Descubriendo Petra, la ciudad perdida de los nabateos

Descubriendo Petra, la ciudad perdida de los nabateos

Emocionarte hasta cotas que aún no conocías, sentir el peso de la historia sobre tus hombros y bajo tus pies, maravillarte a cada paso, rendirte ante su magia y sus misterios. Poder decir he estado allí y recordar toda la vida que estuviste allí. Estas son solo algunas de las sensaciones que transmite Petra, la ciudad perdida de los nabateos, una meta soñada por muchos que yo alcancé en primavera al tiempo que descubría Jordania, un fascinante país que me regaló momentos únicos como el que voy a relatarte ahora.

El Tesoro. Petra. Jordania

Pero antes, retrocedamos más de 2000 años para conocer a los artífices de una de las siete nuevas maravillas del mundo, los nabateos, una tribu árabe que estableció su capital en Petra convirtiéndola en una próspera encrucijada en la que confluían las rutas comerciales de caravanas que unían Oriente y Occidente. Un pueblo sabio que supo forjar un sistema de cisternas y canalizaciones para que el agua nunca faltase en un entorno rodeado por el desierto y que hizo suyas las influencias de otras culturas plasmándolas en sus monumentos. Un reino nativo, rico y poderoso, que vivió momentos de esplendor incluso tras su conquista por el Imperio Romano. Pero el cambio de las rutas comerciales y la expansión del comercio marítimo alrededor de la Península Arábiga iniciaron su decadencia y paulatinamente Petra fue abandonada. Durante siglos no se supo nada de ella hasta que en 1812, el viajero y arqueólogo suizo Johann Ludwig Burckhardt, atraído por las leyendas que hablaban de la mítica ciudad rosada, la redescubrió al mundo. Desde entonces se han vertido ríos de tinta y caudales de imágenes sobre este poderoso imán que está presente en la mente de muchos viajeros. Aquí va un afluente más. Mi experiencia en Petra.

Visitar Petra por la noche, el más espectacular de los anticipos

Debo reconocer que cuando llegué a Wadi Musa Jordania ya me había conquistado. Lo consiguió callejeando por Amán y visitando su Ciudadela, descubriendo el laberinto de paisajes de Wadi Rum por tierra y aire, pasando la noche cual beduina en el desierto, practicando snorkel en las aguas del Mar Rojo, disfrutando del carácter amable y hospitalario de sus gentes, haciéndome sentir segura… Lo hizo antes de mostrarme su bien más preciado, para muchos la principal razón para viajar hasta allí, Petra.

Las ocho de la tarde. Nunca un instante fue tan deseado. A esa hora debía dejar mi hotel para hacer realidad un sueño que llevaba años dormitando en mi mente. Ya no sería necesario que nadie me lo contase ni imaginar que habría más allá del encuadre de una foto. La noche jordana, bajo un cielo de estrellas, me esperaba para guiar mis pasos a la luz de las velas por el Siq, ese espectacular desfiladero que finaliza frente a la fachada del Tesoro.

El Siq a la luz de las velas. Petra. Jordania

Tal vez haya quien prefiera recorrer primero Petra de día y dejar la visita nocturna para otro momento. Te aseguro que yo no, y más si esperas a que entre todo el mundo para disfrutar de este impresionante cañón natural en soledad. Como comenté en su día, estaba tan emocionada que me costó horrores hacerme con los controles de mi cámara para inmortalizar el soberbio escenario que intuía me rodeaba, retándome desde la oscuridad a calibrar la magnitud de los guardianes de roca que se cernían sobre mi cabeza, invitándome a tratar de desvelar sus secretos entre sombras y más sombras.

Lo recuerdo como si fuera ahora. El ritmo de mi respiración se aceleraba acompasando mis furiosos latidos. Las piernas me flaqueaban. Sencillamente no podía creer que a tan solo unos metros me esperaba Al-Khazneh, el Tesoro. Por eso, cuando el estrecho paso que lo custodia me permitió ver un retazo suyo, me quedé paralizada. Solo mis ojos fueron capaces de reaccionar materializando en un par de lágrimas las sensaciones que me embargaban. Sí, el mundo está lleno de rincones que desprenden un halo de intensidad y magnetismo difícil de explicar. El Tesoro es uno de ellos y contemplar su fachada excavada en la piedra sobre un manto de velas solo te deja una opción: sucumbir ante su belleza.

El Tesoro por la noche. Petra. Jordania

Petra by night. Jordania

El camino de vuelta decidí hacerlo sola. Fue fácil porque no éramos muchos los convocados a esta cita que se conoce como Petra by night. No me apetecía hablar con nadie. Quería templar mis emociones, convencerme de que lo que acababa de ver no era un espejismo y armarme de paciencia a la espera del día siguiente, cuando visitaría Petra a la luz del día.

Visitar Petra de día, un sueño cumplido

Todas las incógnitas que fui acumulando la noche anterior empezaron a difuminarse a media que mis pasos volvían a recorrer el Siq. A primera hora de la mañana, aquellas visiones imposibles de identificar se tornaron obeliscos, templos, terrazas agrícolas y canales que jalonan sus más de 1,200 metros de longitud entre imposibles formaciones geológicas. La garganta en sí ya es abrumadora, pero no menos que los colores que la tiñen: mil tonos de marrones, ocres, vainillas, grises… Ni el más ducho de los pintores hubiera seleccionado una paleta mejor para tintar las paredes de estos acantilados que nunca te cansas de fotografiar sorteando turistas y carruajes. Buscando, en vano, el mejor ángulo que capte este capricho de la naturaleza cincelado por el hombre.

Recorriendo el Siq. Petra. Jordania

El cañón del Siq. Petra. Jordania

Carruaje tirado por caballos en el Siq. Petra. Jordania

Y así te plantas de nuevo ante la fachada del Tesoro e, inevitablemente, la imagen de Burckhardt, el primer europeo en ver la joya de la corona jordana, se cuela en tus pensamientos. ¿Su cara sería parecida a la del resto de turistas que me rodean? Lo dudo. Él tendría que disimular su asombro mayúsculo para no ser descubierto y expulsado de inmediato de Petra.

Al-Khazneh. Petra. Jordania

Las palabras de nuestro guía me devolvieron a la realidad. Con ellas descubrí la mezcla es estilos que componen esta filigrana esculpida de arriba a abajo, su cornisa formada por 30 flores como días tiene el mes, leones y águilas -símbolos de la riqueza y el poder de los nabateos- y, cómo no, las huellas de los balazos de aquellos que tirotearon su urna desde sus monturas en busca de riquezas sin saber que Al-Khazneh era el verdadero tesoro. ¿Tumba de un importante rey nabateo? ¿Templo? Hermoso enigma para los historiadores. A mí me basta con saber que se ha mantenido en pie hasta nuestros días para mostrarnos su grandeza arquitectónica.

Pero el Tesoro, aunque resulte imposible apartarlo de tu mirada, solo es el acto inicial de una obra colosal que en forma de parque arqueológico alberga 800 monumentos tallados en piedra y cientos de tumbas que se cruzan en el camino. Una enorme ciudad que permaneció oculta a los ojos del mundo occidental durante siglos, resistiendo terremotos, combatiendo guerras, enfrentándose a las tormentas del desierto y a las inundaciones… Alcanzando la eternidad.

Calle de las Fachadas. Petra. Jordania

A medida que recorría la calle de las Fachadas, con su fila de tumbas nabateas, me fui haciendo una idea de cómo fue Petra en la antigüedad, una ciudad que llegó a tener más de 20.000 habitantes, con mercados, talleres, templos e incluso un teatro excavado en la sólida roca que dirías es romano pero que fue construido por los propios nabateos en el siglo I d.C.

Teatro construido por los nabateos. Petra. Jordania

Las Tumbas Reales, que sin el envite de la erosión seguro podrían competir en grandeza con el mismísimo Tesoro, la tumba del gobernador romano Sextius Florentinus, los restos del ninfeo, la calle columnada que conduce al centro de la ciudad, la puerta romana de Temenos, Qsar al-Bintel…

Tumbas Reales. Petra. Jordania

Calle Columnada. Petra. Jordania

Puerta de Temenos. Petra. Jordania

Plano de situación. Petra. Jordania

Kilómetros y kilómetros de ruinas de una antigua civilización donde no faltan evidentes reminiscencias helénicas y romanas pero también egipcias, persas, asirias… Un atractiva mezcolanza de monumentos y naturaleza imposible de abarcar en una sola mañana. Ese era mi tiempo y no más. Apenas cuatro horas caminando bajo un sol de justicia, esquivando las ráfagas de arena, hidratándome cada dos por tres para que mi cuerpo aguantara el ritmo, subiendo por caminos menos trillados en busca de nuevas perspectivas…

Caminando por Petra. Jordania

Anillos de Liesegang en las rocas de Petra. Jordania

Lagarto azul endémico de Petra. Jordania

Petra, la ciudad perdida de los nabateos

Aún así me dejé tanto por ver… Sobre todo, el Monasterio cuya imagen sigue siendo para mí solo una fotografía. Hasta que regrese, porque igual que me sucedió con Estambul, deseo volver a Petra sin el lastre de la primera vez, con todo el tiempo del mundo, sin prisas que te hacen acelerar el paso. Para captar más escenas cotidianas ajenas al trasiego de turistas como un conductor de carruajes que se detiene para rezar o un beduino descansando en un roca. Para revivir momentos que trastocaron mis sentidos y dejarme sorprender por lo aún no contemplado.

Toca rezar en Petra. Jordania

Souvenirs y turistas en Petra. Jordania

Beduino en Petra. Jordania

Consejos para visitar Petra

Reserva al menos dos días completos para visitar Petra. Precio de la entrada: 1 día 50 JD, dos días 55 JD y tres días 60 JD. Espectáculo Petra by night: 17 JD.

Viste ropa adecuada: calzado cómodo, gorra, pañuelo y no olvides usar protección solar.

A lo largo del camino encontrarás pequeñas tiendas de souvenirs donde podrás comprar bebida. Hidrátate constantemente si no quieres empezar a ver espejismos.

Sé un turista responsable con los animales. Aunque a la entrada un cartel nos anime a comprobar si los caballos, burros y mulas tienen un aspecto saludable antes de utilizarlos como medio de transporte, verás que el trato que reciben, sobre todo los burritos, es inaceptable. Sus guías a menudo los golpean mientras un turista con sobrepeso se hace un sonriente selfie. No entres en ese juego. A Petra se la conquista caminando así que, a no ser que tengas problemas de movilidad, olvida los carruajes, caballos, dromedarios y burros y gánatela paso a paso.

Sé responsable también con los niños que se acercarán para venderte postales o cualquier baratija. Te costará mucho no darles una monedas porque son adorables pero ese no debería ser su sitio. Su sitio está en la escuela.

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Sierra del Segura, una comarca albaceteña con mucho por descubrir

Sierra del Segura, una comarca albaceteña con mucho por descubrir

Paisajes infinitos, pueblos con encanto en los que el tiempo discurre a otro ritmo, historia y arte, gastronomía con mayúsculas, deportes, antiguas tradiciones que se han salvado del olvido… Si lo que quieres es alejarte del ritmo frenético que impera en las grandes ciudades y sustituirlo por la tranquilidad y la buena vida, concluye tu búsqueda y acércate a la Sierra del Segura. Aquí, en este rincón de Castilla La Mancha ubicado en el sudoeste de la provincia de Albacete, encontrarás una comarca todavía desconocida por muchos que toma su nombre del río que nace en su interior. Un territorio que ofrece infinitas posibilidades para el viajero del siglo XXI que es consciente de que en nuestro país siempre hay una sorpresa esperando ser descubierta. Una sierra que tuve la oportunidad de conocer hace muy poco y que ahora pretendo mostrarte. ¿Necesitas desconectar? Esto es desconectar.

Vistas de la comarca de la Sierra del Segura desde la Microreserva del Monte Ardal

Casa rural El Portillo de Yeste. Sierra del Segura

Paisajes de la Sierra del Segura que rompen tópicos

Antes de realizar este viaje, la imagen que tenía de Albacete respondía a una provincia formada por extensas llanuras, sin apenas montañas. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que hay amplias mesetas de fértiles huertas que nos recuerdan la presencia de la cercana Murcia pero también altas cumbres, con montañas y picos que rondan los 2.000 metros de altitud, valles encajados y espectaculares paisajes kársticos de roca caliza.

Monte Ardal. Sierra del SeguraMirador de Mingarnao, Nerpio. Sierra del SeguraPaisajes de la Sierra del Segura

Esta sorprendente diversidad paisajística está vertebrada por la presencia del bien más preciado: el agua. Del propio Segura y sus afluentes, el río Mundo, Tus, Madera y Taibilla, que se transforma en embalses, pantanos y piscinas naturales aportando un toque azul a un entorno natural muy bien conservado que, por méritos propios, se ha convertido en uno de los principales atractivos de esta comarca.

Embalse de la Fuensanta, YesteUn espacio excepcional para perderte paseando, respirar aire puro y practicar todo tipo de deportes como senderismo, rutas turísticas que puedes realizar en GPS, bicicleta de montaña, paseos en velero, piragüismo, escalada, puenting, barranquismo o espeleología, entre otros, que además de enriquecer tu visita te acercarán a la grandeza natural de uno de los rincones más bonitos de Albacete.

Historia, arte y tradiciones en los pueblos de la Sierra del Segura

Uno de los grandes encantos de la Sierra de Segura es que ha sabido conservar buena parte del legado que dejaron en esta tierra los distintos pueblos que la habitaron. Te hablo de manifestaciones artísticas que nos trasladan al Paleolítico, del paso de íberos, fenicios, cartagineses, romanos, y también de la época árabe, cuya presencia durante cinco siglos se hace patente en la fisonomía de muchos de los pueblos serranos. Pueblos en los que hallaremos pinturas rupestres, puentes, castillos, ermitas e iglesias y preciosas muestras de arquitectura popular.

Aunque me hubiera gustado conocer los doce municipios que conforman esta comarca albaceteña, por falta de tiempo mi itinerario se redujo a Nerpio, Yeste y Letur, quedando para el futuro Riópar, Ayna, Molinicos, Bogarra o Elche de la Sierra, entre otros. No importa. Estas tres villas fueron tres magníficas pinceladas de una sierra a la que estoy deseando volver.

Nerpio

El municipio de Nerpio, situado en el sur de la provincia y antaño frontera con el reino nazarí de Granada, es un buen ejemplo del rico patrimonio y la identidad etnográfica que atesoran las poblaciones de la Sierra del Segura. Un pueblo que tiene al mejor de los vigías en el castillo de Taibilla, emplazado en lo alto de un peñón sobre el cauce del río que le da nombre. Realmente vale la pena tomar la carretera de Pedro Andrés y conducir hasta aquí. La fortaleza, construida entre los siglos XI y XV, es la mejor excusa para disfrutar de las hermosas vistas del valle del Taibilla que desde aquí se divisan. ¿Quieres más panorámicas? Detente en el Mirador de Mingarnao. Si tienes paciencia, podrás observar alguna de las 180 especies de aves que surcan el cielo del término municipal de Nerpio.

Castillo de Taibilla, Nerpio. Sierra del SeguraVistas desde el Castillo de Taibilla, Nerpio. Sierra del Segura

Muy cerca de aquí se encuentra el conjunto rupestre de la Solana de las Covachas cuyos abrigos forman parte del Parque Cultural de Nerpio -declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- que engloba el 70% de las pinturas rupestres que se conservan en Castilla La Mancha. Esta visita, que solo se puede realizar de forma guiada a través de la oficina de turismo, fue uno de los momentos más emocionantes que viví en la Sierra del Segura. Nunca antes me había sentido tan cerca de los orígenes de la humanidad y contemplar y comprender los aspectos simbólicos y técnicos que subyacen detrás de estas representaciones de arte rupestre levantino y esquemático fue toda una lección que me trasladó de forma amena y didáctica al pasado prehistórico de esta comarca.

Solana de las Covachas, Nerpio. Sierra del SeguraPinturas rupestres. Solana de las Covachas, Nerpio. Sierra del Segura

Yeste

Enclavado en un extenso y frondoso valle, en la zona más occidental de la comarca, encontramos Yeste, un hermoso pueblo que se recuesta sobre las faldas del cerro de San Bartoloné. Su estampa desde la carretera es magnífica con su robusto Castillo, el mejor conservado de la Sierra del Segura, y la iglesia parroquial de la Asunción perfilando su fisonomía rural. Ya en el centro, te esperan calles estrechas, casas solariegas y diversos monumentos de linaje medieval que nos hablan de su pasado más glorioso.

Yeste. Sierra del Segura

Un pasado que se torna presente cada año en octubre cuando esta población serrana celebra su Feria de Tradiciones Populares, una festividad declarada de Interés Turístico Regional que mantiene viva la cultura y las raíces de Yeste tomando como hilo conductor los antiguos oficios, la gastronomía y el folklore que hicieron de esta villa lo que es hoy en día. El mercado de productos artesanales en el que no faltan la apreciada miel de Yeste o los quesos y embutidos, los bailes, el desfile de cuadrillas, los artesanos trabajando como antaño en las dependencias del castillo… Una feria que este año ha alcanzado su XVII edición gracias a la implicación de todo el pueblo que se vuelca de manera incondicional en todas las actividades que se convocan ataviados con sus trajes tradicionales.

Desfile de Cuadrillas de Yeste. Sierra del SeguraBailes durante la Feria de Tradiciones Populares de Yeste. Sierra del SeguraDemostración de oficios artesanales en el Castillo de Yeste. Sierra del Segura

Una última sugerencia: no dejes Yeste sin subir antes hasta la cima del Monte Ardal para contemplarlo casi a vista de pájaro. Siéntate sobre una roca, olvida el reloj y deja que tus pulmones se llenen de aire puro mientras contemplas el sereno paisaje que te rodea.

Yeste desde el Monte Ardal. Sierra del Segura

Letur

Dicen que Letur es uno de los pueblos más bonitos de la Sierra del Segura. Una afirmación que cuesta contradecir cuando compruebas cómo la naturaleza y el casco histórico se funden aquí en perfecta armonía. Y es que Letur es piedra, tapial, puertas y rejas forjadas por artesanos, portales de cantería y muros blancos que se arropan entorno a la Plaza Mayor y la iglesia parroquial de Santa María dando forma al trazado medieval de origen árabe mejor conservado de Albacete. Un buen ejemplo, la calle Albayacín.

Iglesia de la Asunción, Letur. Sierra del SeguraCasco histórico de Letur. Sierra del SeguraUn enclave perfecto para disfrutar de la evocadora estampa de Letur y de los parajes que lo rodean es el Mirador de La Molatica, un balcón natural asentado sobre profundas gargantas desde el que se divisan la Peña de la Albarda, el arroyo de Letur y los huertos y acequias de sello musulmán que discurren a los pies del peñón en el que se alza pueblo.

Letur desde el mirador de La Molatica. Sierra del SeguraSegún cuentan las crónicas, ya en el siglo XVI la villa de Letur era considerada como “alegre y de mucha agua y frescuras”. Prueba de ello es la Cuesta de Los Molinos, una empinada calle que en su día llegó a tener tres molinos harineros que utilizaban el agua de las numerosas fuentes y riachuelos que recorren esta localidad para moler el grano, y el Charco de Las Canales, una piscina natural de aguas cristalinas que ha sido habilitada como zona de recreo y baño.

Piscina natural Charco de Las Canales, Letur. Sierra del SeguraLa gastronomía de la Sierra del Segura

Durante esta escapada a la Sierra del Segura pude comprobar lo bien que se come en esta zona manchega probando algunas de sus especialidades más típicas como las migas, el pisto o el cordero de raza autóctona. Sencillos y suculentos platos, con el trigo y el ajo como piedras angulares, que responden a la cocina tradicional, a la de toda la vida, a la que se ha transmitido fiel de generación en generación.

Migas. Sierra del SeguraCordero y pisto manchego. Sierra del Segura

Si tuviera que escoger uno de los clásicos del recetario serrano, en el que no faltan los potajes, gazpachos, gachamigas, ajoharinas, los productos de la matanza o el delicioso queso manchego a la plancha, sin duda éste seria el atascaburras. Un plato típico de los días de invierno compuesto de bacalao, huevos duros, aceite de oliva virgen extra, patatas y nueces. Humildes ingredientes que se transforman en un regalo sabroso y nutritivo para el paladar.

Atascaburras. Sierra del SeguraLa Sierra del Segura en imágenes

Antes de cerrar este artículo dedicado a la Sierra del Segura, permíteme mostrate este vídeo que resume a la perfección todas las experiencias que viví en esta comarca junto a Irene Somoza de Mundo Turístico y al ideólogo de esta escapada, Miguel Ángel Cartagena de Miguel en Ruta. Dos grandes blogueros que además han demostrado ser un lujo de compañeros de viaje. Experiencias que fueron posibles gracias al apoyo del Grupo de Acción Local de la Sierra del Segura, una entidad privada sin animo de lucro que trabaja en el desarrollo rural de los 12 municipios de la comarca Sierra del Segura. ¿Dónde nos alojamos? En la casa rural El Portillo de Yeste, una acogedora vivienda situada a orillas del río Segura en un bello paraje aislado con vistas espectaculares.


Disfrutar de la soledad que impera en sus cumbres y de sus recursos naturales. Compartir antiguas tradiciones que siguen vivas. Descubrir los conjuntos históricos de sus pequeños pueblos. Contemplar extraordinarias muestras de arte rupestre. Dejarse tentar por la gastronomía serrana. Descansar en un acogedor alojamiento rural… Suena bien, ¿verdad? Suena a Sierra del Segura.

Te invito a leer los artículos de mis compañeros de viaje sobre la Sierra del Segura:

Sierra del Segura: Pueblos, paisajes y tradiciones (Reportaje completo de Miguel en Ruta)

Un viaje a Japón a través de las emociones (Segunda parte)

Un viaje a Japón a través de las emociones (Segunda parte)

Con este artículo concluye mi singular desnudo a la japonesa, o lo que es lo mismo, un relato muy personal con el que he pretendido acercarte a Japón a través de las emociones y experiencias que sentí y viví en tierras niponas. No servirá para que planifiques tu viaje pero espero despierte en ti las ganas de conocer este increíble país. Bienvenido a la segunda parte del Japón que traje en mi maleta.

Belleza japonesa

La dulce resaca emocional que te produce Kioto

Kioto, la antigua capital imperial. No imagino mejor lugar para empezar a descubrir un país tan fascinante como Japón. La dulce Kioto, la serena Kioto, la quintaesencia de la belleza nipona… Una ciudad que ha sabido conservar su acervo cultural y su paisaje urbano tradicional como ninguna otra. Una ciudad que logró seducirme y que, en mi opinión, custodia el alma del país del sol naciente.

Templo Nanzen-ji, Kioto

Una esencia que hice mía durante cuatro días. Saltando de admiración en admiración, de escalofrío en escalofrío, de sorpresa, en sorpresa. Disfrutando de cada regalo que me brindó y cuya lista completa resultaría eterna. La espectacular estampa de los 1.000 Kannon del templo budista de de Sanjūsangen-dō, el esperado encuentro con una geisha en el encantador barrio de Gion, una cena en Pontocho a orillas del río Kamogawa, un paseo por el bosque de bambú de Arashiyama, una mañana en la que me volví loca fotografiando cada rincón de Kiyomizu-dera, una tarde en la que protagonicé mi propia película en el santuario sintoísta de Fushimi Inari, unas horas en las que me puse en la piel de una maiko

Bosque de bambú de Arashiyama, KiotoPaseando por Gion, Kioto

Días en los que me sentí inmersa en el corazón del Japón más auténtico contemplando la delicada armonía del Kinkaku-ji, el pabellón dorado, cuyo reflejo en el estanque es sobrecogedor, frente a la impresionante pagoda del templo Toji -visible desde muchas partes de la ciudad-, comprándome un kimono en el Mercado de Artesanía, ojeando colecciones en el Museo Internacional del Manga, descansando en los jardines del Palacio Imperial, aluciando con la cantidad de productos que no había visto en mi vida en el Mercado Nishiki…

Templo Kinkaku-ji, Kioto, Japón

Mercado Nishiki, KiotoTemplo Tenryu-ji. Kioto. Japón

Sí, realmente Kioto fue la mejor de las bienvenidas. El alter ego sosegado de Tokio, el perfecto y relajado punto de partida a un viaje que deseé fuera eterno en la ciudad de los templos, en la magnética y cautivadora Kioto que dejó en mí una resaca emocional que nunca me abandonará.

¿Qué comemos hoy? Jugando al prueba error con la gastronomía japonesa

Visité cada mercado que encontré, probé todo tipo de comidas, me sorprendí con la cantidad de sabores nuevos a los que se enfrentaba mi paladar día a día y sucumbí a la realidad: comer con palillos se me da fatal. Me pongo nerviosa, mis dedos se anquilosan y acabo pareciendo un click de Famobil.

Hoto, una especialidad de Kawaguchiko. JapónBol de arroz con tofu y huevo, gyōzas y encurtidos japoneses

17 días de viaje dan para mucho: para aprender la diferencia entre los fideos udon (gruesos) y soba (finos), para declararme adicta a las gyōzas y a la tempura, para comprobar que la sopa de miso no es lo mío pero en cambio el sashimi (marisco o pescado crudo) no me disgusta, para catar especialidades locales como el delicioso hoto de Kawaguchiko o el kamameshi de Nara, pasara saber que un buen okonomiyaki puede salvarte más de una cena y para afirmar sentencias gastronómicas tales como que una caja bento es perfecta para saciar el hambre en los trayectos en tren, que los kit-kat de té verde son adictivos y que si quieres sobrevivir al agosto japonés acabarás tomando kakigoris de forma compulsiva (helado de hielo picado con sirope).

Kamameshi. JapónKakigori y pescado crudo. JapónOkonomiyaki, un plato típico de Japón

Y, sí lo reconozco, como siempre que tengo oportunidad, acabé en un local de la cadena del payaso sonriente de peluca roja. Entenderás que con una vegana en el equipo la carne fue simbólica y que no solo de arroz y tofu vive el viajero. ¿Una última confesión? Cada noche antes de volver al hostal, ryokan o donde fuese, repetía el mismo ritual. Entraba en un pequeño súper y a base de pito pito gorgorito me agenciaba una buena dosis de fritos y golosinas. A veces triunfaba, a veces no.

Aperitivos japoneses

Reflexionando sobre la fe en el cementerio de Okunoin (Koyasan)

Recuerdo la excursión a Koyasan como uno de los momentos con más carga espiritual que viví en tierras niponas. Allí, en la prefectura de Wakayama, me esperaba el Monte Koya, el centro más importante del budismo Shingon, una de las ramas principales del budismo japonés introducida por el monje Kūkai en el 805.

Cementerio de Okunoin. Japón

Aunque toda esta zona, con más de cien templos y monasterios, ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, fue recorrer el cementerio de Okunoin lo que provocó en mí un debate interno entre lo divino y lo terrenal, entre el no creer y la necesidad de encontrar refugio para el alma. Y es que la visita a este cementerio, el más grande de todo Japón, no deja indiferente a nadie con sus dos kilómetros de tumbas en las que yacen aquellos que desearon permanecer junto al gran maestro de la escuela Shingon. Una enorme necrópolis en la que más de 200.000 tumbas comparten espacio entre una densa vegetación y cedros milenarios que filtran los rayos del sol, y donde el silencio impera a cada paso aunque estés acompañada por cientos de peregrinos que acuden a este lugar sagrado.

Jizos en el cementerio de Okunoin. JapónCementerio de Okunoin en Koyasan. Japón

Entrada al Okunoin Gobyo. Cementerio de Okunoin. Japón

Un espacio de estética conmovedora, que invita a la relajación, al paseo tranquilo, a buscar en tu interior, y que tiene su epicentro en el Okunoin Gobyo, el mausoleo donde reposan los restos de Kūkai, llamado tras su muerte Kōbō-Daishi, y del que dicen descansa en eterna meditación a la espera del futuro Buda. La inalterable concentración de los monjes en sus rezos, las ofrendas de los fieles, la sobrecogedora aura de misticismo que te envuelve, el intenso olor a incienso… Y allí estaba yo. Una occidental bautizada en la doctrina católica que se debate entre racionalismo ateo y el agnosticismo. Conmovida ante la fe y la entrega que me rodeaba y me mecía a golpe de mantras. Pensando sobre la necesidad o no de creer en algo, sobre lo efímero y lo duradero. Y sí, deseé haber podido pasar la noche en alguno de los templos budistas que acogen al viajero para acercarme al modo de vida de los monjes y asistir a una sesión de meditación matutina. Será cuestión de volver, pensé mientras salía del Torodo -un templo con cientos de linternas donadas por devotos de todo el mundo-, y enfilaba el camino de regreso deshaciendo su sinuoso sendero de baldosas, entre las figuras de Jizos y los sepulcros de un cementerio creado para que el legado de Kōbō-Daishi perdure hasta la eternidad.

Desmontando el carácter japonés

Como apunté en la primera parte de este personalísimo viaje a Japón a través de las emociones, lo primero que te enseña este país es que tienes todo por aprender. Una lección de vida magistralmente cívica y cortés que vas interiorizando a medida que conoces a sus habitantes, cuyos usos y costumbres, muchos de ellos extravagantes a ojos de Occidente, te muestran sin apenas pestañear un cuadro futurista cargado de frikismo y una postal milenaria.

Ofrenda en el templo. JapónJugando a El Pachinko en Tokio. Japón

Sus modales, su idioma, su religión, su forma de comer, vestir y divertirse… Todo ello conforma el singular carácter del pueblo nipón. Gentes adictas al trabajo, al consumo y a la tecnología, extremadamente ordenadas y aparentemente frías, que honran a sus ancestros y que siempre te tratarán con un respeto absoluto y una amabilidad exquisita. Puede ser un guía que te enseña de forma gratuita el espectacular castillo de Matsumoto, una vendedora de marisco del mercado Omicho de Kanazawa, un taquillero del metro de Tokio o un chico que interrumpe su charla para llevarte a una zona de fumadores situada a diez minutos caminando. La mayoría no habla inglés, cierto, pero siempre tratarán de echarte una mano con una sonrisa en el rostro.

Guía del castillo de Matsumoto, JapónMercado Omicho. Kanazawa, Japón

El orden, el respeto por las normas, la seguridad y la limpieza también llamaron mi atención. Da igual el medio de transporte que uses, todo el mundo respeta la fila. Puedes dejar el móvil o el bolso donde quieras porque nadie se va a acercar a tocarlos. Las ciudades están impolutas a pesar de no tener papeleras y aunque a primera vista resulten caóticas funcionan a la perfección.

Viajando por Japón te cruzarás con venerables ancianos haciendo una ofrenda en un templo y con hombres de negocios durmiendo en una cafetería de buena mañana. Los verás vestidos de cosplay, dándolo todo en los karaokes, tomando algo en cualquier bar bizarro, concentradísimos ante una máquina de El Pachinko o luciendo sus trajes tradicionales en el metro. ¿Y qué decir de las japonesas? Da igual la edad que tengan, casi todas lucen un sutil aspecto de frágil muñeca, delgadas, con la tez increíblemente blanca y sus pasos cortos. Siempre protegiéndose del sol y presumidas hasta decir basta. Solo tienes que entrar en un baño para comprobarlo. Tras lavarse las manos, es raro que no tiren de maquillaje para lucir perfectas, como auténticas diosas de ojos rasgados.

Hombres de negocios durmiendo en una cafetería, JapónJóvenes japonesas de compras

¿Una caja de sorpresas? Sí, así es la sociedad japonesa. Tan lejana y afín a nosotros como puedas imaginar y tremendamente atractiva.

El Japón que traje en mi maleta

Tras intentar transmitirte con mayor o menor fortuna el aluvión de emociones que sentí durante este viaje en el que me perdí y me encontré cien veces, escribí deseos en papel y quemé la batería de mi cámara, paso a un plano más físico para contarte el Japón material y palpable que me traje en la maleta.

Pidiendo un deseo en Takayama. Japón

Antes de que me taches de derrochadora, debo confesar que soy muy dada a comprar souvenirs. En su mayoría no son recuerdos para mí sino regalos que la gente que aprecio espera recibir porque al fin y al cabo, por humildes que sean, no dejan de significar un «estuve allí y me acordé de ti». Haciendo recuento compré una docena de imanes, varios juegos de palillos y amuletos omamori que ya he ido distribuyendo, una muñeca kokeshi, un juego de tazas, un kimono, una botella de sake, un par de camisetas, un cenicero portátil, una bolsa enorme de chucherías…

Pero, sin duda, el mejor presente que me hice fue comprar un libro de sellos que fui rellenando en cada templo visitado. ¿Su precio? ¥1000 el cuaderno y ¥300 cada sello. ¿Su valor? Incalculable. Fue mi más preciado tesoro durante el viaje y, cómo imaginarás, se ha convertido en la joya de mi biblioteca viajera.

Libro de sellos, Japón

Libro de sellos. Japón

Cada vez que lo abro recuerdo las conversaciones no verbales mantenidas con aquellos maestros de la caligrafía. Mi mano tendida con el libro, una sonrisa, sus refinados trabajos con alma de tinta y un ritual de reverencias como despedida que acababa con un tímido arigatô gozaimasu saliendo de mis labios.

Santa Sofía, mucho más que la joya bizantina de Estambul

Santa Sofía, mucho más que la joya bizantina de Estambul

Santa Sofía…Tan solo con citar su nombre me emociono. Mi piel reacciona, mi pulso se acelera y una sonrisa con trazos de nostalgia ilumina mi mirada. ¿Crees que es posible que un lugar te cale tan hondo como para pensar que una parte de ti se quedó vagando entre sus muros? A mí me sucedió con Santa Sofía, esa joya arquitectónica que escogió a Estambul para maravillar al mundo.

Lamparas y vidrieras de Santa Sofia. Estambul
Lámparas y vidrieras de Santa Sofía

Como comenté en su día, Estambul se ha convertido en la niña de mis ojos, en la ciudad a la que anhelo regresar para escribir nuevos capítulos de una historia de amor que se inició hace un año. Quiero contemplar más atardeceres desde Üsküdar, surcar otra vez las aguas del Bósforo hasta las puertas del Mar Negro, volver a escuchar el quejumbroso canto del muecín llamando a la oración, contemplar el Cuerno de Oro con un té entre mis manos, sentir el dulzor de los baklavas, ver la vida pasar en el Puente Gálata… Pero, sobre todo, deseo volver a rendirme ante el sueño de Justiniano, ante la obra más hermosa y sagrada de la época bizantina. Ante Santa Sofía.

La magia de Santa Sofía

Recuerdo como si fuera ahora aquella mañana de primavera. Llovía sobre la Plaza Sultanahmet, el corazón de la antigua Constantinopla, y un cielo plomizo cubría la que fue capital de tres imperios. Estaba frente a ella, repasando con mi mirada su sólido y austero exterior de tintes rosados, sus minaretes, su ingrávida cúpula… Calibrando las dimensiones de uno de los espacios más prodigiosos creados jamás por el hombre que conmueve incluso desde la distancia.

Exterior de Santa Sofia. Estambul
Exterior de Santa Sofía

Aguanté estoicamente la larga cola de acceso y me dirigí a la entrada. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al toparme con el más famoso de sus mosaicos bizantinos, el Cristo Pantocrátor, situado encima de la puerta del Emperador. Caminé entre el gentío hasta la nave central y me quedé paralizada, absorta ante una belleza que se forjó en 1.500 años de historia.

Nartex de Santa Sofia, Estambul
Nártex de Santa Sofía

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El paso del tiempo, los avatares de la propia ciudad, la fusión de culturas y credos… Todo estaba allí para mí, como si Santa Sofía me hubiese estado esperando toda la vida para doblegarme a fuerza de imágenes y sensaciones que aún retumban en mi memoria. Para someterme a su magia, tan difícil de plasmar con palabras.

Nave central de Santa Sofia, Estambul
Nave central de Santa Sofía aún con andamios
Mosaico del emperador Komnenos. Santa Sofía. Estambul
Mosaico del emperador Komnenos

El altar, con sus magníficos candelabros aportados por el por el gran visir Ibrahim Pasha, el mihrab, una de las mejores obras en mármol de la época otomana del siglo XVI, las grandes cisternas de alabastro, los preciosos pabellones, los ocho enormes medallones con caligrafía cúfica que nos hablan de Alá, Mahoma y los primeros califas, la Biblioteca de Mahmud I, el Omphalion donde se coronaba a los emperadores, los azulejos, la tribuna del sultán, los estrados para la lectura del Corán, los mosaicos bizantinos recuperados en la segunda mitad del siglo XIX, las imponentes columnas, su enorme cúpula que marcó un hito en la historia de la arquitectura y que parece flotar sobre tu cabeza…

Altar y minbar de Santa Sofia
Mimbar de Santa Sofía
Biblioteca de Mahmud I. Santa Sofía, Estambul
Biblioteca de Mahmud I
Cisterna de alabastro
Cisterna de Alabastro
Cupula de Santa Sofia. Estambul
Cúpula de Santa Sofía

Y su luz. La luz de Santa Sofía. Tan única y tantas veces ensalzada. Regalo de sus numerosas ventanas y vidrieras y de las incontables lámparas de bronce que alumbran su colosal fisonomía. Su luz. Un juego de reflejos que iluminan, de sombras que difuminan el camino y te obligan a detenerte, convirtiendo el interior de este templo es un universo tan etéreo que parece irreal, en un delirio visual que estremece al más crédulo. En mi caso, este éxtasis de emociones se plasmó en una lágrima. Inmóvil en medio de la inmensa nave central, abstrayéndome de los cientos de turistas que me rodeaban, olvidando mi cámara y dejando que Santa Sofía se colase por cada rendija de mi alma.

Mosaico de la Virgen Maria en Santa Sofia
Mosaico de la Virgen María, el primero figurado creado después del período iconoclasta de Santa Sofía

Lo hizo. Tanto como para sentir la necesidad de salir al exterior, pasear, respirar y buscar mi espacio. Para relajar mis sentidos tomando un zumo de granada, para repasar su longeva trayectoria en busca de datos reales que me impidieran pensar que lo que estaba viviendo era una ilusión.

Fuente de las abluciones de Santa Sofia
Fuente de las abluciones

Sancta Sophia, Haghia Sofia, la iglesia de la Sagrada Sabiduría, Museo Ayasofya…. Datos que me trasladaron a la primera Santa Sofía construida el año 360 por orden del emperador Constantino y que acabó destruída por un incendio. A los tiempos de Teodosio en los que, de nuevo, su destino fue ser pasto de las llamas durante la Revuelta de Nika en el año 532 y a su estructura actual, diseñada por arquitectos griegos bajo la supervisión personal de Justiniano que la convirtió en la mayor iglesia del mundo cristiano de la época. “Gloria a Dios que me ha juzgado digno de semejante obra. ¡Salomón, te he vencido!”, cuentan que exclamó el emperador bizantino al inaugurar en el 537 la basílica de Santa Sofía.

Tras la toma otomana de Constantinopla en 1453, el sultán Mehmet II hizo de ella la mezquita principal de Estambul durante 400 años. Y en 1935 el presidente Ataturk, padre de la actual Turquía, la convirtió en museo.

Medallones de Santa Sofia. Estambul
Medallones de Santa Sofía
Planta superior de Santa Sofia
Cualquier rincón es bueno para admirar la belleza de Santa Sofía

Iglesia, mezquita, museo… Poco importa su estatus oficial mientras siga en pie, mientras quien dirija su destino la cuide como se merece y permita que gentes llegadas de todo el mundo puedan ser testigos de su grandeza. Ese era el pensamiento que me acompañó cuando enfilé mis pasos hacia la rampa que da acceso a la galería superior. Para admirarla desde una nueva perspectiva, para imaginar cómo sería sin la presencia de andamios, para detenerme ante los impresionantes mosaicos que la etapa musulmana encaló y que se recuperaron en las posteriores rehabilitaciones. Como el del emperador Komnenos, el mosaico de la emperatriz Zoe o el de la Deesis -considerado el comienzo del Renacimiento en el arte pictórico bizantino. Para fijarme en los cuatro ángeles que bordean la cúpula, para ver la Mezquita Azul casi a vista de pájaro, para seguir sintiendo su carga eléctrica…

Interior de Santa Sofía. Estambul
Galeria superior de Santa Sofia, Estambul
Recorriendo la galería superior de Santa Sofía, Estambul
Vista de la nave central de Santa Sofia
Vista de la nave central de Santa Sofía desde la galería superior

Miré el reloj. Aunque para mí el tiempo se detuvo en cada uno de sus rincones habían pasado más de cuatro horas desde mi entrada. Cuatro horas que volaron en un suspiro, en un viaje a través de la historia y las emociones que tantos otros contaron antes que yo. Debía marchar y despedirme de este hipnótico edificio de la única forma posible, con una sonrisa agridulce que auguraba un adiós y soñaba un reencuentro. Para paliar mi tristeza, introduje mi dedo en el angosto agujero de la Columna de los Deseos, famosa por tener efectos curativos. Ya imaginas qué pedí: que cuidara la parte de mí que se quedó vagando entre sus muros. Entre los muros de Santa Sofía.

Pidiendo mi deseo
Pidiendo mi deseo

Y, de nuevo, mezquita

[Actualización] En julio de 2020, mudó otra vez de estatus y regresó de nuevo a su papel de mezquita, preservando, según apuntaron las autoridades, su identidad histórica. Polémicas al margen, como pude comprobar en mi última visita, sigue abierta al público y se puede visitar de la misma manera que la Mezquita Azul. Eso sí, aunque los iconos y mosaicos cristianos siguen allí, durante las oraciones se cubren con cortinas. Un ejemplo son ​los mosaicos de la Virgen María con el Niño Jesús y del Arcángel Gabriel que se encuentran en el ábside del templo y que están orientados hacia La Meca.

La mezquita de Hagia Sophia
Así luce actualmente la mezquita de Hagia Sophia
Actual mezquita de Ayasofya
Tras la retirada de los andamios, se aprecia mejor la armonía de la actual mezquita

Horarios e información para visitar la mezquita de Hagia Sophia

Ubicación: Ayasofya Meydani No:1. Sultanahmet

Entrada: Gratuita

Horario de visita: Evita visitar la mezquita en los momentos de oración (cinco veces al día).

Etiqueta de visita de turista: Todos los visitantes deben quitarse los zapatos antes de entrar a Hagia Sophia y las mujeres, además, deben cubrirse la cabeza. Hay pañuelos disponibles en la entrada sin cargo. Se pueden hacer fotos pero no de personas que estén rezando.

Transporte: Tranvía: Sultanahmet, línea T1

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La experiencia de cruzar el puente colgante de Carrick-a-Rede

La experiencia de cruzar el puente colgante de Carrick-a-Rede

Está considerada como una de las 25 mejores experiencias que un viajero puede disfrutar en Irlanda y prueba de ello es que recibe más de 250.000 visitantes cada año. Te hablo de cruzar los 20 oscilantes metros del puente colgante de Carrick-a-Rede, una de las grandes atracciones turísticas de la ruta costera de la Calzada del Gigante.

Yo llegué a este precioso enclave en una excursión organizada desde Belfast, donde pasé tres días tomándole el pulso a la capital de Irlanda del Norte, una pequeña ciudad llena interesantes contrastes que ha sabido reinventarse a través de la cultura y el arte dejando atrás el conflicto político y religioso que la azotó durante tres décadas y que dejó su huella más palpable en sus impactantes murales.

Para no romper la tónica dominante, aquella mañana de octubre el cielo amaneció tan plomizo como de costumbre. Four seasons in a day, pensé sonriendo al subir al autocar. Al fin y al cabo estaba en la isla Esmeralda, donde saltar del sol a la lluvia puede ser cosa de minutos.

Apenas sin darme cuenta, los barrios periféricos de Belfast pronto quedaron atrás para dar paso a una de las carreteras más hermosas que he visto en mi vida. En el límite de la Europa occidental, discurriendo entre encantadores pueblos costeros con reminiscencias medievales como Larne, Ballygalley, Glenarm, Cushendall o Ballycastle. Imposible no estar de acuerdo con aquellos que afirman que la ruta costera de la Calzada es una de las cinco mejores excursiones en coche del mundo. El azul del mar, los acantilados, el verde de los antiguos valles glaciares conocidos como los Glens de Antrim… Un cambiante tapiz de paisajes, una sorpresa en cada curva.

Ruta costera de la Calzada del Gigante

Paisaje del Condado de Antrim

Así fue como llegué al Condado de Antrim, al vértice de Irlanda del Norte, donde me esperaba este símbolo del litoral irlandés que gestiona National Trust, una organización benéfica que se encarga de conservar parajes especiales como éste gracias a las aportaciones de sus miembros y de aquellos que como yo los visitan.

El puente colgante de Carrick-a-Rede

Aunque se puede comprar la entrada que permite cruzar el puente allí mismo, yo adquirí la mía en el propio autocar. En mi cabeza las palabras puente colgante, altura y agua bajo mis pies se fusionaban en un solo concepto: mi incontrolable y antipático vértigo. Puede parecer una tontería, pero tener en mis manos ese trozo de papel que anticipaba lo que iba a suceder, de algún modo me envalentonaba para enfrentarme a ello. Había leído que era una experiencia segura, apta para todas las edades, en definitiva, algo superable para mí y estaba más que dispuesta a afrontar el reto que me lanzaba la espectacular naturaleza de Irlanda del Norte.

Recepción de visitantes. Puente de Carrick-a-Rede

Con este pensamiento pululando por mi mente empecé a recorrer el kilómetro que separa el centro de recepción de visitantes del puente de Carrick-a-Rede. Si desde la ventanilla del autocar el paisaje es sobrecogedor, imagina sentirte parte de él. En calidad de asombrada espectadora, bajo una suave lluvia, por un sendero que discurre al borde de una escarpada costa delimitada por titánicos acantilados y que casi hasta el final no te permite vislumbrar tu meta.

La belleza del litoral irlandés. Puente de Carrick-a-Rede

Panel informativo. Puente de Carrick-a-Rede

El azul y el verde del Condado de Antrim. Puente de Carrick-a-Rede

CONSEJO VIAJERO → Si no quieres complicarte con los traslados y aprovechar al máximo el tiempo, te recomiendo este tour que se realiza exclusivamente en español. Está muy bien valorado e incluye, además, la visita a la Calzada del Gigante, la destilería de whisky Bushmills, el pueblo costero de Carnlough, y el castillo de Dunluce donde se rodó la serie Juego de Tronos.

Telescopios en el camino hacia el puente de Carrick-a-Rede

Llegando al puente de Carrick-a-Rede

Aunque había llegado el momento de ahora o nunca, decidí tomármelo con calma y ver cómo el resto de visitantes se enfrentaban a lo que para mí iba a ser un acto de valentía extrema. Unos pasaban despacio, otros aceleraban el paso, con las manos asidas a las cuerdas o sin sujeción alguna, e incluso unas japonesas posaban alegremente como si la altura y el tambaleo del puente no fuera con ellas.

Entrada al puente de Carrick-a-Rede

Visitantes cruzando el puente de Carrick-a-Rede

Estaba nerviosa y mis cortos paseos hicieron que el vigilante de acceso se fijará en mí y hasta me animara a cruzar. «Come on. It’s easy». No quedaba otra. Respirar profundamente y hacer de tripas corazón. Así es como me planté en el primer peldaño de la empinada escalera metálica que desemboca en el puente. Bajé. Primera prueba superada.

Escalera de acceso al puente colgante de Carrick-a-Rede

Me agarré fuertemente a las cuerdas acompañada de un mantra interno que me repetía «tú puedes» y empecé a caminar sobre él. Creo que no he segregado más adrenalina en mi vida. Ahí estaba yo, abandonando el continente y cruzando este puente de 20 metros de largo, suspendido a 30 metros de altura, que se balanceaba a cada paso. Incapaz de bajar la vista en ningún momento y solo pensando en alcanzar lo antes posible la isla de Carrick (“roca” en gaélico).

Dispuesta a cruzar el puente colgante de Carrick-a-Rede

Cuando volví a sentir mis pies en tierra firme, el alivio fue mayúsculo y cuanto pude hacer en ese momento fue darme la vuelta y contemplar el puente desde el otro lado. ¿Por ahí he pasado yo? ¡Imposible! Pues sí, lo hice y me sentí tremendamente orgullosa por haber ganado esa batalla que a muchos les parecerá una tontería pero que para mí era todo un reto.

El puente de Carrick-a-Rede una vez cruzado

Una vez que mi corazón dejó de galopar como un caballo desbocado, mi esfuerzo se vio recompensado con unas fantásticas vistas de la isla de Rathlin, Escocia y la costa de Causeway. Hubiera pasado allí toda la mañana disfrutando de la hipnotizante paleta cromática que me rodeaba, sintiendo la brisa en mi frente y el frío en mi cuerpo, viendo a las olas batirse contra los acantilados, fijándome en cada una sus cuevas y cavernas. Naturaleza en estado puro, así es Irlanda y el puente colgante de Carrick-a-Rede uno más de sus protagonistas.

Recorriendo la isla de Carrick. Puente de Carrick-a-Rede

Isla de Carrick. Puente de Carrick-a-Rede

Acantilados. Puente de Carrick-a-Rede

Vistas desde la isla de Carrick. Puente de Carrick-a-Rede

Aún así, había llegado la hora de regresar y si bien me sentí más segura al volver a cruzarlo tampoco fui capaz de pararme para inmortalizar el momento. Yo sé que lo hice y mi certificado emitido por National Trust lo demuestra.

Certificado National Trust

El origen de este puente se lo debemos a los pescadores de la zona que lo construyeron y utilizaron durante más de 250 años para llegar a una de las mejores zonas de pesca del salmón migratorio. Y es que después de pasar un año en los profundos océanos, el salmón inicia su regreso a los ríos que lo vieron nacer en una ruta migratoria hacia el oeste que pasa por Carrick-a-Rede. La presencia de este promontorio rocoso, los obligaba a desviarse facilitando su captura.

En 2002, la ruta del salmón cambió y los pescadores dejaron de faenar aquí legando este delicado puente al patrimonio irlandés y a los miles de visitantes que se acercan a él. En busca de emociones fuertes, sí, pero también para contemplar todo tipo de aves marinas y caer rendidos al embrujo de un lugar en el que según dicen puedes llegar a escuchar el canto de las sirenas. ¿Mitología? ¿Lo dudas? Estás en Irlanda y acabas de cruzar el puente colgante de Carrick-a-Rede.

Deshaciendo el camino

Eso sí, recuerda siempre que tu seguridad y tranquilidad es lo primero, así que por lo que pueda pasar, haz como yo y contrata un seguro de viajes con Chapka. Para estancias inferiores a 90 días, te recomiendo el Cap Trip Plus por su amplias coberturas. Además, si lo contratas a través de mi web, obtendrás un 7% de descuento usando el código OBJETIVOVIAJAR. No lo dudes, contrata aquí tu seguro de viajes y disfruta de una aventura asegurada.

Cómo llegar al puente colgante de Carrick-a-Rede, horarios y tickets

Ubicación:

119a Whitepark Road, Ballintoy, County Antrim. BT54 6LS

En coche:

Deberás tomar la B15. La Calzada del Gigante está a sólo 7 millas. Recuerda que aquí se conduce por la izquierda.

En autobús:

Ulsterbus 172 desde Coleraine. Ulsterbus 252 y 256 desde Belfast. Servicio 402 Causeway Rambler.

Precio de la entrada:

  • Adultos: 9 libras.
  • Niños: 4.50 libras.
  • Familias: 22.50 libras.

Horarios de Carrick-a-Rede:

Abierto todos los días de abril a septiembre de 9:30 a 15:30h (salvo que las condiciones climatológicas lo impidan).

¿Qué ropa llevar?

El clima de la costa norte suele cambiar constantemente así que conviene ir preparado. Lleva algo de abrigo y un impermeable para protegerte del fuerte viento y la posible lluvia, y calzado adecuado para caminar por los senderos.

Web: Carrick-a-Rede National Trust

CONSEJO VIAJERO → Aquí puedes consultar más excursiones en Irlanda del Norte en español.