por Alícia Bea | Jun 20, 2013 | Italia
Todo viaje tiene un previo, un desarrollo y un después. Ahora estoy en el momento remember de mi blog tour a Cesenatico y, tal y como prometí, me dispongo a relatarte un puñado de historietas que pueden ser dignas de ser contadas (o no). Vaya por delante que voy a saltarme un poco el estilo narrativo que acostumbro a utilizar y que voy a contártelo como si te tuviera enfrente en la barra de un bar. En petite comité. O lo que es lo mismo, pienso ofrecerte la extended version que tuvieron que soportar amigos y familiares a mi regreso. ¿Mi intención? Acordarme de ello cuando pinte canas y hacerte partícipe de cómo un retraso en un vuelo puede acabar convertido en el guión de una película con aspiraciones a ser filmada por los Coen. Además, si mis abnegados allegados se echaron unas risas bien aparentes, no es justo que tú, que me lees y das vida a esta bitácora, te quedes al margen de la fiesta. Si quieres salir corriendo, ahora es el momento. ¿Te quedas? ¡Genial! Arrancamos.
Chapter 1
El vuelo (Creo que hubiéramos llegado antes nadando)
Cast: Sara, Kiba y yo
El modo más rápido para llegar a la hermosa Cesenatico es en avión. En 2h30m aproximadamente, te plantas en Bolonia desde Madrid y desde allí tienes que coger el tren (otras dos horas y pico) para disfrutar de la bella vita. El viaje es largo sí pero, tras mis dos entradas anteriores, espero haberte convencido de que esta población costera de Emilia-Romagna vale la pena y mucho.
Nosotras lo teníamos todo calculado. Aterrizaríamos en Bolonia a las 18:15. Teniendo en cuenta los 20 minutos que tarda el Aerobús en llegar a la estación de Bologna Centrale, coger el tren a Rimini de las 18:58 sería imposible pero al de las 20:06 llegaríamos de sobra. ¡Ilusas! El primer grupo de transporte aéreo en España, tercero en Europa y sexto del mundo en términos de facturación (no lo digo yo, lo dice su web), decidió regalarnos un bonito retraso de hora y media. Cuadrante al carajo.

Nos plantamos frente a la máquina expendedora de billetes a las 20:14 -miré la hora en el móvil, señoría. El último tren a Cesenatico, vía Ferrara y Ravenna, salía en dos minutos. Comprar el billete, localizar la vía…Ni Speedy Gonzales lo hubiera conseguido. Ya era un hecho. Estábamos literalmente tiradas en Bolonia. ¿Contactar con la organización del blog tour? Descartado, menuda faena hacerles recorrer 200 km para venir a buscarnos. ¿Un taxi? No creas que no se nos pasó por la cabeza, pero pagar 150€ para llegar al camping como que no. Además, ya me imaginaba la escena. Aparecemos a las mil, lógicamente ya no nos espera nadie, y acabamos despertando al vigilante de seguridad para contarle la película de que somos dos blogueras españolas que tenemos reservado un Riviera Cottage. Demasiado friki hasta para mí…
Chapter 2
Kiba’s eye (De suero fisiológico a soluzione fisiologica va un mundo)
Cast: Kiba, el farmacéutico espeso y yo
Podríamos habernos cabreado, maldecir porque las horas que íbamos a pasar en Cesenatico menguaban por momentos etc., etc. Pero no. Yo estaba en plena borrachera de sueño, un curioso fenómeno que me ocurre cuando voy mal dormida pero me lo estoy pasando genial- y decidí tomármelo toooodo con mucha calma. Al fin y al cabo estaba de viaje, tenía tabaco y Sara, esa chica que había conocido en persona seis horas antes en Barajas, resultó ser un encanto de niña que, como yo, no estaba dispuesta a que ninguna compañía aérea le fastidiase la escapada.
En esas estábamos cuando nos acordamos que antes de coger el tren queríamos pasar por una farmacia a comprar suero para la preciosa mascota de cuatro patas de Sara. Kiba tenía una pequeña infección en el ojo y nosotras, a estas alturas, todo el tiempo del mundo.

Al lado de la estación había una así que allá fui, arengada por Sara que decía que mi italiano era buenísimo. Enseguida me di cuenta que el “a little” que me respondió el farmacéutico boloñés en respuesta al manido “do you speak english?” fue más que generoso. No me entendía ni pa trás. A modo de resumen: probé con “acqua per gli occhi”, “physiologic saline solution”, le dije que tenía un pequeño “dog”, él interpretó “doc” y acabó preguntándome que si me había enviado el doctor por qué no me había dicho el nombre del medicamento… Apuff… Por mucho que lo intentaba no podía aguantar la risa. La situación era almodovariana. Tirada en Bolonia, sin saber dónde iba a dormir, comprando suero para un perro y frente a un tipo que me miraba como si fuera una marciana. No sé cómo pero acabé repitiendo de forma compulsiva “suero fisiológico”, alternándolo con algún “guau, guau” para ver si así lo pillaba. Hasta que se obró el milagro y el hombre me espetó con toda su pachorra: ”Ahhhh… Soluzione fisiologica”. No sabía si darle un beso o matarle. No hice ni una cosa ni otra. Sonreí y salí a la calle victoriosa con mi colirio en la mano.
Chapter 3
Una hamburguesa de camuflaje, Autopromotec y una expedición casi imposible (Cuando todo parecía perdido… va la cosa y empeora)
Cast: Sara, Kiba, dos buenos samaritanos, Alberto y yo
El tema de la cena lo solucionamos en un pispás. En toda estación que se precie tiene que haber un McDonald’s y la de Bolonia acataba esta premisa. Eso sí, en la puerta lucía una bonita señal de cani non ammessi. En situaciones normales hubiésemos buscado una alternativa, pero como ésta de normal no tenía nada, activamos el modo ponerse el mundo por montera, metimos a Kiba en su trasportín y que fuera lo que Dios quisiera (versión para creyentes) o lo que decida el Karma (para seguidores de Me llamo Earl). Ni se enteraron de la presencia de Kiba…
Ahora venía la prueba final de nuestro particular Pekín Express a la italiana: encontrar alojamiento. A priori no parecía nada del otro mundo y presumimos que ganaríamos nuestro amuleto sin complicaciones. ¡Zas en toda la boca! No contábamos con un duro rival: Autopromotec 2013, una feria bienal de equipamientos y productos para el automóvil que no tenía otra fecha para celebrarse que justo ese fin de semana. No bastaba con el handicap de que aceptaran a nuestro adorable perrito, además teníamos que luchar por una cama a las once de la noche.
Tras varios intentos frustrados, empecé a pensar en un plan B, C y D. El B: mandar un S.O.S. por Twitter. El C: como era viernes y estábamos en una de las ciudades universitarias por excelencia de Europa, muy mal se nos tendría que dar para no encontrar algún couchsurfero por el centro de Bolonia. El D: volver al aeropuerto y dormir allí con Alberto. Y es que el tercer integrante de la Camping People ya sabía, por la hora de llegada de su vuelo, que le iba a tocar dormir en el aeropuerto por narices. Antes de que preguntes, sí. Fue el último en salir de Madrid y el primero en llegar al Cesenatico Camping-Village. De hecho, lo sacamos de la cama cuando por fin llegamos a nuestro destino a la mañana siguiente. Así somos los blogueros. Gente abierta y sin complejos… Si hay que conocer a alguien en pijama, se le conoce y punto. Y más aún si resulta ser un crack como él. Conocimiento previo: un puñado de MD en Twitter.

Sigo. Cuando la esperanza de ver una sábana se apagaba por momentos, apareció nuestro particular ángel de la guarda nº 1. Un encantador italiano que paseaba a su cachorro. Fue él quien nos habló de una pensión cercana. Tras arrastrarnos por los 800 metros que nos separaban de ella -el cansancio era ya demoledor-, conocimos a nuestro ángel de la guarda nº 2. Estaba detrás del mostrador, materializado en forma de recepcionista. No pienses que no doy el nombre de la pensión por no hacerles publicidad gratuita. Al revés, según las normas, no admiten perros y no quiero causarle ningún problema a este buen samaritano que hizo la vista gorda con Kiba. Si quieres saber cuál era, te lo digo en privado.
Y hasta aquí nuestra precuela boloñesa. A la mañana siguiente alcanzamos nuestro objetivo y nos incorporamos, por fin, al blog tour #cesenaticobellavita. Económicamente hablando, llegar a Cesenatico fue una ruina. Personalmente y pese a todo, una gozada. Hacía tiempo que no me reía tanto. Bendita sensación, por cierto. Ya puedes levantarte de tu butaca y encender el móvil. La comedia ha terminado.
THE END
Nota mental 1: Lo poco que pude ver de Bolonia me gustó mucho. Tengo que volver.
Nota mental 2: Que nadie se confunda. La organización de este blog tour fue espléndida. Ellos no tuvieron nada que ver con nuestra odisea boloñesa.
Nota mental 3: Si me dieran un Oscar al mejor guión, en mi speech, obviamente, compartiría la preciada estatuilla con el fantástico elenco de co-protagonistas que me acompañaron en esta aventura: Sara, Alberto y Kiba.


por Alícia Bea | Jun 12, 2013 | Italia
Que no llueva mañana, que no llueva mañana, que no llueva mañana… Finalmente, nuestro mantra funcionó y, a modo de despedida, Cesenatico nos regaló una mañana de domingo apacible y soleada. Perfecta para navegar. Cuando llegamos al puerto-canal, a las nueve de la mañana, el sol, remolón y tímido, se hacía de rogar. Aun así, la ausencia de nubarrones en el cielo presagiaba que esta vez el paraguas no saldría de la mochila.

Allí estábamos los tres integrantes de dos piernas de la Camping People – Sara, Alberto y la que narra el cuento- y nuestra mascota de cuatro patas, Kiba. Aunque escudriñaba el barco con recelo y husmeaba inquieto en tierra firme, sus ojos le delataban. Le podía la curiosidad y con su mirada parecía decirnos: “me da miedo el agua sí pero, si hay que subir al barco, se sube”. Kiba, nosotros, el resto de bloggers y nuestras maletas. ¿Maletas? Sí. Sara y yo teníamos el vuelo de regreso a Madrid a las 18:45 y, tras la experiencia del vuelo de ida -próximamente en tu pantalla-, decidimos cargar con ellas hasta que llegara el momento de coger el tren rumbo a Bolonia. Queríamos exprimir las horas que nos quedaban en suelo italiano y volver al camping para recogerlas suponía una pérdida de tiempo que no quisimos asumir.



Tras asistir a la ceremonia de izado de las velas a la antigua usanza, embarcamos en una de las joyas del Museo della Marineria de Cesenatico: un trabaccolo de 1925 construido en Cattolica, una localidad de la provincia de Rímini. ¿Su nombre? Barchèt. ¿Sus medidas? 13.40 metros de eslora y 3.80 metros de manga. ¿Su magia? Está perfectamente conservado y solo sale a navegar una vez al año. Salvo este 2013, claro.
Una vez a bordo, pusimos rumbo a mar abierto. Fotos y más fotos, charlas viajeras con los demás bloggers y con la tripulación, subir mis impresiones a las redes sociales… ¡Alto! Me habían mencionado en un tuit: “The crew sayd at @objetivo_viajar: ‘we aren’t on cruise! Why you have a luggage?” Yo no me percaté que uno de los marineros me había hecho ese comentario al subir las maletas al barco y fue la simpatiquísima Liliana Monticone quien inmortalizó en 81 caracteres el momento “¿si no estamos en un crucero por qué llevas equipaje?”.
Anécdotas 2.0 al margen, la travesía, como puedes imaginar, fue magnífica. Más aún para una sirena varada en Madrid que extraña muchísimo el Mediterráneo que baña Barcelona. Seguramente por esa ansia de mar que a veces me invade, en un momento dado decidí desconectar. Olvidar por unos minutos que si estaba allí era porque estaba trabajando. No más Facebook, ni Twitter, ni Pinterest… Era mi momento. Íntimo y personal. El Adriático y yo. Y en mi cabeza, sin previo aviso, empezaron a sonar las notas de una de las canciones más maravillosas que han escuchado mis oídos, Caruso, interpretada por el maestro entre maestros, Luciano Pavarotti. Esta fue la banda sonora que mi mente escogió para detener el tiempo.









por Alícia Bea | Jun 6, 2013 | Toma nota
Tras el éxito de convocatoria alcanzado en 2012, con más de 85.000 participantes, arranca una nueva edición de las Rutas Culture Cocktails. Una iniciativa de la empresa Ministry of Cocktails, creada para difundir la cultura de la alta coctelería, reforzar la oferta turística y gastronómica de las ciudades que forman parte de estas rutas y difundir los atractivos de los establecimientos participantes.
El año pasado se pusieron en marcha 9 rutas de degustación de cócteles con el apoyo de los ayuntamientos, oficinas de turismo y gremios de hostelería de ciudades como Barcelona, Madrid, Ibiza o Málaga. En esta nueva edición, las rutas Culture Cocktails se amplían a 32 ciudades repartidas por casi toda la geografía española que engloban un total de 500 locales. El respaldo institucional y empresarial a este proyecto pone de manifiesto que la cultura del cóctel ha despertado con fuerza en España y que los cócteles de calidad son un recurso turístico más a tener en cuenta.
Estas rutas, además, servirán para escoger de forma popular el mejor local de cócteles de cada ciudad y para elegir, a final de año, la mejor coctelería de España en un concurso con jurado profesional. Para ello cuentan con sus propios galardones, los premios Culture Cocktails.
Para dar a conocer sus nuevas rutas, Ministry of Cocktails y la agencia Divina Comunicación organizaron el mes pasado un viaje de prensa a Granada al que tuve el placer de asistir. Fue un escapada exprés y solo pasé un puñado de horas en esta joya de Andalucía pero… ¿Acaso importa el tiempo cuando puedes volver a recorrer la Alhambra, realizar una visita guiada por el Albaicín y asistir a un espectáculo de flamenco con el recinto nazarí iluminado como telón de fondo? Tengo una deuda pendiente con Granada, lo sé, pero pronto hablaré de este destino imprescindible que el año pasado visitaron más de tres millones de turistas.


Durante la fiesta de presentación, organizada con la colaboración del Ayuntamiento de Granada, David Cárdenas, fundador de Ministry of Cocktails, y Anshuman Vohra, Ceo de Bulldog Gin internacional, entregaron al alcalde de Granada un acta notarial con la receta del nuevo cóctel que han creado en homenaje a la ciudad. ¿Quieres saber qué lleva el que ya se ha convertido en el cóctel oficial de este consistorio? 5 cl Bulldog gin, 1,5 cl de limón natural, Top Schweppes de lavanda y azahar, 1,5 cl de azúcar, 2 cl licor de cereza y unas gotas de perfume de jazmín. ¿Su nombre? Sueños de la Alhambra. ¿Su sabor? Si te apetece, tendrás que descubrirlo en Granada.

por Alícia Bea | Jun 2, 2013 | Italia
Mi primer blog tour internacional. Suena bien, ¿verdad? Para mí ha sido una experiencia única, cargada de grandes momentos imposibles de olvidar. Y es que en el fin de semana que pasé en Cesenatico, rodeada de bloggers procedentes de Irlanda, Hawaii, Nueva Zelanda California o Italia, entre otros países, por primera vez me sentí realmente parte de esta comunidad de locos viajeros que pretende acercar el mundo a todo aquel que quiera leernos.
Antes de empezar a relatar lo que dio de sí estos tres días en la ribera de Emilia-Romagna, quiero dar las gracias al Consorcio Cesenatico Bellavita -organizadores de este blog tour-, al Cesenatico Camping-Village y, en especial, a Alessandra Catania de 21Grammy por enseñarnos con tanto cariño todo lo que Cesenatico tiene que ofrecer. Y, por supuesto, a mis compañeros de aventuras, dos blogueros encantadores que se suman a mi pequeña gran familia viajera: Sara de Mindful Travel by Sara y Alberto de XprimeViajes. Y no me olvido de ti, precioso Kiba. Has sido una mascota genial y el centro de todas las miradas en este blog tour.

Si has seguido nuestro periplo italiano por Twitter, bajo el hashtag #cesenaticobellavita, ya sabrás que nuestra llegada a Cesenatico fue, digámoslo así, un poco rocambolesca. Olvídalo de momento. Ya lo trataré en un futuro post que he decidido titular “La precuela boloñesa” (tantas anécdotas, situaciones almodovarianas y risas deben ser compartidas). Ahora me pongo en modo periodista de viajes y voy a hacer mi trabajo: enseñarte Cesenatico.
Para empezar, situémonos en el mapa. Cesenatico es una localidad italiana de la provincia de Forlì-Cesena, situada junto al Adriático, entre Ravenna y Rimini. Un destino turístico tradicional de la ribera de Emilia-Romagna, cuyo atractivo va mucho más allá de sus siete kilómetros de costa. De hecho, este era uno de los objetivos de este blog tour: difundir la vertiente menos conocida de Cesenatico. Su rico pasado histórico, su política de promoción cultural, su estrecha vinculación con el mar… Pedazos de un atractivo puzzle, con piezas tan importantes como el carácter campechano y hospitalario de sus gentes y la tranquilidad que emana su pintoresco centro histórico, que pronto me dejaron claro que el ambiente que se respira en Cesenatico no es otro que la bella vita.

La identidad marinera de la que fue en su día una aldea de pescadores se materializa de forma espectacular en el centro de Cesenatico. Aquí, dividiendo la ciudad en dos, se encuentra su famoso puerto-canal, un capricho estético capaz de fulminar la tarjeta de memoria de cualquier cámara sin apenas esfuerzo. El artífice de su aspecto final fue el mismísimo Leonardo da Vinci que en 1502 acudió a Cesenatico para cumplir el deseo del Duque de Toscana, César Borgia, que anhelaba agrandar y fortalecer el puerto.
En sus márgenes, cada tramo tiene una foto, una historia que contar, un momento para ser vivido. Terrazas en las que rendirse ante un helado, restaurantes típicos, pequeñas galerías de arte, el Ayuntamiento -destruido completamente por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y cuya reconstrucción no se salvó da la polémica ya que muchos hubieran deseado que conservara su estilo original-, los pilares bizantinos que conectan las dos riberas del canal, la casa del escritor local Marino Moretti, la iglesia de San Giacomo…



La memoria de Anita y Giuseppe Garibaldi también nos acompaña en nuestro paseo. En la casa en la que el héroe nacional y su mujer encontraron refugio tras escapar de Roma, en los bustos que se alzan en la vía que lleva su nombre, y en la Piazza Carlo Pisacane, donde se encuentra el primer monumento erigido en Italia en su honor. Una estatua que nos traslada a la noche del 2 de agosto de 1848, momento en el que Garibaldi, con apenas 200 hombres, zarpó de Cesenatico para ir al rescate de Venecia, capitaneando una flota de trece barcos pesqueros.



Aún así, por muy atractivas que sean las riberas, los ojos siempre vuelven al canal para perderse entre las embarcaciones que flotan en el agua. Diez de ellas, las situadas en la parte más antigua del canal, pertenecen a la sección flotante del Museo della Marineria, el único en Italia que dispone de una “sala de exposiciones” al aire libre tan fantástica como esta. Barcos tradicionales que antaño surcaron la zona media y baja del Adriático y en cuyas coloridas velas se aprecian los símbolos de las diferentes familias de pescadores que faenaron en Cesenatico. Lo que no sabíamos es que al día siguiente navegaríamos en uno de ellos…



Ya en el interior del museo, realizamos una detallada visita por cada una de sus secciones. Allí descubrí que en el 1500 Cesenatico era el puerto más importante del Adriático después de Venecia, que los dos tipos de barcos de pesca más utilizados en los tiempos de la navegación a vela eran el trabaccolo y el bragozzo, y muchos más aspectos de la intrínseca conexión de esta población con el mar. Como curiosidad, te diré que en este museo te invitan a tocar todo lo que quieras y a hacer tantas fotos como desees. ¡Buena filosofía! También tuvimos ocasión de visitar el Antiquarium, donde nos sumergimos en el tiempo para revivir la vida cotidiana de Cesenatico en la época de los romanos.




Tras este baño cultural, pudimos conocer, y nunca mejor dicho, otro de los platos fuertes de Cesenatico: su gastronomía. Una cocina marinera tradicional, a base de pescados y mariscos frescos, en la que también hay espacio para las carnes y, cómo no, la pasta. Nuestro anfitrión fue el Ristorante-Pizzería Capo del Molo que nos regaló un elaborado bufet de degustación, regado con caldos de la región de Emilia-Romagna.




Fue una velada fantástica, llena de conversaciones viajeras, de la que salimos con mote y todo: Sara, Alberto y yo pasamos a ser The Camping People. ¿La razón? Éramos los únicos que estábamos instalados en el Cesenatico Camping-Village. De hecho, los demás bloggers estaban alojados de forma individual en el resto de hoteles que conforman el Consorcio Cesenatico Bellavita.
Que no llueva mañana, que no llueva mañana, que no llueva mañana… Con este mantra nos fuimos a dormir. Toda la mañana del sábado había llovido y temíamos que la climatología nos volviera a jugar una mala pasada y nos impidiera salir a navegar. No fue así, el tiempo nos dio un respiro y el domingo a primera hora pudimos disfrutar de una maravillosa travesía por el Adriático, a bordo de un barco de 1925. Lo dejo aquí de momento. Esta experiencia me gustó tanto que he decidido que merece un post propio en forma de fotogalería.

Tras la excursión en barco y bajo un sol radiante, nos lanzamos a deambular por Cesenatico mapa en mano. Uno de los rincones que más me llamó la atención es la Piazzeta delle Conserve. Está situada en una preciosa zona peatonal de calles pavimentadas con piedras y adoquines y se llama así porque conserva una estructura circular a modo de pozo que se utilizaba, desde el siglo XVI hasta finales del XX, como nevera para conservar el pescado y otros alimentos. En la propia plaza y en sus aledaños, hay un pequeño mercado con puestos de frutas y verduras, denominado kilómetro cero, donde los fabricantes venden sus productos directamente al consumidor. Más naturales y frescos, imposible.




Otra de las cosas que me sorprendió es la cantidad de bicis y, por tanto, ciclistas que hay en Cesenatico. Mires donde mires hay una bici. Transportando niños, a señoras a la compra, a turistas por las calles… Cesenatico es totalmente llano y, visto lo visto, desplazarse en bicicleta también forma parte de la relajada bella vita.



Una bella vita que lamentablemente llegaba a su fin y de la que me despedí saboreando la comida que nos prepararon los pescadores en las instalaciones del Museo della Marineria: un risotto que todavía recuerdo y unas sardinas a la parrilla que nos sirvieron acompañadas con la famosa piadina, un pan ázimo característico de esta zona realmente riquísimo.


Aquí finaliza la primera de mis entradas sobre este blog tour. Si te he convencido de que Cesenatico es mucho más que una città di mare, objetivo cumplido.
Próximas entradas del blog tour internacional Cesenatico Bellavita:
por Alícia Bea | May 22, 2013 | Gastronomía
Que el turismo gastronómico va tomando cada vez más fuerza en nuestro país no es algo que voy a descubrir yo ahora. La razón es bien sencilla. Un paladar satisfecho es un viajero satisfecho. Por ello, cada vez son más los que planifican sus escapadas teniendo muy presente la gastronomía que van a poder degustar en el destino elegido.
Si formas parte de este grupo de gastroturistas que siempre encuentran tiempo para disfrutar de los placeres de la buena mesa, tienes un cita con Aranda de Duero durante el próximo mes de junio. ¿El motivo? La celebración de las XIII Jornadas Gastronómicas del Lechazo Asado.
Aranda de Duero, tierra de cordero y vino
La localidad burgalesa de Aranda de Duero se prepara un año más para celebrar una de las festividades culinarias más importantes de la comarca de la Ribera del Duero, las Jornadas Gastronómicas del Lechazo Asado. Una oportunidad magnífica para disfrutar de un cuarto de cordero lechal asado, como manda la tradición, en horno de leña. El menú especial que acompaña a este manjar está formado por una selección de entrantes (paté de lechazo, morcilla, hamburguesas de lechazo, etc.) y por dos productos de reconocida calidad como son la Lechuga de Medina y la tradicional Torta de Aceite de Aranda. Todo ello regado, obviamente, con los excelentes vinos de la Denominación de Origen Ribera del Duero.
Este completo y suculento menú podrás degustarlo en los diez asadores de Aranda de Duero que aparecen detallados al final de esta entrada. Su precio: 37 € por persona.
¿Qué hace que el lechazo sea uno de los platos más destacados de la gastronomía de Castilla y León y por ende de Aranda? Sin duda, su calidad y exquisito sabor. Es un cordero lechal con Indicación Geográfica Protegida (IGP), de raza churra, castellana y ojalada, pesa entre 4 y 7 kilos y se deshace en la boca desprendiendo el aroma del horno de leña en el que se ha asado poco a poco.


El cordero lechal que pude degustar en la presentación de las XIII Jornadas del Lechazo Asado de Aranda de Duero estaba delicioso. El restaurante elegido fue el Asador La Tahona de Madrid.
La visita a la capital de la Ribera del Duero te permitirá, además, disfrutar de una de las localidades con mayor tradición enogastronómica de nuestro país. Y es que en Aranda la cultura del vino y de la vid está muy presente. Para comprobarlo, solo tienes que entrar en una de las muchas bodegas subterráneas que recorren esta ciudad desde la Edad Media.
No olvides tampoco recorrer el casco histórico de Aranda de Duero. Su fisonomía es la misma que hace 500 años y guarda gratas sorpresas como la Iglesia de Santa María la Real, cuya monumental fachada sur fue inaugurada en 1515 por el rey Fernando el Católico. La Plaza Mayor, la casa-palacio de los Berdugo -magnífico ejemplo de las casonas de la hidalguía local-, la Iglesia y Museo Sacro de San Juan Bautista, y el puente medieval de las Tenerías, con su preciosa panorámica sobre el Duero, no deben faltar tampoco en tu itinerario por Aranda.

Gastronomía, folclore tradicional, patrimonio histórico, visitas a las típicas bodegas situadas bajo tierra… No lo dudes: escápate a Aranda en junio y forma parte de este festival gastronómico y cultural que cada año atrae a miles de visitantes.
Cómo llegar en coche desde Madrid: El acceso a Aranda de Duero se realiza desde Madrid por la autovía N-I, dirección Burgos. Está a 159 km. de la capital o, como dicen los arandinos, «en el kilómetro 159 del Paseo de la Castellana”.

ASADORES PARTICIPANTES
ASADOR EL CIPRÉS
Plaza de los Jardines Don Diego, 1. Tel.
947 507 414
MESÓN EL CORDERO
Plaza Arco de Isilla, 3.
Tel. 947 510 552
ASADOR CASA FLORENCIO
C/ Isilla, 14.
Tel. 947 500 230
MESÓN EL ROBLE
Jardines de Don Diego, 7. Tel. 947 502 902
MESÓN EL PASTOR
Plaza La Virgencilla, 11. Tel. 947 500 428
RESTAURANTE LAGAR DE ISILLA
C/ Isilla, 18. Tel. 947 510 683
MESÓN DE LA VILLA
C/ La Sal, 3.
Tel. 947 501 025
RESTAURANTE LOS RASTROJOS
Ctra. Peñaranda, km 4,5. Tel. 947 512 799
RESTAURANTE ASADOR TUDANCA
Ctra. Madrid-Irún km 152.
Tel. 947 506 011
RESTAURANTE AITANA
C/ San Gregorio, 17.
Tel. 947 514 445