2015, un año para recordar. 2016, un año por vivir

2015, un año para recordar. 2016, un año por vivir

Absolutamente espectacular. Vibrante, divertido e interesante como pocos. Así ha sido mi 2015. Un año al que me está costando decir adiós. Un año que, por méritos propios, merece ser la primera ventana que estrene este rincón viajero del 2016. Porque no quiero que se pierda en la noche de los tiempos, porque quiero que quede constancia de todo lo que dio de sí. Emociones, experiencias y momentos únicos vividos alrededor de uno de mis verbos favoritos: viajar.

Un año que empezó recorriendo Marruecos con mi buena amiga Sara Rodríguez de Mindful Travel by Sara. Siete días en el norte de África, mi gran asignatura pendiente, atravesando las montañas del todopoderoso Atlas, descubriendo la belleza de las gargantas del Todra y del Valle del Dades, las kasbahs de adobe… Adentrándome en el desierto de Erg Chebbi a lomos de un dromedario, cenando bajo las estrellas, durmiendo en una jaima, rindiéndome a esa explosión para los sentidos que es Marrakech y contemplando desde un globo las zonas rurales que rodean esta ciudad imperial a la que seguirle el juego es muy fácil.

Amanece en el desierto. Marruecos

¿Cuatro instantes? Un alto en el camino con un té entre las manos en el Café Glacier viendo como anochece en la Plaza Yamaa el-Fna, un relajante paseo rodeada de la exquisita belleza del Jardín Majorelle, los cantos bereberes alrededor de una fogata, y salir corriendo en pijama para ver el amanecer en el desierto con mis pies enterrados en la arena, sintiendo el roce de la felicidad.

Tras Marruecos, llegó FITUR. Una cita imprescindible para acumular nuevas metas viajeras, saltando de continente en continente, mientras compartes buenos momentos con aquellos que más que blogueros de viajes ya son amigos, y te reencuentras con viejos conocidos que siguen luchando por publicar sus historias y fotografías en papel.

En marzo viajé al pasado, concretamente al siglo XV, asistiendo a la celebración de las Fiestas del Medievo de Villena. Tres días de diversión y cultura en los que el encantador barrio de El Rabal regresa a la Edad Media al son que marcan sus calles engalanadas, los pasacalles, los trovadores y los puestos de productos típicos y artesanales de su mercado.

Las calles de El Rabal durante las Fiestas del Medievo. Villena

En la capital del Alto Vinalopó me sentí una una villenera más. Recibí a los Reyes Católicos, descubrí las mejores vistas de esta villa alicantina desde el campanario de la Iglesia de Santa María, aprendí a preparar las tradicionales Tortas de San José, contribuí a librar la ciudad de las brujas y los malos espíritus procesionando antorcha en mano, presencié combates medievales y experimenté la magia de Atalaya Experience, un itinerario sensorial diseñado para entender la historia del castillo de Villena a través de las emociones.

Ya en abril, mi ruta palmera soñada se hizo realidad y pude conocer un precioso rincón canario que se me resistía desde hacía años: La Palma. Cuatro días bastaron para sentir que la Isla Bonita ya es un poco mía, que buena parte de su magia se coló en mi equipaje de vuelta.

Caldera de Taburiente. La Palma

Espectaculares entornos naturales como la Caldera de Taburiente o el Bosque de Los Tilos, playas y calas que nos recuerdan su pasado volcánico en forma de paisajes vírgenes, salinas como las de Fuencaliente, poder tocar el cielo con las manos en el Roque de los Muchachos, visitar el Observatorio Astrofísico, navegar en un mar de estrellas ante uno de los mejores cielos del mundo, contagiarte del ritmo de vida palmero en Santa Cruz de la Palma entre papas arrugadas, mojos, pescados, malvasías y barraquitos… Una isla que no me canso de recomendar a quienes me preguntan por un destino cercano, único y sorprendente.

Tras el TravelBlogger Meeting que se celebró en Plasencia a principios de mayo, alargué mi estancia en tierras extremeñas para conocer todo el potencial de dos comarcas cacereñas: la Sierra de Gata y Las Hurdes. Dos territorios alejados del turismo de masas que me conquistaron a golpe de cumbres, embalses, meandros, caminos apenas trillados, y pequeños pueblos de innegable personalidad que se adaptan con acierto a la tortuosa orografía en los que el tiempo, por fortuna, parece haberse detenido.

Sierra de GataY de Extremadura a mi querida Lisboa para disfrutar un año más del placer que supone para mí viajar con mis padres mostrándoles mis rincones favoritos del planeta. Sí, la capital lusa es uno de ellos, una ciudad que sigue cautivándome cada vez que la piso. La Lisboa de Pessoa, la del Marqués de Pombal, la de los fados, miradores y tranvías, la del bacalao y los pastéis de Belém, la que nunca pasa de moda.

Lisboa

Como extensión a esta escapada, una mañana en palabras de Camões «onde a terra se acaba e o mar começa«, el Cabo da Roca, el punto más occidental de la Europa continental. El lugar en el que las estribaciones de la Sierra de Sintra se topan de forma brusca con el Atlántico originando un estremecedor lienzo de escarpados acantilados.

El espectacular paisaje del Cabo da RocaNunca imaginé que a finales de junio podría incluir a Jordania en mi currículum viajero. Lo dije en su momento y lo repito: esta joya de Oriente Medio, tantas veces soñada, me sedujo de tal manera que al volver a escribir sobre ella siento mariposas en el estómago y un halo de nostalgia que me acompañará hasta que consiga regresar.

Visita nocturna a Petra. JordaniaPorque me caló hasta los huesos, me besó el alma y acarició mis sentidos. Lo hizo al cortarme la respiración mientras recorría el Siq de noche. Robándome una lágrima cuando me vi envuelta en un manto de velas frente a la fachada del Tesoro de Petra. Navegando y practicando snorkel en los impresionantes fondos marinos del Mar Rojo, callejeando por Amán, bañándome en el Mar Muerto, recorriendo el inmenso desierto de Wadi Rum por tierra y aire, fumando en shisha bajo las estrellas con música árabe tradicional de fondo… Cuando me regaló un precioso atardecer en la Reserva de la Biosfera de Dana. Cuando pedí permiso para hace una fotografía y obtuve una sonrisa por respuesta. Lo dije en su momento y lo repito. No lo dudes, regálate el lujo de viajar a Jordania. Su pueblo, cálido, cercano y tolerante, te recibirá con los brazos abiertos y la mano tendida.

A finales de julio llegó el momento de descubrir Japón. Aunque pueda resultar extraño, no estaba en mi top de destinos a corto plazo pero, como comenté en su día, vi la posibilidad de viajar hasta allí y no quise desaprovecharla. Hice bien. Este país, que puede resultar una locura y una total relajación, donde sientes que tienes todo por aprender, me brindó durante 17 días un aluvión de sensaciones y experiencias que siguen dibujando una sonrisa en mi rostro. Como protagonizar mi propia película en el santuario sintoísta de Fushimi Inari, corriendo montaña abajo y sin protegerme de la lluvia bajo un techo de torii rojos. Como el soplo de aire fresco que sentí al ver el monte Fuji y su precioso reflejo invertido en las aguas. Como el estado de desconcierto y soledad absoluta que me produjo contemplar desde el mirador de la sede del Gobierno Metropolitano la feroz hiedra de rascacielos que copa el horizonte de Tokio. Como las risas protagonizadas en un garito minúsculo de Golden Gai…

Santuario Fushimi Inari, JapónMe puse en la piel de una maiko en la dulce y serena Kioto, me alojé en un ryokan, paseé por el bosque de bambú de Arashiyama, reflexioné sobre la fe en el cementerio de Okunoin en Koyasan, escribí deseos en papel, me perdí y me reencontré mil veces… Este es el Japón que me traje en mi maleta, un puzzle de cuadros futuristas y postales milenarias en el que la sorpresa me acompañó a cada paso.

En septiembre, recibí al otoño en Zamora, una ciudad tranquila y de discreta belleza bañada por el Duero que cuenta con un impresionante patrimonio monumental fruto del Románico y que se enorgullece de formar parte de la Ruta Europea del Modernismo.

Panorámica de ZamoraYa en octubre, tras asistir al I Torneo Internacional de Combate Medieval celebrado en el conquense castillo de Belmonte, me alejé del ritmo frenético de Madrid en la Sierra del Segura, una comarca albaceteña cuyo gran potencial reside en sus paisajes, en sus encantadores pueblos, en su gastronomía, en antiguas tradiciones que han escapado del olvido.

Yeste desde el Monte Ardal. Sierra del SeguraY en noviembre, un deseado reencuentro. Cádiz. Mi Cádiz. La de eterna sonrisa, el pescaíto frito y el callejeo. Una capital andaluza y marinera como ella sola. Con su Playa de la Caleta, su malecón habanero, el Pópulo y la Viña, con sus inolvidables puestas de sol, con esa luz tan suya salpicada por la espuma del Atlántico…

Cádiz desde el Campo del SurEl año, mi año, terminó como el famoso anuncio, volviendo a casa por Navidad. A Barcelona. Paseando por sus playas, callejeando por el Gótico, cenando en Gracia, entre abrazos con amigos y disfrutando cada segundo del cariño de mis mayores.

2016, aquí te espero

No sé si porque la fecha que pone en mi carné de identidad avanza más rápido de lo que me gustaría pero cada vez soy más consciente que lo de tempus fugit va en serio. El tiempo huye, se escurre entre las hojas del calendario sin piedad, se escapa, vuela. Es una verdad absoluta como pocas y lo único que puedes hacer es agarrarte con fuerza a cada día que nace como si fuera tu último amanecer.

Mitigar lo malo, aferrarte a lo bueno y tratar de sonreír a la vida. Ese es mi principal propósito para este año recién estrenado. Quiero que la templanza de espíritu, la constancia, la paciencia y la curiosidad sean las virtudes que me acompañen en este nuevo viaje con doce etapas por delante. Doce meses que espero que lleguen cargados de viajes programados, de correos inesperados que te invitan a conquistar nuevos horizontes, de retos profesionales que me permitan seguir haciendo lo único que sé y quiero hacer: viajar y poder contarlo. ¿Un deseo más? Que estés aquí, a mi lado, acompañándome. Cuento contigo. ¡Feliz 2016!

#‎viveydejavivir‬ ‪#‎viajaydejaviajar‬

¿Ganas de esquiar? Conoce las novedades de las estaciones de esquí de Cataluña

¿Ganas de esquiar? Conoce las novedades de las estaciones de esquí de Cataluña

El momento que tanto tiempo has estado esperando ya ha llegado. Da igual si eres palillero o rider, está claro que tu pasión es la nieve y esta es tu estación favorita del año. Tienes ganas de deslizarte por pistas infinitas, purificar tus pulmones, liberar adrenalina y desconectar de la rutina. Tienes ganas de esquiar y por ello quiero invitarte a conocer las principales novedades de las estaciones de esquí de Cataluña. Y es que en Cataluña, además de nieve de calidad y punteras estaciones de esquí alpino y nórdico, encontrarás una gran oferta complementaria de cultura, gastronomía y naturaleza.

Esquiar en Cataluña. Baqueira Beret

Principales novedades de las estaciones de esquí de Cataluña

Experiencias únicas y los mejores servicios y actividades. Esta es la propuesta que nos lanzan las estaciones de esquí catalanas para esta nueva temporada de invierno. ¿Quieres conocer sus principales novedades? Continúa leyendo.

La Molina

La Molina, estación decana de los deportes de invierno en España, presenta como principal novedad esta temporada el circuito Slalom 4Motion by Volkswagen, el primer slalom tecnológico del Pirineo, una nueva instalación, situada en la pista Trampolí, que permitirá a los esquiadores sentirse como corredores profesionales. Gracias al sistema de cámaras instalado en el recorrido, una vez concluida la carrera los esquiadores podrán descargar el vídeo de su descenso a través de la web de La Molina.

La Molina

Además de dos nuevas pistas -una para debutantes y otra en la zona de Coll Sisè que servirá de enlace entre Quatre Camins y la Pista Llarga-, La Molina estrena nuevas actividades para disfrutar en familia como el Snake-Glis, un tren hecho de trineos articulados apto para niños a partir de 3 años, y el circuito de raquetas “Descubrimiento de la fauna”, un recorrido circular pensado para todos aquellos que estén interesados en conocer la fauna y el medio natural de la zona. ¿Actividades après-ski? Excursiones con máquinas pisa nieve o en motos de nieve, tubing, zona chill out en Costa Rasa, pista de hielo, buceo bajo el hielo, circuitos termales, trineos guiados por perros…

Vall de Núria

Situada en el Pirineo Oriental, rodeada de cumbres que rozan los 3.000 metros y solo accesible mediante el tren cremallera, Vall de Núria presenta toda una serie de mejoras para garantizar el máximo confort en las pistas y áreas de servicio. ¿Las más destacadas? Las nuevas actividades relacionadas con la nieve en su Parque Lúdico (Tubby Cross, patinetes de nieve, etc.), la ampliación de la cobertura wifi en cafeterías y en diferentes espacios comunes y las mejoras que se han llevado a cabo en las pistas (hidrosiembra, drenajes, paravientos y protecciones de seguridad) y en la vía del Cremallera. El precio del cremallera más el forfait de un día es de 30,00€ (adulto) y 22,50€ (infantil).

Vall de Núria

Baqueira Beret

Baqueira Beret cuenta esta temporada con un total de 155 km esquiables y 3 nuevas pistas en Beret entre las que destaca la Gallina con una pala final de fuerte pendiente que pondrá a prueba tu técnica ya que se trata de una pista doble diamante (negra) de dificultad.

Baqueira BeretA esta cifra hay que sumar, además, sus 5 km de itinerarios de montaña que permiten disfrutar de amplias zonas con poca afluencia de esquiadores y descubrir rincones desconocidos de la Val d’Aran. Otras mejoras que encontrarás si eliges esta estación son la adopción de la señalización internacional que clasifica los trazados en diamantes y la ampliación de la zona de ocio, restauración y aprés ski situada en los alrededores del Hotel Montarto.

Vallter 2000

Con su base situada a 2.000 metros de altitud, Vallter 2000 permite combinar el esquí alpino por las pistas centrales con el ascenso con esquís de montaña por la zona del Xalet. Esta estación, cuya privilegiada situación geográfica en el norte de los Pirineos permite contemplar una panorámica única y excepcional de la bahía de Roses y el Cap de Creus, además de instalar una nueva planta de Biomasa para mejorar la eficiencia y el gasto energético, ha realizado importantes mejoras en sus pistas con nuevos pavimentos y alisamientos de tramos.

Vallter 2000En total, Vallter 2000 pone a disposición de los esquiadores 18,7 km distribuidos en 13 pistas y ofrece actividades como los campos free ride (combinación de esquí alpino y técnicas de ascenso de esquí de montaña para encontrar los mejores descensos fuera de pista).

Tavascan

Tavascan es la primera estación de esquí de toda España que cuenta a partir de esta temporada con una serie de Circuitos Inclusivos «Sumando Capacidades», tanto de esquí nórdico como de esquí alpino, adaptados especialmente para personas con alguna discapacidad física o intelectual. Para ello, esta estación, situada en el Pallars Sobirà, ha adquirido una silla especialmente adaptada para la práctica del esquí nórdico de las personas con movilidad reducida y ofrece dos recorridos de raquetas y tres recorridos de esquí de fondo accesibles para todos. Los padrinos de este fantástico proyecto son el campeón del mundo de carreras de montaña Kilian Jornet y la campeona en la modalidad femenina, Núria Picas.

Port Ainé y Espot

Las estaciones de Port Ainé y Espot, además de presentar un nuevo sistema de venta online más ágil y sencillo en sus respectivas webs, han apostado fuerte por la mejora de la seguridad en sus pistas gracias a la instalación de paravientos, nuevos colchones, redes, balizas, etc.  ¿Dos atractivas propuestas? Un paseo nocturno bajo la luz de luna con raquetas en la estación de Port Ainé o un bautizo de nieve que incluye forfait para la zona de debutantes, equipo completo de esquí, una hora de clase teórico-práctica y dos horas de cursillo de esquí en Espot.

Boí Taüll

Con las cotas más altas del Pirineo y una magnífica situación encarada al norte, Boí Taüll garantiza una nieve de excelente calidad. Como principal novedad, esta estación amplía su dominio esquiable con tres nuevos itinerarios enfocados a los esquiadores con más nivel. También se han mejorado las zonas de Freestyle y debutantes, el sistema de innivación, y se ha instalado una pista de patinaje sobre hielo en el resort.

Boí Taüll Resort

Masella

74 km esquiables. 65 pistas. 18 remontes. Esta es la oferta que nos propone Masella, una estación situada en la comarca de la Cerdanya conocida como la capital del esquí nocturno ya que cuenta con el dominio con más kilómetros esquiables iluminados de todos los Pirineos. Esta temporada se podrá esquiar en horario nocturno los jueves de 18.15 a 20.15h y los viernes y sábados de 18.30 a 21.30h.

Forfaits ATOTANEU 6.0, ATOTANEU 5.0 y TOT NÒRDIC

Por quinto año consecutivo, el Grupo FGC vuelve a ofrecer a los amantes de la nieve sus forfaits conjuntos ATOTANEU 6.0 y ATOTANEU 5.0. Con el primero, podrás esquiar a un precio único en las cinco estaciones gestionadas por Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (La Molina, Vall de Núria, Vallter 2000, Espot Esquí, Port Ainé) y en la estación de Tavascan. El forfait ATOTANEU 5.0., por su parte, permite esquiar en Vall de Núria, Vallter 2000, Espot, Port Ainé y Tavascan, y con un 50% de descuento en el forfait de día de La Molina. Con la compra de estos forfaits, que triplican la cantidad de kilómetros esquiables sin pagar más y potencian la movilidad de los esquiadores entre las pistas, tendrás acceso, además, al talonario de ventajas ATOTANEU con más de 150 descuentos y promociones exclusivas en alojamientos, restaurantes, museos, tiendas, clases de esquí, etc. Puedes consultar las condiciones y características de estos forfaits en la tienda online de FGC.

Tuixent-La Vansa

Si lo tuyo es el esquí nórdico, TOT NÒRDIC es tu forfait. Con él podrás esquiar durante toda la temporada en las estaciones de Aransa, Guils Fontanera, Lles, Sant Joan de l’Erm, Tavascan, Tuixent-La Vansa y Virós Vallferrera. Además, este forfait te ofrece la posibilidad de esquiar 1 día en cada una de las siguientes estaciones de esquí alpino: La Molina, Vall de Núria, Vallter 2000, Espot Esquí, Port Ainé y Tavascan.

Sácale el máximo partido a las aplicaciones de las estaciones de esquí catalanas

Conocer el estado de las pistas, la previsión del tiempo, estar localizado en caso de emergencia, compartir tus mejores momentos en las redes sociales, chatear con otros usuarios que esquían en tu misma estación, participar en desafíos… Todo esto y mucho más, es posible con las aplicaciones de las estaciones de esquí de Cataluña. ¿Su objetivo? Hacer tu estancia en la nieve mucho más fácil y atractiva.

Aplicaciones de las estaciones de esquí de CataluñaEn la estación de La Molina es imposible perderte gracias al servicio de localización y navegación en pistas que estrenan esta temporada, la navegación GPS de Skitude, un novedoso servicio de orientación que mejora la experiencia y la seguridad. Port del Comte, por su parte, nos propone interesantes retos que si son superados pueden tener premio. ¿Uno de ellos? Los 20 esquiadores que hayan recorrido mayor distancia participarán en el sorteo de una Go Pro Hero 4. Si tu opción elegida es Masella, con su app tendrás acceso a las webcam de la estación y a My Skitude, un perfil personal donde puedes guardar tus tracks, consultar tus estadísticas y localizar a tus contactos. Estos son solo algunos ejemplos de las innovadoras y útiles funcionalidades que encontrarás en las aplicaciones de las estaciones de esquí catalanas. Descárgate la app de tu estación favorita y disfruta de tus días de esquí como nunca antes has hecho.

Además, a través de la web Cataluña es tu casa Cataluña pone a tu disposición las ofertas y toda la información que necesitas para disfrutar de la nueva temporada de nieve.

Informado quedas. Si tu pasión es la nieve, las estaciones de esquí de Cataluña son tu destino. Las novedades más atractivas, espectaculares escenarios naturales, actividades para todos, una gran oferta complementaria con todo tipo de alojamientos entre los que destacan pequeños hoteles y casas rurales con encanto, precios competitivos… ¿Te animas a esquiar en Cataluña?

Siete experiencias para enamorarte de Cádiz y caer rendido a sus pies

Siete experiencias para enamorarte de Cádiz y caer rendido a sus pies

Cádiz, la que hace gala de ser la ciudad más antigua de Occidente, la de eterna sonrisa, el pescaíto frito y el callejeo. Una tacita que dicen de plata que se bebe sobro a sorbo. Una imán de historia, sol y buena vida que nos obliga a poner rumbo al sur para disfrutar de su cautivadora luz salpicada por la espuma del Atlántico. Una capital andaluza y marinera como ella sola que te muestro a través de siete experiencias que conseguirán que caigas rendido a sus pies.

Vista de Cádiz desde el Castillo de San SebastiánPaseo marítimo de Cádiz

Piérdete por el barrio del Pópulo

Recorrer las calles del Pópulo, el barrio más antiguo de Cádiz con 3.000 años de historia a sus espaldas, es sentir el legado de aquellos fenicios, púnicos, romanos y árabes que antes que tú pisaron sus adoquinadas calles. Es fijar tu mirada en la impresionante fachada de la Catedral con su cúpula cubierta de azulejos dorados y maravillarte con su cripta donde reposan los restos de Manuel de Falla y de José María Pemán. Trasladarte a la esplendorosa Gades contemplando el Teatro Romano. Sentir el fervor de los gaditanos entre las columnas salomónicas de la iglesia de Santa Cruz, la antigua Catedral. Adentrarte en las dependencias del Museo Catedralicio (Casa de la Contaduria) para contemplar la mesa en la que afirman se firmó La Pepa. Cruzar el Arco del Pópulo, una de las tres puertas de la primitiva ciudad medieval. Ver la vida pasar en la plaza de San Juan de Dios, el primer espacio abierto ganado al mar presidido por el Ayuntamiento. Callejear hasta la plazuela de San Martín y que la vista se centre en los mármoles genoveses de la Casa del Almirante. Tomar algo en la plaza Topete, para los gaditanos la de las Flores, junto a la estatua de Columela, uno de los personajes más ilustres de la historia de Cádiz. Acercarte al Mercado de Abastos y palpar el día a día. Encontrarte con preciosos rincones que rezuman encanto como el callejón del Duende y recordar a los pies de las Puertas de Tierra aquel tanguillo que choteándose de las tropas de Napoleón reza: “con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones”. En definitiva, recorrer las calles donde todo empezó. Unas callejuelas que encontré más acicaladas y recuperadas que en mi anterior visita pero que no han perdido ni un ápice de su magnética personalidad.

Catedral de CádizCallejón del Duende. CádizIglesia de Santa Cruz. CádizCentro de Interpretación del Teatro Romano de CádizPlaza de las Flores. Cádiz

Encuéntrate en el barrio de La Viña

Tras callejear sin prisas por el Pópulo, se impone conocer el barrio gaditano por excelencia: La Viña. La cuna del carnaval, allí donde la vida bulle en cada calle, plaza y bar. Un animado barrio que debe su nombre a los viñedos que ocupaban su terreno antes de que se urbanizase totalmente en el siglo XVIII. Un barrio de profundo sabor marinero que debido a su lejanía del puerto no despertó el interés de los cargadores de Indias por lo que fue habitado por clases populares que trabajan en la vecina playa de la Caleta. Su eje central es la calle de la Palma, presidida por la iglesia, y junto a la cual un retablo callejero nos recuerda los trágicos momentos vividos por la ciudad durante el maremoto de 1755. Muy cerca se encuentra el neomudéjar Gran Teatro Falla, coliseo del carnaval cada febrero, y el tantas veces fotografiado Campo del Sur, tan comparado al malecón de La Habana, con sus casas de colores y con la cúpula amarilla de la Catedral desafiando al Atlántico. Ya lo decía Antonio Burgos: “La Habana es Cádiz con más negritos. Cádiz, La Habana con más salero”.

Calle Virgen de la Palma. CádizPlazuela del Tío de la Tiza. Barrio de la Viña, CádizGran Teatro Falla. CádizCádiz desde el Campo del Sur

Contempla Cádiz desde sus miradores. La Torre del Reloj y la Torre Tavira

Si con los pies en el suelo Cádiz enamora a cada paso, imagina lo que supone contemplarla a vista de pájaro desde sus miradores. Tan blanca, tan bella, tan ceñida por el mar… Así la verás desde la Torre del Reloj de la Catedral de Cádiz. Que no te frenen los 40 metros de ascensión. La rampa se sube con facilidad y la recompensa cubre con creces el pequeño esfuerzo: una panorámica completa de toda la ciudad con la soberbia mole de la Catedral y unas infinitas vistas al Atlántico al son que marcan sus campanas. Aviso para navegantes: hay una entrada que por 5€ te permite visitar la Catedral, la torre y el Museo Catedralicio que se ubica en lo que fue la antigua Casa de la Contaduría.

Cádiz y el AtlánticoPlaza de la Catedral desde la Torre del Reloj. CádizPanorámica de Cádiz desde la Torre del RelojSkyline de Cádiz desde la Torre del Reloj de la CatedralOtra opción para contemplar Cádiz a vista de pájaro es subir al mirador de la Torre Tavira, una de las más de cien torres vigías que aún se conservan coronando las casas de antiguos comerciantes como testigos de una época en la que se utilizaban para controlar la llegada de los barcos que atracaban en sus aguas cargados con mercancías del Nuevo Mundo. Esta casa-palacio, que por su altura y localización en pleno centro, fue la torre vigía oficial del puerto gaditano en 1778, se ha convertido en una de las citas imprescindibles de la capital gracias a su Cámara Oscura que proyecta imágenes en movimiento en tiempo real de lo que está sucediendo en las calles gaditanas. Una curiosidad más: desde aquí es posible contemplar La Bella Escondida, una de las torres más hermosas de la ciudad cuya belleza solo puede apreciarse desde un lugar elevado como éste.

Vistas de Cádiz desde el mirador de la Torre TaviraCádiz a vista de pájaro desde la Torre TaviraLa Bella Escondida, una de las torres más hermosas de CádizPanorámica de Cádiz desde la Torre Tavira

Disfruta de las playas de Cádiz

Más de 7 kilómetros de playas urbanas jalonan el litoral de este coqueta niña andaluza que vive abrazada al mar entre castillos y baluartes como el de los Mártires o el de Capuchinos. El encanto salvaje y casi virgen de la playa de Cortadura, reconocible por los restos de la muralla del fuerte que protegió la ciudad durante la invasión francesa y por la constante presencia de surfistas, la playa de La Victoria con sus chiringuitos en la arena y su amplio paseo marítimo plagado de restaurantes que la convierten en un auténtico templo del ocio, la recoleta Playa de las Mujeres, también conocido como Santa María del Mar con su gran mirador que ofrece unas bonitas vistas del casco antiguo de la ciudad, y, cómo no, La Caleta, el orgullo de los gaditanos.

Playa gaditanaPlaya de las Mujeres (Santa María del Mar). Cádiz

La Caleta es el mejor resumen del litoral de Cádiz. Pequeña, popular y tan preciosa que parece sacada de un lienzo. Flanqueada a la derecha por el castillo de Santa Catalina, a la izquierda por el de San Sebastián y luciendo en el centro, con los pies en la arena, la blanca silueta modernista del antiguo balneario de la Palma que acoge hoy en día las dependencias del Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía. Un escenario de película, como así comprobaron 007, el Capitán Alatriste y hasta el mismísimo Manolete, con acento marinero. El que imprimen las pequeñas barcas de pescadores que juegan con la marea.

Playa de La Caleta y Castillo Santa Catalina. CádizAntiguo balneario de la Palma. CádizCastillo de San Sebastián. CádizSaborea el arte del tapeo en Cádiz y su gastronomía

Aunque a menudo Sevilla y Granada se llevan todos los piropos en cuanto al tema del tapeo se refiere, Cádiz no se queda a la zaga porque su gastronomía, como dicen por allí, quita el sentío. Si las freidurías son las reinas del cortijo del paladar, el pescaíto frito, en tapas o raciones, es el soberano de toda barra gaditana que se precie. Cazón en adobo, chocos, puntillitas, boquerones, chipirones, calamares, tortillitas de camarones, ortiguillas fritas

Taberna La Bombilla, CádizSúmale moluscos como las cañaíllas o los erizos de mar, lenguados, doradas, lubinas, atún de almadraba, langostinos y gambas blancas, y comprobarás que Cádiz sabe a mar, a cocina popular y, lo mejor, con una excelente calidad precio. Pero su recetario culinario no acaba aquí. Sería imperdonable no mencionar sus deliciosas carnes de Retinto, las carrilladas, las presas ibéricas a la brasa, los secretos… Cientos de tentaciones que locales y extranjeros trasiegan con olorosos de Jerez y manzanillas de Sanlúcar de Barrameda.

Langostinos a la plancha. Bar La Caleta, CádizAtún a la plancha. CádizCarne de retinto y cazón en adobo. Cádiz

¿Algunos lugares de peregrinación obligada en la ciudad de La Pepa?

Freiduría Las Flores. Una de las mejores opciones para sumergirte en la tradición del frito gaditano ya sea en pleno centro (Plaza Topete, 4) o a unos pasos de la playa de La Victoria (Brasil, s/n). En cucuruchos de cartón para llevar o en mesa rodeado de buen ambiente.

Freiduria Las Flores, Cádiz

Taberna La Bombilla (Plaza de la Libertad, 14). En pie desde 1952, su terraza es el mejor lugar para dejar el tiempo correr entre sus tapas tradicionales o dejando que te preparen cualquier producto que hayas comprado en el vecino mercado de abastos.

Rincón gastronómico del mercado de abastos (Plaza de la Libertad, s/n). Un renovado espacio en el que ocio y gastronomía se dan la mano con propuestas tan dispares como cocina japonesa con toques gaditanos, comida argentina, zumos y bebidas naturales, productos frescos de la Sierra de Cádiz y un delicioso etcétera.

Casa Manteca (Corralón de los Carros, 66) y El Faro (San Félix, 15). Dos clásicos del barrio de La Viña. En el primero, taberna típica donde las haya, se impone pedir chicharrones horneados, chacinas, queso y vermut. En el restaurante El Faro, pargo guisado a la Roteña, entrecot de Retinto y paté de cabracho.

Taberna La Manzanilla (Feduchy, 19). Manzanillas, amontillados y olorosos corren por la centenaria barra de esta taberna que nació como despachos de vinos en Cádiz en 1900. Entre sus parroquianos, Fernando Savater y Arturo Pérez Reverte.

Taberna La Manzanilla. Cádiz

Bar La Caleta (Avenida Duque de Nájera, s/n) Lo mejor, su terraza situada justo al lado de la arena de La Caleta con vistas a toda la playa. Buenas cañas, raciones y pescados frescos a muy buen precio.

Bar La Caleta. Cádiz

Sucumbe a los atardeceres gaditanos

En Cádiz el día arranca en la Alameda Apodaca y muere en la playa de La Caleta justo antes de ofrecernos el mejor de los regalos: sus increíble atardecer. Poco a poco el sol va descendiendo besando dulcemente la bahía hasta esconderse totalmente sobre el horizonte del Atlántico. Y se para el tiempo. No solo para los turistas que tratan en vano de capturar los vaivenes de la luz, también sus gentes detienen sus pasos para sentarse frente al mar y contemplar como el inmenso cielo azul se tiñe de naranjas, violetas y rosas. Una fiesta de la naturaleza, íntima y romántica, que te subyuga hasta acariciarte el alma y que te conforta como el más cálido de los abrazos. Así es la magia de los atardeceres gaditanos, así son las puestas de sol en Cádiz.

Atardece en CádizSe apaga el día en CádizAtardecer en la playa de La Caleta, CádizPuesta de sol en CádizDicen que el mejor lugar para contemplar el ocaso es en La Caleta, pero te aseguro que desde Cortadura, Santa María o el Campo del Sur también coleccionarás postales que tu retina nunca olvidará. Tras este este éxtasis de belleza quizás sientas un atisbo de melancolía. Durará poco. Aunque el sol se despida de Cádiz, sabes que no es un adiós, es un hasta luego. Mañana, este rito diario en forma de inenarrable espectáculo volverá a materializarse y a robarte, una vez más, el corazón.

Sonríe. En Cádiz no ser feliz es ir contra la ley

Aunque estoy convencida de que en Cádiz se contabilizan más sonrisas y carcajadas por metro cuadrado que en cualquier otro rincón del mundo, está afirmación no es mía sino de la Pepa. Según el artículo 13 de la Constitución Española de 1812: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen».

Monumento a las Cortes. Plaza de España, Cádiz

Ha llovido mucho desde que se aprobara la primera Carta Magna liberal de España, sí, pero los gaditanos no solo no olvidan ese artículo sino que lo lucen como la mejor de las banderas. En cada calleja de su casco histórico, en cada taberna, en los comercios, en las playas…

Pisas Cádiz y su alegría pasa a ser la tuya. La sonrisa se planta en tu rostro y no te abandona mientras la vives, la sientes y la disfrutas. No es una impostura, tampoco un topicazo. Es una de las grandes virtudes de esta casi isla tan hermosamente sujeta a su peculiar geografía en la que la sal del Atlántico se sirve en el salero de sus gentes. Y es que Cádiz, sencillamente, te hace feliz.

En Cádiz la felicidad está aseguradaAsí, sin más. Porque es imposible resumir su duende ni en siete experiencias ni en mil artículos. Porque basta mirarla a la cara para convencerte de que tu paraíso puede estar más cerca de lo que imaginas. Porque el gaditanismo hay que sentirlo en vena. Un virus que una vez contagiado no conoce vacuna y te hace soñar con volver. Yo ya me veo de vuelta. Con La canción del pirata de Fernando Quiñones entre mis manos y mis pies hundidos en la arena de La Caleta. Y entre episodio y episodio, la música de José Luis Figuereo Franco, más conocido como El Barrio: “Que empiece la función, de ahora en adelante, sepan que en su interior, sopla fuerte el levante… He vuelto…”

El mercado Tsukiji de Tokio, la mayor lonja de pescado del mundo

El mercado Tsukiji de Tokio, la mayor lonja de pescado del mundo

230.000 metros cuadrados. Ventas diarias de casi 3.000 toneladas de productos marinos por valor de 20 millones de dólares. 14.000 mil trabajadores y unos 35.000 compradores. 450 especies distintas de pescados y mariscos. Estas impresionantes cifras son las que se manejan a diario en el mercado Tsukiji de Tokio, la mayor lonja de pescado del mundo y uno de los grandes atractivos de la capital nipona.

Mercado Tsukiji. TokioMercado Tsukiji, Tokio

Si sigues mis andanzas por el mundo, ya sabrás que uno de mis grandes placeres es visitar todo mercado que se cruza en mi camino. Me gusta colarme en ellos en calidad de discreta espectadora, descubrir nuevos productos, ver cómo se realizan las transacciones, en definitiva, pulsar un retazo de cotidianidad de los lugares que visito. Siendo así tenía más que claro que perderme por Tsukiji no podía faltar en mi agenda tokiota.

Mercado Tsukiji de Tokio, la mayor lonja de pescado del mundoPara conocer los orígenes de este mercado que ha inspirado a historiadores, antropólogos y cineastas como Isabel Coixet en su Mapa de los sonidos de Tokio, debemos trasladarnos al siglo XVI. Fue entonces cuando Tokugawa Ieyasu, primer shogun del shogunato Tokugawa, decidió dotar con una serie de privilegios a los pescadores de Tsukudajima y Osaka a cambio de que suministraran pescado al castillo de Edo. Los excedentes empezaron a venderse en pequeños puestos en las inmediaciones del puente Nihonbashi dando forma al primitivo Uogashi que ante la creciente demanda de pescado por parte de la población acabó convirtiéndose en un importante mercado. Con el paso de los siglos, la capital de Japón llegó a tener unos 20 mercados privados que desaparecieron, incluido el de Nihonbashi, en el gran terremoto que asoló el centro de Tokio en 1923. Durante la reconstrucción de la ciudad, este mercado, que empezó a funcionar en 1935, se trasladó a su actual emplazamiento en el céntrico barrio de Ginza.

Rumbo al mercado interior de TsukijiEl volumen de tráfico que se genera en el mercado Tsukiji es impresionantePoniendo orden en el mercado de Tsukiji

Una ubicación que, por lo visto, tiene los días contados ya que las últimas noticias apuntan a que el Gobierno Metropolitano de Tokio trasladará esta histórica lonja en noviembre de 2016 a Toyosu, una cercana isla artificial en la bahía de Tokio donde se levantará un gran complejo turístico con motivo de los Juegos Olímpicos de 2020. ¿Perderá parte de su encanto? ¿Dejará de ser una cita imprescindible en cualquier visita a Tokio? Solo el tiempo lo dirá. De momento, sigue abierto y permitiendo que 120 personas puedan observar la espectacular subasta de atunes que empieza a las 5 de la mañana.

A mí me hubiera encantado presenciar ese momento en el que toneladas y toneladas de atún cambian rápidamente de manos, pero, tras conocer la experiencia de varios compañeros de hostel que pese al madrugón no consiguieron plaza en pleno mes de agosto, esa opción quedó descartada. Aún así, puedo asegurarte que este emblema de Tokio no decepciona y que vale mucho la pena impregnarte por unas horas de este ordenado caos de vibrante actividad, olores y colores, que cientos de visitantes como yo tratan de inmortalizar a golpe de fotos.

Zona de acceso restringido. Mercado TsukijiTrabajos de despiece en el mercado TsukijiAunque Tsukiji se divide en dos zonas principales, es el mercado interior (Jonai Shijo), abierto al público a partir de las 9 de la mañana, el que acapara todas las miradas. Aquí todo es colosal. Sus instalaciones, el tamaño de las piezas que desfilan ante tus ojos, los cuchillos que utilizan… Mires donde mires comprobarás que la actividad de los trabajadores, armados con mangueras y ataviados con delantales y botas de goma, es frenética. Tanto que tu presencia básicamente pasará inadvertida. No tienen ni un segundo que perder y están más que acostumbrados al incómodo hecho de tener que compartir espacio con turistas y más turistas pululando a su alrededor. Tu única misión debe ser no entorpecer su labor, estar muy atento para no acabar arrollado por el trasiego de carretillas elevadoras y motos que circulan a toda velocidad por todas partes y dejarte sorprender a cada paso. Verás atunes gigantes, aletas de tiburón, todo tipo de algas, pescados que no conoces y una gran variedad de mariscos que acabarán en algunos casos en las mesas de la ciudad con más restaurantes con tres estrellas Michelín del mundo.

La actividad en el mercado Tsukiji es frenéticaDiferentes especies de pescados en el mercado TsukijiCon la precisión de un cirujano. Mercado TsukijiUn atún enorme en el mercado TsukijiPuesto del mercado interior de TsukijiLo cierto es que no sé cuánto tiempo pasé deambulando por sus estrechos pasillos, viendo técnicas de despiece más propias de un samurái que de un pescadero, observando como en la mayoría de los casos las labores de oficina quedan reservadas a las mujeres, evitando charcos y sorprendiéndome al ver que en el mercado más importante del país de la tecnología se siguen utilizando viejos teléfonos analógicos que cualquiera diría forman parte del atrezo de Cuéntame.

Preparando el pescado. Mercado TsukijiSuelo resbaladizo. Mercado TsukijiLabores administrativas en el mercado TsukijiSabores japoneses en el mercado TsukijiEn el mercado Tsukiji se realizan ventas de casi 3.000 toneladas de productos marinos

Tras este aluvión de impactantes imágenes marcadas por el fortísimo olor que desprende tanta acumulación de pescados y mariscos, pasé a visitar el mercado exterior, conocido como Jogai Shijo, que a las 11 de la mañana estaba en pleno apogeo.

Mercado exterior de TsukijiVendedor del mercado exterior de TsukijiPuesto del mercado exterior de TsukijiPuesto de cuchillos en el mercado exterior de TsukijiAunque aquí además de pescado, se pueden comprar frutas, verduras, encurtidos, carnes, cereales, utensilios de cocina, magníficos cuchillos que pueden durar décadas y todo tipo de souvenirs, el gran reclamo son los restaurantes que se agolpan en sus alrededores. Y es que tanto japoneses como extranjeros coinciden en que este es el mejor lugar para comer sushi ya sea a modo de desayuno -si has asistido a la subasta no regalarte un festín de a base de té, sopa de miso, sashimi y sushi sería imperdonable- o de comida. Estos minúsculos restaurantes están abiertos desde las 5 de la mañana hasta el mediodía y conseguir entrar en uno de ellos lleva asociado aguantar estoicamente un buen tiempo de espera. Más aún si te decantadas por el Daiwa Sushi cuya fama, como sus colas de varias horas, le preceden.

Largas colas para disfrutar del mejor sushi de Tokio. Mercado TsukijiRestaurante en el mercado Tsukiji

Información practica y consejos para visitar el mercado Tsukiji

Localización: 5 Chome-2-1, Tsukiji-Chuo, Tokio.

Horario de visita: Mercado interior: de 9:00 a 13:00 h. Mercado exterior: de 5:00 a 14:00 h. Cerrado los domingos, festivos y algunos miércoles. Para más información, visita la web del Tsukiji Market.

Precio: Gratis.

Transporte: Metro: Tsukiji Station de la línea Hibiya (H10).

Subasta de atunes: Si quieres presenciar la puja, ten en cuenta que, como he apuntado, el aforo está limitado a las 120 primeras que se inscriban en el Fish Information Center. El registro se abre con puntualidad nipona a las 5 de la mañana y está situado junto a la Kachidoki Gate (Harumi Street). Hay dos turnos: el primero empieza a las 5:25h y el segundo a las 5:50h. Para llegar hasta el mercado Tsukiji la única opción es el taxi porque el metro de Tokio empieza a funcionar a las cinco de la mañana. Como sí o sí tendrás que madrugar, muchos viajeros recomiendan visitarlo mientras te dure el jet lag. Ya que no no vas a dormir, aprovecha el tiempo.

Aunque probablemente algún repartidor te lo entregue a tu llegada, desde este enlace puedes descargarte un plano del mercado en pdf para orientarte.

Cartel con las normas a seguir en el mercado Tsukiji

Una vez en el mercado, tal y como nos recomiendan las autoridades, debemos tener en cuenta que:

* Somos visitantes, no clientes. No perturbes la actividad del mercado y que el respeto guíe tu forma de proceder.

* No debemos hacer fotos sin pedir antes permiso ni tocar absolutamente nada.

* Dado el gran volumen de tráfico que se genera dentro del mercado hay que andar con mil ojos para evitar ser atropellado. Recuerda que en cualquier caso el que molesta eres tú, no los trabajadores.

* Si no quieres acabar con los pies empapados, ni se te ocurra entrar con sandalias o chanclas. Además de ser muy poco higiénico, un resbalón puede resultar muy peligroso.

* Tampoco se recomienda acceder al mercado con carritos de bebés, maletas ni en grupos de más de cinco personas.

Recorrer el mundo navegando

Recorrer el mundo navegando

En esta ocasión abro las puertas de mi blog a Lourdes Olmos Juárez, una profesora de turismo y viajera empedernida, que tuve la ocasión de conocer durante el viaje posterior al Travel Bloggers Meeting de Plasencia. Charlando con esta simpatiquísima granadina descubrí una de sus grandes aficiones: recorrer el mundo navegando. Si conoces mi amor por el mar, aquél que me vio crecer en las playas de Barcelona, imaginarás que la sometí a un tercer grado para que me explicara cómo es la experiencia de viajar en un barco compartido. A mí logró tentarme y mucho con sus explicaciones y por eso la animé a compartir sus vivencias y consejos en este post invitado.

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Ni todo está escrito ni todo está aún inventado y por esta razón cada día descubrimos una nueva persona que hace realidad sus sueños. Seguro que has oído hablar de viajeros que lo han dejado todo y se han lanzado a la aventura de dar la vuelta al mundo, o de otros que llevan años haciéndolo, de parejas que abandonaron sus trabajos y desde entonces no han dejado de recorrer un país tras otro. ¿Te vienen a la cabeza algunos de estos ejemplos? Seguro que sí. ¿Y qué te parece si el proyecto fuera recorrer el mundo en un barco velero? ¿Sabías que muchos de esos viajeros un día se convirtieron en transmundistas y su forma de vida es navegar el mundo? ¿Te gustaría vivir esta experiencia? Si la respuesta es afirmativa, te interesa seguir leyendo este artículo porque existe una comunidad viajera que vive en el mar y abre sus barcos a los que queremos compartir parte de su aventura.

Recorrer el mundo navegando. Kioni. Isla de Ítaca, Grecia

Esta nueva forma de viajar compartiendo un trayecto en barco la descubrí hace algunos años y, desde entonces, es una opción más a la hora de planificar mis viajes. Trataré de resumir cómo empecé en este mundo, qué significa para mí y, finalmente, te daré algunos consejos para iniciarte en este tipo de viajes.

Lourdes Olmos Juárez

Siempre me gustó el mar, los barcos y siempre quise navegar, pero no sabía por dónde empezar. No tuve unos padres con esa afición, ni un primo patrón, ni nada que se le parezca pero, afortunadamente, sí tuve una amiga que en el verano de 2011 me propuso salir a navegar con una empresa de chárter náutico. Reservamos un crucero de cinco días por el Mediterráneo, con otros cuatro tripulantes que no conocíamos de nada y por fin tuve mi primera experiencia en velero. De Motril a Melilla, casi veinticuatro horas, perdiendo de vista la costa, viviendo mi primer atardecer y amanecer en el mar, haciendo guardias, llegando a tierra… Fue maravilloso ese primer día, y el segundo, y el tercero… Y cada día que he salido a navegar. Pero lo realmente importante de esos días fue la información que recibí y que me permitió dar el salto y empezar en este mundo yo sola.

Atardecer en el marWebs para recorrer el mundo navegando

La clave de todo esto, aparte de mi amiga Marian que me llevó a ese primer crucero, fue conocer la web La Taberna del Puerto y su foro Bolsa del Navegante, punto de encuentro en España para los que buscan tripulación y los que no tenemos barco, de manera que podamos compartir unas horas de navegación, desde salir una tarde o un fin de semana hasta cruzar el Atlántico o incluso organizar actividades tan divertidas como un concurso de tortillas de patatas en algún puerto (todo un clásico en los días de navegación). Gracias al foro y los contactos que he ido haciendo, he viajado por España, Baleares, Ceuta y Melilla incluidas, Portugal, Grecia y sus islas, Sicilia… Y lo que me queda por navegar.

El placer de navegar

Un primer consejo para buscar barco es registrarte en esta web y participar en el foro presentándote, diciendo lo que se buscas, la zona por la que salir a navegar, etc., y ver las ofertas que ya hay publicadas. La gente en La Taberna del Puerto es, en general, generosa y participativa, así que seguro que das con alguien que te abre las puertas de su barco. Eso, poco a poco, te permitirá conocer gente, formar parte de listas de correos y participar en grupos de WhatsApp y de Facebook de los que saldrán muchos “planes marineros”.

Mi siguiente paso fue estudiar algo, sabía que me gustaba el mar y la navegación. ¿Por qué no aprender un poco? ¿Sabías que en un barco todas las cosas cambian su nombre? Un cubo deja de llamarse cubo y pasa a ser un balde y ni se te ocurra usar la palabra cuerda. Las cuerdas se llaman cabos y, como dicen los marineros, en un barco las únicas cuerdas que hay son las del reloj del capitán. ¡Me encantan los dichos marineros! Pues bien, me puse a estudiar y obtuve mi título de patrón de embarcaciones de recreo. No es difícil, en un par de meses se puede sacar sin problema, pero hay que ponerse. El resto de titulaciones de recreo las dejo para más adelante. Como decía antes, poco a poco, tenemos toda la vida para navegar y aprender. Lo importante es empezar.

Pasión por el mar

Cuando ya tengas tus contactos para salir a navegar los fines de semana y hayas aprendido un poco, seguro que te apetece hacer algo más grande y formar parte de esos proyectos de los que te hablaba al principio del post, es decir, compartir viaje con alguien que lleva años recorriendo el mundo, navegar por las islas griegas, por el Pacífico… ¡Hay tantos barcos por el mundo en los que poder navegar! Para buscar opciones en el extranjero puedes usar Find a Crew que es una web muy conocida. Veamos algunos ejemplos de barcos que abren sus puertas a la comunidad viajera.

Para empezar, te voy a presentar al patrón de uno de los barcos en los que he repetido experiencia, Marcelino Alonso, gallego afincado en Toledo, militar y abogado de profesión y hoy navegante “a tiempo parcial”. Desde el año 2008 comparte su velero, el Raw Prawn, un Morgan 44, con amigos, familiares y desconocidos que más tarde se convertirán también en amigos. Toda la información está en su web del Raw Prawn y cada año organiza una nueva escapada de unos cuatro meses con etapas de dos semanas para despedir a la tripulación que marcha e incorporar a la nueva. Familiares y amigos pueden seguir el viaje a través del blog de Marcelino. En mi primer viaje en el Raw Prawn en 2014, que fue de Atenas (Grecia) a Catania (Italia), recorrimos el mar Egeo, el Canal de Corinto y el Jónico, pasando por lugares tan emblemáticos como Delfos, Lepanto o Ítaca. En mi segundo viaje, recorrí de nuevo el Mediterráneo, esta vez de Corfú (Grecia) a Trapani (Italia), donde descubrí las Egadas, unas islas muy mediterráneas, Favignana, Levanzo y Marettimo. Una joya de islas.

El Raw Prawn en LepantoLa tripulación del Raw Prawn en Atenas

Otros “nómadas del mar” a los que no he conocido en persona pero con los que sí he mantenido contacto por correo, son Stephe, un chico francés que viaja con su padre a bordo del Sambelec (dejaron Francia bordeando la Península Ibérica para llegar a Senegal y de ahí cruzar el Atlántico, luego el Canal de Panamá y después rumbo al Pacífico) y los noruegos de Sailing the Farm, que están a punto de terminar su proyecto, construir su propio velero con ayuda de la comunidad Couchsurfing para poder hacer su sueño realidad: navegar el mundo compartiendo la experiencia con todos aquellos que están ayudando en la construcción del barco.

En cuanto al aspecto económico, hay de todo, quien ofrece su barco y corre con todos los costes (éstos son los menos), quien pone el barco pero no paga ningún gasto y el resto de la tripulación se hace cargo de ello (gasoil, puertos, comida y bebida, etc.), quien va a gastos compartidos o incluso quien cobra un precio fijo por el total de días. De forma general, teniendo en cuenta los viajes que he hecho y todo lo que he leído, se habla de unos veinte o treinta euros diarios que incluyen alojamiento, manutención, transporte y otros gastos, es decir, todo. A mí me parece un precio muy razonable que casi cualquier viajero se puede permitir. Eso sí, puede variar dependiendo de los caprichos que se quiera dar la tripulación, pero en general suele ser ésa la cantidad que se paga por día y no está nada mal.

Atracando en Melilla

Ya tienes información de sobra para lanzarte a esta aventura y descubrir lo fascinante que es viajar navegando, una combinación muy interesante para moverse por el mundo y disfrutar del mar en compañía de gente con la misma afición, donde surgen conversaciones muy interesantes sobre el mar, la navegación, las estrellas… Una experiencia que me conquistó desde el primer viaje que hice en aquel velero por el Mediterráneo.

Puerto Marina El Rompido. Río Piedras, Huelva

Pero, siendo honesta, también tengo que hablar de la parte menos bonita que no todo el mundo cuenta de los viajes en barco. Te hablo de situaciones como estar varios días compartiendo camarote con una persona que acabas de conocer o compartiendo baño con alguien que es menos higiénico que tú, pasar noches sin dormir haciendo guardias, soportar temperaturas extremas, sufrir mareos, o lo que es peor, tener problemas de convivencia, derivados de discusiones o puntos de vista muy distintos.

En los barcos he conocido de todo, gente más buena y menos buena, más fácil y más complicada, gente maravillosa, personas abiertas, respetuosas, etc., pero igualmente, personas con menos educación, machistas, incluso alguna que otra xenófoba y homófoba. Es normal. Esta forma de viajar también conlleva un riesgo, no sabes con quién vas a compartir el viaje. Si se trata de una salida de una tarde se lleva bien, pero en travesías más largas, puede resultar más incómodo. Y aunque todo esto te hace más fuerte, más paciente y es cierto que ayuda a tu crecimiento personal, cuando te ves en una de éstas te preguntas ¿qué necesidad hay de pasar unos días de vacaciones en un espacio tan reducido aguantando este tipo de cosas? Un barco es muy pequeño, que no se nos olvide.

Esta es la parte negativa de viajar en un barco compartido, todo lo demás se lleva bien o se termina llevando, pero los problemas de convivencia sí pueden estropear un viaje, de hecho, son muchas las anécdotas que se cuentan de algún tripulante al que se bajó del barco y se dejó en puerto porque la situación era insostenible. Igual que puedes conocer gente estupenda, de diferentes culturas, edades, etc., y por tanto, enriquecerte, puede ocurrir justo lo contrario, y que el viaje se convierta en una pesadilla. Con esta reflexión, no quiero desanimar a nadie a viajar en un barco compartido. En absoluto. Solo pretendo advertir de lo que podrías encontrarte y aconsejarte que trates de conocer previamente a parte de la tripulación si se trata de un viaje largo. Seguro que leyendo esto, te vienen a la cabeza algunas personas que no llevarías nunca a un barco y otras que serían buenos candidatos.

Cena de cambio de tripulación en el puerto de Catania. Sicilia

Personalmente, sopesando pros y contras, sé que quiero seguir navegando y que los buenos momentos superan con creces los malos. Por eso he decidido escribir este artículo, para animar a los viajeros a continuar descubriendo el mundo combinando su forma de viajar tradicional con esta otra.

Así que no lo dudes, si te gusta el mar y te gustan los viajes, no puedes desaprovechar esta oportunidad. Hay miles de barcos ahí fuera esperándote. Tengas o no experiencia puedes vivir esta aventura. En un barco hay muchas cosas que hacer, seguro que en alguna puedes ayudar y, poco a poco, aprender. ¿Quién no sabe limpiar o preparar algo de comer?

Cocinando a bordo

Tienes que experimentar lo que es dormir en cubierta mirando las estrellas y meciéndote por las olas del mar, las conversaciones en travesías largas, echar el ancla y disfrutar de un baño en una playa paradisíaca, llegar a puerto y dar un paseo por la ciudad para hacer unas compras y luego cocinar en el barco, disfrutar del viento y ver cómo las velas hacen su trabajo, cruzarte con una manada de delfines que juegan con el casco de la embarcación…

Leyendo con vistas a la Isla de Es VedráMe despido con una expresión muy marinera y deseándote lo mejor: ¡buen viento y buena mar!

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Interesante experiencia, ¿verdad? Si quieres profundizar más en este tema, te invito a leer el resto de artículos que Lourdes ha ido publicado en su blog El viaje de Lu sobre viajes en barco.

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