Üsküdar, en busca del mejor atardecer de Estambul

Üsküdar, en busca del mejor atardecer de Estambul

Tal vez pueda parecer una tontería, pero posar mis pies en Asia estaba marcado con mayúsculas en la lista de deseos que forjé antes de viajar a Estambul. Una ciudad bendecida por el paso de los siglos, por el arte de quienes la levantaron tan bella, por sus gentes y, sobre todo, por un caprichoso diseño que la obliga a navegar entre dos continentes. El lugar elegido fue Üsküdar, uno de los barrios más antiguos de la parte asiática, a menudo dejado de lado por aquellos que no van más allá de donde dictan las guías, pero que me regaló grandes momentos y uno de los instantes más mágicos vividos en la que fue capital de tres imperios: el mejor atardecer de Estambul.

Aunque la forma más usual y rápida para cruzar al lado asiático es coger el ferry desde el puerto de Eminönü, nosotros embarcamos en Eyüp para recorrer el Cuerno de Oro en toda su extensión y captar nuevas imágenes de una ciudad que ya no era extraña a nuestros ojos. Fue casi una hora de travesía, saltando de orilla a otra, camuflados entre el pasaje local que subía y bajaba en cada uno de los muelles para continuar con sus vidas. Sütlüce, A. Saray, Hasköy, Kasimpaşa, Eminönü, Karaköy…

Navegando por el Cuerno de Oro. Estambul

Puente Unkapani. Estambul

Un té a bordo del ferry. Cuerno de Oro. Estambul

Navegar por el Cuerno de Oro hasta Üsküdar supone revivir el pasado y contemplar el presente de una ciudad que despliega sus alas en sus riberas y que combina credos y culturas a golpe de barrios. El musulmán Eyüp, Balat, donde residen los judíos, Fener, el barrio griego desde los días de Constantino… Y, cómo, no atravesar los puentes que cruzan este puerto natural, al tiempo que desfilan ante ti las siluetas de los minaretes de Süleymaniye o Santa Sofía, la Torre Gálata y soberbios palacios como el Topkapi o el Palacio de Dolmabahçe ya en la orilla europea del Bósforo.

Atravesando el Puente Gálata. Estambul

Palacio Topkapi desde el ferry. Estambul

Unión del Cuerno de Oro y el Mar de Mármara. Estambul

Palacio de Dolmabahçe. Estambul

La primera imagen que percibí de Üsküdar no distaba mucho de otros escenarios de Estambul salvo por el mitin electoral que nos encontramos nada más pisar el puerto. Mezquitas perfilando el horizonte, casas arracimadas, callejuelas empinadas, el trasiego de todo tipo de embarcaciones…

Üsküdar desde el mar. Estambul

Vista de Üsküdar desde el ferry. Estambul

Llegada a Üsküdar. Estambul

A priori, solo la silueta de la Torre de Leandro, varada en una diminuta isla en medio del mar, a unos 200 metros de la orilla, marcaba la diferencia con lo visto hasta el momento. Los turcos llaman a este pequeño baluarte ­­­-construido en el siglo XVIII sobres los restos de una antigua torre bizantina- Kiz Kulesi, la torre de la doncella, en alusión a una de las dos leyendas nacidas en este símbolo de Estambul desde donde partían las rutas comerciales que se internaban en Asia.

Torre de Leandro. Estambul

Como yo soy mucho de cuentos y fábulas, no puedo resistirme a relatártelas. La primera es una historia de amor que protagonizan Leandro, un joven griego, y Hero, sacerdotisa de la diosa Afrodita. Como ambos vivían separados por el estrecho, Leandro cada noche cruzaba a nado el Bósforo guiado por el resplandor de la antorcha que ella encendía, hasta que una noche de tormenta, la tea se apagó y el joven murió ahogado. Cuando Hero se enteró de los sucedido, decidió arrojarse a las aguas y seguir la misma suerte que su amado. La segunda no es menos trágica que la anterior. Según cuentan, un emperador bizantino mandó encerrar allí a su hija para evitar que se cumpliera una profecía que predecía la muerte de la doncella por la picadura de una serpiente. Desgraciadamente, el fatal vaticinio se cumplió y la princesa murió como habían presagiado los oráculos. Leyendas al margen, hoy en día la torre alberga un café-restaurante en el que, por lo visto, se celebran numerosas pedidas de mano.

Callejeando por Üsküdar

Mi primera impresión sobre la orilla asiática del Bósforo fue totalmente errónea y gratamente sorprendente. Üsküdar no es un barrio más de Estambul. Es una amalgama de realidades que nos recuerda a cada paso que estamos en Asia. No solo por la ausencia de turistas, sino por el ambiente que se respira en sus calles, propio de una zona periférica que sigue conservando su esencia. Aquí no encontrarás boutiques de lujo ni locales de moda pero sí arquitectura otomana en cada esquina, casas de madera, mercados populares de frutas, pescado, dulces y especias a precios mucho más asequibles que en los grandes bazares, vendedores ambulantes y niños pescando mientras ven pasar los barcos que se dirigen hacia las Islas Príncipes. El día a día de una barriada que vive sin la contaminación del turismo de masas.

Mercado de Üsküdar. Estambul

Instantáneas de Üsküdar. Estambul

Mercado de Mimar Sinan. Üsküdar. Estambul

En el pasado, Üsküdar se conocía como Crysopolis, la Ciudad de Oro. Algunos apuntan a que su nombre hacía referencia a los impuestos que se pagaban al pasar por el estrecho. Otros al reflejo del sol sobre el mar al atardecer, y los más novelescos a una antigua leyenda que cuenta que allá por el siglo IV los persas olvidaron los talentos de oro que traían de Anatolia.

Selmanağa Camii. Üsküdar. Estambul

Los clásicos mejillones con limón de Estambul

Vendedor de verduras. Üsküdar. Estambul

Empezamos nuestro recorrido junto al animado puerto de Üsküdar, esquivando a los manifestantes que comentaba al principio, hasta alcanzar la Plaza del Muelle. Aquí se alza la Mezquita de Mihrimah Sultán que se empezó a edificar en 1547 por encargo del sultán Solimán el Magnífico para su hija. Como nos recuerda la placa que hay a la entrada, su artífice fue Mimar Sinan, el gran maestro de la arquitectura otomana, y es uno de los ejemplos de külliyes -complejos religiosos y culturales construidos principalmente por las hijas de los sultanes- que podemos encontrar en esta zona.

Mimar Sinan fue el gran maestro de la arquitectura otomana. Üsküdar. Estambul

Mezquita de Mihrimah Sultán. Üsküdar. Estambul

Interior de la Mezquita de Mihrimah Sultán. Üsküdar. Estambul

Muy cerca de aquí está la mezquita Yeni Valide, otro külliye erigido por el Sultán Ahmet III en honor de su madre, y un poco más adelante, a orillas del Bósforo, la pequeña Mezquita de Şemsi Paşa que también fue construida por Mimar Sinan.

Mezquita Şemsi Paşa. Üsküdar

Üskudar, el mejor atardecer de Estambul

Tras deambular un par de horas por las calles que sin aparente orden ni concierto se arremolinan por todo el barrio, volvimos a la costa para cumplir el objetivo viajero que nos había llevado hasta Üskudar: contemplar la puesta de sol a orillas del Bósforo.

Paseo que bordea la costa de Üsküdar. Estambul

Camino del café de las alfombras. Üsküdar. Estambul

Para ello enfilamos el paseo que discurre paralelo al mar confiando en que desparecieran las nubes que teñían el cielo de gris. A nuestro paso encontramos varios restaurantes que tenían sus propios miradores pero no era lo que andábamos buscando. Queríamos llegar a la altura de la Torre de Leandro para localizar lo que se conoce como el café de las alfombras, unas gradas de cemento con esterillas y cojines en el suelo y un puñado de mesas en primera línea de mar. Y en cada uno de los extremos dos pequeños quioscos donde comprar té, algún refresco, pipas y poco más. Un escenario sencillo, diría que hasta humilde, comparado con el espectáculo que estábamos a punto de presenciar.

Recuerdo como si fuera ahora mismo que hacía frío y que me senté hecha un ovillo tratando de calentar mis manos entre sorbo y sorbo de té. Los minutos previos a la puesta de sol solo hacía que preguntarme si las nubes me dejarían disfrutar del que para muchos, entre los que me incluyo, es el mejor atardecer de Estambul.

Café de las alfombras y Torre de Leandro. Üsküdar. Estambul

Esperando la puesta de sol en Üsküdar. Estambul

Así fue. Justo antes del ocaso, el cielo se abrió y para lo que sucedió a continuación faltan palabras. Como dije en su momento, nunca imaginé tan hermosa paleta de colores ni un telón de fondo más perfecto para enmarcarla. Se hizo el silencio, el cielo se tornó naranja y el sol inició su descenso hasta desaparecer por completo como si de una coreografía ensayada al milímetro se tratase.

Pido disculpas porque la calidad de las imágenes no es la que hubiese deseado pero, sinceramente, en aquel puñado de minutos este blog quedaba muy lejos y no quería perderme ni un instante de lo que acontecía frente a mí ajustando mi Nikon para captar la foto perfecta. Es más, aunque la hubiese conseguido, un puñado de píxeles nunca serían capaces de captar tanta belleza: una infinita vista del skyline de Estambul, navegando entre lo antiguo y lo moderno, entre el atardecer y la hora azul. Y de fondo, la llamada a la oración de las mezquitas.

Preferí quedarme con la procesión de sensaciones que recorría mi mente. Estaba asombrada, maravillada, boquiabierta… Y, sobre todo, consciente de que nunca olvidaría este atardecer que acababa de regalarme Estambul.

Empieza el espectáculo. Üsküdar. Estambul

Puesta de sol desde Üsküdar. Estambul

Tras la puesta de sol, la hora azul en Üsküdar. Estambul

Cómo llegar a Üsküdar

Lo normal es coger el ferry en el puerto de Eminönü. El trayecto dura 20 minutos y el precio del billete cuesta poco más de una lira turca. Además, está integrado en la red de transportes de Estambul, por lo que podrás pagarlo con la Istanbulkart.

Horarios de los barcos a Üsküdar

Şehir Hatları. En marzo el último barco regresaba a  Eminönü  a las 23:00h. por lo que puedes aprovechar para cenar en Üsküdar y disfrutar de las vistas nocturnas de Estambul durante la travesía de vuelta.

Cómo llegar al café de las alfombras de Üsküdar

Una vez estés en el puerto camina unos 15 minutos a la derecha junto a la orilla del Bósforo (Harem Üsküdar Sahil Yolu) en dirección a la Torre de Leandro. No tiene pérdida.

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Benicàssim Blues Festival, el mejor blues frente al mar

Benicàssim Blues Festival, el mejor blues frente al mar

Si no tienes ninguna escapada planificada para el fin de semana del 6 al 8 de junio, te propongo una tentación viajera que puede interesarte y que descubrí durante mi paso por la 34ª edición de Fitur: el Benicàssim Blues Festival. Un festival gratuito que ya se ha convertido en una cita imprescindible para los amantes del blues y que un año más volverá a inundar las calles de Benicàssim con las mejores propuestas de este género.

El cartel de este año está formado por las bandas más punteras del momento entre las que destacan Los Mambo Jambo, los barceloneses A Contra Blues -campeones del European Blues Challenge 2014-, los madrileños Edu Manazas & The Whiskey Tren y los vascos Travellin Brothers Big Band. Junto a ellos también actuarán reconocidas figuras como Nico Wayne Toussaint & The Mighty Quarter, el bluesman argentino afincado en Barcelona Tota y su Totablues Band, y la banda castellonense Ferran Bosch Blues Band, entre otros.

Benicàssim II Blues Festival. Foto Miguel A. Muñoz Romero

En total, serán más de 14 actuaciones nacionales e internacionales las que darán forma a la tercera edición de este festival que nos invita a disfrutar durante tres días de la mejor música en directo en los cuatro escenarios que se habilitarán en distintas zonas de la población. Una atractiva propuesta, organizada por el Ayuntamiento de la localidad, en la que también tendrán cabida conciertos didácticos, master class, citas de vermut & blues y una jam session final junto a la playa.

Como la idea de este festival es dar a conocer el blues a todos los públicos, tanto a expertos como a neófitos, también se organizarán demostraciones de baile a cargo de la escuela Castellón Baila, exposiciones de fotografía, presentaciones de discos… Toda una serie de actividades con un trasfondo musical que convertirá por unos días a esta población castellonense en la meca del blues.

Benicàssim II Blues Festival - Foto Miguel A. Muñoz Romero

Además, el Benicàssim Blues Festival coincide este año con un nuevo evento gastronómico  que pondrá de relieve la deliciosa gastronomía benicense. Se trata de las primeras Jornadas Gastronómicas de la Sepia y el Sepionet, que se celebrarán del 2 al 8 de Junio y en las que  numerosos establecimientos hosteleros de Benicàssim ofrecerán menús y tapas basados en estos ingredientes tan típicos del Mediterráneo.

Pero la oferta de ocio y cultura que nos propone Benicàssim no acaba aquí. El Benicàssim Blues Festival es solo uno de los 14 grandes eventos que acoge esta localidad y que la han hecho merecedora de la marca Ciudad de Festivales. Y es que Benicàssim cuenta con un intenso calendario musical y cultural en el que destacan el más que consolidado FIB, el Festival de Habaneras o el Rototom Sunsplash. El Certamen Internacional de Guitarra Francisco Tárrega, el Festival de Teatro con Buen Humor, la Biblioteca del Mar, Benicàssim Belle Époque o el Festival Nacional de Bailes de Salón son otras citas a tener en cuenta cuando planifiques tu visita a este municipio costero. 

¿Y entre concierto y concierto? 

Mi consejo es que te lances a descubrir todos los atractivos que hacen de esta localidad un apreciado y deseado destino turístico. Empezando por su preciosa franja litoral de siete kilómetros que se divide de norte a sur en cinco playas: Voramar, Almadraba, Torre San Vicente, Els Terrers y Heliópolis. Todas ellas cuentan con el distintivo de Bandera Azul de los Mares de Europa y disponen de accesos y pasarelas adaptadas para personas con discapacidad.

Una de las cinco playas de Benicàssim. Foto Miguel A. Muñoz Romero

También puedes disfrutar del entorno natural de Benicàssim, que se caracteriza por los contrastes paisajísticos que le regala su privilegiada ubicación, entre el Mediterráneo y el Parque Natural del Desierto de las Palmas. La oferta de ecoturismo y turismo activo de Benicàssim incluye rutas ecuestres, de senderismo y cicloturismo para todos los niveles. Un buen ejemplo es la Vía Verde del Mar, un trayecto de casi 6 kilómetros adaptado para su circulación a pie o en bicicleta que antaño constituía el recorrido ferroviario entre el municipio y Oropesa del Mar. La Escuela de Vela, por su parte, ofrece actividades enfocadas a la vela ligera, el windsurf y el piragüismo.

Parque Natural del Desierto de las Palmas. Foto Miguel A. Muñoz Romero

Otro de los grandes atractivos de Benicàssim es que cuenta con uno de los patrimonios más encantadores de la costa mediterránea: la Ruta de las Villas. Un itinerario que recorre 21 palacetes que nos trasladan a la Belle Époque benicense y al apogeo del turismo señorial de finales del siglo XIX y principios del XX.

Villa Elisa. Ruta de las Villas de Benicàssim

Como ves, entre concierto y concierto, tienes muchísimas opciones para disfrutar de Benicàssim bajo el sol del Mediterráneo. Un destino que aúna buen clima, playas, historia, cultura, festivales, patrimonio y gastronomía. ¿Te animas a descubrirlo durante el Benicàssim Blues Festival?


 

Gijón, una atractiva ciudad teñida de azul y verde

Gijón, una atractiva ciudad teñida de azul y verde

Si eres un lector habitual de este rincón viajero, ya sabrás que soy una apasionada del mar. Me crié jugando en las playas de Barcelona, al son de Mediterráneo, un tema de Serrat que canturreo cuando extraño su presencia. Por eso ahora quiero hablarte de una de mis ciudades favoritas a la que apodo con cariño mi casa del norte. ¿Quieres conocerla? Está en Asturias y aquí te la muestro: qué ver en Gijón.

En mi anterior escapada por la costa asturiana, Gijón quedó como un destino pendiente, como una espinita clavada en mi corazón marinero. Ahora, tras conocer la capital de la Costa Verde, esa astilla viajera ha desaparecido. Se diluyó en las aguas del mar que la abraza, en el casco antiguo que guarda su memoria, entre cachopos, bocartes y sidrinas, aprendiendo un puñado de palabras en asturiano y disfrutando del calor de los gijoneses.

¿Me gustó lo que vi? Tanto como para decir que Gijón me presta (me encanta). Mis razones, a continuación.

Qué ver en Gijón: los mejores planes para una escapada

Las Letronas de Gijón

Gijón y el mar

Gijón es una ciudad que vive mirando al mar, a un enérgico y poderoso Cantábrico que a veces acaricia su costa y otras la golpea bruscamente en forma de temporal. Un mar que ha marcado su historia a lo largo de más de 5000 años y que le ha regalado un puñado de playas, urbanas o escondidas entre acantilados, que aparecen o desaparecen al ritmo que marca la marea y que los gijoneses disfrutan sin atender a los dictados del calendario.

Gijón, el mar y el sonido de una gaita

La playa principal, y en mi opinión la más bonita, es la de San Lorenzo. Tiene forma de concha, está bordeada por un precioso paseo marítimo de casi tres km. y dicen que es uno de los mejores lugares de España para practicar surf. En ella se encuentra La Escalerona, una de las construcciones más famosas de la ciudad cuya terraza se asemeja a la proa de un barco. La Playa de Poniente, por su parte, es un extenso arenal situado en la parte oeste de la ciudad, junto al puerto deportivo, que se creó en la década de los 90.

Playa de San Lorenzo. Gijón

La Escalerona. Paseo de San Lorenzo. Gijón

Puerto deportivo de Gijón

Lamentablemente, no tuve tiempo de visitar el resto de playas de Gijón pero te puedo asegurar que contemplar el mar apoyada en la barandilla del paseo fue uno de los regalos más preciados que he traído en mi maleta de vuelta. Ya lo dije al principio, lo mío con el mar es pura adicción.

Contemplando el Cantábrico en Gijón

Qué ver en Gijón: el barrio de Cimavilla

Cada ciudad tiene un rincón especial que la hace única. En el caso de Gijón se llama Cimavilla, el antiguo barrio de pescadores, marisqueras y cigarreras, en torno al cual Gijón desplegó sus alas. Un cerro cargado de historias marineras, de vestigios arquitectónicos y de plazuelas donde corre la sidra. Un barrio que concentra la esencia de Gijón y pide a gritos ser fotografiado.

Yo pude conocerlo durante un recorrido guiado de dos horas que me mostró lo mejor de su pasado y lo más destacado de su presente.

Barrio de Cimavilla. Gijón

Callejeando por Cimavilla. Gijón

Así fui descubriendo rincones como la Iglesia Mayor de San Pedro, que remata los jardines de Campo Valdés junto a las Termas Romanas. Este yacimiento-museo alberga los restos de los baños públicos que existieron en la ciudad y una parte de la muralla del siglo III d.C.

Iglesia de San Pedro. Gijón

Monumento a Octavio Augusto. Plaza Campo Valdés. Gijón

Termas romanas de Campo Valdés. Gijón

También me resultó muy interesante recorrer las salas del Museo Casa Natal de Jovellanos. Además de recuerdos del hijo más ilustre de Cimavilla, y de pinturas y esculturas de artistas asturianos contemporáneos, este museo guarda un tesoro en su interior. Se trata del Retablo del Mar, la obra maestra del escultor Sebastián Miranda que ensalza en madera la ancestral tradición pesquera de este barrio.

Retablo del Mar de Sebastián Miranda. Casa Natal de Jovellanos. Gijón

La Torre del Reloj, la plazuela de la Corrada, la calle del Rosario con sus casas típicas, la Capilla de La Soledad -antigua sede del Gremio de Mareantes- o la Cuesta del Cholo son otros de los nombres propios que hacen de Cimadevilla un barrio realmente atractivo. Por no hablar de sus plazas, llenas de sidrerías y animadas a cualquier hora. Un buen ejemplo es la Plaza de Arturo Arias, más conocida como la Tabacalera.

Capilla de Nuestra Señora de la Soledad. Gijón

Plaza Periodista Arturo Arias. Gijón

Antigua casa de pescadores. Gijón

Rincón de la Plaza de la Corrada. Gijón

Tras callejear por las empinadas cuestas del barrio, enfilamos la calle Artillería para subir al Parque del Cerro de Santa Catalina desde donde se divisan unas fantásticas vistas de la costa gijonesa. Aquí se encuentra el que está considerado el símbolo universal de Gijón: el Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida. Una enorme escultura de hormigón que emerge en la península de Cimavilla y que yo interpreté como un gran abrazo que acoge entre sus brazos la ciudad que discurre a sus pies. Una curiosidad: Chillida concibió esta escultura para ser contemplada desde su interior ya que se crea un efecto caracola que permite escuchar el eco del mar y que se magnifica al estar asentada sobre un antiguo búnker militar.

Elogio del Horizonte. Cerro de Santa Catalina. Gijón

El tiempo pasado en el Cerro de Santa Catalina fue otro de mis momentos estrella en Gijón. Puse la mente en blanco, respiré profundamente y dejé que la brisa del viento y el batir de las olas se filtraran por cada poro de mi cuerpo para llevarme conmigo un trocito del Cantábrico.

Parque del Cerro de Santa Catalina. Gijón

Nuestra visita guiada acabó en la Plaza del Marqués, frente al Palacio de Revillagigedo y bajo la atenta mirada de la estatua del Rey Pelayo que luce en su mano derecha la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias.

Plaza del Marqués. Gijón

Monumento a Pelayo. Gijón

A partir de aquí continué caminando sin rumbo fijo en compañía de Marta Aguilera, para descubrir otros rincones de la ciudad como la Plaza Mayor, sede del Ayuntamiento, el Árbol de la Sidra y la Capilla de San Juan Bautista, la Capilla de San Lorenzo y, cómo no, las famosas Letronas de Gijón situadas al lado del puerto deportivo.

Ayuntamiento de Gijón

El árbol de la sidra y la Capilla de San Juan Bautista. Gijón

Capilla de San Lorenzo y Torre de los Jove-Hevia. Gijón

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Aunque no forman parte del conjunto de Cimavilla ya que se encuentran alejadas del centro, sería injusto no nombrar las otras dos joyas de la ciudad: el Jardín Botánico Atlántico y la Laboral Ciudad de La Cultura. Este monumental edificio ideado por el arquitecto Luis Moya, donde confluyen cultura, arte, ocio y educación, fue el escenario elegido para celebrar los talleres y ponencias del #TBMGijón.

Laboral Ciudad de la Cultura. Gijón

En Gijón se vive bien y se come mejor

Si algo me ha quedado claro tras visitar Gijón es que es una ciudad amable, que vive de puertas afuera, que combina con acierto su carácter marinero con su faceta más moderna e innovadora y que además es un destino turístico sostenible ya que ostenta la certificación Biosphere Destination.

Respecto a la gastronomía, en Gijón es una forma de vida. No es de extrañar teniendo en cuenta que su condición de municipio costero les permite preparar exquisiteces como sopas de pescados y mariscos, pulpu con patatines, fritos de pixín, cachopos, bocartes o calamares de potera, entre otras muchas especialidades locales. ¿Un lugar para comer? Mi recomendación sería la Sidrería Los Espumeros, en Cimavilla. Todo lo que sale de su cocina es casero y sus cachopos son una delicia.

La sidra nunca falta en Gijón

Ensalada Los Espumeros y cachopos de pollo. Sidrería Los Espumeros. Gijón

Aunque no tuve tiempo de visitar un llagar, sí pude comprobar que la sidra en Gijón es mucho más que una bebida, es un símbolo de identidad. La excusa perfecta para compartir cualquier momento entre culín y culín. Eso sí, como dicen los del terreno, quien escancia no come. Si estás interesado en profundizar en el mundo de la sidra, puedes apuntarte a la Ruta de la Sidra Gijón, un producto turístico que te permitirá disfrutar de todos los matices de la cultura de la sidra.

Las noches de Gijón

Como no puedo hablarte en primera persona ya que le agotamiento me impidió disfrutar de la noche gijonesa, te remito al estupendo artículo de JR Álvaro González, Gijón, all night long, que recoge los mejores pubs para salir de marcha, entre los que no falta La Plaza, cuna del movimiento Xixón Sound.

Bar La Plaza. Gijón

Me dio mucha rabia porque iba con la lección bien aprendida pero no importa. Ya tengo una excusa más para volver. Espero que tú, tras conocer qué ver en Gijón, también lo hagas.

Sigue descubriendo Asturias:

Girona, Temps de Flors 2014

Girona, Temps de Flors 2014

La semana pasada tuve la oportunidad de viajar a Girona para conocer de primera mano todos los detalles de la 59ª edición de Girona, Temps de Flors, el festival de flores, monumentos, patios y jardines que tendrá lugar en la capital gerundense del 10 al 18 de mayo.

Cartel Girona, Temps de Flors

La presentación se inició en propio AVE que nos llevó hasta Girona con una serie de sorpresas que consiguieron transmitirnos la esencia un festival que atrae cada año a más de 200.000 visitantes. Y es que, además de conocer las principales novedades de esta edición de las mano de los representantes del Ayuntamiento de Girona y del sector hostelero, pudimos ver cómo un grupo de voluntarios realizaban un arreglo floral a 300 kilómetros por hora y degustar algunas exquisiteces de la gastronomía local, como los típicos xuixos o la ratafía, un licor dulce que se elabora a partir de nueces tiernas mezcladas con varias plantas aromáticas. Todo ello amenizado por las increíbles voces de la Associació dels Amics de l’Òpera de Girona.

Creación floral en el AVE

Amics de l'Òpera de Girona

Una vez llegamos a Girona, tras darnos la bienvenida en el Teatro Municipal, iniciamos una visita guiada para conocer algunos de los escenarios de la ciudad en los que se desarrollará este festival que engloba 185 proyectos florales distribuidos en 145 espacios (82 patios, 54 monumentos y 9 jardines). Durante el recorrido pudimos descubrir el rico patrimonio histórico-artístico que atesora esta pequeña ciudad: la Catedral, los baños árabes, el románico catalán de Sant Nicolau y Sant Pere de Galligants, la Rambla, el paseo arqueológico, la preciosa estampa de las casas de colores sobre el río Onyar y el encanto de las callejuelas del Call, una de las juderías mejor conservadas de toda Europa.

Las casas de colores sobre el río Onyar. Girona

Catedral de Girona

Principales novedades de Temps de Flors 2014

Entre las principales novedades de esta edición destaca la apertura de los sótanos de la Catedral de Girona, un espacio monumental único donde las flores serán las protagonistas y que pondrá al descubierto los restos de la muralla y de la torre carolingia. También reabrirá sus puertas la Casa Pastors con la exposición «Color latente», una selección del fondo municipal de arte contemporáneo podrá visitarse hasta el 14 de septiembre.

Otros escenarios donde se podrá vivir la magia de Temps de Flors son las Escaleras de Sant Llorenç en las que se realizará un montaje floral que cubrirá en vertical las paredes de este rincón emblemático situado en pleno corazón del Call. Por su parte, en el Palau de Caramany, más conocido como la casa Pérez Xifra, se expondrán los proyectos del Curso de Maestros Floristas de España.

Carrer de Sant Llorenç. Girona

La Cisterna de Torre Gironella, el tejado de los Baños Árabes -en el que se rendirá homenaje a Nelson Mandela-, y el Castell del portal de Sobreportes son otros de los rincones que llenarán Girona de flores. Y cómo no, el río Onyar cuya imagen es el emblema de la ciudad y que servirá de escenario para un proyecto floral sobre la leyenda de la Cocollona.

Baños árabes de Girona. Foto Mariona Otero

Otra de las novedades de Temps de Flors es que este año la Plaça dels Jurats de Girona acogerá un proyecto a cargo de los voluntarios de los Amigos de las Flores, en recuerdo a María Cobarsí, una de las fundadoras de Temps de Flors. El lugar elegido es la misma oficina donde María trabajaba y coordinaba a todos los voluntarios que a lo largo de estos años han hecho posible esta exposición floral.

Música, gastronomía y cultura

Para hacer más atractiva aún si cabe la agenda que nos propone Girona durante estos ocho días, se celebrarán 60 conciertos entre los que destacan los 14 recitales organizados por Girona A Cappella Festival. Y es que la tercera edición de este festival que ya se ha convertido en todo un referente de la música a capella en el sur de Europa coincide con la exposición Girona, Temps de Flors. En el cartel de este año destaca la presencia de la formación londinense The Swingle Singers -ganadora de 5 Grammy-, el sexteto cubano Vocal Sampling y los catalanes The Hanfris Quartet, considerados una de las mejores formaciones europeas del género Barbershop.

Plaça de la Independència. Girona

Por su parte, la gastronomía también jugará un papel muy importante gracias a la tercera edición de #Gastroflors, en la que 35 establecimientos de la Asociación de Hostelería de Girona y Radial ofrecerán menús elaborados con flores.

Otro aliciente extra es que se podrán visitar los restos del baño ritual o micvé en el Centro Bonastruc de Porta de la ciudad catalana. Un reciente descubrimiento que pone de manifiesto la importancia del patrimonio judío gerundense. Además, para celebrar el Día Internacional de los Museos, el colectivo de GironaMuseus realizará una jornada de puertas abiertas el 18 de mayo y llevará acabo la iniciativa «Un museo en el escaparate», exponiendo piezas de sus museos en los escaparates de algunas de las tiendas más emblemáticas de la ciudad.

Como ves, la oferta de actividades de Girona, Temps de Flors es muy atractiva y supone una oportunidad fantástica para descubrir la cara más primaveral de una de las ciudades más interesantes de Catalunya. Si te animas a participar en esta explosión de flores, colores, olores, sabores, creatividad, música y cultura, debes saber que Renfe ofrecerá 60.000 plazas en los trenes de Alta Velocidad durante el festival. Además, se pondrán a la venta 16.000 plazas promocionales con destino Girona que permitirán viajar desde Zaragoza por 21 euros y desde Madrid por 34 euros.

 Más información: Girona Temps de Flors

Postales de Eyüp: una mezquita, un cementerio y un té en el Café Pierre Loti

Postales de Eyüp: una mezquita, un cementerio y un té en el Café Pierre Loti

Una de las cosas que más me gusta hacer cuando viajo a una ciudad es reservar un tiempo para recorrer las zonas menos turísticas, aquellas que normalmente no aparecen el las listas de qué ver en tres días y que suelen mostrar una visión mucho más cercana a la realidad que los tópicos que pueblan nuestro imaginario colectivo. Estambul no iba a ser una excepción y por ello una soleada mañana de viernes encaminé mis pasos hasta Eyüp. Había leído que está considerado el barrio musulmán más auténtico, el más conservador y fiel a las tradiciones. Un territorio sagrado para el Islam cuyo epicentro es la mezquita que le da nombre.

Eyüp está situado fuera de las murallas de la antigua Constantinopla, a orillas del Cuerno de Oro, ese capricho en forma de ría que divide la parte europea de la ciudad en dos. A un lado, el viejo Estambul de Fatih, Sultanahmet y Eminönü. En la otra ribera, la Estambul más moderna de Beyoğlu que se viste en las tiendas de moda de la Istiklal Caddesi, se maquilla y tira de iPhone.

Eyüp. Estambul

Tras mirar todas las opciones para llegar a Eyüp, me decanté por ir en autobús. Es menos complicado tomar el ferry que discurre por el Cuerno de Oro pero, ya que la idea inicial era vivir como un local más, me lancé a la aventura de encontrar el nº 39B que sale de la estación de autobuses de la Universidad. Fue un poco caótico porque muchas paradas no indican qué buses pasan por allí, pero en Estambul siempre hay alguien dispuesto a ayudarte en un inglés de estar por casa o echando mano del lenguaje universal de los signos. Una vez localizado todo fue sobre ruedas. Tanto el conductor como el resto de pasajeros enseguida repararon en que éramos los únicos extranjeros y se desvivieron por darnos todo tipo de indicaciones. ¿Acaso pensabas que exageraba cuando hablaba de la extraordinaria amabilidad de los turcos?

Rumbo a la Universidad de Estambul

Autobús 39B. Estambul

Qué ver y hacer en Eyüp

Cuando llegamos a nuestro destino nos encaminamos al corazón de esta barriada: la Mezquita de Eyüp Sultan. Según cifras oficiales, en el área metropolitana de Estambul hay más de 3.000 mezquitas y aunque, por supuesto, no las visité todas, sí que puedo decir que junto a la de Rüstem Paşa fue de las que me calaron más hondo. No por su arquitectura porque no es de las más grandes ni deslumbrantes de la ciudad, sino por el fervor religioso que la envuelve. Y es que esta mezquita ocupa el cuarto lugar en la jerarquía de espacios sagrados del Islam después de La Meca, de Medina y de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, y por tanto es un veneradísimo enclave que atrae a numerosos peregrinos.

Mezquita de Eyüp Sultan. Estambul

Nada más cruzar el umbral de la entrada te das cuenta de que estás en un sitio muy especial. No estás visitando una mezquita más. Estas entrando en el lugar donde las crónicas cuentan que murió y fue enterrado Ayyub Al-Ansari, el portaestandarte del profeta Mahoma, en el asalto islámico a Constantinopla del año 670. Su tumba permaneció perdida durante siglos hasta que el sultán Mehmet II logró localizarla en 1453 y construyó en torno al sepulcro este complejo religioso.

Patio exterior. Mezquita de Eyüp Sultan. Estambul

Fuente de las abluciones. Mezquita de Eyüp Sultan. Estambul

La espiritualidad que emana Eyüp Sultan es difícil de explicar con palabras. Decenas de mujeres orando en el gran patio central, hombres entregados al ritual de la ablución para desembarazarse del estado de impureza, niños vestidos de blanco que parecen sacados de un cuento de las mil y una noches y que acuden con sus familias para celebrar el día de su circuncisión, devotos apostados frente a la cancela de plata que custodia la tumba… Y rezos y más rezos resonando en cualquier rincón. Letanías que captaban mis oídos pero que mi mente occidental no alcanzaba a comprender.

Mujeres rezando en el patio central de la Mezquita de Eyüp. Estambul

Patio interior de la Mezquita de Eyüp. Estambul

El azar quiso que nuestra llegada coincidiera con el momento de la oración del mediodía por lo que nos tocó esperar para entrar. Aproveché esos minutos para leer un folleto sobre el Islam, distribuido por la Oficina de Asuntos Religiosos de Estambul, que cogí en la Mezquita Azul. Tal vez fue por puro instinto pero sentí la necesidad de intentar comprender un poco más el mundo que en aquel momento giraba a mi alrededor. Así descubrí que la Oración del Viernes es opcional para las mujeres pero obligatoria para los hombres, que los tiempos de las oraciones se calculan según el movimiento del sol de manera que cambian en función de las estaciones y que si los musulmanes varones se colocan para rezar hombro con hombro es porque así simbolizan la igualdad de todos los creyentes. ¿Otro dato que me llamó la atención? En el Islam, cada ser humano nace libre de pecado. No existe el pecado original y cada persona es responsable de sus propios actos.

Interior Mezquita de Eyüp, Estambul

El edificio que podemos contemplar hoy en día data del siglo XIX ya que la edificación original quedo destruida por un terremoto. Aún así está considerado una obra maestra del estilo otomano y su combinación de mármol blanco, oro y trabajados azulejos es realmente bonita. A diferencia de otras mezquitas, la zona reservada para las mujeres en Eyüp Sultan está situada en la planta superior.

Detalle del interior de la Mezquita de Eyüp. Estambul

Tras este breve pero sobrecogedora aproximación a la cultura islámica, que debo confesar revolvió mis emociones, pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: el Café Pierre Loti y el precioso cementerio que discurre a lo largo de la colina de Eyüp. El origen del cementerio y del propio barrio está precisamente en la construcción de esta mezquita ya que muchos seguidores del precepto coránico eligieron esta zona para su última morada al considerar que era todo un privilegio yacer cerca de la tumba de la mano derecha de Mahoma. Con el paso de los siglos, la necrópolis fue copando toda la ladera convirtiendo esta montaña en un auténtico museo funerario al aire libre.

Cementerio de Eyüp. Estambul

Si no te apetece subir a pie la calzada que discurre por el camposanto y finaliza en lo alto de la colina, puedes utilizar el teleférico que en un par de minutos te llevará hasta el mirador de Pierre Loti. Es más que probable que tengas que sufrir largas colas pero merece la pena si quieres ahorrarte la subida. Además, está integrado en la red de transportes de Estambul, por lo que podrás pagarlo con la Istanbulkart.

Teleférico de Eyüp, Estambul

Una vez allí, comprobarás que la fama de este mirador es bien merecida: las vistas del Cuerno de Oro enmarcado por la colosal Estambul son únicas.

Cuerno de Oro. Estambul

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Vista el Cuerno de Oro. Estambul

Tampoco te resultará fácil resistirte a la tentación de conseguir una mesa en la terraza del Café Pierre Loti, uno de los más frecuentados la ciudad y en mi opinión uno de los rincones más encantadores de Estambul. Tras haberlo visitado y disfrutado saboreando un delicioso té, comprendí porqué el novelista y aventurero francés Julien Viaud, conocido con el seudónimo de Pierre Loti, acudía hasta aquí en busca del favor de las musas. Imposible encontrar un lugar mejor para inspirarse que éste, frente a la relajada belleza de un puerto natural marcado por el peso de la historia, por los cientos de navíos romanos, bizantinos y otomanos que surcaron sus aguas. Un brazo de mar llamado Cuerno de Oro cuya imagen me acompañará para siempre.

Café Pierre Loti. Estambul

Relax con vistas. Café Pierre Loti. Estambul

Exterior del Café Pierre Loti. Eyüp. Estambul

Me hubiera encantado permanecer allí hasta la puesta del sol para comprobar si, como dicen, sus aguas se tiñen de color dorado, y seguir imaginando como sería la ciudad en el siglo XIX, tal y como la conoció Pierre Loti. Pero las ganas de callejear un poco más por Eyüp hicieron que nos levantáramos de la mesa y nos despidiéramos de este precioso rincón con una sonrisa en los labios.

La bajada sí la hicimos por el camino que recorre el cementerio, entre cipreses, algarrobos y castaños, parándonos cada dos por tres ante las lápidas y tumbas que se desparraman ladera abajo. Observando el paisaje y el paisanaje. La cálida luz de Estambul colándose por las ramas de los árboles, retazos del Cuerno de Oro, un mujer de avanzada edad leyendo sentada sobre una tumba, familias enteras subiendo las empinadas cuestas para compartir unos minutos con sus seres queridos… La vida y la muerte dándose la mano.

Vista de la Mezquita de Eyüp desde el cementerio. Estambul

Cementerio musulmán de Eyüp. Estambul

Tras volver a la gran plaza que se extiende junto a la mezquita, que seguía tan transitada como unas horas antes, nos olvidamos del mapa para deambular sin rumbo fijo por Eyüp. Para captar más imágenes de su día a día, para profundizar en su atmósfera y para impregnarnos del ambiente cotidiano de un barrio marcado por la profunda religiosidad que profesan sus habitantes. Un barrio que en sí mismo parece otra ciudad pero que no deja de ser un rostro más de la mágica Estambul.

Callejeando por Eyüp. Estambul