El barrio de Sultanahmet, el alma de la que fue capital de tres imperios, es la primera cita de todo viajero que posa sus pies en Estambul. Motivos no le faltan ya que en él se concentran algunos de los principales monumentos de esta seductora ciudad bendecida por el paso de los siglos y por quienes la levantaron tan única. La huella de emperadores bizantinos, el legado de sultanes otomanos, un palacio sumergido, la más famosa de sus mezquitas… ¿Listo para un viaje que no da tregua a los sentidos?
Lloviznaba cuando llegué a la plaza de de Sultanahmet que aquella mañana de abril despertaba bajo un cielo gris. No podía creer que estaba allí, plantada entre Santa Sofía y la MezquitaAzul, girando sobre mis pasos para perpetuar en mi retina este esperado y deseado momento. Impactada ante tan bella realidad. Y de repente, sucedió. Escuché por primera vez el quejumbroso canto del muecín llamando a la oración mientras esquivaba la lluvia bajo un paraguas comprado hacía unos minutos. Me quedé inmóvil, absolutamente paralizada y el más dulce de los escalofríos recorrió todo mi cuerpo. Sí, estaba en Estambul. A punto de conocer a la que ocupa el trono de mi currículum viajero. Mi niña bonita, el lugar al que volvería una y mil veces sin dudarlo. Una ciudad de la que me enamoré sin remedio.
Qué ver en Sultanahmet
Santa Sofía
A pesar de que le dediqué un artículo, me sigue costando describir lo que se siente al recorrer la obra más colosal y sagrada de la época bizantina. Sancta Sophia, Haghia Sofia, la iglesia de la Sagrada Sabiduría, Museo Ayasofya…. El sueño de Justiniano ha mudado tantas veces de piel como la propia ciudad fusionando culturas y credos en una prodigiosa obra que en su día fue la mayor iglesia del mundo cristiano, la mezquita principal de Estambul durante 400 años y que hoy se presenta como museo.
Su sólido y austero exterior de tintes rosados, sus minaretes y su ingrávida cúpula dan la bienvenida a un espacio que emociona por sus dimensiones y por la atmósfera tan especial que se genera en su interior. Entre hermosos mosaicos bizantinos, imponentes columnas, enormes medallones que nos hablan de Alá, Mahoma y los primeros califas, y ventanas, vidrieras e incontables lámparas de bronce que alumbran su potente fisonomía generando un hipnótico juego de luces y sombras. Un delirio visual que te golpea con fuerza al contemplar su conjunto desde la inmensa nave central y cuando accedes a la galería superior para admirarla desde una nueva perspectiva. No te resistas. Acabarás sometido a la magia de Santa Sofía y rendido ante imágenes y sensaciones que difícilmente olvidarás. Más información:Hagia Sophia Museum. Precio de la entrada: 30 TL.
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Mezquita Azul
En el otro extremo de la plaza de de Sultanahmet, justo enfrente de Santa Sofía, se encuentra la Mezquita Azul que parece retar la grandiosidad de su famosa vecina desde que el sultán Ahmet I mandara construirla en 1609. A sus pies la vista se pierde en la cascada de sus voluptuosas cúpulas, en sus más de 200 ventanales y en los seis minaretes que la delimitan y la hacen única. ¿El motivo? Se levantaron para competir con la mismísima Meca igualando su número de torres. Una ofensa que quedó saldada con la construcción de un séptimo alminar en la mezquita de Arabia Saudí.
Guiños históricos al margen, lo cierto es que para mí esta mezquita, además de ser la más visitada y la más grande de Estambul, es la más bella entre las bellas. La más imponente y espectacular de cuantas se dan cita en esta ciudad que navega entre dos continentes. El gran patio central con su fuente para las abluciones, sus 20.000 azulejos de Iznik que aportan la tonalidad azul por la que es conocida, sus vidrieras llegadas de Venecia, su cúpula principal que se eleva hasta los 43 metros de altura… La Mezquita Azul es el reflejo de la perfección, de la simetría absoluta. Una sobrecogedora aproximación a la cultura islámica, obra maestra del arquitecto Mehmet Aga, que hay que contemplar con calma, sentado en sus alfombras tejidas en los telares imperiales y forzando el cuello para levantar la mirada y captar cada uno de los detalles de este templo alzado para honrar a Alá en el que hombres y mujeres debemos ocultar cualquier atisbo de nuestra desnudez occidental con telas y pañuelos.
* Aunque la entrada es gratuita, un donativo para su conservación será bienvenido.
Hipódromo
Justo al lado de la Mezquita Azul hallamos los vestigios de lo que fue el gran Hipódromo, el centro neurálgico de la romana y bizantina Constantinopla. Cuesta imaginarlo pero en su día, este campo rectangular dedicado a espectáculos hípicos llegó a acoger a más de 100.000 espectadores hasta la toma de la ciudad por los otomanos.
En el extremo sur se encuentra la Columna de Constantino, alzada para conmemorar la declaración de Bizancio como la nueva capital del Imperio Romano, y unos metros más adelante el Obelisco de Tutmosis III, el monumento más antiguo de Estambul que se trasladó de Luxor a Constantinopla por orden de Constantino el Grande. A él le debemos también la llamada Columna Serpentina que en su época formaba parte del templo de Apolo en Delfos. También ha sobrevivido al paso del tiempo la Fuente Alemana, un templete de estilo neo-bizantino que el Kaiser Guillermo regaló al sultán Abdul Hamid II en 1895. Legados de Roma, Egipto, Grecia… Pasear por el Hipódromo supone revivir el pasado y formar parte de su presente ya que es uno de los lugares de encuentro más populares de Estambul.
Palacio Topkapi
Nos trasladamos ahora al que fue el centro administrativo del Imperio Otomano desde 1465 hasta mediados del siglo XIX, el Palacio Topkapi. Un inmenso complejo palaciego, levantado por Mehmet II, que consigue sumergirnos en el modo de vida de los sultanes a través de las numerosas estancias que discurren en sus cuatro patios. Las profusamente decoradas salas del Consejo y el Archivo, las dependencias públicas, las cocinas, los pabellones de recreo, la Biblioteca de Ahmet III, el Tesoro -con las joyas que simbolizan el poder que llegó a alcanzar Constantinopla- y, cómo no, el harén, la residencia privada del sultán y de su séquito de mujeres y concubinas.
¿Mi rincón favorito? Sin duda, la terraza del cuarto patio. El magnífico Quiosco de Bagdad no hace sino embellecer un amplio mirador que nos permite ser conscientes de su privilegiada ubicación entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara. El tiempo pasará volando mientras te recreas con las increíbles vistas del Bósforoque desde aquí se divisan.
Cisterna Basílica o Cisterna de Yerebatán
Estamos en uno de los rincones más sorprendentes de Estambul. Bajo tierra, ante un gigantesco espacio poblado por 336 columnas que emergen de un depósito subterráneo capaz de almacenar hasta 100.000 toneladas de agua. Un palacio sumergido, que debe su nombre a la antigua basílica sobre la que se construyó, creado para proveer de agua a los palacios imperiales bizantinos.
Imagina conmigo. Desciendes unos escalones. Tu vista se adapta de la claridad exterior a un mar de tenues luces amarillentas que iluminan con maestría cada recoveco de esta obra ideada por Justiniano I. Música clásica como banda sonora salpicada por el sonido de las gotas que se precipitan del techo al agua, y un juego de pasarelas de madera que harán que te detengas a cada paso. Para contemplar sus bóvedas, para descubrir los diferentes tipos de columnas y capitales que se alinean con precisión, para hacer un poco tuyo este escenario único marcado por luces y sombras. No te preocupes. No mudarás tu piel por piedra si miras fijamente las dos cabezas de medusa que hallarás en la parte noroeste de la Cisterna Basílica. Están colocadas al revés y de lado para que, según cuenta la mitología griega, no consigan petrificarte. Más información:Yerebatan Sarnici. Dirección: Yerebatan Cad. Alemdar Mah. 1/3. Precio de la entrada: 20 TL.
Más planes que te esperan en Sultanahmet
Ya que estás en esta zona, acércate hasta Küçük Ayasofya, conocida como la Pequeña Santa Sofía que discretamente suele escaparse de las masas. Ya no está recubierta con mosaicos de oro como antaño pero te aseguro que esta mezquita que nació como iglesia merece un poco de tu tiempo. Además es la única de todo Estambul que permite el acceso a su galería superior. En sus inmediaciones, talleres de artesanos, vendedores de libros de segunda mano y encuadernadores.
Dos opciones para comer en Sultanahmet: Tarihi Sultanahamet Köftecisi, un establecimiento de toda la vida donde probar a buen precio los clásicos köfte turcos -albóndigas de ternera- (Divan Yolu Caddesi, nº 12), y el restaurante panorámico del Hotel Adamar, un pequeño lujo de cocina otomana y platos internacionales que se compensa con creces gracias a sus espectaculares vistas de Estambul (Yerebatan Cad. No. 37).
Pasea de noche para ver cómo los hitos arquitectónicos de Sultanahmet lucen al caer el sol y termina la jornada sentado en uno de los bancos de la plaza donde empezó este recorrido, al lado de la fuente, cambiando de posición para saltar de Santa Sofía a la Mezquita Azul. Para sentir como yo que es real, que estás en Estambul.
Todo lo que necesitas saber para viajar a Estambul
Aire fresco, una burbuja de tranquilidad y la posibilidad de contemplar Tokio desde una perspectiva diferente, tomando distancia del maremágnum de luces de neón, imágenes y sonidos que apenas dan tregua en la capital de Japón. Esto es lo que vas a encontrar si decides incluir en tu agenda un paseo en barco por el ríoSumida, la vía navegable que atraviesa esta imponente ciudad y que desemboca en la bahía de Tokio.
Sumida, el río que me devolvió la paz
Como comenté en su día, los primeros días en Tokio fueron difíciles, absorbentes, caóticos…. Mis diecisiete jornadas recorriendo Japón concluyeron en una megalópolis que acoge 12 millones de almas en su seno y que exige toda tu energía para enfrentarte a su inabarcable magnitud. La dulce resaca emocional que me dejó Kioto, la bocanada de paz que sentí al contemplar la soberbia silueta del Monte Fuji, los relajados paseos por Kanazawa y Takayama… Apenas habían pasado dos semanas y todo aquello parecía fruto de otra vida, de otro viaje. Ahora estaba inmersa en un estado de desconcierto y asombro constante que creció y se alimentó en barrios como Akihabara, Shibuya o Kabukicho. Necesitaba un respiro. Liberarme de esa sensación de que Tokio me superaba y convencerme de que era capaz de soportar la implacable ola de calor que me azotaba sin piedad día tras día.
Esa anhelada pausa, ese reencuentro conmigo misma, la hallé en las aguas del caudaloso Sumida a bordo de uno de los barcos de la línea Tokyo Mizube, un autobús acuático que surca este pulmón azul de la ciudad y parte del río Arakawa hasta llegar a la zona de Odaiba y el parque de Kasai Rinkai.
Recuerdo que era una mañana gris, como mi espíritu en aquellos momentos, cuando me acerqué caminando desde mi hostal hasta el muelle de Ryogoku. Apenas eran las diez de la mañana y el resto del escaso pasaje, para mi sorpresa, no era occidental.
Aunque en en el interior del barco unas cómodas butacas tentaron a mi cansancio, no lo dudé ni un instante y enfilé la escalerilla que me llevó hasta la cubierta donde varias familias de japoneses inmortalizaban el momento con sus cámaras de última generación. Tardé unos minutos en desenfundar la mía. Asida a una de las barandillas, simplemente me dediqué a respirar, a sentir la cálida brisa en mi rostro, dejando que mi mirada vagase entre aquel cielo encapotado y la estela de espuma que dejábamos a nuestro paso. Entonces todo empezó a cobrar sentido. Mecida por el vaivén del barco y contemplando sus riberas, Tokio me pareció más amable, menos agresiva, y creí escuchar en el murmullo de su corriente la bienvenida que tanto esperaba.
Pronto empecé a reconocer lugares que ya eran comunes para mí. La Tokyo Skytree, que con sus 634 metros es la torre de telecomunicaciones más alta del mundo. El Asahi Beer Hall y su controvertida Flamme d’Or, obra del famoso diseñador industrial francés Philippe Starck. Los jardines Hama-Rikyu, la Torre de Tokio y la fachada trasera del mercado Tsukiji, la mayor lonja de pescado del mundo.
Durante la travesía, a medida que íbamos dejando atrás los numerosos puentes y las autopistas que salvan el río, me sentí de nuevo relajada descubriendo un rostro más de la poliédrica Tokio, su imagen desde el río. Esclusas, oficinas, zonas residenciales, los imponentes rascacielos de Shimbashi, las barcazas que funcionan como lujosos restaurantes flotantes, las motos acuáticas que nos rebasaban a una velocidad de vértigo…
Así fue como llegamos a la altura del Rainbow Bridge, el titánico puente colgante que conecta Tokio con la isla artificial de Odaiba y que tras su construcción en 1993 es uno de los símbolos más fotografiados de la capital. Si impresiona desde la distancia, imagina navegando entre sus pilares. Si resulta magnífico de día, vístelo de luces al caer la noche. Colosal es la palabra.
Como si de un genial guiño del destino se tratara, poco antes de atracar en el muelle de Odaiba, el sol hizo acto de presencia regalándome una sonrisa que se eternizó durante horas en la que fue una fortaleza alzada como defensa frente a los ataques navales extranjeros. Un espacio de tierra ganado al mar, imprescindible por sus atracciones turísticas, que me reconcilió con Tokio. Con los pies en la arena de su playa, fabricada sí, pero playa al fin y al cabo, con un refresco en la mano, en modo dolce fare niente y disfrutando de su potente y espectacular skyline. Fue como un baño de energía positiva, mi oasis en la jungla de asfalto. El empujón que necesitaba mi cuerpo y mi mente para reaccionar y retomar el diálogo con una de las capitales más fascinantes del mundo.
Como ves, no ha sido una crónica de un crucero fluvial al uso. Más bien un relato que narra cómo un instante, una escapada o un hallazgo pueden cambiar la percepción del lugar que visitas. En este caso, un trocito de Tokio plasmado en un paseo en barco por el río Sumida a flor de piel.
Paseo en barco por el río Sumida: información práctica
La primera oferta cuatro rutas entre las que destaca la línea Asakusa‒Odaiba a bordo del Himiko, una embarcación de aspecto futurista diseñada por el conocido dibujante de anime Leiji Matsumoto.
Por su parte, la Tokio Mizube Cruising Line, propiedad de la Tokio Metropolitan Park Association, ofrece dos tipos de cruceros: el Asakusa-Odaiba, que es el que yo realicé, y el crucero Asakusa-Nihombashi.
Los muelles en los que puedes embarcar son: Ryogoku, Asakusa (Nitemmon), Sumida-ku Azumabashi, Hamarikyu, Odaiba Seaside Park y Kasai Rinkai Park. Duración de la travesía: 40 minutos. Precio desde Ryogoku: 1.130 yenes.
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Si te preguntas qué ver y hacer en Marrakech, aquí tienes la respuesta. Bienvenido a una ciudad marroquí fundada hace más de mil años a los pies del Alto Atlas que pese a sus destellos de modernidad no olvida ni quién es ni su pasado. A un rincón africano, vibrante y caótico, teñido de olores, sabores y sonidos que colapsan los sentidos y encienden el alma. A una ciudad que logró removerme por dentro y que ahora te presento a través de 10 planes que considero imprescindibles. Comenzamos.
La plaza Yamaa el-Fna, el gran escenario de la ciudad
Si hay un lugar que merece estar en el pódium de cualquier listado encabezado con la manida frase qué ver en Marrakech, es este. Y es que, como si de un imán se tratara, nada más llegar a la ciudad tus pasos te conducirán hasta la famosa plaza Yamaa el-Fna.
Y lo harás para plantarte en el corazón de la medina, donde acude todo el mundo para presenciar el sorprendente espectáculo que cambia siguiendo los dictados del sol. Puestos de zumo de naranja, curanderos, sacamuelas, bailarines, predicadores, encantadores de serpientes… Un vertiginoso carnaval de ruido, gentío, música y tradiciones populares, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que al llegar la noche se incrementa con la aparición de pequeños restaurantes. Tal vez te parecerá todo muy caótico. Lo es. Simplemente, déjate llevar, interactúa con sus actores y siente el latido de Marrakech. ¿Una buena atalaya para ver cómo esta explanada va mudando su rostro a lo largo del día? Le Grand Balcon du Café Glacier con su terraza panorámica. Imprescindible.
Muy cerca de aquí se encuentra la mezquita de la Koutoubia, cuyo famoso minarete, visible desde muchos puntos de la ciudad, sirvió de inspiración a la Giralda de Sevilla. No podrás visitar la mezquita pero podrás tomar su torre como referencia a la hora de orientarte.
Piérdete entre las callejuelas de los zocos de Marrakech
No es una frase manida. Literalmente en algún momento acabarás perdido en la marea de zocos que se extienden al norte de la plaza Yamaa el-Fna. Mercados de aceitunas, dátiles y frutos secos como Ableuh o Kchacha, Semmarine, que bajo su techo de cañizo oferta babuchas, juegos de té, alfombras o caftanes, el zoco de los tintoreros con lanas de colores secándose al sol, el de los herreros, el de los curtidores… En este recorrido brutalmente sensorial podrás poner a prueba tus mejores técnicas de regateo mientras esquivas el trajín de motos y carromatos que se cruzan en cualquier momento. Un consejo: cuando no sepas dónde estás, pregunta a algún vendedor porque si escoges a un particular lo más probable es que se empeñe en acompañarte a cambio de unos dirhams.
Una sugerencia: déjate caer por el Café des Épices donde podrás tomar una comida ligera a base de sopas, bocadillos y ensaladas. ¿Su gran atractivo? Está situado en la misma Place des Épices donde se dan cita boticarios de toda índole, mujeres que preparan jena para los tatuajes, vendedores de especias, sombrereros… Si tienes ocasión, siéntate en su pequeña terraza. Las vistas a este bullicioso rincón de Marrakech merecen mucho la pena.
No viajes a Marrakech sin seguro de viajes
Si eres un lector habitual de este blog, ya sabrás que no me canso de repetir lo importante que es viajar con un buen seguro de viajes. Yo siempre viajo asegurada con Chapka por sus amplias coberturas internacionales. Si haces números, comprobarás que el coste diario del seguro compensa con creces su precio y más teniendo en cuenta lo extraordinariamente cara que puede resultar una consulta médica en este destino. Además, si lo contratas a través de mi web, obtendrás un 7% de descuento usando el código OBJETIVOVIAJAR. No lo dudes, contrata aquí tu seguro de viajes y disfruta de una aventura asegurada.
La Madraza Ali Ben Youssef
“Tú, que atraviesas mi puerta, que tus mayores deseos se cumplan”. Esta es la inscripción que preside la entrada de la Madraza Ali Ben Youssef, antaño la mayor escuela coránica del norte de África. Te recomiendo su visita porque es uno de los pocos edificios religiosos de Marruecos abierto a los no musulmanes y, además, representa el mejor ejemplo de arquitectura arabigoandaluza de la ciudad.
Solo tienes que acercarte a su gran patio para comprobar el delicado conjunto que forman sus ornamentadas columnas, los balcones con celosías, los mosaicos, las caligrafías esculpidas en las paredes, el estanque… Una profusa decoración que contrasta con la sobriedad de las celdas de los estudiantes del piso superior. Está situada en el interior de la medina muy cerca del Museo de Marrakech y de la Maison de la Photographie y, sin duda, merece formar parte de este listado sobre qué ver en Marrakech.
Ríndete a la belleza del jardín Majorelle
En la llamada La Ville Nouvelle, levantada en la época medieval y feudo de la clase media marrakechí, encontrarás el que para mí es el rincón más hermoso de esta ciudad imperial y un imprescindible qué ver con mayúsculas: el jardín Majorelle. Un elegante y sugerente edén, forjado entre cactus, bambúes y nenúfares, ideado por el artista francés Jacques Majorelle, y recuperado por el gran modisto Yves Saint Laurent cuyas cenizas reposan junto a una sencilla columna.
Olvida el reloj, aquí las prisas no son bienvenidas. Enamórate de un color que jamás olvidarás, el profundo e intenso azul Majorelle que baña su villa modernista. Fíjate en cómo los rayos de sol se cuelan entre árboles y plantas llegados de los cinco continentes proyectando sombras que evocan exóticos destinos. Escucha el canto de los pájaros, el sonido del agua… Saint Laurent lo describió a la perfección: «un oasis donde los colores utilizados por Matisse se mezclan con los de la naturaleza». Pura magia.
Revive la época de los visires en el palacio de la Bahía
Patios con exuberante vegetación, fuentes, teselas policromadas, techos tallados a mano, suelos cubiertos de mosaicos… Desde el exterior nada hace presagiar el lujo y opulencia que derrochó el visir Ahmed ben Moussa en el palacio de la Bahía (la bella). El resultado, tras catorce años de obras, resultó tan extraordinario que en 1911 acabó siendo la residencia general del Protectorado. Aunque solo una parte de sus 8 hectáreas y 150 habitaciones están abiertas al público, se puede visitar el harén y los espectaculares aposentos de la favorita y es otra de las visitas imprescindibles de la ciudad. Ya que estás en esta zona, antes de visitar las tumbas saadíes, aprovecha para callejear por el barrio judío o mellah y descubre un rostro más de la ciudad roja marroquí.
Descubre las suntuosas tumbas saadíes
Otro lugar que tienes que ver en Marrakech son las tumbas saadíes. Su origen nos traslada a 1557, momento en el que el sultán saadí Ahmed el-Mansour el-Dahbi decidió construir un mausoleo digo de su rango, la espectacular Sala de las Doce Columnas. Un espacio exquisitamente decorado con mármol de Carrara, estucos recubiertos de oro puro y mosaicos de azulejos. El resto de este complejo funerario está formado por dos pabellones más y por las más de 170 tumbas de cancilleres y mujeres ubicadas en su jardín.
Saborea Marrakech bocado a bocado
A pie de calle, en ambientes refinados al son de la danza del vientre o en una terraza divisando el anárquico skyline de la medina. La oferta gastronómica de Marrakech se adapta a todo tipo de carteras ofreciendo platos tradicionales como la tanjia, tajines, cuscús, pastillas, brochetas, keftas… Como elegir entre tantos escenarios no es tarea fácil, aquí tienes algunas propuestas además de los ya mencionados Café des Épices y Café Glacier.
Si lo que buscas es cocina tradicional, prueba en locales como Chez Chegrouni (noroeste de la plaza Yamaa el-Fna), Ksar Es Saoussan (Rue des Ksour, 3) o en el siempre de moda Le Foundouk (Souk Hal Fassi, 55). Para descubrir los sabores de la cocina creativa marroquí: el acogedor Le Jardín (Sidi Abdelaziz, 32), y Villa Flore (Derb Azzouz, 4). En ambos sirven alcohol. Si te decides por picar algo en el centenar de restaurantes que invaden el centro de la plaza Yamaa el-Fna, mi consejo es que te sientes donde veas más gente para asegurarte de que los productos sean frescos. Parrilladas, pescados, ensaladas, caracoles, cabeza de cordero… Tú decides.
¿Dónde rendirte a la repostería marroquí? Sin duda en la Pâtisserie et boissones Al Jawda. Está considerada una de las mejores de la ciudad y con razón. Batidos y zumos de mil sabores, pasteles, galletas, los clásicos «cuernos de gacela»… (Rue Derb Dabachi, 16).
CONSEJO VIAJERO → Experimenta Marruecos a través de sus exóticos sabores con este tour gastronómico en español por Marrakech. Los platos incluidos en el tour se pueden cambiar por opciones vegetarianas.
El domingo, como un local más, visita el jardín de la Menara
Un mar de olivos reconvertido en parque urbano, un pequeño pabellón a cuyos pies discurre un gran estanque artificial y el mejor telón para enmarcarlo: las cercanas cimas del Atlas. Así es el jardín de la Menara, el patio de recreo de los marrakechíes que se adueñan de este enclave de factura almohade, sobre todo los domingos, para escapar del imparable ritmo que azota el centro de la ciudad. ¿La mejor hora para visitarlo? Al atardecer, entre parejas de enamorados que cucurucho de patatas fritas en mano esperan la puesta del sol. Más que un qué ver en Marrakech es un agradable experiencia.
Vuela sobre Marrakech en globo
Si tu agenda y tu bolsillo te lo permiten, otra de las cosas que debes hacer es sobrevolar las zonas rurales que rodean Marrakech. Realmente merece la pena madrugar aunque solo sea por presenciar ese hipnótico instante en el que el sol despierta a un nuevo día sobre las cumbres nevadas del Atlas. Y tras el vuelo, un completo desayuno tradicional en una improvisada jaima en medio de la nada. Yo viví esta experiencia con la empresa Ciel d’Afrique. Precio por persona: desde 2050 MAD.
Relájate en un hamman
No puedes irte de Marrakech sin sucumbir al placer que supone relajarse en alguno de sus numerosos hammams. Obviamente, la experiencia más auténtica te espera en los públicos, donde el lavado y el masaje suele realizarse en el mismo suelo de mármol. No obstante, si prefieres un trato más occidental, puedes acudir a los llamados hammams-spa que ofrecen una variada gama de tratamientos como los masajes con aceite de argán o los baños perfumados.
Y hasta aquí mis 10 planes imprescindibles que recogen qué ver en Marrakech. Una ciudad cuya fuerza reside en el ambiente que se respira en sus calles, que te invita a seguirle el juego y a dejarte llevar. Porque en Marrakech más que ver hay que sentir.
Qué más ver en Marrakech: excursiones y actividades
Si no quieres dejarte nada por ver en Marrakech, aquí tienes las mejores excursiones y actividades que puedes hacer con un guía que habla español. Toma nota:
Paseo en globo por el norte de Marrakech: Olvida el ajetreo de sus calles y sobrevuela una de las ciudades más importantes de Marruecos en globo aerostático. Es impresionante.
Circuito de 5 días desde Marrakech a Fez: las montañas del Atlas, el Valle del Dades, las dunas de Merzouga… Descubre los tesoros del interior de Marruecos con este circuito que finaliza en la preciosa ciudad de Fez.
Excursión de 2 días al desierto de Zagora: dormir en una haima, ver el atardecer en el desierto y visitar antiguas kasbahs son algunos de los atractivos de esta escapada al desierto de Zagora.
A pocos kilómetros de esa gran dama del norte que es San Sebastián se encuentra el Territorio de la Sidra, un rincón guipuzcoano, pequeño en dimensiones pero con una personalidad única, que conserva intactas sus arraigadas tradiciones y cuyo corazón late con fuerza siguiendo el ritmo que marca la producción y posterior disfrute de su bebida por excelencia, la sidra. Su nombre en euskera, Sagardoaren Lurraldea.
En Astigarraga, Hernani y Usurbil, las principales localidades sidreras de Guipúzcoa, el comienzo del año es especialmente importante porque se presenta la nueva cosecha de la sidra y se inaugura una nueva temporada del txotx que durará hasta mayo, momento en que la sidra restante se embotella para poder seguir degustándola todo el año. Pero, ¿qué es el txotx? Aunque técnicamente es la acción de abrir la kupela y dejar que la sidra fluya para que los allí presentes acerquen su vaso y se sirvan, lo cierto es que esta mágica palabra, que también hace referencia al palillo con el que se abren y cierran las barricas, abarca mucho más que el simple hecho de disfrutar un buen trago de sidra natural. Como pude comprobar en primera persona, el txotx para los guipuzcoanos es una de sus grandes señasde identidad. Un acto festivo, cuyos cimientos son la amistad, el respeto, la cultura y la diversión, que pone de manifiesto que la sidra es el eje que articula la historia, las costumbres y la forma de vida del Territorio de la Sidra.
El origen de este rito, sencillo en sus formas pero con un gran trasfondo que sintetiza todos los valores de la cultura de la sidra vasca, lo hallamos hace apenas 50 años, en pequeñas catas privadas que reunían a productores y compradores para probar y elegir las mejores sidras. Con el paso de los años, se fue abriendo a la participación popular hasta convertirse en lo que es hoy en día, uno de los acontecimientos gastronómicos más famosos de Euskadi cuyo inicio viene marcado por la celebración del Sagardo Berriaren Eguna, el día de la sidra nueva, que da comienzo a la temporada de sidrerías en Guipúzcoa.
Sagardo Berriaren Eguna, entre dantzaris, bertsos, kupelas y chuletones
Una experiencia inolvidable en torno a la sidra que viví como una guipuzcoana más. Esto supuso para mí asistir al Sagardo Berriaren Eguna que tuvo lugar el pasado 13 de enero ya que la apertura del txotx se celebra siempre el miércoles anterior al día de San Sebastián.
Tras la presentación de las principales características de la cosecha de 2015, que ha permitido producir 13 millones de litros de sidra, los actos de este día tan especial, que ya alcanza su vigésimo tercera edición, se iniciaron con la plantación de un manzano en el manzanal de Sagardoetxea, el Museo de la Sidra ubicado en Astigarraga. El encargado de llevar a cabo esta tarea fue el surfista Aritz Aranburu, el mismo que ya en la sidreía Zelaia de Hernani pronunció las palabras que todos esperábamos escuchar: “Gure Sagardo berria!”(nuestra sidra nueva).
Pero antes de este txotx multitudinario, pude escuchar por primera vez cómo suena un bertso y la llamada de los txalapartaris, ver cómo los dantzaris interpretaban bailes como la sagar-dantza o la soka-dantza y emocionarme al contemplar cómo los sidreros o sagardogiles unían sus manos en un gesto de hermandad para acompañar al deportista de élite zarauztarra hasta el interior de la sidrería.
Estos emotivos instantes, tan nuevos para mí, fueron el preludio del gran momento. La apertura de la primera kupela. El comienzo oficial de la nueva temporada del txotx.
A continuación, llegó la hora de degustar el menú tradicional de sidrería que se compone de tortilla de bacalao, bacalao frito con pimientos verdes y chuletón. El dulce colofón, queso con membrillo y nueces. Exquisiteces que compartí de pie, charlando con mis compañeros de mesa. Bajo un paraguas de cordialidad en el que no dejaba de sonar el grito de txotx que nos invitaba a acudir de nuevo a la kupela en busca de un nuevo trago de sidra recién elaborada. Aquí es donde realmente me di cuenta del encanto que supone acudir a una de las sidrerías del Territorio de la Sidra. Buen beber y buen comer en un distendido ambiente marcado por las sonrisas y el buen humor que una vez pruebas inevitablemente deseas repetir.
Por si mis palabras no han conseguido convencerte, mira este estupendo vídeo resumen del día de la sidra nueva producido por Barking Blogs. ¿Es o no es para vivirlo?
Sidrerías en Sagardoaren Lurraldea
Si quieres disfrutar de esta ancestral tradición, en la que todo el mundo es bienvenido, tienes a tu disposición una serie de sidrerías que puedes localizar en la web del txotx. Como verás, las hay de todo tipo, tradicionales, para comer sentado, para familias con menú infantil, para grupos numerosos…
Las que yo tuve el placer de conocer durante mi estancia en el Territorio de la Sidra fueron:
Sidrería Zelaia Sagardotegia: En las riberas del río Urumea, en el principal valle elaborador de sidra, se encuentra esta sidrería que como he apuntado acogió el comienzo oficial de la nueva temporada de la sidra vasca. Su menú es inmejorable y mantiene la tradición de cenar de pie al son del txotx. La sidra de Zelaia posee, además, el certificado de calidad Gorenak. (Barrio Martindegi, 29, Hernani).
Sidreía Zapiain Sagardotegia: Otro magnífico escenario para vivir el txotx tradicional es esta sidrería de Astigarraga cuyos orígenes se remontan a 1595. Guiada por sus propietarios, tuve la suerte de realizar una cata de sidras en la que conocí las características de una buena sagardoa (sidra natural vasca) y sus recomendaciones de consumo: su color debe ser amarillo-verdoso, debe oler a fruta fresca y servirse no muy fría, entre 10 y 13ºC. En definitiva y según sus productores: sabremos que es una buena sagardoa si después de bebernos un vaso, tenemos ganas de tomar otro. (Nagusia, 96, Astigarraga).
Sidrería Saizar Sagardotegia: Situada a pocos minutos del centro de Usurbil y abierta todo el año, esta sidrería familiar es perfecta para albergar grupos numerosos que se concentran para degustar su famosa sidra que posee el certificado de calidad Eusko Label. Como curiosidad, al fondo de su restaurante, conserva como oro en paño las dos barricas más grandes de Euskadi. Cada una alberga 50 mil litros de sidra y sus nombres, Aitzgorri y Ernio, corresponden a dos de los montes más míticos de Guipúzcoa. (Kalezahar Auzoa, 39. Usurbil).
Sidrería Rezola Sagardotegia: Muy auténtica y en un marco rústico y acogedor. Así es Rezola, una sidrería tradicional en la que se puede comer tanto sentado como de pie al tiempo que disfrutas de su sidra de primera calidad con sello Eusko Label. (Santiago Zeharra, 12. Astigarraga).
Eso sí, sea cual sea tu elección, procura ir con bastante apetito porque los menús que ofrecen son contundentes. Respecto a la cantidad de sidra que ingieras, eso es cosa tuya puesto que podrás acercarte a las kupelas cuantas veces quieras. Espera tu turno, pon tu vaso ligeramente inclinado para la sidra se rompa en espumas y aromas de manzana, y vuelve a la mesa. Hasta el próximo txotx, claro. Y recuerda, la temporada de sidrerías comienza en enero y concluye a mediados de mayo.
Descubriendo el Territorio de la Sidra
Más allá de vivir en primera persona la gran fiesta del txotx, que por sí sola ya merece una escapada a estas tierras del nordeste guipuzcoano, el Territorio de la Sidra cuenta con una serie de atractivos que te recomiendo incluyas en tu agenda viajera:
Visita Sagardoetxea, el Museo de la Sidra Vasca de Astigarraga. Sin duda, el mejor lugar para profundizar en la cultura de la sidra ya sea recorriendo su manzanal, al tiempo que conoces los modos de recolección de las diferentes variedades de manzanas, su espacio museístico con audiovisuales y fotografías que nos hablan de esta tradición milenaria, o su centro de cata y degustación en el que podrás aprender todo lo necesitas saber para acudir a una sidrería como un vasco más.
Explora Santiagomendiko Sagardo Bidea. Esta ruta temática está dividida en ocho estaciones con paneles de información, narraciones de audio y juegos que de una manera didáctica nos acercan a la historia de los caseríos de Santiagomendi y de Astigarraga mientras recorremos uno de los puntos más emblemáticos del Camino de Santiago a su paso por Guipúzcoa. No olvides detenerte a los pies de la ermita de Santiagomendi. Las vistas de San Sebastián que desde allí que se divisan son espectaculares.
Callejea por Hernani y ríndete ante sus deliciosos pintxos. No podrás decir que conoces el Territorio de la Sidra si no dejas que tus pasos te lleven hasta Hernani, una localidad situada a 10 km de la capital guipuzcoana que combina su faceta industrial con un precio casco antiguo calificado como conjunto monumental en el que destacan la iglesia de San Juan Bautista, la Casa Consistorial, la Torre de los Gentiles y la antigua Plaza Mayor. Para acabar de tentarte, debes saber que los bares y tascas de esta villa son famosos por la calidad de sus pintxos. ¿Un par de sugerencias? La taberna Txilibita y el bar Rufino.
Acércate a San Sebastián. Si aún no la conoces, por obligación, y si ya has estado, por el puro placer de plantarte de nuevo frente a la playa de La Concha, probablemente el arenal más bonito de la cornisa cantábrica. Siente la fuerza del Peine del Viento, sube al Monte Igueldo a bordo del funicular más antiguo de Euskadi, piérdete por las estrechas y animadas calles de Lo Viejo, por su zona romántica con el dúo inseparable que forman el Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia… Déjate enamorar por su apabullante encanto y conviértete en uno más de sus fieles admiradores.
Si tras leer mi experiencia, he conseguido, como espero y deseo, despertar tu interés por conocer, vivir y sentir la magia de este rincón guipuzcoano donde la sidra es la gran protagonista, objetivo cumplido. Nos vemos en Sagardoaren Lurraldea, el Territorio de la Sidra.
Nota: Este artículo, que refleja de modo independiente mi experiencia en el Territorio de la Sidra, forma parte del blogtrip #sagardoberria promovido por Blog on Brands en colaboración con Sagardoaren Lurraldea y Euskadi Gastronomika.
¿Dónde dormir en Japón? Si estás planificando un viaje al país del sol naciente, una de las primeras cuestiones que tendrás que abordar es el tema de los alojamientos. Con el objetivo de ayudarte en esta tarea, que a unos les resulta un hastío y otros ven como una entretenida forma de empezar a disfrutar del viaje antes de subir al avión, he recopilado los alojamientos en los que encontramos cobijo tras maratonianas jornadas recorriendo este sorprendente país. Un recorrido de habitación en habitación cuyo itinerario se inicia en Kioto, continúa en Kanazawa, Takayama y el monte Fuji, y concluye en Tokio.
Dónde dormir en Japón → Kioto
Moderno, funcional y con una excelente relación calidad/precio. Así es el Piece Hostel Sanjo, nuestra morada durante los cinco días que pasamos en la hermosa Kioto, la antigua capital imperial. Su ubicación es muy buena ya que se encuentra en un tranquilo barrio del centro de la ciudad muy cerca del popular Nishiki Market y de la zona de Gion.
Nada más poner un pie en este establecimiento, que abrió sus puertas en julio del 2015, te das cuenta de que es algo más que un hostel como bien reflejan las opiniones de otros viajeros en TripAdvisor o Booking. Sencillamente es impecable, tanto en sus instalaciones como en el trato que dispensa su amable staff, siempre dispuesto a echarte una mano con cualquier consulta. Dispone de salón común con cocina, taquillas, ordenadores en el lobby, wifi gratis, y algo que apreciamos los fumadores y más en un país como Japón, una terraza exterior en la que está permitido fumar.
Como viajábamos cuatro personas nos decantamos por una confortable family room con literas, equipada con baño privado con ducha y aseo, sofá convertible en cama extra, televisión y aire acondicionado. Respecto al desayuno, incluido en el precio y de tipo bufet, es bastante completo. Bollería, tostadas, varios tipos de arroz, sopas… En definitiva, un hostel absolutamente recomendable y con un ambiente fantástico en el que me volvería a hospedar sin dudarlo.
Dirección: 604-8074 531, Asakura-cho, Nakagyo-ku, Kyoto. A 10 minutos caminando de la estación de Karasuma Oike. Precio: Entre 16,800 y 30,600 yenes la habitación familiar.
Dormir en Japón → Un ryokan en Kanazawa
Como comenté en la primera parte de mi personal viaje a Japón a través de las emociones, tenía especial interés por alojarme en un ryokan para experimentar los usos y costumbres del Japón de la elegante época de los Daimyos. Cumplí mi objetivo en el Murataya Ryokan de Kanazawa, una ciudad de corte feudal situada en la prefectura de Ishikawa cuyos principales atractivos son el distrito de samuráis de Nagamachi. el distrito de geishas de Nishi Chaya, su castillo y, sobre todo, el espectacular jardín Kenrokuen que está considerado uno de los tres jardines más bonitos de todo el país.
Esta tradicional posada japonesa, que cuenta con un pequeño jardín interior, lavadoras y un lobby en el que el tiempo parece haberse detenido, ofrece lo que promete. Habitaciones con suelo de tatami y cómodas camas estilo futón, yukatas para que los uses durante tu estancia, y un cordial trato en un inglés bastante fluido. La única pega es que los baños y aseos son compartidos y dependiendo de la ocupación hay cola para usarlos. De todos modos, un placentero momento de relax en un auténtico baño japonés siempre es de agradecer. ¿Wifi gratis? Por supuesto, aunque no lo parezca, seguimos en el siglo XXI.
Dirección: 1-5-2, Katamachi, Kanazawa. A 2 km de la estación de trenes JR Kanazawa. Precio: Habitación para 4 personas entre 18,800 y 22,000 yenes.
Dónde dormir en Takayama
A pesar de su rimbombante nombre, el Super Hotel Hida Takayama no es más que un alojamiento correcto y sin pretensiones para hacer un alto en el camino entre montañas en plenos Alpes Japoneses. Su gran baza es su ubicación ya que está situado a solo dos minutos de la estación de trenes JR de Takayama y de la terminal de autobuses de Shirakawa-go. Como se trata de una ciudad relativamente pequeña, resulta perfecto para explorarla y visitar el casco antiguo -cuyas casas corresponden al periodo Edo-, la zona del río Miyagawa, el santuario de Takayama y los mercados matinales.
Sus habitaciones más que pequeñas son compactas y ubicar las maletas en el caso de una doble puede resultar una odisea. Disponen de aire acondicionado, nevera, TV, purificador de aire, set de té y baño privado con bañera. Este ambiente minimalista domina también la zona común donde sirven un desayuno orgánico no muy variado pero suficiente. También cuenta con un baño natural de aguas termales. Todo está impecable y tienen algunos detalles que gustan como consigna y wifi gratuitas, diferentes tipos de almohadas y el hecho de que a las chicas nos regalen cinco amenities a la llegada. Averiguar para qué era cada una de ellas ya era otro cantar.
La estancia en Lake Villa Kawaguchiko fue el pequeño gran lujo de nuestro viaje por tierras niponas. El sitio lo merecería ya que estábamos al lado del Kawaguchi, uno de los cinco lagos que rodean el monte Fuji, la montaña más alta de Japón. ¿Imaginas lo que supuso despertar cada mañana frente a este cono volcánico con estatus de lugar sagrado? Algo inolvidable.
Este coqueto complejo está formado por una serie de villas independientes con terraza rodeadas de jardines. La nuestra era muy amplia con comedor, cocina completa, dos baños y salón en la planta baja, y dos habitaciones, una con futones y otra con tres camas de estilo occidental en la planta superior. El establecimiento dispone además de un onsen con un precioso ventanal que da al Fuji, máquinas expendedoras de bebidas, consigna y parking gratuito.
¿Lo más destacable además de su ubicación? La amabilidad de su propietario, el señor Hiro, su servicio gratuito de transfer desde la estación y la posibilidad de pedir comida a domicilio si no tienes ganas de cocinar o salir al par de restaurantes que se encuentran en esta tranquila y escasamente urbanizada zona. Muy recomendable si tu cartera viajera puede asumirlo.
Dirección: 401-0304 Yamanashi, Fujikawaguchiko, Kawaguchi 1799. A solo 3 minutos a pie del lago Kawaguchi.
Precio: Standard Cottage para 4 personas: 32.400 yenes. Hasta la fecha no disponen de web propia. La reserva la hicimos a través de Booking.
Dónde dormir en Japón → Tokio
Nuestra elección en la capital de Japón fue el Anne Hostel Yokozuna que se halla a tan solo 15 minutos del centro. Concretamente está ubicado en la zona de Ryogoku, también conocida como la ciudad del sumo. Un animado barrio lleno de restaurantes, tiendas y locales de ocio en el que encuentra el imprescindible Museo Edo-Tokyo.
Cuenta con una amplia zona de recepción con toda la información que necesitas para viajar por el país y moverte por Tokio, ordeandores y wifi de uso gratuito, cocina, máquinas expendedoras de bebidas y taquillas. Los aseos y duchas son compartidos pero, como hay muchos, no resulta un problema. Respecto a las habitaciones, son sencillas pero tienen un tamaño correcto. Más que suficiente teniendo en cuenta el poco tiempo que pasamos en ellas con todo Tokio por delante.
Dirección: Ryogoku 4-38-5. Sumida-ku, Tokyo. A 2 minutos a pie de la estación JR Ryogoku.
Precio: Habitación doble privada: 8.600 yenes.
Informado quedas. Espero que estas opciones para dormir en Japón te resulten útiles. Ese ha sido mi objetivo al recopilarlas.
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Tu seguridad es lo primero, así que, si vas a viajar a Japón, haz como yo y contrata un seguro de viajes con Chapka. Para estancias inferiores a 90 días, te recomiendo el Cap Trip Plus por su amplias coberturas. Además, si lo contratas a través de mi web, obtendrás un 7% de descuento usando el código OBJETIVOVIAJAR. No lo dudes, contrata aquí tu seguro de viajes y disfruta de una aventura asegurada.
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