degustarlo, acompañado de un trozo de pan, es sentir la esencia de la sierra bocado a bocado. El ajoarriero, por su parte, es el summum de la sencillez: patatas, bacalao, pan rallado, huevos cocidos, ajo y aceite. Nunca algo tan básico resultó tan delicioso.
Parador de Cuenca y Real Balneario de Solán de Cabras: regálate el placer de descansar en dos alojamientos con solera
Todo viajero se merece un lujo de vez en cuando. O un par como en este caso. Por eso te propongo dos opciones de alojamiento que harán que tu estancia en la provincia de Cuenca sea aún más especial. La primera, el Parador de Cuenca, un antiguo convento con unas vistas envidiables de las Casas Colgadas, que conjuga pasado y presente en cada una de sus estancias. La antigua capilla hoy cafetería, el refectorio destinado a comedor, el claustro en el que desearías detener el tiempo con una copa en la mano, sus habitaciones con el sello inconfundible de Paradores…

Si te acercas a Beteta, en plena Serranía de Cuenca, encontrarás un pequeño paraíso natural diseñando para el relax, el Real Balneario de Solán de Cabras. Cerros kársticos que recortan el cielo, románticos jardines con árboles centenarios, sendas que te conducen hasta miradores como el de la Reina, la constante presencia del agua, descansar en un palacio construido por orden de Carlos III, espacios cargados de historia… Si tuviera que definir este complejo en una sola palabra, ésta sería paz.

Contribuye a conservar nuestra flora y fauna visitando el Parque El Hosquillo
Un espacio dedicado a la educación ambiental, al estudio y conservación de diferentes especies de fauna, y un aula al aire libre para aprender la importancia de mantener y potenciar nuestros recursos naturales. Así se define el Parque Cinegético Experimental de El Hosquillo, situado en el centro del Parque de la Serranía de Cuenca.


Aves protegidas como el águila real, el buitre leonado o el búho real, una pareja de lobos, ciervos, cabras montesas y jabalíes, un grupo de osos pardos procedentes del centro de Europa, rapaces heridas por las balas del hombre… Estos son algunos de los animales que pueblan en semilibertad las 910 ha. de este parque que discurre entre riscos y empinadas laderas cubiertas de pinos, y que también cuenta con un centro de interpretación y un museo cinegético con las especies más representativas de la sierra. En su web tienes toda la información para planificar tu visita. Eso, sí, ten en cuenta que tendrás que llegar al menos con 15 minutos de antelación y que el acceso, desde el pueblo de Las Majadas, lleva su tiempo ya que es un continuo trazado de curvas.
Como ves, hay muchas experiencias que puedes vivir y disfrutar en la provincia de Cuenca. Con estas ocho que te presento, espero tentarte a conocer esta tierra castellano-manchega que tiene mucho que ofrecer al viajero.
Nota: Esta artículo forma parte del blogtrip #DescubriendoCuenca organizado por la Dirección General de Turismo, Comercio y Artesanía de Castilla-La Mancha.
por Alícia Bea | Jul 8, 2016 | Nos alojamos en...
Durante los días que pasé descubriendo el potencial de Isla Cristina como destino turístico, me alojé en el hotel ADH Isla Cristina, un cuatro estrellas de la cadena ADH recientemente reformado y enfocado solo para el público adulto que se alza en plena Costa de la Luz. Un encantador tramo del litoral de Huelva bañado por el Atlántico y bendecido por un clima mediterráneo continental que suaviza las temperaturas durante el verano y las modera en invierno.
Súmale su situación, en primera línea de playa y junto a un agradable pinar, y empezarás a comprender los motivos que hacen de este hotel una apuesta segura para singles, parejas y amigos que buscan un servicio de alto nivel en un entorno excepcional.
Desmontando el hotel ADH Isla Cristina
El ADH Isla Cristina nos da la bienvenida con una acogedora zona de recepción que nos permite intuir a través de sus ventanales la que para mí es la gran joya de este hotel: un relajante oasis junto al océano que discurre en una cuidada zona ajardinada con dos piscinas exteriores y una terraza con bar perfecta para tomar el aperitivo o una copa al anochecer.


Abrazando este sugerente vergel tropical, el hotel despliega sus alas en zonas comunes marcadas por un cálido interiorismo en el que prima el gusto por los detalles. Una tónica que se refleja en sus amplias y luminosas 148 Junior Suites con salón y dormitorio independiente. De la mía, ubicada en la quinta planta, solo guardo gratos recuerdos. El mejor, sin duda, el paisaje que me daba los buenos días cada mañana: un manto verde de pinos que daba paso al dorado de la fina arena de la playa y al hipnótico azul del Atlántico. Despertarme con esa espectacular panorámica desde mi terraza era un lujo, tanto como rendirme al sueño arropada por el murmullo de las olas.

La Junior Suite, de estilo moderno y funcional, ahonda en el concepto general de este hotel, crear una sensación global de comodidad y bienestar cumpliendo las expectativas que corresponden a su categoría. Para ello están equipadas con TV de pantalla plana, wifi gratuito, aire acondicionado y calefacción, caja de seguridad y baño completo con secador y amenities. Aunque no llegué a utilizarla, me gustó el la idea de añadir una pequeña cocina abierta al salón. Un plus que seguro muchos huéspedes agradecen. En definitiva, diseño, confort y magníficas vistas, una combinación que nunca falla.


Los sabores del hotel ADH Isla Cristina
La oferta culinaria del ADH Isla Cristina engloba tres propuestas que se caracterizan por una cuidada restauración basada en productos y especialidades locales de primera calidad. Así, el restaurante buffet, en el que se sirve un completo desayuno, cuenta con cocina en vivo y platos que recogen lo mejor del recetario onubense y de la cocina mediterránea.



Por su parte, el restaurante a la carta es un claro reflejo de los sabores de Andalucía. Pescados y mariscos recién llegados de la lonja, exquisito jamón y todo tipo de delicatessen capaces de satisfacer al paladar más exigente. Finalmente, el bar piscina Ibiza y su terraza chill out nos brinda una distendida oferta gastronómica a lo largo de todo el día que concluye entre deliciosos cócteles cuando cae la noche. ¿Una primicia? Próximamente está prevista la apertura de una zona de barbacoa junto al pinar.
Actividades en el ADH Isla Cristina, mucho más que un hotel de sol y playa
Con el objetivo de procurar una estancia amena y saludable a sus huéspedes, cada día el Hotel ADH Isla Cristina programa una amplia carta de actividades de entretenimiento, deporte y ocio que puedes combinar con relajadas jornadas de sol y playa disfrutando del dolce far niente. Waterpolo, aquagym, taichí, yoga, clases de submarinismo, senderismo, noches temáticas y espectáculos que hacen de sus veladas el mejor colofón a un día en la Costa de la Luz.
Además, el propio hotel se encarga de gestionar actividades extra que te permitirán conocer los secretos que esconde este enclave marinero y acercarte a su cultura. Te hablo de la posibilidad de recolectar fresas en una explotación de cultivo ecológico, recorrer en barco la ría Carreras y el paraje natural de sus marismas, visitar una fábrica de conservas y salazones de pescado, conocer la única salina andaluza con producción y extracción de sal 100% artesanal, descubrir la Vía Verde del litoral en coche de caballos, realizar una cata de aceites en el propio hotel, jugar al golf con tarifas especiales en los campos de la zona… Experiencias que te mostrarán todo lo que Isla Cristina tiene reservado para sorprenderte y seducirte.


¿Cuatro sugerencias imprescindibles? Una visita guiada por el casco antiguo de Isla Cristina a través de la oficina de turismo, asistir a la subasta de pescado en su famosa lonja, disfrutar de sus casi 20 km de playas rodeadas de dunas y pinares y contemplar atardeceres únicos que te robarán más de una sonrisa y acariciarán tu alma.


Informado quedas. Si tienes pensado viajar a Isla Cristina, el hotel ADH Isla Cristina es una magnífica opción. Por su espléndida ubicación, sus impecables instalaciones, la profesionalidad y trato exquisito de su personal y por su acertada relación calidad/precio.
Ficha del Hotel ADH Isla Cristina
Dirección: C/ Don Justo Rodríguez Pulido, s/n. 21410 Isla Cristina, Huelva. Teléfono: 959 10 30 23
Categoría: 4 estrellas. Web: ADH Isla Cristina
Distancia del hotel a la playa: 200 metros.
Distancia al centro de Isla Cristina: 1,4 km. Muy recomendable salvarlos recorriendo el paseo marítimo.
Nº de habitaciones: 148 amplias Junior Suites, muchas de ellas con vistas al mar, distribuidas en dos ambientes: salón con kitchenette (nevera, vitrocerámica y útiles para cocinar) y dormitorio independiente. Todas ellas están equipadas con wifi gratuito, TV de pantalla plana, aire acondicionado y calefacción, terraza, caja de seguridad, secador, amenities, ducha y bañera.
Servicios: Recepción y servicio de habitaciones 24 horas. Instalaciones accesibles para discapacitados. Restaurante buffet con cocina en vivo. Restaurante a la carta. Terraza con coctelería y snack bar. Dos piscinas exteriores rodeadas por un jardín tropical. Programa de actividades para adultos. Wifi gratuito en todo el hotel. Alquiler de bicicletas. Sala de exposiciones y eventos.
Nota: Aunque este artículo forma parte de mi viaje a Isla Cristina durante el blogtrip #ExperienciasADH organizado por ADH Hoteles, todas la opiniones vertidas sobre este alojamiento son independientes y, como siempre, basadas en mi propia experiencia.
por Alícia Bea | Jun 23, 2016 | Cuenca
La vía ferrata de Priego, situada en la Serranía de Cuenca, es uno de los muchos ejemplos de la diversidad de atractivos que esta provincia tiene reservados para el viajero. Y es que tras conocer esta tierra castellano-manchega, puedo afirmar que hay otra Cuenca. Una Cuenca injustamente desconocida que va más allá de las Casas Colgadas de su coqueta capital o de la Ciudad Encantada. Otra Cuenca llena de experiencias culturales, gastronómicas y de aventura que se enmarcan en un medio natural de gran valor paisajístico como ésta que ahora te presento.

Vía ferrata de Priego
Por si no estás familiarizado con el término vía ferrata, te diré que son itinerarios verticales y horizontales que permiten a los senderistas no habituados a escalar llegar a lugares poco accesibles con total seguridad gracias al conjunto de grapas, pasarelas, escalones y puentes colgantes con los que se habilitan este tipo de recorridos. Unos caminos de hierro cuyo origen la historia ubica a mediados del siglo XIX en Austria y que posteriormente, durante la Primera Guerra Mundial, empezaron a utilizarse para mover tropas y material bélico en los montes Dolomitas.

Hoy en día, estos itinerarios deportivos, a caballo entre el senderismo y la escalada, son una actividad de multiaventura en auge que permite poner a prueba nuestro espíritu más aventurero en plena naturaleza.
En el caso de esta vía de reciente creación, situada entre las localidades de Priego y Cañamares, la gran recompensa, además de liberar adrenalina a raudales, es poder contemplar a vista de pájaro la espectacular belleza natural del llamado Estrecho de Priego. Una profunda y angosta hoz moldeada por el caudal del río Escabas antes de juntar sus aguas con el Guadiela.

Diseñada para todo tipo de públicos, la vía ferrata de Priego cuenta con dos itinerarios que presentan diferentes niveles de dificultad. De este modo, Las Buitreras nos propone un recorrido vertical con un ascenso continuado de de 70 metros hasta llegar a la cornisa superior. Por su parte, el tramo denominado Estrecho de Priego o ruta infantil resulta perfecto para iniciarse en la aventura de recorrer una vía ferrata ya que tras un ascenso inicial más suave continua en horizontal, alternando puentes y pequeñas subidas.
Para disfrutar de la vía ferrata de la Hoz de Priego, actividad completa donde las haya, no hace falta ser un avezado escalador ni tener experiencia previa. El único requisito imprescindible es no tener vértigo. Sí, esa sensación que la RAE define como “inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura” y yo veo como un defectillo de fábrica que trato de ir superando poco a poco. Si leíste lo que supuso para mí cruzar el puente colgante de Carrick-a-Rede en Irlanda del Norte, ya sabes de lo que hablo. En ese momento conseguí salvar aquellos oscilantes 20 metros con mi corazón galopando como un caballo desbocado, pero en cuanto tuve frente a mí la pasarela volada que iniciaba nuestro recorrido, sencillamente, me paralicé. Mi mente fue incapaz de enfrentarse a un reto que a todas luces se presentaba único: la vía ferrata más espectacular del centro de España.
Aún así y con la esperanza de ganar algún día esa batalla que lidio con las alturas, me puse todo el equipo, escuché con atención las técnicas de progresión en este tipo de vías, las normas de seguridad, y me familiaricé con términos como cabo de anclaje doble “Y” y disipador, mosquetones, línea de vida o cable de seguridad, anclaje de descanso…
A partir de aquí el relato es de mis compañeros de viaje que se pusieron en manos de Rubén, un técnico deportivo en montaña y escalada que forma parte del equipo de Multiaventura Buendía, empresa que se ha convertido en todo un referente en cuanto a deportes de aventura en la zona centro de la península. Les cedo la palabra a ellos con un claro objetivo: que yo fuera incapaz de recorrer la vía ferrata de Priego por culpa de mi pertinaz vértigo no significa ni muchísimo menos que tú no puedas hacerlo. Por ello quiero recoger aquí sus testimonios que confirman por unanimidad que resultó una experiencia increíble, de esas que hay que vivir una vez en la vida.

“Enfrentarme a la vía ferrata de Priego fue un ejercicio de superación ya que pensé que no sería capaz. Incluso ahora viendo las imágenes creo que tuve un punto de inconsciencia loca porque las alturas no son mi fuerte. Una vez iniciado el camino y cuando sólo se podía ir hacia delante pensé “quién me manda estar aquí” y me acordé de mi hijo. Cuando acabó, además del alivio de tocar suelo, me sentí feliz tras conseguir algo que siempre me había imposibilitado a mi misma. Nuestros límites nos los creamos nosotros mismos en muchas ocasiones y aquí se demostró una vez más.”

“Para mí, la vía ferrata de Priego fue todo un descubrimiento. He de reconocer que estando abajo y ver ese recorrido vertical anclado en la roca me dio bastante respeto pero, una vez enganchado con los mosquetones en la línea de vida, poco a poco fui perdiendo el miedo y reconozco que fue toda una experiencia de liberación de adrenalina. Las vistas y ver los buitres volando raso cerca de mí fue una pasada. Una actividad inolvidable que además con mis 100 kilos de peso hice sin problemas, grapa a grapa, tablero a tablero, sin mucho esfuerzo. Sin duda, repetiré.”

“Nunca había hecho una vía ferrata, pero ahora agradezco haberme enfrentado a esta actividad. Lo único que había hecho parecido fue una actividad ‘de árbol a árbol’ en las afueras de Madrid. La vía resulta más auténtica, yendo en todo momento muy cerca de la naturaleza y siendo muy similar a la escalada. Cuando la pasarela que tuvimos que tomar se estrechaba, un sentimiento de miedo se apoderó de mí, sí, pero no era el día de ponerme límites. Poco a poco fui acostumbrándome a la altura y agradecí poder ver el espectacular paisaje que divisé cuando
llegué arriba. Por un momento dudé en hacer un tramo algo más difícil. En estos retos, todo es comenzar. Pero cuando decidimos no hacerlo, simplemente me limité a disfrutar de las vistas que tenía delante. ¡Eran maravillosas!”

«Sonrío cuando me viene a la cabeza la vía ferrata de Priego. Sin ser muy consciente, en poco más de hora y media pasé de la inseguridad y el temor al relax y la confianza en mí misma. Me divertí, me quedé prendada del paisaje y del privilegio de mirar las cosas desde un punto muy alto. Las aguas del río de un color verde y azul transparente, los buitres sobrevolando nuestras cabezas, las paredes de piedra tan perfectamente esculpidas por los elementos… Y todo ello junto a la concentración en lo que haces, en cada paso que das, como cuando aprendes a andar, supongo. Mucho más fácil de lo que parece si vas con gente que sabe lo que hace como los chicos de Multiaventura Buendía. Totalmente recomendable, incluso con miedos previos.»
Acceso a la vía ferrata de Priego:
Kilómetro 31 de la carretera CM2023 que une las localidades de Priego y Cañamares. El inicio de la vía arranca en la zona conocida como Estrecho de Priego donde se encuentra el puente sobre el río Escabas. La vía ferrata de Priego es de titularidad pública por lo que cualquier aficionado puede recorrerla por libre si cuenta con los conocimientos y el equipo necesario para ello.
Nota: Esta experiencia forma parte del blogtrip #DescubriendoCuenca organizado por la Dirección General de Turismo, Comercio y Artesanía de Castilla-La Mancha.